La hortensia común (Hydrangea macrophylla) florece sobre la madera del año anterior. Ese dato explica casi todo lo que ocurre con su poda: si se corta a ras en invierno, la planta rebrota con fuerza pero no florece, o florece muy tarde y poco. Y explica también por qué la técnica que alarga la floración consiste en podar unas ramas sí y otras no.
La idea es sencilla. Las ramas que se dejan intactas florecen las primeras, en junio. Las que se acortan a la mitad retrasan la floración unas semanas y abren hacia finales de julio. Y de la base, donde se han retirado las ramas viejas, salen brotes vigorosos que en algunos casos llegan a florecer en septiembre. En lugar de una explosión de dos semanas, se obtiene una sucesión que cubre el verano.
Hortensias azules y helechos en uno de los jardines de Lur Garden, en Oiartzun, Guipúzcoa, creado por Íñigo Segurola.
Foto: Lur Garden
Antes de nada: qué hortensia tiene
Esto es lo primero, porque las especies no se podan igual y confundirlas es el error que más floraciones cuesta.
- Hydrangea macrophylla, la de bola o de encaje, la más común en los jardines del norte. Florece en madera vieja. Poda ligera y selectiva.
- Hydrangea serrata, parecida y de flor más ligera. También florece en madera vieja, mismo criterio.
- Hydrangea paniculata, de panícula cónica y flor blanca que vira a rosado. Florece en madera del año, así que admite y agradece una poda fuerte al final del invierno.
- Hydrangea arborescens, de grandes bolas blancas. También florece en madera del año y se poda corta.
- Hydrangea quercifolia, de hoja de roble. Madera vieja, poda mínima.
Hay además variedades reflorecientes de macrophylla, seleccionadas para florecer tanto en madera vieja como en la del año. Con ellas el margen de error es mayor, pero el criterio general sigue valiendo.
Cuándo podar
Al final del invierno, cuando las yemas empiezan a hincharse y ya se distingue cuáles están vivas. En la cornisa cantábrica y en zonas templadas suele ser febrero; en zonas más frías, marzo, para no exponer los brotes tiernos a una helada tardía.
De ahí viene la costumbre de no cortar las flores secas en otoño: las inflorescencias marchitas y las hojas secas hacen de abrigo para las yemas del extremo, que son precisamente las que van a dar la flor de junio. Se ven feas durante el invierno, pero cumplen una función. En zonas de invierno suave, sin heladas, se pueden retirar antes sin consecuencia.
Las tres formas de podar y qué se obtiene con cada una
No podar. La mata se cubre de flores en junio, muchas y de tamaño medio, hasta el punto de que apenas se ve la hoja. Es la floración más temprana y abundante, y se acaba en pocas semanas. Con el tiempo la planta se congestiona, acumula madera vieja y la flor se hace más pequeña. Los ejemplares jóvenes, de menos de tres años, no se podan: necesitan formar estructura.
Poda drástica. Reducir toda la mata a tallos cortos provoca una respuesta vigorosa de brotes nuevos. No habrá flor en junio, y en septiembre aparecerán unas pocas inflorescencias de tamaño grande. Es la opción para rejuvenecer un arbusto viejo y congestionado, asumiendo que se pierde el año.
Poda escalonada. Es la que combina lo anterior en la misma planta y la que da una floración larga. El procedimiento, rama por rama:
- Elimine las ramas viejas desde la base. Se reconocen por la corteza agrietada y clara, el aspecto leñoso y la escasa brotación. Suprima también las secas, las delgadas y débiles y las que crecen hacia el interior. De esos cortes bajos saldrán los brotes vigorosos de la temporada.
- Deje sin tocar una parte de los brotes vigorosos del año pasado, los de corteza lisa y yemas gordas. Serán la floración de junio.
- Acorte a la mitad otra parte de esos mismos brotes, cortando por encima de un par de yemas sanas. Serán la floración de finales de julio.
La proporción entre unos y otros marca el resultado y se puede ajustar cada año: más ramas sin tocar si se quiere una mata muy florida en junio, más ramas acortadas si interesa estirar la floración hacia el final del verano. En una mata madura, retirar en torno a una cuarta parte de la madera más vieja cada año mantiene la planta renovada sin sacrificar flor.
Cómo se hace el corte
Herramienta limpia y bien afilada, lavada con agua y jabón y desinfectada si se viene de podar una planta enferma. Tijera de una mano para los brotes jóvenes y de dos manos para la madera vieja endurecida, que no debe cortarse a fuerza de estrujar.
El corte se hace unos milímetros por encima de una yema sana orientada hacia el exterior de la mata, ligeramente inclinado, con la parte alta del lado de la yema para que el agua resbale y no se acumule sobre ella. Cuando las yemas están enfrentadas a ambos lados del tallo, que es lo habitual en hortensia, el corte va recto.
Dejar un tocón largo por encima de la yema no aporta nada: se seca y se convierte en una vía de entrada. Cortar pegado a la yema tampoco, porque la deshidrata.
Después de la poda
Es buen momento para aportar materia orgánica bien compostada alrededor de la mata y para acolchar con corteza de pino o restos vegetales, que conservan la humedad y frenan la hierba. La hortensia es una planta de suelo fresco y con mucha demanda de agua en verano, y el acolchado es lo que más ayuda en los meses secos.
Un apunte sobre ubicación, porque es el factor que más problemas causa fuera del norte húmedo: la hortensia quiere sombra parcial o luz filtrada y suelo que no se seque. A pleno sol de verano en el interior o en el sur, las hojas se marchitan cada tarde y las flores se queman. Bajo un árbol de copa ligera o en orientación norte se comporta mucho mejor.
El color de la flor
En las variedades de flor azul, el color depende del suelo, no de la variedad por sí sola. El azul se produce cuando la planta puede absorber aluminio, y eso solo ocurre en suelo ácido. En suelo neutro o calizo el aluminio queda bloqueado y la misma planta florece en rosa. Las variedades de flor blanca no cambian de color.
En la vertiente cantábrica y en Galicia, con suelos ácidos, el azul sale solo. En los suelos calizos del este y del sur peninsular, mantenerlo es una batalla continua: hay que acidificar y aportar aluminio, y el efecto se pierde con cada riego de agua dura. La solución práctica en esas zonas es cultivarla en maceta con sustrato para acidófilas y regar con agua de lluvia, o aceptar el rosa, que es igual de bonito.
Cuando se recurre al sulfato de aluminio, conviene aplicarlo con moderación y siguiendo las indicaciones del envase: el exceso de aluminio resulta tóxico para la raíz y acidificar de golpe daña la planta. Los tratamientos se hacen de forma repartida y a lo largo de la temporada, no de una sola vez.
Una advertencia sobre toxicidad
La hortensia es tóxica por ingestión. Hojas, brotes y flores contienen compuestos que pueden provocar trastornos digestivos en personas y en animales domésticos. No es una planta comestible ni sus flores sirven de adorno en la mesa, y conviene tenerlo en cuenta con niños pequeños y con perros o gatos que mordisquean. Ante una ingestión, se acude al médico o al veterinario.
La savia puede causar además irritación cutánea en personas sensibles, así que en podas largas los guantes son buena idea.
En resumen
La Hydrangea macrophylla florece en la madera del año anterior, y por eso la poda que alarga la floración es selectiva: se retiran las ramas viejas desde la base, se deja intacta una parte de los brotes vigorosos del año pasado y se acorta a la mitad la otra parte. El resultado son tres oleadas, en junio, a finales de julio y en septiembre. El momento es el final del invierno, febrero en zonas templadas y marzo donde hiela más tarde.
Compruebe antes qué especie tiene, porque paniculata y arborescens florecen en madera del año y sí admiten poda fuerte. Después de podar, materia orgánica y acolchado, y sombra parcial con suelo fresco si el jardín no está en el norte húmedo. El azul de la flor depende del suelo ácido y del aluminio disponible, no de la variedad por sí sola. Y no olvide que es una planta tóxica por ingestión.