Plantar a raíz desnuda es comprar el árbol o el arbusto sin tierra alrededor de las raíces, en pleno reposo invernal. Cuesta bastante menos que el mismo ejemplar en contenedor, se transporta sin peso y, cuando se hace bien, arraiga mejor, porque la raíz sale del vivero extendida y no enrollada dentro de un tiesto. A cambio no admite improvisación: entre que se compra y que se planta, la raíz solo puede perder agua.
La ventana en España va del final del otoño al final del invierno, mientras la planta está sin hoja. En el litoral mediterráneo y en el sur se puede empezar antes, con las primeras lluvias de noviembre; en el interior frío conviene esperar a que pase lo peor de las heladas y plantar entre enero y marzo. La única regla que no se salta: no se planta con el suelo helado ni encharcado.
La plantación a raíz desnuda se lleva a cabo durante los meses de reposo invernal, cuando las especies de hoja caduca están desnudas, como el rosal de la foto.
Qué se compra así
Rosales, frutales de hueso y pepita, vid, arbustos de seto de hoja caduca y muchos árboles caducifolios. Es el sistema clásico para un seto largo o una hilera de frutales, donde comprar todo en contenedor multiplica el gasto sin mejorar el resultado. Las especies de hoja perenne no se venden así.
Cómo elegir un buen ejemplar
- Raíces repartidas alrededor del pie, no todas hacia un mismo lado. Una raíz unilateral da un árbol inestable durante años.
- Raíces frescas y flexibles, con la corteza intacta. Descarte las secas y quebradizas, las negras y blandas, y las que huelen mal.
- Sin heridas grandes ni raíces cortadas a ras. Alguna rotura menor es normal.
- Proporción entre parte aérea y raíz. Un ejemplar con mucha rama y poca raíz va a sufrir. En caso de duda, más raíz y menos altura.
- Yemas dormidas. Si la planta ya está brotando en el vivero, ha empezado a gastar reservas y el margen se estrecha.
- Punto de injerto limpio y bien soldado, sin grietas.
Desde que llega hasta que se planta
Lo ideal es plantar el mismo día. Si no se puede, hay dos opciones y ninguna es dejar el paquete en el garaje.
Unos días de espera: mantenga el envoltorio cerrado y la raíz húmeda, en sitio fresco, oscuro y libre de heladas.
Una espera larga: haga una zanja de recepción. Se abre un surco, se colocan las plantas tumbadas o inclinadas, se cubren las raíces con tierra suelta o arena y se riega para que asiente. Así pueden esperar semanas sin daño, y es lo que se hace en vivero de toda la vida. La zanja va en un sitio que no se encharque.
Justo antes de plantar, hidrate las raíces sumergiéndolas en un cubo de agua. Con dos horas suele bastar y no hace falta más de una noche: pasarse días en remojo asfixia la raíz. Si se disuelve algo de tierra en el agua, se forma una lechada que se adhiere a las raicillas y ayuda a que no se sequen mientras se manipula la planta.
En ese momento se repasan las raíces con tijera limpia y afilada: se cortan las rotas y las secas, se refresca el corte de las que quedaron desgarradas y se dejan intactas todas las demás. Nada de podar el sistema radicular por sistema, que era una práctica antigua y solo resta capacidad de absorción.
El hoyo: ancho, no profundo
Aquí está el error más repetido. El hoyo debe ser ancho y poco profundo, no un pozo. La profundidad justa es la que permite apoyar las raíces a su altura natural, ni un centímetro más; la anchura, dos o tres veces la extensión de las raíces, para que la tierra removida quede alrededor y la raíz nueva pueda avanzar sin encontrar suelo compactado.
Un hoyo hondo tiene dos consecuencias malas. La tierra de relleno se asienta con el tiempo y el árbol se hunde, quedando el cuello enterrado, que es la causa clásica de podredumbres. Y en suelo arcilloso, un hoyo profundo con paredes lisas funciona como un cubo que retiene agua.
Después de excavar, pique las paredes y el fondo con una horca. En terreno pesado, las paredes lisas hechas con la pala forman una superficie por la que la raíz no penetra y acaba girando sobre sí misma.
Sobre el relleno: la tierra del propio hoyo, desterronada y limpia de piedras y raíces viejas, es la mejor opción. Mezclar una parte de compost bien hecho es razonable, pero un sustrato muy rico en un hoyo rodeado de tierra pobre crea una maceta enterrada de la que la raíz no quiere salir. Nada de abono mineral concentrado en contacto con la raíz.
La altura de plantación
Es lo que más condiciona la vida futura de la planta y se comprueba en dos segundos: apoye una regla o un mango de pala cruzado sobre el hoyo, a nivel del terreno, y ajuste la tierra del fondo hasta que la marca de suelo del tronco (el cambio de color entre la parte enterrada y la aérea, bien visible en un ejemplar a raíz desnuda) coincida con ese nivel.
Con las plantas injertadas hay que mirar el punto de injerto, ese engrosamiento entre las raíces y el tronco.
- En frutales y árboles injertados, el punto de injerto queda por encima del nivel del suelo, sin excepción. Enterrarlo permite que la variedad emita raíces propias y anula el efecto del patrón, además de favorecer podredumbres del cuello.
- En rosales, la práctica en el clima español es dejar el punto de injerto a nivel del suelo o apenas cubierto. Enterrarlo varios centímetros es costumbre de zonas de invierno muy frío, donde protege del hielo; en el sur y en el litoral no aporta nada y aumenta el riesgo de pudrición.
Plantación paso a paso
Coloque la planta en el centro y extienda las raíces en abanico, repartidas en todas las direcciones, apoyadas sobre un pequeño montículo de tierra en el fondo si eso ayuda a que caigan hacia fuera. Ninguna raíz debe quedar doblada hacia arriba ni enrollada contra la pared del hoyo.
Si va a poner tutor, clávelo ahora, antes de rellenar, para no atravesar las raíces después.
Rellene por tandas, echando tierra y sacudiendo suavemente la planta para que se cuele entre las raicillas y no queden bolsas de aire. Compruebe la altura otra vez a media operación.
Afirme con el pie, con firmeza pero sin machacar. En suelo húmedo y arcilloso, pisar demasiado compacta y empeora las cosas.
Forme un alcorque, un caballón de tierra alrededor que retenga el agua de riego, y riegue abundantemente. Ese primer riego no es para hidratar, es para que la tierra se asiente contra la raíz. Se nota porque el nivel baja: hay que rellenar y volver a comprobar la altura.
Acolche con una capa de material orgánico sobre el alcorque, dejando unos centímetros libres alrededor del tronco. El acolchado pegado al tronco mantiene el cuello húmedo y provoca justo lo que se quiere evitar.
Con un rosal trepador junto a un muro, plante a unos cuarenta centímetros de la pared, inclinando la planta hacia ella, con las raíces alejadas del pie del muro. Ahí la tierra es más seca y pobre y la lluvia apenas llega.
Tutor: cuándo sí y cómo
Un árbol a raíz desnuda llega sin anclaje, y el viento moviendo la planta rompe las raicillas nuevas cada vez que empiezan a formarse. El tutor está para sujetar la base, no el tronco entero.
Las opciones habituales son una estaca oblicua, con el extremo enterrado fuera de la zona de raíces; una estaca vertical corta atada en el tercio inferior del tronco; o dos o tres estacas en el contorno del hoyo. La atadura va ancha y flexible, en forma de ocho para que tronco y estaca no rocen.
Un tronco atado alto y rígido no oscila, y un tronco que no oscila no engrosa como debe. Por eso el tutor se retira en cuanto la planta ancla por sí sola, normalmente al segundo o tercer año. Dejarlo puesto y olvidado es la vía segura para que la atadura acabe estrangulando el tronco.
Los primeros meses
El primer verano es el que decide. Riegue de forma abundante y espaciada, empapando todo el alcorque, y no con goteos cortos y diarios. Mantenga limpio de hierba un círculo alrededor del pie: la competencia de la hierba por el agua en el primer año es real y frena el arraigo más que la falta de abono.
No abone en la plantación ni en las semanas siguientes. La planta tiene que emitir raíz, no hoja, y un aporte de nitrógeno la empuja justo en la dirección contraria. La primera fertilización, si hace falta, va la primavera siguiente.
Sobre la poda de plantación, depende de la especie: en rosales se acorta la parte aérea para equilibrarla con la raíz, y en árboles conviene limitarse a retirar ramas rotas y dejar la formación para el año siguiente, cuando ya se vea qué ha brotado.
Por último, tenga paciencia: un ejemplar a raíz desnuda brota más tarde que uno en contenedor. Rascar la corteza con la uña para ver si hay verde debajo dice más que mirar las yemas.
En resumen
Se compra en reposo, se elige con raíces sanas y bien repartidas y se planta cuanto antes; si hay que esperar, las raíces van enterradas en una zanja, nunca al aire. Antes de plantar se hidratan un par de horas y se repasan con tijera limpia solo las rotas y secas.
El hoyo es ancho y poco profundo, con las paredes picadas y relleno con la propia tierra desterronada. La altura se comprueba con una regla cruzada: cuello a nivel, punto de injerto por encima del suelo en frutales y a ras en rosales. Raíces extendidas, relleno por tandas, riego abundante para asentar la tierra, acolchado sin tocar el tronco y tutor bajo y flexible que se retira a los dos o tres años. El primer verano, riego profundo y el pie limpio de hierba.