Casi todas las enfermedades fúngicas del jardín necesitan lo mismo para arrancar: hoja mojada durante horas y aire quieto. Esa es la razón por la que el control se juega en el riego, en la poda y en la distancia entre plantas mucho antes que en ningún producto. Un jardín donde el follaje se seca deprisa por la mañana tiene la mitad del problema resuelto.
Lo primero es identificar qué se tiene delante, porque el manejo cambia bastante entre un polvo blanco superficial, unas manchas que avanzan desde el envés y una planta que se marchita sin motivo aparente. Las tres cosas se tratan de forma distinta y solo una de ellas suele tener arreglo.
Los rosales son muy propensos a ser afectados por el hongo oídio, que se presenta como un polvo blanquecino que cubre los capullos y las hojas más tiernas.
Oídio
Cómo se reconoce. Un polvo blanco grisáceo, con aspecto de ceniza, sobre el haz de las hojas, los brotes tiernos y los capullos. Los brotes afectados se deforman y las hojas se abarquillan. Se frota con el dedo y se va, porque el micelio vive en la superficie.
Cuándo aparece. Con temperaturas suaves y humedad ambiental alta, típicamente primavera y otoño. A diferencia de casi todos los demás hongos, no necesita que la hoja esté mojada para germinar, le basta la humedad del aire. Por eso aparece en jardines donde no se moja el follaje y por eso el calor fuerte del verano lo frena.
Dónde. Rosales, evónimos, hortensias, dalias, calabacines, pepinos, calabazas, vid y frutales de hoja caduca.
Qué hacer. Cortar y retirar brotes y hojas afectadas, que no se recuperan, y sacarlos del jardín sin pasar por el compost. Aclarar el arbusto para que corra el aire y evitar el exceso de nitrógeno, que produce brotación tierna, que es lo que el oídio prefiere. En rosales, elegir variedades con resistencia declarada ahorra trabajo todos los años.
Míldiu
Cómo se reconoce. Manchas de aceite, verde claro o amarillentas, en el haz, delimitadas a menudo por los nervios, con un fieltro blanquecino o grisáceo en el envés justo debajo. La hoja se seca y cae, y la planta pierde follaje deprisa.
Conviene saber que los míldius no son hongos verdaderos, sino oomicetos. La diferencia no es un detalle académico: cambia a qué son sensibles y explica por qué un producto eficaz contra el oídio no hace nada contra el míldiu.
Cuándo aparece. Con lluvia o rocío persistente, aire quieto y temperaturas medias. Necesita agua líquida sobre la hoja durante varias horas. Un mes de mayo lluvioso es su escenario.
Dónde. Vid, tomate, patata, lechuga, cebolla, cucurbitáceas, rosales, geranios, pensamientos y dalias.
Qué hacer. Retirar y destruir lo afectado, separar las plantas, entutorar para levantar el follaje del suelo, regar por goteo y nunca por aspersión sobre la hoja, y regar por la mañana. En huerto, rotar los cultivos y no repetir solanáceas en el mismo bancal año tras año.
Roya
Cómo se reconoce. Pústulas pulverulentas de color óxido o anaranjado en el envés, con manchas amarillentas correspondientes en el haz. Al pasar el dedo, mancha. La hoja acaba cayendo.
Cuándo aparece. Con humedad constante y temperaturas suaves. Las esporas viajan con el viento y algunas royas necesitan dos hospedadores distintos para completar el ciclo, lo que explica que aparezcan de un año para otro sin fuente aparente.
Dónde. Rosales, geranios, dalias, ciruelos, membrilleros, groselleros, ajos y puerros.
Qué hacer. Recoger toda la hoja caída, que es el reservorio, y retirar las hojas afectadas en cuanto se ven las primeras pústulas. Aclarar, ventilar y no mojar el follaje.
Negrilla o fumagina
Es el caso distinto del grupo. Esa capa negra que parece hollín no ataca a la planta: crece sobre la melaza azucarada que segregan pulgones, cochinillas, mosca blanca o pulgón lanígero. Perjudica porque tapa la hoja, reduce la fotosíntesis y afea, pero no penetra en el tejido.
La consecuencia práctica es que tratar la negrilla con fungicida no sirve de nada. Hay que resolver el insecto que produce la melaza y limpiar después. Un buen indicador es la presencia de hormigas subiendo por el tronco: cuidan de los pulgones y son la pista de que hay melaza arriba.
Para limpiar, agua templada con jabón neutro y un paño, o un lavado a manguera cuando la planta lo permita. El agua jabonosa contra pulgón, aplicada sobre las colonias, funciona razonablemente bien y es de las pocas soluciones caseras con eficacia real.
Hongos y oomicetos del suelo
Cómo se reconocen. La planta se marchita como si le faltara agua, aunque el suelo esté húmedo. Las hojas amarillean desde abajo, el crecimiento se detiene y el conjunto declina en semanas o meses. Al descalzar la planta, las raíces se ven pardas, blandas y con la corteza que se desprende con facilidad, y a veces hay una lesión oscura en el cuello.
Los responsables habituales son Phytophthora, Pythium, Fusarium, Rhizoctonia o Verticillium. Los dos primeros son oomicetos y necesitan agua libre en el suelo para desplazarse, lo que los liga directamente al encharcamiento.
Qué hacer. Aquí hay que ser franco: una planta con la raíz podrida rara vez se recupera, y lo que corresponde es retirarla con el cepellón y no replantar la misma especie en ese punto. Lo importante es la causa, que casi siempre es de manejo: riego excesivo, drenaje insuficiente, plantación demasiado profunda con el cuello enterrado o un alcorque que hace de balsa.
La prevención real consiste en corregir eso: drenaje antes de plantar, cuello a nivel del suelo, riegos abundantes y espaciados en lugar de goteos permanentes, y elegir especies adaptadas al terreno en vez de forzar acidófilas en suelo calizo y encharcado.
Prevención: lo que de verdad cambia el jardín
- Riegue por la mañana temprano y al pie de la planta. Si tiene que usar aspersión, que sea a primera hora para que el follaje se seque durante el día.
- No riegue al atardecer. Hoja mojada durante toda la noche es la condición que más enfermedades desencadena.
- Deje sitio. Las plantaciones apretadas no ventilan. Vale también para el interior de un arbusto: aclarar la copa es una medida sanitaria, no estética.
- Retire y destruya el material enfermo. Hojas caídas, frutos momificados, ramas con chancro. No van al compost doméstico, que no alcanza temperatura suficiente para matar los patógenos.
- Desinfecte la herramienta con alcohol entre planta y planta cuando esté podando material enfermo. Las tijeras son un vector eficacísimo.
- Limpie los tiestos antes de reutilizarlos y descarte el sustrato de una planta muerta por hongos de suelo.
- Elija variedades resistentes. En rosales, en vid y en muchas hortícolas existen variedades con resistencia declarada, y es la medida más rentable de todas.
- No abone de más. El exceso de nitrógeno produce tejido tierno y acuoso, que es justo el más vulnerable.
- Ventile invernaderos y galerías acristaladas, donde la humedad se dispara y no hay viento.
Si hace falta tratar
El marco en España es el Real Decreto 1311/2012, que establece el uso sostenible de los productos fitosanitarios y sitúa la gestión integrada de plagas como principio rector: prevención, seguimiento y métodos no químicos antes que el tratamiento, y este último con el producto y en el momento que menos riesgo supongan.
Tres reglas que hay que respetar y que no admiten atajo.
La dosis es la de la etiqueta. No la de un artículo, ni la de un vecino, ni la de un vídeo. La etiqueta del envase incluye el cultivo autorizado, la dosis, el número máximo de aplicaciones, el plazo de seguridad y las precauciones, y tiene valor legal.
Solo productos autorizados. En jardinería doméstica, únicamente los autorizados para jardinería exterior doméstica. En uso profesional se exige carné de aplicador. Qué está autorizado en cada momento cambia con frecuencia, y el sitio donde consultarlo es el Registro de Productos Fitosanitarios del ministerio. Muchas materias activas que se recomendaban en la prensa de jardinería hace diez o quince años ya no están aprobadas en la Unión Europea, así que las listas antiguas no sirven.
Nunca en floración ni en horas de vuelo de las abejas. Esta indicación es independiente del producto y de lo que diga la etiqueta sobre toxicidad para polinizadores.
Sobre dos clásicos, para situarlos sin recomendarlos. El azufre se ha usado durante más de un siglo contra el oídio y sigue siendo una herramienta habitual, incluida la agricultura ecológica; tiene el inconveniente de resultar fitotóxico con calor fuerte y de ser incompatible con los tratamientos de aceite en un intervalo corto. Los compuestos de cobre actúan por contacto contra un abanico amplio de hongos y bacterias, están admitidos en producción ecológica, pero son un metal pesado que se acumula en el suelo, y por eso su renovación en la Unión Europea vino acompañada de límites a la cantidad total aplicable por hectárea y periodo. En ambos casos, lo que decide su uso es que exista un producto autorizado para esa planta y esa plaga, con su etiqueta.
Y una advertencia final que se olvida: en huerto, el plazo de seguridad entre el último tratamiento y la recolección no es una recomendación. Está en la etiqueta y hay que cumplirlo.
En resumen
Los hongos del jardín se controlan sobre todo con manejo: regar por la mañana y al pie, no mojar el follaje, separar y aclarar las plantas para que corra el aire, retirar y destruir el material enfermo, desinfectar la herramienta y no abonar en exceso. Aprender a distinguir el oídio (polvo blanco superficial), el míldiu (manchas con fieltro en el envés), la roya (pústulas de color óxido) y la negrilla (hollín sobre melaza de insectos) permite actuar donde se puede y ahorrar esfuerzo donde no.
Las podredumbres de raíz son la excepción sin remedio: la planta afectada no se recupera y lo que hay que corregir es el drenaje y el riego. Si en algún momento se decide tratar, la gestión integrada del Real Decreto 1311/2012 marca el orden, solo caben productos autorizados con la dosis de su etiqueta, el listado vigente está en el Registro de Productos Fitosanitarios del ministerio y nunca se trata en floración ni en horas de vuelo de las abejas.