La mayoría de las orquídeas que se venden como planta de interior son Phalaenopsis, y casi todo lo que se hace mal con ellas se resume en dos cosas: regarlas como si fueran un geranio y tenerlas en un rincón oscuro. Son plantas epífitas, que en su origen viven agarradas a las ramas de los árboles, con las raíces al aire y luz filtrada por la copa. Reproducir eso en una casa es más fácil de lo que parece.
La regla que resuelve el noventa por ciento de los casos: no se riega por calendario, se riega mirando las raíces. En un tiesto transparente, las raíces sanas y bien hidratadas son verdes; cuando el agua se ha consumido, se ven plateadas o blanquecinas. Ese cambio de color es el aviso, y no hay que anticiparlo.
Las orquídeas Phalaenopsis necesitan un tiesto transparente para que la luz bañe las raíces. Deben regarse por inmersión solo cuando las raíces se vean blancas.
Luz: mucha, pero indirecta
La Phalaenopsis quiere luz abundante y difusa, nunca sol directo prolongado, que le quema la hoja en pocas horas de verano. La mejor colocación en el hemisferio norte suele ser una ventana orientada al este, con sol suave de primera hora, o una ventana sur o oeste filtrada por un visillo. Una ventana norte da luz demasiado escasa salvo en verano.
La hoja informa de si está acertando. Verde medio y firme es lo correcto. Verde muy oscuro, casi negruzco, y hojas blandas y alargadas indican falta de luz, y esa es la causa más común de que una planta viva años sin volver a florecer. Un tono amarillento o rojizo, con manchas secas, indica exceso.
No todas las orquídeas de interior piden lo mismo. Las Cattleya y las cambrias admiten bastante más luz que la Phalaenopsis, y la Cymbidium es la que más tolera, hasta el punto de que suele cultivarse al aire libre en sombra ligera durante buena parte del año.
El riego, por inmersión y con criterio
El método más fiable es sacar el tiesto interior del macetero, sumergirlo en un recipiente con agua durante unos minutos hasta que las raíces recuperen el color verde, escurrirlo bien y devolverlo al sitio. Lo importante es lo que viene después: que no quede agua en el fondo del macetero. La raíz de una orquídea necesita aire tanto como agua, y la raíz permanentemente mojada se pudre.
El intervalo depende del ambiente y varía a lo largo del año. Con calefacción en invierno o calor seco en verano, el sustrato se seca antes; en primavera y otoño templados, más despacio. Por eso el calendario fijo falla y la comprobación visual no.
Sobre el agua: en buena parte de España es dura y deja depósitos de cal en el sustrato y en las raíces. El agua de lluvia es la mejor opción y el agua embotellada de mineralización débil sirve. Si se usa agua del grifo, dejarla reposar no elimina la cal, solo el cloro.
Un detalle que provoca podredumbres: nunca debe quedar agua acumulada en el centro de la roseta, entre las hojas, al llegar la noche. Si al pulverizar o al regar se moja, se seca con papel absorbente. La pudrición del cogollo es de las pocas cosas que matan a una Phalaenopsis en cuestión de días.
Humedad y temperatura
Estas plantas agradecen una humedad ambiental superior a la de una casa con calefacción, que en el interior peninsular en invierno puede quedarse muy baja. La forma más eficaz de subirla no es el platito con guijarros, cuyo efecto es bastante local, sino agrupar plantas y evitar la corriente directa de aire caliente y seco.
Se llevan bien con las temperaturas normales de una vivienda. Lo que no toleran son las corrientes frías junto a una ventana que se abre en invierno, ni la proximidad de un radiador. Y no conviene pulverizar las flores, que se manchan.
Cómo conseguir que vuelva a florecer
Esta es la pregunta que más se repite, y tiene una respuesta concreta. La Phalaenopsis emite una nueva vara floral cuando percibe un descenso de la temperatura nocturna mantenido durante varias semanas. En condiciones de casa con temperatura constante todo el año, ese estímulo no llega nunca y la planta se limita a hacer hojas.
La forma práctica de provocarlo es aprovechar el otoño: colocar la planta en una habitación fresca, o cerca de una ventana donde por la noche baje la temperatura, manteniendo la luz alta y reduciendo algo el riego, durante tres o cuatro semanas. Basta con que la noche sea claramente más fresca que el día. Cuando aparece el brote de la vara, la planta vuelve a su sitio habitual.
Sobre la vara agotada: si tras la caída de las flores queda verde, se puede cortar un par de nudos por encima de la base, de donde a veces sale una ramificación con flores más pequeñas. Si se seca y amarillea, se corta al ras. Forzar una segunda floración sobre la misma vara desgasta a la planta, así que en un ejemplar débil es preferible cortar y dejarla recuperarse.
Abonado
El sustrato de corteza aporta muy pocos nutrientes, de modo que el abono sí es necesario, pero a concentración baja y con la planta en crecimiento activo, no en pleno reposo ni cuando está estresada. Se aplica disuelto en el agua de inmersión, con un abono específico para orquídeas y a menor concentración de la que indicaría el envase para plantas de interior corrientes.
El exceso es peor que el defecto: las sales se acumulan en el sustrato y queman las puntas de las raíces. Cada varios riegos conviene hacer uno solo con agua, sin abono, para lavar el sustrato. Y nunca se abona sobre sustrato seco, siempre con las raíces ya humedecidas.
Trasplante y sustrato
Una orquídea no se trasplanta porque el tiesto se le quede pequeño, sino porque el sustrato se ha descompuesto. La corteza se degrada con el tiempo, retiene demasiada agua y deja de dar aire a la raíz. Suele tocar cada dos o tres años, y la señal es que el sustrato tarda mucho en secar y se ve oscuro y desmenuzado.
El momento adecuado es después de la floración, cuando la planta empieza a emitir raíces nuevas. El procedimiento: sacar la planta, retirar todo el sustrato viejo, aclarar las raíces con agua templada, cortar con tijera limpia solo las raíces muertas (las huecas, marrones y blandas, que se aplastan entre los dedos) y respetar las firmes aunque parezcan secas por fuera. Después, tiesto con muchos agujeros, transparente en el caso de la Phalaenopsis, y sustrato específico de corteza, nunca tierra de macetas.
El tamaño del tiesto debe ser ajustado, apenas mayor que el volumen de raíces. Un tiesto grande retiene humedad en la zona sin raíces y es una fuente de podredumbres.
Problemas habituales
- Los capullos se secan y caen sin abrir. Suele ser un cambio brusco: corriente fría, traslado, calor de radiador o falta de agua en el momento del engorde. También lo provoca el etileno que desprende la fruta madura cercana, así que el frutero no es buen vecino.
- Hojas arrugadas y blandas. Casi siempre significa que la raíz no absorbe, y eso indica raíz podrida por exceso de riego, no falta de agua. Regar más agrava el problema. Toca sacar la planta y revisar las raíces.
- Manchas negras o blandas en el centro de la roseta. Agua estancada en el cogollo. Es urgente: retirar la humedad, ventilar y cortar el tejido afectado con herramienta limpia.
- Puntas de raíces quemadas. Exceso de abono o agua muy dura. Lavar el sustrato con varios riegos sin abono.
- Cochinilla algodonosa en las axilas de las hojas. Se retira a mano con un bastoncillo. Revise el envés, que es donde empieza.
- Hijuelos (keikis) en la vara en lugar de flores. Son plantas completas que la orquídea emite en determinadas circunstancias. Se separan cuando tienen varias raíces propias de unos centímetros y se plantan aparte en sustrato de corteza.
Una nota sobre la hoja inferior: que la hoja más vieja amarillee y caiga de vez en cuando es normal y no indica nada. Lo preocupante es que amarilleen varias a la vez o que lo hagan las nuevas.
En resumen
Una Phalaenopsis sana necesita luz abundante e indirecta, riego por inmersión solo cuando las raíces pasan de verdes a plateadas, sustrato de corteza en tiesto transparente con drenaje real y nada de agua estancada, ni en el macetero ni en el centro de la roseta. El abono va diluido y con la planta activa, y cada varios riegos conviene lavar el sustrato con agua sola.
Para que vuelva a florecer, el estímulo es el descenso de la temperatura nocturna durante unas semanas en otoño, manteniendo la luz. Y el sustrato se renueva cada dos o tres años cuando la corteza se descompone, después de la floración y cortando solo las raíces realmente muertas.