En invierno un cítrico en maceta necesita tres cosas: no pasar frío por debajo de lo que aguanta su especie, seguir recibiendo mucha luz y beber bastante menos que en verano. El abonado se suspende, el riego se espacia y no se trasplanta ni se poda. Con eso, la planta pasa la estación sin sobresaltos y da los frutos, que en la mayoría maduran justo entonces.
El error habitual no es el frío, sino la reacción al frío: meter el naranjo en el salón, junto al radiador, en penumbra y regándolo igual que en agosto. Un cítrico dentro de casa en esas condiciones pierde las hojas en pocas semanas. Si hay que resguardarlo, el sitio ideal es fresco y muy luminoso, no cálido.
Limoneros y pomelos son muy sensibles al frío. Cultivarlos en maceta facilita su traslado a un lugar cobijado en las regiones de inviernos duros.
Cuánto frío aguanta cada cítrico
No todos los Citrus son igual de delicados, y la diferencia entre unos y otros es considerable. Ordenados de menos a más resistentes, a grandes rasgos:
- Lima, limero y cidro (Citrus aurantifolia, Citrus medica) son los más sensibles. Sufren con las primeras heladas y con temperaturas frescas mantenidas.
- Limonero (Citrus limon) y pomelo (Citrus paradisi) toleran mal la helada. Un limonero adulto y bien establecido puede salvar una helada breve y ligera, pero pierde hoja y a menudo la cosecha.
- Naranjo dulce (Citrus sinensis) y mandarino aguantan heladas ligeras y de pocas horas sin daño grave en el árbol, aunque el fruto se estropea antes que la madera.
- Naranjo amargo (Citrus aurantium), el de las calles de Sevilla, es notablemente más rústico, lo que explica su uso como árbol urbano y como patrón.
- Kumquat (Fortunella, hoy incluido a menudo en Citrus) y calamondín son los más resistentes del grupo de jardinería, y el kumquat aguanta heladas que a un limonero lo arruinan.
Tres matices que cambian el resultado. La duración de la helada importa más que el mínimo alcanzado: dos horas a menos dos grados no equivalen a una noche entera. La edad también: un ejemplar joven, de brotación tierna, se daña donde uno adulto y lignificado resiste. Y el patrón no protege la copa: muchos cítricos van injertados sobre pies muy rústicos, pero lo que se hiela es la variedad injertada.
En qué zonas de España hace falta proteger
En el litoral mediterráneo, desde Cataluña hasta Andalucía oriental, en el valle del Guadalquivir y en Canarias, los cítricos viven al aire libre todo el año sin más cuidado que evitar los sitios donde se estanca el aire frío. En el litoral atlántico andaluz y en buena parte de la costa gallega y cantábrica el frío rara vez es un problema, pero sí lo son la falta de sol y el exceso de lluvia.
En el interior peninsular, en las dos mesetas y en el valle del Ebro, la cosa cambia: heladas frecuentes, inversión térmica en las noches despejadas y mínimos que en enero pueden bajar bastante. Ahí el cultivo en maceta es lo sensato, precisamente porque permite mover el árbol.
Dónde pasar el invierno
Antes de meterlo en casa, agote las opciones intermedias, que casi siempre son mejores.
Arrimado a una pared orientada al sur. Un muro que ha recibido sol todo el día devuelve calor por la noche y sube unos grados el entorno inmediato. Combinado con un porche o un alero que corte la pérdida de calor hacia el cielo despejado, resuelve muchos inviernos del interior templado.
Bajo velo de invernaje. La tela no calienta, retiene: reduce el enfriamiento nocturno y protege del viento seco, que deshidrata tanto como hiela. Se coloca sin ceñir, dejando aire entre tela y hoja, y se retira o se abre en las horas centrales de los días soleados para que la planta ventile y reciba luz.
La maceta, antes que la copa. En un árbol en contenedor el punto débil son las raíces, que en pleno suelo estarían aisladas por metros de tierra y aquí solo tienen unos centímetros de sustrato y una pared de plástico. Envolver el tiesto, agruparlos y separarlos del suelo frío con un listón o un pie protege más de lo que parece.
Un local fresco y luminoso. Una galería sin calefacción, un invernadero frío o un porche acristalado son el equivalente moderno de las viejas orangeries. La planta entra en reposo, casi no crece y consume muy poca agua. Es la mejor solución para ejemplares que no soportan nada de helada.
Dentro de casa, si no hay más remedio
Un salón con calefacción es un mal sitio para un cítrico, pero se puede hacer tolerable.
- La ventana más luminosa que tenga, orientación sur o este, y lo más pegado al cristal posible sin que la hoja toque el vidrio frío.
- Lejos de radiadores y de salidas de aire caliente. El aire seco y caliente provoca caída de hoja y favorece la araña roja.
- Riego muy reducido. Se comprueba el sustrato con el dedo unos centímetros por debajo de la superficie y solo se riega cuando está seco a esa profundidad. Nunca se deja agua en el plato.
- Sin abono. La planta no está creciendo y el abono se acumula en el sustrato.
- Ventilar en los días suaves, evitando la corriente directa sobre la planta.
La caída de hojas en enero suele tener tres causas, y conviene distinguirlas: exceso de riego (hoja amarilla que cae, sustrato permanentemente húmedo, a veces con olor), aire caliente y seco (hoja que se enrolla, puntas secas) o un golpe de frío puntual. Las tres se corrigen antes cambiando el sitio o el riego que añadiendo nada.
Riego, sustrato y calcio del agua
El cítrico en maceta pide un sustrato que drene con soltura y que no se compacte, y detesta el encharcamiento: la raíz asfixiada es la causa más común de muerte lenta. Tiesto con agujeros generosos, mezcla suelta y riego que empape todo el cepellón y salga por abajo, seguido de un periodo de secado parcial. Regar poco y a menudo es peor que regar bien y espaciado.
En buena parte de España el agua del grifo es dura, con mucha cal, y el riego continuado sube el pH del sustrato. En cítricos eso se manifiesta como clorosis férrica: hoja amarilla con los nervios marcados en verde, empezando por las hojas nuevas. No es falta de hierro en el sustrato, sino hierro que la planta no puede absorber con ese pH. Los quelatos de hierro lo corrigen con rapidez y el efecto dura una temporada, así que suele haber que repetirlo. Regar con agua de lluvia cuando se pueda evita el problema de raíz.
Cuando vuelve el buen tiempo
Pasado el riesgo de heladas, el árbol vuelve fuera, pero sin brusquedad: una planta que ha invernado a la sombra y con poca luz se quema si sale de golpe al sol de mediodía. Dos semanas de aclimatación progresiva, primero a la sombra y luego a sol de mañana, evitan el destrozo.
La primavera concentra el resto de las operaciones. Es cuando se poda, si hace falta, retirando ramas secas, cruzadas y chupones y aclarando el interior para que entre luz; los cítricos toleran bien la poda, aunque no la necesitan mucho. Es cuando se trasplanta, pasando a un tiesto solo un poco mayor. Y es cuando se retoma el abonado, con un abono para cítricos, siguiendo las indicaciones del envase y sin excederse, porque el exceso de sales quema la raíz en maceta con facilidad.
Plagas del invierno y una advertencia sobre los frutos
Bajo cubierta, con aire seco y sin lluvia que lave la hoja, prosperan la cochinilla (entre otras, Coccus hesperidum, la cochinilla blanda, que deja melaza pegajosa y luego negrilla) y la araña roja. Revisar el envés de las hojas cada pocas semanas permite cogerlas al principio, cuando basta con retirarlas a mano con un paño húmedo o un bastoncillo y aumentar la ventilación.
Si hay que tratar, en jardinería doméstica solo pueden emplearse productos autorizados para ese uso, y las condiciones y la dosis son las de la etiqueta del envase. Los productos autorizados en cada momento se consultan en el Registro de Productos Fitosanitarios del ministerio. De aquí sale una consecuencia que se pasa por alto a menudo: si va a comerse la fruta, el producto tiene que estar autorizado para cítricos de consumo y hay que respetar su plazo de seguridad. Con un producto solo autorizado para ornamentales, los frutos no se comen.
En resumen
El invierno de un cítrico en maceta se resuelve sabiendo qué aguanta la especie concreta y actuando en consecuencia: kumquat y naranjo amargo aguantan bastante, limonero y lima muy poco. Antes de meterlo en casa conviene probar con el muro sur, el velo de invernaje y la protección del tiesto, y si hace falta interior, que sea fresco y muy luminoso, nunca junto al radiador.
El resto es contención: nada de abono, riego espaciado comprobando el sustrato, ni poda ni trasplante hasta la primavera y una salida al exterior gradual cuando pase el riesgo de heladas. Vigile la cochinilla en el envés de las hojas y recuerde que un tratamiento pensado para plantas ornamentales deja los frutos fuera de la mesa.