La procesionaria del pino (Thaumetopoea pityocampa) se combate en el momento del ciclo en que la oruga es pequeña y está expuesta, es decir, en otoño, y no cuando ya se ven los bolsones blancos y llamativos en las ramas o las filas bajando por el tronco. Para entonces la defoliación ya se ha producido y la actuación pasa a ser de contención y, sobre todo, de seguridad.

Antes que cualquier tratamiento hay una advertencia que manda sobre el resto del artículo: las orugas están cubiertas de pelos urticantes que provocan reacciones en las personas y suponen un peligro serio para los perros, que se acercan con el hocico a la fila. No se toca una procesión, no se pisa, no se remueve un bolsón caído y no se deja suelto al perro bajo pinos afectados entre finales de invierno y la primavera. Si hay contacto, con la piel, los ojos o la boca, se acude al médico o al veterinario. Los pelos actúan también en suspensión, así que la irritación puede aparecer sin haber tocado nada.

Entre noviembre-diciembre y marzo, las orugas de la procesionaria bajan de los árboles para enterrarse, formando largas filas. Foto: Shutterstock

El ciclo, que es lo que decide cuándo actuar

La procesionaria tiene una generación al año, con un calendario que se adelanta o se retrasa según la altitud y el clima de cada zona. En la mitad sur y en el litoral mediterráneo todo ocurre antes que en el interior frío o en zonas de montaña, donde las procesiones pueden verse ya bien entrada la primavera.

  • Verano. Las mariposas, de vuelo nocturno, ponen los huevos en manguito alrededor de un par de acículas. Pasan unas semanas hasta la eclosión.
  • Final del verano y otoño. Nacen las orugas, muy pequeñas, y empiezan a alimentarse en grupo tejiendo nidos provisionales, poco visibles.
  • Otoño e invierno. Construyen el bolsón definitivo, blanco y sedoso, orientado al sol, y consumen acículas con voracidad creciente. Es la fase en que aparecen las ramas peladas y las puntas secas.
  • Final del invierno y primavera. Bajan del árbol en fila india para enterrarse y crisalidar en el suelo. De ahí saldrán las mariposas en verano.

Afecta sobre todo a los pinos, con distinta sensibilidad según la especie, y también se encuentra con cierta frecuencia en cedros. Una defoliación fuerte debilita el árbol y frena su crecimiento, pero rara vez lo mata; el daño es más grave en ejemplares jóvenes, recién plantados o ya debilitados por sequía.

En España el uso de productos fitosanitarios está regulado por el Real Decreto 1311/2012, que establece el marco de actuación para conseguir un uso sostenible de estos productos. Dos ideas de esa norma condicionan todo lo que sigue.

La primera es la gestión integrada de plagas: la prevención, el seguimiento y los métodos no químicos van antes que el tratamiento químico, que se reserva para cuando es necesario y en la forma que menos riesgo suponga. No es una recomendación estética, es el principio que ordena la norma.

La segunda es que el uso profesional exige el carné de aplicador con el nivel correspondiente, y que las aplicaciones en espacios de uso público y en zonas frecuentadas por personas o grupos vulnerables están sujetas a condiciones específicas. Un particular solo puede emplear productos autorizados para jardinería exterior doméstica, y la dosis, el plazo de seguridad y las condiciones de uso son las que figuran en la etiqueta del envase, no las de ningún artículo. Qué productos están autorizados en cada momento se consulta en el Registro de Productos Fitosanitarios del ministerio, que es el dato que se mantiene actualizado.

Añada un detalle que se olvida: si el pino está en suelo público, en la calle o en un parque, el tratamiento le corresponde al ayuntamiento. Lo que hay que hacer es avisar, no subirse a la rama.

Vigilancia: el paso que se salta todo el mundo

Sin saber qué hay, no se decide nada. Dos herramientas dan esa información.

Las trampas de feromona se cuelgan en verano y capturan machos atraídos por la feromona sexual de la hembra. Su valor real es de seguimiento: indican cuándo empieza y cuándo termina el vuelo, y cuánta población hay, lo que permite situar la ventana de tratamiento del otoño. Como método de control por sí solas tienen un efecto limitado en un jardín pequeño, y hay que ser honesto con eso.

La segunda es mirar el árbol. En otoño, revisar los extremos de las ramas del tercio superior buscando nidos pequeños y acículas comidas permite actuar cuando la oruga está en sus primeros estadios. En invierno, contar bolsones da la magnitud del problema del año siguiente si no se hace nada.

Tratamientos biológicos en otoño

La ventana de octubre y noviembre, con orugas jóvenes y todavía alimentándose en el exterior del nido, es cuando los tratamientos funcionan mejor. La opción de referencia en control de orugas es Bacillus thuringiensis subespecie kurstaki, una bacteria que actúa por ingestión: la oruga deja de comer y muere. No afecta a personas ni a vertebrados, y su efecto se limita a larvas de lepidópteros, lo que respeta buena parte de la fauna auxiliar del jardín, aunque no a las orugas de otras mariposas que estén en el árbol.

Tiene condiciones que explican los fracasos: hay que mojar bien las acículas donde comen las orugas, pierde eficacia con la lluvia y con la radiación solar, y no sirve de nada aplicado sobre bolsones cerrados en pleno invierno, cuando las orugas ya son grandes y apenas salen. Como todo fitosanitario, se emplea únicamente si el producto concreto está autorizado para ese uso y siguiendo su etiqueta.

Endoterapia

Consiste en inyectar el producto en el sistema vascular del árbol a través de perforaciones en el tronco, de modo que se distribuya por las acículas y actúe sobre la oruga que se alimenta de ellas. Su ventaja es que no dispersa producto en el ambiente, lo que la hace interesante en jardines, calles y zonas de paso donde una pulverización sería problemática. Es una técnica exclusivamente profesional: exige equipo, carné de aplicador y criterio para elegir el momento, y no está exenta de inconvenientes, porque cada aplicación deja heridas en el tronco.

Trampas de anillo en el tronco

Se colocan antes de que empiecen las procesiones, en invierno. Son un collar que rodea el tronco y obliga a las orugas que descienden a meterse en una manga que las conduce a una bolsa, de la que no salen. No evitan la defoliación, porque para entonces ya se ha producido, pero impiden que las orugas lleguen al suelo, que es justo el momento de mayor riesgo para las personas y los perros. En un jardín con niños o animales es la medida más sensata de esa época del año.

Hay que instalarlas bien ceñidas al tronco, sellando los huecos de la corteza, porque cualquier resquicio deja pasar la fila. Y la bolsa se retira con guantes, ropa de manga larga y gafas, sin sacudirla ni abrirla.

Retirada de bolsones

Cortar y destruir los nidos es eficaz cuando son pocos y accesibles, y tiene la ventaja de eliminar la población antes de que baje. También es la operación que más exposición a los pelos urticantes provoca, de modo que solo se hace con protección completa, sin viento, sin situarse debajo del nido y sin pulverizarlo con agua a presión, que dispersa los pelos por el aire. Si el bolsón está a altura, el trabajo es para una empresa de tratamientos, no para una escalera doméstica.

Favorecer a los depredadores

Los carboneros y herrerillos consumen orugas, y la abubilla y algunos murciélagos actúan sobre otras fases del ciclo. Instalar cajas nido es una medida razonable, barata y de fondo, que ayuda a mantener bajas las poblaciones a largo plazo. No es una solución para un año con plaga declarada, y presentarla como tal sería engañar.

Lo que no se debe hacer

Disparar a los bolsones con escopeta, además de ser ilegal en la mayoría de los sitios, esparce los pelos urticantes y los restos por el suelo. Quemar el nido en el propio árbol daña la rama y es un riesgo de incendio evidente en pinar. Y quemar montones de orugas al aire libre expone a quien lo hace al humo con los pelos. Los aparatos de ultrasonidos no tienen respaldo para esto ni para casi nada.

En resumen

La procesionaria se controla siguiendo su ciclo: seguimiento con trampas de feromona en verano, revisión del árbol y tratamiento biológico cuando la oruga es pequeña en otoño, trampa de anillo en el tronco antes de las procesiones y retirada de bolsones cuando son accesibles y se pueden manipular con protección. La gestión integrada, tal como la ordena el Real Decreto 1311/2012, pone la prevención y los métodos no químicos por delante del tratamiento.

Y por encima del control está la seguridad. Los pelos urticantes causan reacciones en personas y son especialmente peligrosos para los perros. No se toca ni se pisa una fila de orugas, se mantiene al perro atado y lejos de los pinos afectados en la época de descenso, y ante cualquier contacto se acude al médico o al veterinario. Ningún remedio casero sustituye eso.


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