Antes de mirar formas ni macetas, la pregunta que decide qué bonsái puedes cultivar es dónde va a vivir el árbol. Si es una especie de clima templado (arce, pino, olmo, enebro, olivo, tejo) su sitio es el exterior, los doce meses del año, invierno incluido. Si lo que quieres es un árbol dentro de casa, la lista se reduce a un puñado de especies tropicales y subtropicales: Ficus retusa y Ficus microcarpa, Carmona retusa, Serissa y poco más.
Ese es el dato que casi nunca aparece en la etiqueta y que mata la mayoría de los primeros bonsáis. Un árbol de clima templado necesita pasar frío: la parada invernal forma parte de su ciclo, y sin ella se agota y muere en un par de temporadas. Dentro de casa, además, la luz de una habitación es una fracción de la que recibe en la calle y el aire seco de la calefacción lo remata. Con eso claro, este es el catálogo de las especies que de verdad se cultivan en España, separadas por dónde tienen que estar.
Las tropicales, las únicas que viven dentro
Son especies de origen tropical o subtropical que no tienen parada invernal y que toleran una temperatura estable todo el año. Dentro de casa quieren el sitio más luminoso que tengas, junto a una ventana, y humedad ambiental por encima de la que da una calefacción.
- Ficus retusa y Ficus microcarpa: el bonsái de interior por excelencia, y con motivo. Perdona errores de riego, rebrota con facilidad tras la poda y emite raíces aéreas que dan mucho juego. El llamado ficus ginseng, con esa base abultada, es un ficus injertado sobre una raíz engrosada, no una especie distinta. Su savia es un látex blanco que irrita la piel, así que poda con cuidado y lávate después.
- Carmona retusa, el té de Fukien: hoja pequeña y brillante, florecillas blancas durante buena parte del año. Es bonita y es exigente. Quiere mucha luz, humedad alta y un riego sin altibajos, y responde a cualquier descuido tirando hojas.
- Serissa (la antigua Serissa foetida), el árbol de las mil estrellas: florece en blanco de forma espectacular y tiene fama merecida de caprichosa. Detesta que la cambien de sitio y protesta defoliándose. Se recupera, pero pone a prueba la paciencia.
- Schefflera arboricola: la más tolerante a la poca luz de todas, muy usada en estilos de raíces sobre roca. No permite las mismas técnicas de alambrado fino que un ficus, pero como árbol de interior resistente es difícil de superar.
- Portulacaria afra, el arbusto elefante: una suculenta que se trabaja como bonsái, crece rápido y aguanta la sequía. Necesita bastante sol, así que en interior solo funciona pegada a una ventana muy luminosa.
Coníferas, todas de exterior
Aquí está el malentendido más caro. El junípero es el árbol que más se vende como bonsái de regalo, envuelto en celofán y colocado en el pasillo de una gran superficie, y es una conífera de exterior estricto. Dentro de casa aguanta unas semanas con aspecto verde, que es lo que engaña, y cuando se pone gris ya lleva tiempo muerto.
- Junípero (Juniperus chinensis, Juniperus procumbens): resistente, agradecido con el alambrado y perfecto para trabajar madera muerta (jin y shari). Exterior todo el año, a pleno sol, con riego regular.
- Pino negro japonés (Pinus thunbergii) y pino silvestre (Pinus sylvestris): los clásicos del estilo formal. Piden sol directo, sustrato muy drenante y técnicas propias de pinzado por temporada. No son un árbol para empezar.
- Pino piñonero (Pinus pinea): muy usado en España por disponibilidad, con la dificultad añadida de reducirle la acícula.
- Tejo (Taxus baccata): longevo, de madera espectacular y brotación fiable desde madera vieja. Aviso importante: es una de las plantas más tóxicas de nuestra flora, con toda la planta venenosa salvo la parte carnosa roja del arilo. Fuera del alcance de niños y animales.
Caducifolios: el cambio de estación en una maceta
Son los que enseñan de verdad el paso del año, con brotación, hoja de verano, color de otoño y ramificación desnuda en invierno. Todos, sin excepción, viven fuera.
- Olmo chino (Ulmus parvifolia): si me pides una sola especie para empezar en exterior, es esta. Brota sin parar, ramifica fino, tolera podas duras y se adapta a climas muy distintos. En zonas suaves se comporta como semicaducifolio.
- Arce japonés (Acer palmatum): el de las hojas palmeadas y el color de otoño. Su punto débil en España es doble: el sol de julio y agosto le quema las hojas, así que quiere sombra de mediodía, y el agua calcárea de buena parte del país le amarillea las hojas por clorosis. En el norte atlántico va como un tiro.
- Almez (Celtis australis) y carpe (Carpinus): rústicos, de hoja pequeña, muy agradecidos para trabajar ramificación.
- Ginkgo (Ginkgo biloba): de hoja inconfundible y amarillo de otoño muy vistoso. Tiene su propia lógica, porque ramifica poco y se trabaja sobre todo en escoba.
Las mediterráneas, que es donde España juega en casa
Buena parte del catálogo japonés sufre en el clima peninsular. En cambio hay especies de aquí que se comportan de maravilla, aguantan el verano seco y no dependen de riegos constantes.
- Olivo y acebuche (Olea europaea): el bonsái mediterráneo por antonomasia. Madera preciosa, brotación fuerte desde el tronco y una tolerancia a la sequía que ningún arce tiene. Exterior a pleno sol.
- Granado enano (Punica granatum 'Nana'): flor naranja intensa y frutos diminutos a escala perfecta. Es de los pocos que dan flor y fruto en maceta pequeña sin complicaciones.
- Lentisco (Pistacia lentiscus) y coscoja: rústicos, de hoja pequeña, muy resistentes al calor.
- Romero (Salvia rosmarinus): barato, disponible en cualquier vivero y perfecto para practicar sin miedo a estropear un árbol caro.
- Higuera (Ficus carica): engorda el tronco muy rápido y da una corteza clara preciosa, aunque la hoja cuesta reducirla.
De flor y de fruto
La azalea satsuki (Rhododendron indicum) es la reina de la floración en bonsái, con flores enormes en relación al árbol. Tiene dos exigencias que hay que asumir antes de comprarla: sustrato ácido, normalmente kanuma puro, y agua de riego con poca cal, lo que en Levante o en Madrid obliga a usar agua filtrada o de lluvia. El membrillero japonés (Chaenomeles) florece a finales de invierno con la rama aún desnuda, y el manzano de flor (Malus) da fruto pequeño muy decorativo. Todos ellos, de exterior.
Lo que la etiqueta del vivero no te cuenta
Tres avisos prácticos antes de comprar. El primero, desconfía de la etiqueta que dice bonsái de interior sobre un junípero, un olmo o un arce: está mal, y es el error que más árboles se lleva por delante. El segundo, el árbol que viene en una maceta con la tierra cubierta de gravilla pegada con cola no está preparado para vivir, está preparado para el escaparate, y esa capa hay que quitarla. Y el tercero, un bonsái no es un árbol enano por genética: es un árbol normal mantenido pequeño por poda de rama y de raíz, de modo que lo que compras es un compromiso de trabajo periódico, no un objeto.
En resumen
Elige primero el sitio y después la especie. Si solo dispones de interior, quédate en ficus, carmona, serissa, schefflera o portulacaria, junto a la ventana más luminosa de la casa. Si tienes balcón, terraza o patio, se te abre todo el catálogo templado, y ahí las mediterráneas como el olivo, el granado o el lentisco te darán menos problemas que un arce japonés.
Para empezar, olmo chino en exterior y ficus en interior son las dos apuestas seguras: crecen rápido, perdonan fallos y te dejan aprender poda y alambrado sin jugarte un ejemplar valioso. Pinos, azaleas y arces vendrán después, cuando ya sepas leer lo que el árbol te está diciendo.