Casi todas las listas de suculentas colgantes te dan las mismas catorce especies y ninguna te dice lo que importa cuando la maceta ya está colgada del techo: que unas se van quedando calvas por arriba y otras no, que unas pierden las hojas si las rozas y no vuelven a salir en ese punto, y que una planta madura con sustrato mineral y recién regada pesa bastante más de lo que aguanta un gancho puesto de cualquier manera.

Ese es el criterio que ordena este artículo: cómo se comporta cada tipo una vez colgada. Se reparten en tres familias de comportamiento. Las que ramifican desde la base y se mantienen densas, las que solo crecen por la punta y acaban con una mata de tallos pelados arriba y hojas abajo, y las que se desprenden al roce. Cada una se coloca y se poda de forma distinta.

Suculentas colgantes en maceta

Las que se pelan por arriba

Es el problema número uno de los collares. El collar de perlas (Curio rowleyanus, que verás casi siempre etiquetado como Senecio rowleyanus) y el collar de plátanos (Curio radicans) crecen alargando la punta del tallo. La parte vieja, la que está pegada al borde de la maceta, no produce hojas nuevas. Con el tiempo, la superficie del sustrato queda descubierta y todo el follaje está a medio metro de distancia colgando en el aire.

Hay dos causas que lo aceleran. Una es la falta de luz, que estira los entrenudos y separa las perlas. La otra, menos conocida, es que en la naturaleza estas plantas se arrastran por el suelo y enraízan por contacto a lo largo del tallo. Colgadas, ese contacto no existe nunca, así que la mata nunca se rellena sola.

La solución no es podar y tirar. Coge unos cuantos tallos largos, enróscalos sobre la superficie del sustrato y sujétalos con una horquilla o un trozo de alambre. Enraízan en las yemas y en pocos meses vuelve a haber follaje arriba. Se hace en la estación de crecimiento, no en pleno reposo.

Collar de perlas, Curio rowleyanus

Las que se mantienen densas arriba

La cadena de corazones (Ceropegia woodii) se comporta mucho mejor porque forma un tubérculo en la base y rebrota desde él. Aunque los tallos largos se afeen, la planta sigue emitiendo brotes nuevos por abajo. Además produce pequeños tubérculos aéreos en los nudos, que se pueden apoyar en el sustrato de la propia maceta para espesar la mata sin comprar nada.

Las hoyas y las Dischidia tampoco se pelan del mismo modo: son trepadoras leñosas que ramifican, y con luz suficiente emiten tallos nuevos desde varios puntos. A cambio son más lentas. Si lo que quieres es una cortina espesa en un año, no es tu planta; si quieres algo que siga bonito dentro de cinco, sí.

Cadena de corazones, Ceropegia woodii Flores de Ceropegia woodii Flores de Ceropegia woodii

Las que sueltan las hojas al menor roce

La cola de burro es el caso extremo. Sedum morganianum, la de hoja larga y puntiaguda, y Sedum burrito, la de hoja corta y redondeada que se vende muy a menudo con el mismo nombre, tienen las hojas sujetas de forma frágil. Un roce al pasar, una corriente fuerte o un traslado y caen decenas. En el tramo de tallo que queda desnudo ya no salen hojas nuevas, así que el hueco es permanente.

De ahí se deducen sus reglas de colocación. Se cuelga donde nadie pase por debajo ni la roce al abrir una puerta, se decide el sitio antes de que crezca porque moverla cuesta hojas, y se riega sin manipular los tallos. Lo bueno es que cada hoja caída es un esqueje: se deja secar un par de días sobre sustrato seco y enraíza sola. Mucha gente rellena la parte alta de la maceta con las hojas que la propia planta va soltando.

Cola de burro, Sedum morganianum

El peso, que nadie calcula

Una cola de burro adulta es una de las plantas de interior más pesadas por volumen que existen: hojas llenas de agua, muchas, y tallos gruesos. Si además usas maceta de barro y un sustrato con buena proporción mineral, que pesa bastante más que la turba, el conjunto se va a varios kilos. Y justo después de regar es cuando más pesa.

Tres consecuencias prácticas. La primera, el anclaje: un taco en una placa de escayola o en un falso techo no sostiene eso, hay que llegar al forjado. La segunda, la maceta: para las especies pesadas conviene plástico o resina, dejando el barro para las ligeras. La tercera, el sistema de colgado: las cuerdas de macramé y los ganchos decorativos suelen estar pensados para una maceta de plástico con planta pequeña, y hay que mirar su carga máxima antes de confiarles nada.

Colgada, se riega distinto

A dos metros del suelo el aire es más caliente y más seco que a la altura de una mesa, sobre todo en invierno con la calefacción puesta. El sustrato de una maceta colgante se seca antes que el de la misma planta en una estantería, y no a la misma velocidad en todo el cepellón: la parte superior se seca mucho antes que el fondo.

Regar desde arriba con una jarra suele terminar con el agua corriendo por las paredes de la maceta hasta el plato sin mojar el centro. Funciona mejor bajarla y regar por inmersión, dejándola escurrir del todo antes de volver a colgarla, y en el caso del collar de perlas conviene hacerlo cuando el sustrato está seco pero las perlas todavía no se han arrugado. Si no puedes bajarla, riega despacio y en varias pasadas.

La luz llega de lado, no de arriba

Una planta colgada rara vez recibe luz cenital. Le llega de la ventana, en horizontal, y eso significa que la cara de la mata que mira a la pared vive a media luz. El resultado típico es una planta bonita por un lado y pelada por el otro. Se corrige girando la maceta un cuarto de vuelta cada pocas semanas.

Y hay un caso que pide lo contrario de lo que parece: el cactus cola de rata (Disocactus flagelliformis, todavía etiquetado como Aporocactus). Es un cactus epífito de selva mexicana, así que colgado junto a un cristal al sur en verano se quema. Quiere mucha luz, sí, pero no el sol directo de mediodía del verano español. Sus espinas, finas y numerosas, se clavan con facilidad, así que tampoco se cuelga en un sitio de paso.

Cactus cola de rata

Rejuvenecer una colgante estropeada

Cuando la mata ya está calva por arriba y con tallos larguísimos, la reparación es la misma para casi todas: cortar los tallos por la base, aprovechar los tramos con hojas como esquejes, dejarlos secar unos días y replantarlos en la misma maceta con sustrato nuevo. La planta madre suele rebrotar si conserva raíz y algo de tallo.

Se hace al empezar la estación de crecimiento, para que enraícen deprisa, y no se riega hasta pasados unos días del corte. Un esqueje de crasa con la herida fresca puesto en sustrato húmedo se pudre.

Hoya de porte colgante

En resumen

Elegir una suculenta colgante por la foto lleva a llevarse un disgusto un año después. Lo que conviene mirar es su comportamiento: los Curio crecen solo por la punta y dejan la maceta calva, la Ceropegia woodii rebrota desde su tubérculo y se mantiene, las hoyas ramifican despacio pero envejecen bien, y las colas de burro sueltan hojas a cambio de regalarte esquejes.

Y dos cosas de instalación que no son adorno. El peso mojado de una crasa colgante madura exige anclaje al forjado y un gancho con carga declarada. Y el riego en alto pide bajar la maceta y regar por inmersión, o al menos regar despacio, porque a esa altura el sustrato se seca antes por arriba y el agua se escapa por las paredes sin llegar al centro.


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