Dentro de una casa aguantan de verdad, año tras año, las crasas que en su sitio de origen viven a media sombra: Haworthiopsis, Gasteria, la lengua de suegra (Dracaena trifasciata), el árbol de jade (Crassula ovata), la flor de cera (Hoya carnosa), los Rhipsalis, el cactus de Navidad (Schlumbergera) y el aloe. Todas las demás, empezando por las echeverias de colores que llenan los expositores, son plantas de balcón que en un salón se estiran y se estropean en unos meses.
Y el error que mata a la mayoría no es olvidarse de regar, sino lo contrario: regar en invierno, con la planta parada y la luz en mínimos, hasta que se pudre el cuello. Una crasa de interior soporta sin inmutarse dos meses sin agua en diciembre; no soporta un plato con agua debajo durante una semana. Con eso y con elegir bien la especie está resuelto el ochenta por ciento del asunto.

Qué significa de interior cuando hablamos de una crasa
Casi todas las suculentas son plantas de sitios abiertos y muy soleados. La palabra suculenta no describe una familia botánica, sino una estrategia: almacenar agua en hojas, en tallos o en la raíz para sobrevivir a la sequía. La comparten crasuláceas, aizoáceas, asfodeláceas, apocináceas, euforbiáceas y cactáceas, entre otras. Y sí, todos los cactus son suculentas; lo que distingue a las cactáceas del resto son las areolas, esos cojincillos de donde salen espinas, pelos y flores.
Por eso lo de planta de interior es una etiqueta comercial, no una categoría botánica. Las pocas que funcionan dentro son las que en la naturaleza crecen bajo arbustos, entre rocas o sobre árboles, no las que viven al descubierto en pleno sol.
Las especies que de verdad aguantan dentro
Haworthiopsis attenuata y Haworthiopsis fasciata. Las rosetas pequeñas de hojas oscuras con bandas blancas en relieve, que se venden como planta cebra. Son las mejores para interior sin discusión: crecen a la sombra de otras plantas en Sudáfrica y una ventana luminosa sin sol directo les sobra. Se quedan pequeñas y forman hijuelos alrededor.
Gasteria. Prima de la anterior, con las hojas dispuestas en dos filas enfrentadas, gruesas y moteadas. Todavía más tolerante a la sombra, y agradece que no le dé el sol directo, que le mancha las hojas.
Lengua de suegra (Dracaena trifasciata). Ojo con el nombre, porque la vas a encontrar etiquetada como Sansevieria trifasciata en cualquier vivero: desde 2017 el género Sansevieria está incluido en Dracaena, aunque comercialmente se siga vendiendo con el nombre viejo. Es la crasa más resistente que puedes meter en casa y aguanta rincones con poca luz, aunque crece mejor con claridad. Contiene saponinas y es tóxica para perros y gatos si la mordisquean.
Árbol de jade (Crassula ovata). Arbustillo de hojas redondeadas y brillantes que con los años hace un tronco grueso y forma de árbol. Necesita más luz que las anteriores, una ventana buena, y con un invierno fresco y seco puede llegar a florecer.

Flor de cera (Hoya carnosa). Semisuculenta trepadora de hoja gruesa. Vive bien en interior, florece si tiene luz abundante y hay que dejarle el pedúnculo seco tras la floración, porque vuelve a florecer del mismo sitio.
Rhipsalis y Schlumbergera. Cactus epífitos de selva brasileña, no de desierto. Viven sobre ramas de árbol, a media sombra y con humedad ambiental, y ese es exactamente el error de fondo de casi todo lo que se escribe sobre el cactus de Navidad: tratarlo como un cactus de arena. Quiere luz filtrada, un sustrato que retenga algo más de humedad que el de una echeveria y no soporta el sol directo de verano.
Aloe vera y Aloe arborescens. Aguantan dentro con una ventana muy luminosa, aunque fuera están bastante mejor. Dos advertencias: Aloe vera es tóxica para perros y gatos, y el gel transparente del interior de la hoja y el acíbar amarillo y amargo que hay justo bajo la piel no son la misma sustancia. Aquí no damos usos internos ni recetas de ninguno de los dos.
Las que se venden como de interior y no lo son
Esta lista ahorra dinero. Las Echeveria, los Graptopetalum, los Pachyphytum, la cola de burro (Sedum morganianum, de hoja larga, o Sedum burrito, que es la compacta de hoja corta que suele venderse como tal), los Sempervivum, los Lithops, los agaves y prácticamente todos los cactus de desierto necesitan sol directo. En un interior se etiolan: el tallo se alarga, las hojas se separan y se vuelven pálidas, y la roseta compacta que compraste ya no vuelve.
Si tienes un balcón, una terraza o incluso el alféizar exterior de una ventana, ahí es donde van. Y si no lo tienes, lo sensato es quedarse con las de la lista anterior en vez de pelear contra la biología.
La luz, que es el factor que decide todo lo demás
La mejor posición para casi todas es junto a una ventana al este, con el sol suave de la mañana, o a un metro de una ventana al sur. Pegadas al cristal al sur en verano se queman, porque el vidrio corta la ventilación y concentra el calor: el sol mediterráneo de julio a través de una ventana cerrada achicharra una echeveria en una tarde.
La señal de que falta luz es inconfundible. El tallo se alarga entre hoja y hoja, las hojas nuevas salen más pequeñas y apuntando hacia arriba, y el color se apaga. En ese punto no hay marcha atrás para la parte ya crecida: lo que se hace es mover la planta a más luz y, si está muy deformada, decapitarla y enraizar el ápice.
El sustrato: lo primero es quitar la turba del vivero
Las crasas llegan del vivero plantadas en turba pura, un sustrato ligerísimo que se usa porque pesa poco en el transporte y porque en un invernadero con riego controlado funciona. En tu casa hace lo contrario: retiene agua durante semanas alrededor del cuello de la planta y la pudre.
Lo que quieres es una mezcla mineral y suelta: aproximadamente mitad sustrato orgánico y mitad material inerte de grano grueso, del tipo puzolana, pómice, arena silícea gruesa o arcilla expandida machacada. Nada de arena de playa ni de arena fina de obra, que compactan. Y maceta con agujero de drenaje siempre, sin excepción.
El barro sin esmaltar seca más rápido y perdona errores de riego. Los cachepots decorativos sin agujero son el enemigo número uno, porque acumulan el agua que escurre sin que la veas.

El riego, y el invierno en un piso español
El método que funciona es empapar y secar: se riega a fondo hasta que sale agua por el agujero, se tira lo que quede en el plato y no se vuelve a regar hasta que el sustrato está seco en profundidad, no solo en superficie. Meter el dedo o levantar la maceta para notar el peso son mejores indicadores que cualquier calendario.
La frecuencia cambia muchísimo con la estación y con dónde vivas. Entre marzo y septiembre, con la planta creciendo, puede ser cada una o dos semanas. De octubre a febrero se reduce drásticamente y en muchas especies casi se suspende, porque con poca luz la planta no consume y el agua se queda estancada.
La calefacción añade un matiz. Reseca el aire, lo que a una crasa no le molesta, pero mantiene la temperatura alta en un momento en que la planta debería estar parada. Si puedes darle un rincón fresco y luminoso en invierno, la planta se conserva compacta y algunas incluso florecerán. Si no, riega aún menos de lo que creas necesario.
Plagas y problemas típicos de interior
- Cochinilla algodonosa. Motas blancas algodonosas en las axilas de las hojas y en el cuello. Es la plaga más frecuente en crasas de interior. Se retira una a una con un bastoncillo mojado en alcohol y se revisa también la raíz al trasplantar, porque hay una variedad que vive bajo tierra.
- Araña roja. Aparece con aire seco y caliente, típico de invierno con calefacción. Deja un punteado fino y decolorado en las hojas y telarañas muy finas.
- Mosquitos del sustrato. No dañan a la planta adulta, pero son el aviso de que estás regando demasiado y de que el sustrato retiene humedad. Se corrigen dejando secar de verdad y cambiando la mezcla.
- Podredumbre del cuello. La planta se ablanda por abajo, se vuelve traslúcida y se cae. Casi siempre no tiene arreglo en la base, pero se puede salvar cortando por encima de la zona sana y enraizando el ápice.
Con niños y animales en casa
Merece la pena saber qué tienes. El género Kalanchoe, muy vendido en flor, contiene bufadienólidos, glucósidos cardiotónicos tóxicos para personas y animales. Las euforbias, incluidas muchas que se venden como cactus de interior y la corona de Cristo (Euphorbia milii, que es una euforbia y no un cactus), sueltan un látex blanco irritante para la piel y muy peligroso en los ojos, y tóxico si se ingiere: guantes al podar, lavarse después y, si salta a un ojo, al médico. La lengua de suegra y el aloe son tóxicos para perros y gatos. Ante una ingestión, médico o veterinario, sin remedios caseros por medio.
En resumen
Para una casa sin balcón, las crasas que funcionan son las de sombra: Haworthiopsis, Gasteria, lengua de suegra, árbol de jade, flor de cera y los cactus epífitos Rhipsalis y Schlumbergera, más un aloe si tienes una ventana muy luminosa. Las echeverias, los sedum de roseta, los lithops y los cactus de desierto son plantas de exterior y no hay cuidado que compense la falta de sol.
El cultivo se reduce a tres decisiones: quitar cuanto antes la turba del vivero y pasar a una mezcla mineral en maceta con drenaje, colocarlas en la ventana más luminosa que tengas evitando el cristal a pleno sol de verano, y regar empapando y dejando secar del todo, con el invierno casi en seco. Lo demás, incluido el abono, es accesorio.