Una suculenta crestada y un cactus monstruoso no son especies, ni variedades de catálogo, ni cruces. Son la misma planta de siempre creciendo mal. Lo que hay detrás es una alteración del meristemo, el tejido del extremo del tallo donde se fabrican las células nuevas, y esa alteración cambia la geometría del crecimiento sin cambiar nada más: la planta sigue siendo Euphorbia obesa o Cereus hildmannianus, y sigue necesitando lo mismo que sus hermanas normales.

La diferencia entre los dos fenómenos está en qué le pasa a ese punto de crecimiento. En la cresta (fasciación) el meristemo deja de ser un punto y se convierte en una línea, así que el tallo se aplana y se ensancha en abanico. En la forma monstruosa el problema es el contrario: en lugar de un único punto dominante aparecen muchos, repartidos y desordenados, y la planta se llena de brotes irregulares. Saber cuál tienes delante importa, porque se cultivan distinto de lo que la gente cree y porque el precio que se paga por ellas no siempre está justificado.

La cresta: cuando el punto se convierte en línea

La fasciación es la deformación más conocida y la más buscada. El ápice del tallo, que normalmente es un domo diminuto, se alarga lateralmente hasta formar una banda con muchos puntos de crecimiento alineados. Cada uno de esos puntos sigue produciendo tejido, y como están en fila, el resultado es una lámina que se retuerce sobre sí misma. De ahí las formas en abanico, en cresta de gallo o en cerebro que caracterizan a estas plantas.

Aeonium arboreum var. atropurpureum Aeonium arboreum var. atropurpureum en su forma normal. Foto: Dornenwolf Aeonium arboreum var. atropurpureum forma cristata La misma especie con crecimiento crestado. Foto: Valentino Vallicelli

La fasciación no es exclusiva de las suculentas ni mucho menos. Aparece en girasoles, en espárragos, en sauces, en delfinios y en muchas otras plantas, y quien haya visto una rama de sauce aplastada como una cinta ya ha visto una fasciación. Lo que ocurre es que en las cactáceas y en las crasas el efecto es espectacular, porque el cuerpo es grueso y la planta entera adopta la forma nueva.

Dentro del mundo suculento es frecuente en Cactaceae, y también en Euphorbiaceae, en Crassulaceae y en las asclepiadáceas, hoy incluidas dentro de las apocináceas. En géneros como Euphorbia, Mammillaria, Echinopsis, Cereus, Aeonium y Sempervivum se encuentran con relativa facilidad.

Euphorbia obesa Euphorbia obesa normal, con su forma esférica característica. Foto: Frank Vincentz Euphorbia obesa f. cristata Euphorbia obesa f. cristata. La esfera se ha convertido en una lámina ondulada. Foto: Frank Vincentz

La forma monstruosa: muchos puntos y ninguno al mando

En una planta normal el ápice principal manda sobre el resto y regula qué brotes se desarrollan y cuáles no. En una forma monstruosa esa jerarquía se pierde. Aparecen puntos de crecimiento por todas partes y en cualquier orientación, cada uno tira por su lado, y el cuerpo de la planta acaba cubierto de tubérculos, verticilos y ramificaciones cortas sin ningún patrón.

Es un fenómeno mucho más común en cactus y en Euphorbia que en las suculentas de hoja, y algunas de las plantas más vendidas del mundo son formas monstruosas: el llamado cactus roca o cactus totem, que es una forma monstruosa de Cereus, es un clásico de las tiendas de decoración.

Cereus hildmannianus Cereus hildmannianus, forma normal columnar. Foto: el cajon yacht club Cereus hildmannianus f. monstrosa Cereus hildmannianus f. monstrosa, el conocido cactus roca. Foto: Paul Hermans

Cómo se distinguen

La regla práctica es mirar la dirección del crecimiento. En una cresta hay una línea continua de crecimiento, y aunque esté retorcida se puede seguir con el dedo de un extremo a otro. En una forma monstruosa hay muchos ápices independientes, cada uno con su propia punta, sin continuidad entre ellos.

Dicho esto, hay plantas intermedias que los propios especialistas discuten, porque una misma planta puede tener sectores crestados y sectores monstruosos, y porque una cresta muy ramificada acaba pareciendo un montón de brotes. En el comercio los términos se usan además con bastante alegría, así que la etiqueta no siempre acierta.

Euphorbia obesa monstrosa Euphorbia obesa monstruosa, con múltiples puntos de crecimiento. Foto: A. Appierto

Por qué ocurre

No hay una única causa demostrada, y conviene decirlo así en vez de repetir explicaciones seguras que no lo son. Lo que se maneja son varios factores que pueden desorganizar el meristemo: mutaciones somáticas espontáneas en el tejido del ápice, daños mecánicos o por frío en la yema, alteraciones hormonales, y en algunas plantas infecciones bacterianas. Muchas veces es imposible saber cuál de ellos actuó en un ejemplar concreto.

Lo que sí está claro es que es raro en la naturaleza y que no se hereda de forma fiable. Sembrando semilla de una planta crestada casi siempre salen plántulas normales. Por eso todas las crestadas y monstruosas del comercio se multiplican por vía vegetativa, por esqueje o por injerto de un fragmento del tejido alterado, que es la única manera de conservar la anomalía.

Cómo se nombran

La convención es añadir el término después del nombre de la especie: Euphorbia obesa f. cristata, Cereus hildmannianus f. monstrosa. La abreviatura "f." es de forma, una categoría por debajo de la variedad, y funciona más como etiqueta descriptiva que como taxón real: no describe una población silvestre estable, sino un modo de crecer que puede aparecer en cualquier individuo.

Algunas de estas formas llevan además nombre de cultivar entre comillas simples cuando se han seleccionado y multiplicado en cultivo, y ahí el nombre sí identifica un clon concreto.

El injerto y por qué se usa tanto

Muchas crestadas y monstruosas que se venden vienen injertadas sobre un patrón: un trozo de Hylocereus, Selenicereus, Myrtillocactus o Trichocereus haciendo de raíz y de sistema de alimentación, con la pieza crestada encima.

Se hace por dos razones. La primera, velocidad: sobre un patrón vigoroso la cresta engorda en un año lo que tardaría tres o cuatro sobre sus propias raíces. La segunda, supervivencia: los tejidos alterados suelen tener el sistema radicular flojo, y muchas crestadas de crecimiento lento simplemente no prosperan por sí solas.

Tiene contrapartidas que el comprador debería conocer. El patrón tiene sus propias necesidades y su propia vida útil, y algunos, como Hylocereus, son sensibles al frío, así que una planta injertada sobre él pasa peor un invierno de meseta que la especie de arriba por separado. Además el patrón emite brotes propios que hay que retirar, y con el tiempo el injerto puede desequilibrarse y volcar.

Cultivo

La base es sencilla: se cultivan igual que la especie normal de la que proceden, con más cuidado en un par de puntos.

El sustrato tiene que ser francamente mineral y drenar deprisa. Como en cualquier suculenta, el error que las mata en España no es la sequía sino el riego de invierno sobre un sustrato que retiene agua: con frío, poca luz y la planta parada, ese agua se queda y la raíz se pudre. En invierno se riega muy poco o nada, según la especie y la temperatura.

Con la luz hay un matiz importante. La superficie de una cresta es mucho mayor que la de la planta normal y está llena de pliegues, así que retiene agua en los surcos y se quema con más facilidad al sol directo. Sol filtrado o sombra en las horas centrales del verano peninsular, y riego siempre al sustrato y nunca sobre el cuerpo de la planta.

Los pliegues son también el escondite favorito de la cochinilla algodonosa, que en una cresta es difícil de ver y difícil de alcanzar. Revisar los surcos de vez en cuando con una linterna ahorra disgustos.

La reversión es lo que más sorprende a quien compra una de estas plantas. Un ejemplar crestado puede empezar a emitir brotes normales, y esos brotes crecen mucho más deprisa que el tejido crestado y acaban dominando la planta. Si quieres conservar la cresta, hay que ir retirando esos brotes normales según aparecen. Al revés también pasa: de una planta normal puede salir de pronto un sector crestado, y ese sector es el que se separa para propagarlo.

Antes de comprar

Todas las cactáceas están incluidas en el Apéndice II de CITES, y varias suculentas de otros grupos también, entre ellas muchas Euphorbia suculentas. Eso significa que su comercio internacional está regulado y que un ejemplar debe poder acreditar su origen legal. Las crestadas y las monstruosas son, por rareza y por precio, un objetivo habitual de la recolección ilegal en el medio natural.

La consecuencia práctica es sencilla: se compran en viveros y productores que puedan documentar la procedencia, no se recolectan del campo, y ante un ejemplar grande y singular a un precio llamativo conviene preguntar de dónde sale. Una planta de cultivo tiene además muchas más probabilidades de adaptarse a tu terraza que un ejemplar arrancado de su hábitat.

En resumen

Las crestadas y las formas monstruosas son alteraciones del punto de crecimiento, no especies distintas. En la cresta el meristemo se alarga en una línea y el tallo se aplana en abanico; en la monstruosa aparecen muchos puntos de crecimiento desordenados. Son raras en la naturaleza, no se transmiten por semilla y por eso se propagan siempre por esqueje o por injerto.

Se cultivan como la especie de la que salen, con dos precauciones añadidas: sol filtrado en verano, porque los pliegues se queman y retienen agua, y riego muy escaso en invierno, que es lo que de verdad las mata. Si la planta empieza a emitir brotes normales hay que retirarlos para que no dominen, y al comprar conviene recordar que las cactáceas están en el Apéndice II de CITES y que estas formas son un objetivo frecuente del expolio.


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