Depende de qué piscina. El agua de una piscina hinchable de niños, que se llena y se vacía cada pocos días y a la que no se le echa nada, sirve perfectamente para regar. El agua de una piscina tratada es otra cosa, y el motivo por el que no sirve no es el que la gente cree: el cloro libre es el problema menor, porque se va solo. Lo que de verdad hace daño son las sales que quedan disueltas y algunos productos de mantenimiento, sobre todo los alguicidas con cobre.

Esa es la distinción útil. No es "con cloro no y sin cloro sí", sino cuánto se ha ido concentrando el agua a lo largo de la temporada y qué le has echado. Una piscina de cloración salina, que en España es hoy de lo más común, es exactamente la peor candidata para regar, aunque el agua parezca limpia y no huela a nada.

Maceta colgante con flores junto al agua azul de una piscina

El cloro se va, las sales no

El cloro libre es volátil. En un recipiente destapado, al aire y al sol, se disipa por sí mismo en cuestión de horas o de un par de días, y el movimiento del agua acelera el proceso. Por eso el argumento de "lleva cloro, mata las plantas" es flojo: en una piscina bien mantenida la concentración es baja, y encima baja más en cuanto el agua deja de tratarse.

Lo que no se va con el aire es todo lo demás que hay disuelto. El agua de una piscina lleva meses evaporándose y reponiéndose con agua de red, y cada reposición añade sales nuevas mientras la evaporación se lleva solo el agua pura. El resultado, a final de temporada, es un agua bastante más mineralizada que la que salió del grifo. Si además la zona tiene agua dura, que es lo normal en el este, el sur y buena parte del interior de España, el punto de partida ya era alto.

La cloración salina es el problema serio

Una piscina de sal no es una piscina sin cloro. Lo que hace el equipo es fabricar cloro a partir de la sal común disuelta en el agua mediante electrólisis, así que el cloro está igual. La diferencia es que, para que eso funcione, el agua tiene que llevar sal de forma permanente y en cantidad. Es bastante menos salada que el mar, pero es agua salina.

El sodio es lo que hace daño a la planta y al suelo, y por dos vías distintas. En la planta, aumenta la salinidad del sustrato: la raíz tiene más dificultad para absorber agua aunque la haya, y aparecen los síntomas clásicos de quemadura salina, que son puntas y bordes de hoja secos y marrones mientras el resto de la hoja sigue verde. En el suelo, el sodio desplaza al calcio de las arcillas y degrada la estructura, de modo que el terreno se apelmaza, deja de infiltrar y termina drenando peor, que es justo lo contrario de lo que quieres.

Y lo importante: la sal no se evapora. Se queda. En un suelo profundo, la lluvia de invierno acaba lavando parte de ella hacia abajo, pero en una maceta no hay adónde lavarla, así que se va acumulando riego tras riego. Por eso regar macetas con agua de piscina salina es la peor de las variantes.

Los alguicidas y los demás productos

Muchos alguicidas de piscina llevan cobre como principio activo. El cobre es fitotóxico: en cantidad pequeña es un micronutriente, pero por encima de eso daña la raíz, y a diferencia del cloro no desaparece, se acumula en el suelo. No puedo darte una concentración de seguridad porque depende del producto, de la dosis que se haya usado y de cuánto tiempo hace, y cualquier cifra que te diera sería inventada. Lo prudente es simplemente no usar para riego el agua de una piscina a la que se le hayan echado alguicidas esta temporada.

Hay más cosas en el bidón de mantenimiento. Los reductores de pH son ácidos fuertes, los elevadores son bases, los floculantes añaden sales de aluminio y el estabilizante del cloro es otro compuesto que se queda en el agua. Ninguno de ellos aporta nada bueno a un jardín, y el agua que sale de una piscina al final del verano es la suma de todos.

Qué plantas lo llevan peor

  • Todo lo que esté en maceta. Es el caso crítico, porque no hay lavado posible y la sal solo puede subir de concentración.
  • Las plantas de suelo ácido, como hortensias, camelias, azaleas, rododendros, gardenias y arándanos. Ya sufren con el agua calcárea de red, y esta es peor.
  • Las crasas y los cactus. Se riegan poco, con lo cual la sal que llega no se lava nunca, y su sustrato mineral retiene poco agua pero sí las sales que quedan al secar. Además muchas marcan las quemaduras salinas de forma permanente en la hoja.
  • Las plántulas y los semilleros, que son mucho más sensibles a la salinidad que una planta hecha.
  • El huerto. Aparte del daño al cultivo, no tiene sentido asumir el riesgo en algo que te vas a comer.

El césped establecido y los arbustos grandes de jardín son los que mejor lo llevan, sobre todo si el suelo es profundo y llueve después. Aun así, lo llevan mejor no significa que les vaya bien.

Piscina rodeada de cesped y arboles en el jardin de una casa

Si vas a aprovechar algo de agua, hazlo así

Con una piscina pequeña sin tratar, adelante y sin más precauciones. Con una piscina tratada de cloro convencional, sin sal y sin alguicidas, se puede aprovechar una parte del vaciado si tomas estas precauciones:

  • Deja de clorar días antes del vaciado y no tapes la piscina, para que el cloro libre se disipe al aire y al sol.
  • Reparte, no viertes de golpe. Soltar el vaso entero sobre una esquina del jardín ahoga la raíz y arrastra el suelo. Si vacías, que sea lento y repartido.
  • Alterna con agua de lluvia o de red. Usar agua de piscina como única fuente de riego durante semanas es lo que acaba salinizando el terreno.
  • Nunca en macetas, ni en el huerto, ni en plantas de suelo ácido.
  • Nunca cerca de un cauce, un pozo o una zona de escorrentía. El agua clorada es dañina para la fauna acuática.

Si la piscina es de cloración salina o le has echado alguicida, no riegues con ella. El vaciado va al saneamiento, y conviene mirar la ordenanza municipal antes, porque muchos ayuntamientos regulan cómo y cuándo se puede vaciar una piscina y por dónde tiene que ir el agua. No vale el mismo criterio en todas partes, así que la referencia buena es la de tu municipio.

El agua que sí merece la pena guardar

Con el mismo esfuerzo se puede recoger agua mucho mejor. La de lluvia es la ideal para regar, especialmente en zonas de agua dura: es blanda, sin cal y sin sodio, y a las crasas, a las carnívoras y a las plantas de suelo ácido les cambia la vida. Un bidón bajo una bajante de canalón recoge bastante más de lo que uno imagina en una sola tormenta. Y el agua fría que corre en la ducha mientras esperas a que salga caliente, recogida en un cubo, es agua de red limpia que hoy se va por el desagüe.

Esas dos fuentes son gratis, no tienen sal añadida y no dan ningún problema. El agua de piscina, en el mejor de los casos, es agua mediocre que hay que usar con cuidado.

En resumen

Con una piscina hinchable sin productos, riega tranquilo. Con una piscina tratada de cloro convencional, se puede aprovechar parte del vaciado si aireas antes, repartes el agua y no la usas en macetas, en el huerto ni en plantas acidófilas. El cloro libre no es el obstáculo, porque se va solo.

Con una piscina de cloración salina o con alguicidas de cobre, no. El sodio y el cobre no se evaporan, se quedan en el suelo, salinizan el sustrato y degradan su estructura, y en maceta no hay forma de lavarlos. Ese vaciado va al saneamiento según diga la ordenanza de tu municipio, y para el jardín es mejor tener un bidón recogiendo la lluvia.


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