Una hoja suelta o un trozo de tallo bastan para obtener una suculenta nueva. Estas plantas tienen una capacidad de regeneración que muy pocos grupos vegetales igualan, y la técnica es tan sencilla que el principal error consiste en hacer de más: enterrar demasiado, regar demasiado pronto y tener demasiada prisa.

Todo el procedimiento se apoya en un solo principio. El tejido cortado debe cicatrizar antes de tocar sustrato húmedo. Si el corte entra en contacto con humedad estando fresco, se pudre; si se deja secar hasta que forma una película dura, enraíza. Ese detalle es la diferencia entre el 90 por ciento de éxito y el 90 por ciento de fracaso.

Cuándo hacerlo

Al principio de la temporada de crecimiento de la especie. Para la mayoría de las suculentas de jardinería eso es la primavera, de marzo a mayo, y también el principio del otoño, en septiembre y octubre, que en España suele funcionar incluso mejor porque las temperaturas son suaves y el sol ya no castiga.

Los esquejes tomados en invierno se quedan parados durante meses y tienen mucho más riesgo de pudrirse. Los tomados en pleno julio o agosto, con calor extremo, se deshidratan antes de enraizar.

Las especies que crecen en la estación fresca, como los Aeonium, van al revés: sus esquejes se toman en otoño.

Propagación por hoja

Funciona bien en Echeveria, Graptopetalum, Pachyphytum, Sedum de hoja gruesa, Crassula y sus híbridos. No funciona, o funciona muy mal, en Aeonium, Aloe, Agave, Sempervivum y cactáceas, que se multiplican por otras vías.

Elegir y separar la hoja. Cógela sana, turgente y de la parte media o baja de la roseta, evitando las hojas nuevas del centro y las viejas ya deterioradas. Lo importante es que salga entera, con la base intacta: si se rompe y queda parte de la hoja pegada al tallo, no brotará nada.

Para arrancarla, sujétala por la base y muévela suavemente de lado a lado hasta que se desprenda con un pequeño chasquido. En muchas especies se suelta con facilidad. Si se resiste, es mejor cortarla lo más cerca posible del tallo con una hoja de afeitar o un cúter desinfectado, sin dañar ni el tallo ni la hoja.

Dejar cicatrizar. Coloca las hojas sobre una superficie seca, a la sombra o en luz indirecta, durante dos o tres días, hasta que la base forme una costra seca. Este paso no se salta.

Colocar sobre el sustrato. Prepara una bandeja o una maceta ancha con mezcla drenante, sin necesidad de más de tres o cuatro centímetros de profundidad. Apoya las hojas encima, sin enterrarlas. Enterrar la base es un error muy común: la hoja se pudre. Se dejan simplemente tumbadas sobre la superficie.

Luz. Luz brillante indirecta, nunca sol directo, que las deshidrata antes de que tengan raíces con las que absorber.

Riego. No riegues hasta que aparezcan las primeras raicillas. Después, pulveriza ligeramente la superficie o añade un poco de agua cuando el sustrato esté totalmente seco, siempre en cantidad muy pequeña. En zonas de humedad ambiental alta, como la cornisa cantábrica, muchas hojas enraízan sin ningún riego.

Esperar. Entre dos y seis semanas aparecen raíces rosadas en la base de la hoja y, poco después, una roseta diminuta. La hoja madre irá encogiendo mientras alimenta a la planta nueva.

Guiar las raíces. A veces las raíces crecen hacia el aire en lugar de hacia el sustrato. Cúbrelas con una capa muy fina de sustrato o de material mineral fino y pulveriza esa zona una vez por semana.

Separar. Cuando la roseta nueva alcance uno o dos centímetros y la hoja madre esté seca y arrugada, se puede retirar con cuidado, sin tirar de ella si aún está adherida. A partir de ahí la plantita se cultiva con el riego normal de la especie, aunque en macetas pequeñas y con riegos algo más frecuentes durante el primer año.

Propagación por esqueje de tallo

Es el método más rápido y el que mejor funciona con suculentas arbustivas, con especies de tallo largo y con plantas etioladas. En lugar de partir de una hoja, se parte de una roseta o de un fragmento de tallo, que ya tienen tejido suficiente para enraizar deprisa.

Cortar. Con tijeras o cúter desinfectados, corta la roseta o el trozo de tallo dejándole tres o cuatro centímetros de tallo por debajo. Retira las hojas de la parte inferior, la que va a quedar enterrada, para que no queden en contacto con el sustrato.

Dejar cicatrizar. Aquí hace falta más tiempo que con las hojas: de tres o cuatro días para tallos finos hasta una o dos semanas para tallos gruesos. Con cactáceas de tallo grueso pueden ser varias semanas. La herida debe estar seca y dura al tacto.

Plantar. En sustrato drenante y seco, apenas enterrado, lo justo para que el esqueje se sostenga. Enterrarlo profundo no acelera nada y aumenta el riesgo de pudrición. Si no se aguanta, apóyalo contra el borde de la maceta o sujétalo con un palito.

Regar. Espera unos días y después riega poco pero con cierta frecuencia. Esta es la única situación en la que un esqueje agradece más riego que una planta adulta: sin raíces no puede absorber de un cepellón empapado, pero tampoco debe deshidratarse por completo. El equilibrio es humedecer ligeramente cuando el sustrato lleve un par de días seco.

Comprobar. Las raíces aparecen entre dos y cuatro semanas según la especie y la temperatura. La forma de saberlo sin desenterrar nada es tirar muy suavemente del esqueje: si ofrece resistencia, ya ha arraigado. A partir de ahí se pasa al riego normal.

Qué pasa con la planta madre

El tocón que queda no se tira. Emitirá brotes laterales en las axilas de las hojas que le quedan, normalmente varios a la vez, en un plazo de dos a seis semanas. Donde había una planta habrá un grupo, y de hecho este es el método habitual para conseguir ejemplares ramificados de especies que crecen con un solo tallo.

Las hojas que se dejaron en la base pueden secarse y caer con el tiempo. Es normal y no impide el rebrote. Esas hojas, si están sanas, se pueden aprovechar para propagar también.

Los errores que arruinan el intento

Plantar sin dejar cicatrizar. Es el fallo número uno y el que produce esquejes que se ablandan y se pudren en pocos días.

Enterrar las hojas. Se apoyan encima, no se entierran.

Regar demasiado. Un sustrato constantemente húmedo pudre el esqueje antes de que enraíce.

Sol directo. Un esqueje sin raíces no puede reponer el agua que pierde, así que el sol lo deshidrata. Luz brillante pero indirecta.

Hojas rotas. Una hoja que se ha desgarrado y ha dejado parte de su base en el tallo no tiene el tejido del que sale el brote y no dará nada.

Impaciencia. Mover el esqueje, desenterrarlo para ver si tiene raíces o tirar de él con fuerza interrumpe el proceso. Se deja quieto.

Hacerlo en invierno. Con la planta parada y poca luz, el enraizamiento se alarga durante meses y las probabilidades caen mucho.

Cuánto se puede esperar

La tasa de éxito varía por especie. Con Echeveria, Graptopetalum y Sedum, en primavera y en buenas condiciones, brotan la mayoría de las hojas. Con otras especies el porcentaje es mucho menor, así que conviene poner siempre más hojas de las que necesitas y no contar cada fallo como un error de técnica.

Sobre los tiempos: una hoja tarda entre uno y dos meses en dar una roseta reconocible y puede necesitar un año o año y medio para alcanzar tamaño adulto. Un esqueje de tallo, en cambio, produce una planta de tamaño respetable en una sola temporada. Si tienes prisa, el esqueje de tallo es la vía; si quieres cantidad, la hoja.

En resumen

El procedimiento es el mismo en los dos casos: separar limpiamente, dejar que la herida cicatrice varios días al aire, colocar sobre sustrato seco y drenante sin enterrar de más y no regar hasta que aparezcan las raíces. Luz brillante indirecta y paciencia hacen el resto.

Empieza en primavera o a principios de otoño, con Echeveria, Graptopetalum o Sedum, que son las más agradecidas. Y ten presente que no todas las suculentas se propagan por hoja: los Aeonium, los Aloe, los Agave y las cactáceas piden esqueje de tallo o hijuelo.


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