Una suculenta es rara por tres motivos, y ninguno tiene que ver con lo llamativa que sea: porque crece tan despacio que un ejemplar de tamaño de venta cuesta años, porque se multiplica mal y no hay manera de producirla en cantidad, o porque en la naturaleza vive en un área minúscula. A veces se juntan los tres, y entonces aparecen los precios que asustan.

Conviene separar eso de otra idea que se le pega encima: rara no significa difícil. Hay plantas rarísimas de encontrar y cómodas de cultivar, y plantas que se venden en cualquier bazar y que la gente mata en tres meses. Aquí van diez que los coleccionistas buscan de verdad, con lo que cada una tiene de particular y lo que realmente pide.

Qué hace que una crasa sea rara

La lentitud. Muchos cactus globosos y los mesembs de roca engordan un poco cada temporada. Un Ariocarpus del tamaño de una moneda grande lleva años de cultivo detrás, y eso se paga.

La propagación. Las plantas variegadas son el caso claro: su variegación es una quimera, un tejido mutado, y no se hereda de forma fiable por semilla. Solo se conserva separando hijuelos de la propia planta, uno a uno, así que la oferta crece a la velocidad a la que la planta madre saca crías.

El endemismo. Buena parte de estas especies ocupa unas pocas laderas del sur de África o del norte de México. Esa es la razón por la que el expolio de ejemplares silvestres es tan grave con este grupo de plantas, y por la que una rareza se compra en vivero, con nombre completo y factura, nunca a alguien que presume de haberla traído del campo.

Diez suculentas de coleccionista

1. Othonna capensis 'Ruby Necklace'

Othonna capensis 'Ruby Necklace' con tallos púrpura y hojas cilíndricas

Sudafricana, de tallos finos color vino y hojitas cilíndricas verde azulado que se vuelven moradas con sol y sequía. Es colgante, crece sobre todo en la mitad fría del año y da margaritas amarillas pequeñas. De las diez de esta lista es la más asequible y la más fácil: cualquier trozo de tallo enraíza. La dificultad está en encontrarla con el color rojizo hecho, porque en el vivero sombreado sale verde.

2. Pachyphytum compactum

Pachyphytum compactum con hojas facetadas y líneas marcadas

Mexicana, de hojas cortas y gordas con líneas claras que dibujan facetas, como una piedra tallada. Ese dibujo es la marca que dejan las hojas vecinas mientras la roseta está apretada, y se aprecia mejor cuanta más luz recibe. Va cubierta de pruina, esa cera blanquecina que se borra con el dedo y no se regenera, así que se coge por la maceta. Riego escaso y sustrato muy mineral.

3. Conophytum

Conophytum, mesemb sudafricano con cuerpos globosos

Se parecen a los Lithops y no lo son: ambos pertenecen al grupo de los mesembs, la familia Aizoaceae, pero el cuerpo del Conophytum sale más del suelo y muchas especies florecen de noche. Su ciclo es lo que hay que entender: crece en otoño e invierno y duerme en verano, encerrado en una vaina seca de la temporada anterior que lo protege. En ese reposo no se riega, ni una gota, y en España ese reposo cae justo cuando apetece regarlo todo. Es un género castigadísimo por la recolección ilegal en Sudáfrica, así que aquí la procedencia importa más que en ninguna otra.

4. Ariocarpus trigonus

Ariocarpus trigonus, cactus con tubérculos triangulares

Sí es un cactus, aunque no lo parezca: tiene lana en las axilas de los tubérculos, que es donde está la areola, el rasgo que define a las cactáceas. Vive casi enterrado en el norte de México, con una raíz napiforme gruesa que le sirve de despensa, y florece en otoño con una corona de flores. Crece con una lentitud extraordinaria. Necesita maceta honda, sustrato pedregoso y un invierno completamente seco; el exceso de agua lo pudre por el cuello sin avisar. El género figura en el apéndice más restrictivo de CITES, de modo que se compra reproducido de semilla y con papeles.

5. Tephrocactus articulatus

Tephrocactus articulatus con espinas planas como papel

Argentino, formado por segmentos ovalados que se encajan unos sobre otros y que se desprenden al menor golpe. Las variedades más buscadas llevan espinas anchas y flexibles, como tiras de papel. Que las espinas sean blandas no lo hace inofensivo: es un pariente de las chumberas y lleva gloquidios, pelillos diminutos con púas microscópicas que se clavan, no se ven y atraviesan un guante de tela fino. Se manipula con una tira de papel de periódico doblada o con pinzas. Lo bueno: cada segmento caído enraíza solo en sustrato seco.

6. Haworthia truncata

Haworthia truncata con hojas truncadas y ventanas translúcidas

Parece que alguien le haya cortado las hojas con un cuchillo. Esa superficie plana es una ventana: en su hábitat la planta vive enterrada en la grava y solo asoma esa cara translúcida, por la que entra la luz hasta el tejido verde del interior. La forma de fila ordenada corresponde a H. truncata y la de rosetón desordenado a la variedad maughanii, y ambas se cultivan y seleccionan con mucho mimo, sobre todo en Japón. Quieren luz filtrada, nunca sol directo del mediodía, y riego regular pero corto en su época de crecimiento.

7. Adromischus maculatus

Adromischus maculatus con hojas moteadas

Hojas planas, redondeadas y moteadas de manchas oscuras, con el borde a veces ondulado. Se confunde con algunos Kalanchoe, y no es casualidad: los dos géneros están en la familia Crassulaceae. Distinguirlo es fácil por el tamaño, porque el Adromischus se queda en una mata pequeña de tallos cortos. Se propaga por hoja con una facilidad absurda, lo que explica que sea de las raras más alcanzables.

Echeveria 'Compton Carousel' variegada

Es una Echeveria variegada, con el centro verde azulado y un borde crema ancho. Aquí se ve perfectamente por qué una variegada es cara: no se reproduce por semilla conservando el dibujo, y las hojas sueltas rara vez dan plantas con la misma variegación, así que todo depende de los hijuelos que emita. Además tiene menos clorofila, lo que la hace más lenta y mucho más sensible a quemarse: el borde blanco no se protege del sol como el tejido verde.

9. Gymnocalycium mihanovichii injertado

Gymnocalycium mihanovichii injertado, de color púrpura

Este entra en la lista como contraejemplo útil: parece rarísimo y se vende en todas partes. Los ejemplares de color son mutantes sin clorofila que no pueden vivir por su cuenta, y por eso van injertados sobre un patrón verde. Lo interesante para un coleccionista no son esos, sino la especie sin injertar, un Gymnocalycium argentino y paraguayo de cuerpo pardo verdoso y flores pálidas que se cultiva sobre sus propias raíces. Color llamativo y rareza son cosas distintas.

10. Haworthia cuspidata variegada

Haworthia cuspidata variegada con hojas crema y verdes

Haworthia cuspidata es una planta de origen híbrido, de rosetas de hojas gruesas terminadas en punta corta, y su versión variegada alterna sectores verdes y crema en cada hoja. Como todas las Haworthia de hoja blanda, quiere luz abundante pero indirecta y un sustrato que se seque rápido. Con sol directo intenso los sectores claros se tuestan y quedan marcas marrones permanentes.

Fáciles, medias y difíciles

  • Fáciles: Othonna capensis, Adromischus maculatus, Tephrocactus articulatus (con guantes).
  • Medias: Pachyphytum compactum, las dos Haworthia, la Echeveria variegada, que sobre todo piden acertar con la exposición.
  • Difíciles: Conophytum y Ariocarpus, porque sus ciclos de riego no se parecen a nada de lo que hacemos con el resto de plantas de casa.

En resumen

La rareza en las suculentas viene casi siempre de la lentitud, de la propagación complicada o de un área de distribución pequeña. Las tres cosas explican el precio, y las dos últimas explican también por qué conviene comprar en vivero: son justo las especies a las que más daño hace la recolección en el monte.

Si estás empezando en las raras, entra por las fáciles y acostúmbrate a mirarlas de cerca antes de dar el salto a un Conophytum o un Ariocarpus. Esas dos no perdonan un riego a destiempo, y lo que se pierde no es una planta de cuatro euros, sino años de cultivo que no se recuperan.


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