La lista corta de suculentas que sobreviven de verdad en una casa española sin ventanal al sur es esta: Haworthia y Haworthiopsis, Gasteria, la lengua de suegra (Dracaena trifasciata), Ceropegia woodii, el cactus de Navidad (Schlumbergera), la Crassula ovata y, con luz de ventana, el Aloe vera y el Kalanchoe tomentosa. Son ocho. El resto de lo que se vende como "suculenta de interior" no lo es, y conviene saberlo antes que después.
Las que no funcionan dentro no son plantas difíciles: son plantas de sol. Las echeverias, casi todos los Sedum, los Aeonium, los Sempervivum, los lithops y los cactus globosos de desierto se pueden tener meses en una estantería, pero no viven: aguantan estirándose y perdiendo el color hasta que se tumban. Abajo va cada una con su veredicto y con lo que necesita en concreto.
Las que aguantan de verdad

Haworthia y Haworthiopsis. La mejor suculenta de interior que existe, sin discusión. Son rosetas pequeñas de Sudáfrica que en su hábitat crecen entre piedras y bajo matorral, muchas veces con solo la punta de las hojas asomando. Eso significa que están hechas para poca luz. La de hojas rayadas en blanco que se vende como planta cebra es Haworthiopsis attenuata o Haworthiopsis fasciata (la segunda es más rara en tiendas de lo que dice la etiqueta). Las de hojas traslúcidas con ventanas en la punta, tipo Haworthia cooperi, son igual de agradecidas. Crecen despacio, se quedan pequeñas y no piden nada más que una ventana con luz clara y un riego cuando el sustrato lleva días seco. A pleno sol de verano, en cambio, se queman y enrojecen.
Gasteria. La prima de hoja gruesa, lengüeta y moteada, también sudafricana y también de sombra. Es todavía más tolerante a la penumbra que la haworthia y se distingue por las hojas en dos hileras opuestas cuando es joven. Su flor, curvada y con la base hinchada como un estómago, es de donde le viene el nombre. Se riega poco y se agradece que le dé el aire.
Lengua de suegra. El género Sansevieria se incluyó en Dracaena en 2017, así que el nombre correcto es Dracaena trifasciata, aunque se sigue vendiendo como sansevieria en todas partes. Es la planta que aguanta lo que nadie: un rincón oscuro, meses sin riego, calefacción. Con poca luz crece muy despacio y las variedades de borde amarillo pierden el amarillo, pero no se muere. Ojo: se pudre con facilidad si se riega con el mismo criterio que una planta verde, y es tóxica para perros y gatos.
Ceropegia woodii. El rosario o collar de corazones, una apocinácea de tallos colgantes finos con hojas en forma de corazón jaspeadas de plata. Crece en la naturaleza trepando entre arbustos, no expuesta, y por eso tolera bien una estantería alta con luz indirecta. Necesita un colgador y riego muy espaciado, porque forma tubérculos subterráneos que almacenan agua.
Cactus de Navidad. Schlumbergera, no Zygocactus (nombre antiguo) ni Epiphyllum (otro género). Aquí está el error de fondo de medio internet: es un cactus epifito de la selva atlántica brasileña, que vive sobre las ramas de los árboles en ambiente húmedo y sombreado. No se cuida como un cactus de desierto. Quiere luz indirecta, sustrato aireado con corteza, riego regular en crecimiento y nada de sol directo de verano. El de Pascua, parecido pero de floración primaveral y segmentos de borde liso, es Rhipsalidopsis.

Crassula ovata. La planta de jade, un arbusto sudafricano de tallo leñoso y hojas ovaladas brillantes. No es de sombra, pero tiene reservas de sobra y tolera años dentro junto a una ventana clara. Con luz escasa se estira y las hojas quedan más separadas y más finas; con buena luz se compacta y los bordes se ribetean de rojo. Es la crasa que más se mata por exceso de riego de todo el catálogo de interior.

Aloe vera. Necesita una ventana de las buenas, con sol directo parte del día, o se estira y se pone de un verde pálido y blando. En interior se da bien en cocinas con ventana al sur. Dos advertencias que este sitio no se salta: el gel transparente del interior de la hoja y el acíbar amarillo que sale justo bajo la piel no son lo mismo, aquí no damos usos internos ni recetas, y el Aloe vera es tóxico para perros y gatos.

Kalanchoe tomentosa. La planta panda, de Madagascar, con las hojas cubiertas de un fieltro blanco y manchas marrones en el borde. Ese fieltro tiene una consecuencia práctica: no se moja. El agua encharcada entre los pelos pudre la hoja, así que se riega al sustrato y nunca por encima. Tolera bien el aire seco de una casa con calefacción, que es justo lo que estropea a otras crasas.
Las que no, y por qué

Echeveria. Es la cara del género y la que más se vende, y es la que peor va dentro. Viene de zonas abiertas y soleadas de México, y la roseta apretada solo se mantiene con muchísima luz. En interior, el tallo se alarga, las hojas se separan y se orientan hacia la ventana, el color gris azulado o rosado se vuelve verde soso, y en el mismo movimiento la roseta se abre y empieza a acumular agua en el centro cuando la riegas. Eso acaba en pudrición. En un balcón a media sombra en verano vive; en un salón, no.
Sedum y Sempervivum. Casi todos son de exterior pleno. Los Sempervivum son alpinos: además de sol, necesitan frío invernal de verdad para comportarse bien, y en un piso con calefacción no lo tienen. Los sedum colgantes tipo Sedum morganianum (la cola de burro de hoja larga; la de hoja corta y compacta que se vende como tal suele ser Sedum burrito) se ven mucho en interior, y sobreviven, pero se despueblan por arriba y sueltan hojas al mínimo roce.
Aeonium. Canarios y del Mediterráneo, con un detalle que confunde a todo el mundo: su parón vegetativo es en verano, no en invierno, y entonces cierran la roseta y sueltan hojas bajas. En interior alargan el tallo enseguida y pierden la forma de plato que es toda su gracia.
Lithops y cactus de desierto. Los lithops necesitan una intensidad de luz que una ventana normal no da, y un régimen de riego estacional muy estricto: con luz escasa se estiran hacia arriba deformándose y no vuelven atrás. Los cactus globosos aguantan más tiempo, pero dentro casi nunca florecen y el crecimiento nuevo sale estrecho y pálido, formando un cuello feo encima del cuerpo viejo.

Corona de Cristo. Euphorbia milii es un caso aparte. No es un cactus, es una euforbia de Madagascar, y con una ventana muy luminosa florece casi todo el año. Funciona dentro. Lo que pasa es que tiene espinas duras y suelta un látex blanco al romper cualquier parte, irritante para piel y ojos y tóxico por ingestión. Con niños o animales sueltos por casa, mejor no. Se poda con guantes, se lava uno después, y ante contacto en un ojo se acude al médico.
Lo mínimo que necesitan las ocho que sí

Ninguna de estas ocho necesita un cuidado especial, pero todas necesitan lo mismo: maceta con agujero, sustrato que seque en pocos días y no encharque, y riego por abajo o al borde de la maceta, nunca sobre la planta. Una mezcla que funciona es sustrato de cactus con un tercio largo de material mineral grueso, perlita, pumita o arena de río lavada, que evita que la turba se compacte. Y trasplantar en cuanto llegan de la tienda, porque el sustrato de vivero es turba casi pura pensada para regar a diario en invernadero, no para una estantería.
En resumen
Una lista honesta de suculentas de interior es corta: haworthias, gasterias, lengua de suegra, ceropegia, cactus de Navidad, jade, aloe y kalanchoe tomentosa. Todas comparten el mismo rasgo, que en la naturaleza crecen protegidas del sol directo o tienen reservas suficientes para aguantar años con poca luz.
Las echeverias, los sedum, los aeonium y los lithops son plantas de exterior aunque se vendan en macetita de doce centímetros junto a la caja. Puedes tenerlas fuera en un balcón y meterlas de visita, pero no vivirán dentro. Comprar tres plantas adecuadas y verlas prosperar sale mucho mejor que comprar diez y ver cómo se estiran todas a la vez.