La cadena de perlas (Curio rowleyanus, durante décadas Senecio rowleyanus) no se cultiva de semilla ni se compra ya hecha: se hace con esquejes de tallo tumbados sobre el sustrato, varios a la vez en la misma maceta. Cortas trozos de 10 a 15 centímetros, los apoyas en espiral sobre una mezcla mineral apenas húmeda, y en unas semanas cada nudo que toca la tierra echa raíces y empieza a tirar hilos nuevos. Ese es todo el método, y es el que explica por qué unas macetas quedan densas y otras acaban con cuatro hilos colgando de un centro pelado.
La segunda pieza es la luz. Las perlas se forman apretadas y redondas cuando la planta recibe luz muy intensa durante muchas horas; con poca luz los entrenudos se alargan, las perlas salen pequeñas y separadas, y el resultado es un hilo largo y triste que ya no se arregla. Aquí tienes cómo partir de un esqueje y llegar a una maceta llena, qué sustrato y qué maceta pedir, y cómo rellenar una planta que se ha quedado calva por arriba.
Qué planta estás cultivando
Es una crasa rastrera del sur de África, de zonas áridas, que en su sitio no cuelga de ninguna cesta: se arrastra por el suelo a la sombra de arbustos y matorrales, y va enraizando por los nudos según avanza. Esa costumbre de enraizar al contacto con la tierra es justo la que aprovechas al multiplicarla, y es también la razón de que su raíz sea fina y superficial, no un cepellón profundo.
Cada perla es una hoja modificada, esférica para guardar agua con la mínima superficie expuesta. Si miras una a contraluz verás una banda translúcida que la recorre: es una ventana epidérmica que deja entrar luz al interior de la hoja, de modo que la planta fotosintetiza dentro sin necesidad de exponer más superficie al sol y a la evaporación. Es un detalle bonito y además práctico, porque esa ventana te dice que la planta está pensada para luz intensa, no para un rincón de pasillo.
El cambio de nombre despista en las tiendas. Se sigue vendiendo como Senecio rowleyanus y así aparece en muchas etiquetas, pero hoy se ubica en el género Curio. Es la misma planta, no una variedad distinta.
De esqueje a maceta llena
Necesitas una planta madre sana, unas tijeras limpias y paciencia de un par de meses. El procedimiento:
- Corta tramos de tallo de 10 a 15 centímetros. Cuantos más, mejor: una maceta llena sale de meter muchos esquejes juntos, no de esperar a que uno solo se ramifique.
- Quita las perlas de los dos o tres nudos finales del tramo. Por ahí van a salir las raíces y así el nudo queda en contacto directo con el sustrato.
- Deja secar los cortes unas horas a la sombra, hasta que cicatricen.
- Prepara la maceta con sustrato y apoya los esquejes tumbados sobre la superficie, en espiral o en zigzag, cubriendo apenas los nudos pelados. No los entierres de pie: enraízan por los laterales, no por la punta.
- Sujétalos con una horquilla de alambre o una piedrecita si se levantan, y coloca la maceta en luz clara pero sin sol directo mientras enraízan.
- Riega muy poco, lo justo para que el sustrato no esté polvo, hasta que notes que los esquejes ya no se mueven al tirar suavemente. Entonces ya tienen raíz.
También enraízan en agua, con un nudo sumergido, pero las raíces que fabrican en agua son frágiles y sufren al pasarlas a tierra. Directamente en sustrato es más lento de ver y más seguro.
Maceta ancha, sustrato mineral
Como la raíz es superficial, una maceta honda solo consigue una cosa: que abajo quede una masa de sustrato húmedo que nadie está usando y que acabe pudriendo el cuello. Elige recipiente ancho y de poco fondo, con agujero de drenaje, y si es colgante mejor todavía, porque los hilos necesitan caer sin apoyarse en un mueble.
El sustrato, el de cactus y crasas aligerado con más material mineral (arena gruesa de sílice, pómice o picón) hasta que al apretarlo húmedo no forme bola. Una proporción cómoda es mitad sustrato comercial y mitad mineral. Nada de mantillo solo ni de tierra de jardín, que se compactan y retienen justo lo que esta planta no quiere.
Y el plato, seco. Si riegas por inmersión, escurre bien la maceta antes de devolverla a su sitio. Un plato con dos dedos de agua se lleva una cadena de perlas por delante en una semana.
Luz: lo que decide si salen perlas o hilos
Quiere el sitio más luminoso de la casa. Junto a una ventana orientada al sur o al oeste, con sol de mañana y luz indirecta muy fuerte el resto del día, es su posición ideal la mayor parte del año.
El matiz español es el verano. Detrás de un cristal, en pleno agosto, el sol de mediodía en el interior peninsular o en el sur quema las perlas, que se marcan con manchas blancas o marrones que ya no se recuperan. En esos meses aparta la maceta medio metro del cristal o filtra con un visillo. En cambio, entre noviembre y febrero, con días cortos y grises, casi nunca sobra luz: acércala a la ventana.
Si la vas a sacar a una terraza en primavera, acostúmbrala poco a poco. Pasar de interior a sol directo de golpe le produce quemaduras en pocos días.
Riego a lo largo del año
La regla es mojar a fondo y luego dejar secar el sustrato casi por completo antes de volver a regar. En una casa media, eso son riegos espaciados en primavera y otoño, y bastante más espaciados en invierno, cuando la planta apenas crece y el sustrato tarda mucho en secar.
El síntoma de sed es fácil de leer: las perlas pierden turgencia, se arrugan un poco y se aplanan. Ese aviso llega mucho antes de que la planta sufra de verdad, así que es mejor guiarse por él que por un calendario. El síntoma contrario, perlas que revientan o se vuelven translúcidas y blandas y tallos que se oscurecen en la base, ya es exceso de agua y suele venir acompañado de pudrición.
En zonas de invierno atlántico, si la tienes en una galería fresca y húmeda, alarga los intervalos todavía más. El frío no la mata tan rápido como el frío con el sustrato empapado.
Por qué se queda pelada por arriba
Es el problema número uno de esta planta y casi nunca es una plaga. Con los años, los tallos viejos van perdiendo perlas cerca del centro de la maceta mientras siguen creciendo por la punta, así que acabas con una corona desnuda y unos hilos larguísimos colgando. También ocurre en meses si la luz es insuficiente.
La solución no es esperar a que rebrote el centro, porque rara vez lo hace bien. Se recorta: cortas los hilos largos, los troceas en esquejes y los vuelves a tumbar sobre la propia maceta, encima de la zona calva. Enraízan donde caen y en un par de temporadas la maceta vuelve a estar densa. De paso, retira los tallos completamente secos y las perlas arrugadas que queden pegadas al sustrato.
Floración y precauciones
Cuando está a gusto y recibe mucha luz, saca unas flores pequeñas en pompón, blanquecinas y con estambres de color vivo, a las que se les atribuye un aroma que recuerda a la canela. No es una planta que se cultive por la flor, pero verla florecer es buena señal de que el sitio y el riego están bien.
Ojo con las mascotas y los niños. La cadena de perlas está considerada tóxica por ingestión para perros y gatos, y su savia puede irritar la piel. Una cesta colgante fuera de alcance resuelve el problema de raíz, y conviene lavarse las manos después de podar o de trocear esquejes.
En resumen
Cultivar una cadena de perlas es, en la práctica, multiplicarla bien: muchos esquejes tumbados sobre un sustrato mineral en una maceta ancha y poco profunda, luz muy intensa sin sol directo de mediodía en verano, y riegos espaciados que dejan secar el sustrato entre uno y otro. Con eso tienes una planta densa; sin luz suficiente tendrás hilos con perlas separadas hagas lo que hagas.
Y trátala como lo que es: una planta que se renueva a trozos. En cuanto el centro empiece a pelarse, corta, trocea y vuelve a tumbar los esquejes en la misma maceta. Es una planta tóxica por ingestión, así que colgada y lejos de perros, gatos y niños pequeños.