Casi todas las crasas que se venden en España salen de dos rincones del planeta. Uno es América, de donde vienen las Echeveria, los agaves y la inmensa mayoría de los cactus. El otro es África, y en concreto su extremo sur más Madagascar: de ahí son los Aloe, las Crassula, las Haworthiopsis, las euforbias carnosas, los collares colgantes de Othonna y Curio, y casi todos los Kalanchoe.
Saber de qué lado está tu planta no es un adorno de erudito. El sur de África no tiene un clima, tiene dos, y de ellos depende que tu suculenta crezca en verano o en invierno. Eso decide cuándo se riega y cuándo se deja seca, que es donde falla casi todo el mundo.
Por qué hay tantas suculentas en el sur de África
La región con más especies suculentas del mundo no está en un desierto americano, está en el suroeste de Sudáfrica y el sur de Namibia. Es el Karoo Suculento, una franja árida que recibe muy poca lluvia pero la recibe casi siempre en invierno, y que además se cubre de niebla costera que llega del Atlántico. Esa combinación, poca agua pero previsible, es justo la que premia a una planta capaz de almacenar y de esperar.
Ahí es donde reventó de diversidad la familia de las aizoáceas, los llamados mesembs, con géneros como Lithops, Conophytum, Argyroderma o Faucaria, plantas diminutas que imitan piedras. Y ahí conviven con Crassula, Tylecodon, Othonna y euforbias enanas.
Más al este, en el Cabo Oriental, el paisaje cambia a un matorral espeso donde la lluvia llega sobre todo en la mitad cálida del año. De ese ambiente vienen la Portulacaria afra, la Crassula ovata y buena parte de los aloes arbustivos. Y Madagascar, aislada durante millones de años, ha producido su propio catálogo: los Kalanchoe, los Pachypodium, la Euphorbia milii y aloes que no existen en ningún otro sitio.
Queda un cuarto bloque que a un lector español le toca de cerca: las islas Canarias, que geográficamente son África. Los Aeonium son endémicos de la Macaronesia, igual que el drago (Dracaena draco) y varias euforbias canarias. Son plantas de clima mediterráneo oceánico, de lluvia invernal y verano seco, y por eso se comportan en la Península mejor que casi ninguna otra crasa de importación.
Las africanas que vas a encontrar en cualquier tienda
La Othonna capensis es una asterácea del Cabo Oriental, pariente lejana de las margaritas. Emite tallos rojizos y finos con hojitas cilíndricas en forma de judía, y cuelga bien. Se la llama collar de rubíes por el color de esos tallos, que se intensifica cuando la planta pasa sed y recibe sol directo. Da florecillas amarillas de aspecto de margarita.
La Crassula ovata, el árbol de jade, es sudafricana y llega hasta Mozambique. Es la crasa más vendida del mundo y aguanta décadas en la misma maceta, engordando el tronco. Circula con nombres como planta del dinero o planta de la suerte, y con una lista de supuestas propiedades que no tiene: no se toma ni se aplica. Además es tóxica para perros y gatos.
La corona de Cristo o corona de espinas es Euphorbia milii, de Madagascar. No es un cactus, aunque las espinas engañen: es una euforbia, y al cortarla suelta un látex blanco que irrita la piel y es serio en los ojos. Se poda con guantes y después te lavas las manos.
La haworthia cebra es un lío de nombres que conviene contar. Las plantas de hojas duras, oscuras y con bandas de verrugas blancas ya no son Haworthia sino Haworthiopsis, y la que más se vende como cebra suele ser Haworthiopsis attenuata, aunque la etiqueta ponga fasciata. Ambas son sudafricanas y en su sitio crecen a la sombra parcial de arbustos y piedras, que es la pista de cultivo que importa: no quieren el sol brutal del mediodía.
El aloe de encaje que se vendía como Aloe aristata hoy se llama Aristaloe aristata, en un género propio. Viene de zonas altas de Sudáfrica, incluidos los Drakensberg, y por eso tolera el frío bastante mejor que un aloe de costa. Forma rosetas apretadas con dientes blancos y produce hijuelos con facilidad.
El kalanchoe panda (Kalanchoe tomentosa) es de Madagascar. Su aspecto aterciopelado no es cera, son tricomas, pelos vivos que cubren la hoja. Por eso no se moja la hoja al regar: el agua se queda entre el pelo y mancha. Como el resto del género, es tóxico.
Y la lengua de suegra, de África tropical, ya no es Sansevieria: desde 2017 el género está incluido en Dracaena, así que es Dracaena trifasciata. Se la sigue vendiendo como sansevieria en todas partes, y eso no va a cambiar pronto. Contiene saponinas y es tóxica para perros y gatos.
Lluvia de invierno o lluvia de verano: el dato que cambia el riego
Aquí está lo que casi ninguna guía cuenta. Una planta del Karoo Suculento o de Canarias evolucionó con la lluvia en la estación fría, así que crece en otoño e invierno y se para en verano. Los Conophytum y los Aeonium son el ejemplo claro: en pleno julio encogen, cierran hojas o las secan, y parecen enfermos. No lo están, están durmiendo. Si los riegas entonces, se pudren.
Una planta del interior sudafricano de lluvia estival o de Madagascar hace lo contrario: arranca con el calor y descansa en invierno. Ahí entran la mayoría de Kalanchoe, muchos Aloe y la Crassula ovata. A esas sí se les quita el agua de noviembre a febrero.
La regla práctica es sencilla: observa la planta en verano. Si mete hojas nuevas y sigue tiesa, es de crecimiento estival. Si se arruga, se compacta y no mueve nada, es de invierno y tienes que dejarla en paz hasta que refresque.
Qué significa todo esto en el clima español
En el litoral mediterráneo y en Canarias, las africanas del Cabo están casi en casa: lluvia repartida en la mitad fría, verano seco y heladas raras o inexistentes. Aeonium, Aloe arborescens, Crassula ovata y Portulacaria afra viven fuera todo el año en suelo con drenaje.
En el interior peninsular el problema es la helada. La mayoría de crasas sudafricanas de tierras bajas no pasan del cero de forma sostenida, y las de Madagascar menos todavía. Las de montaña, como Aristaloe aristata o varios Delosperma, aguantan más, pero siempre en suelo seco: el frío con el sustrato empapado es lo que mata.
En el norte atlántico el enemigo no es el termómetro, es la lluvia constante. Ahí lo que funciona es maceta con mucho árido, bajo alero o porche, y jamás plato con agua debajo. Y en cualquier zona, cuidado con el cristal: una crasa pegada a una ventana orientada al sur en julio recibe sol amplificado y aire quieto, y se quema en una tarde.
Una africana que no se planta
La uña de gato, Carpobrotus edulis, también es sudafricana y aquí ha salido cara. Coloniza dunas y acantilados, tapa la flora autóctona y es dificilísima de erradicar. Figura en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras del Real Decreto 630/2013, así que no se planta, no se propaga y los restos de poda no se tiran al monte ni al compost de jardín.
Toxicidad, que en este grupo toca de lleno
Las euforbias suculentas, que son un bloque enorme del catálogo africano, sueltan látex blanco irritante en piel, grave en el ojo y tóxico si se ingiere. Guantes al podar y agua abundante si te salpica; si entra en el ojo, al médico.
Los Kalanchoe y los antiguos Bryophyllum contienen bufadienólidos, glucósidos cardiotónicos que afectan al corazón, descritos en intoxicaciones de ganado. Por internet circula que curan el cáncer: es falso y además peligroso, porque invita a tomar una planta tóxica. No se ingieren.
Del Aloe vera conviene saber que el gel transparente del interior de la hoja y el acíbar amarillo que gotea justo bajo la piel no son lo mismo. Aquí no damos usos internos ni recetas, y el aloe es tóxico para perros y gatos. Ante la ingestión de cualquiera de estas plantas por una persona o un animal, médico o veterinario, y nada de provocar el vómito ni de remedios caseros.
En resumen
Las suculentas africanas no son un estilo decorativo, son un grupo con geografía: el Karoo Suculento de lluvia invernal, el matorral del Cabo Oriental, Madagascar y las Canarias. Cada uno de esos orígenes trae consigo un calendario distinto, y ese calendario manda sobre cualquier consejo genérico de riego que leas.
Si te quedas con una sola idea, que sea esta: averigua si tu planta crece en verano o en invierno y respétalo, dale sustrato que drene y no la riegues durante su parón. Y con las euforbias y los kalanchoes, guantes y sentido común, porque son bonitas pero no son inofensivas.