Las suculentas y los cactus tienen pocas plagas, pero las que tienen son tenaces y difíciles de ver hasta que han hecho daño. Cuatro concentran casi todos los casos en cultivo doméstico: cochinilla algodonosa, cochinilla de raíz, araña roja y cochinillas de caparazón. La mosca blanca aparece de forma ocasional, sobre todo en euforbias.
El orden de actuación importa y está fijado por la normativa española. El Real Decreto 1311/2012, que regula el uso sostenible de los productos fitosanitarios, establece la gestión integrada de plagas como principio: primero prevención, después medios físicos y biológicos, y solo al final el tratamiento químico. Ese orden es además el más eficaz en plantas de maceta, donde el control manual funciona muy bien porque el número de plantas es pequeño y son fáciles de inspeccionar.
Prevención: revisar y aislar
La vía de entrada más frecuente es una planta nueva. Cualquier ejemplar que llegue a casa debería pasar dos o tres semanas separado del resto, y en ese tiempo hay que mirarlo bien: axilas de las hojas, centro de las rosetas, envés, base del tallo y, si hay la menor sospecha, también las raíces.
La inspección periódica es el resto del trabajo. Una vez al mes, mirar por debajo de las hojas y en las uniones de tallo detecta las colonias cuando todavía son dos o tres individuos, que es cuando se resuelven con un bastoncillo.
El cultivo correcto también previene. Las plantas con exceso de nitrógeno producen tejido blando y jugoso que atrae a los insectos chupadores, así que abonar de menos es mejor que abonar de más. La buena ventilación reduce la araña roja, que prospera en aire seco y quieto. Y retirar las hojas secas caídas sobre el sustrato elimina uno de los refugios preferidos de la cochinilla.
Cochinilla algodonosa
Es la plaga número uno con diferencia. Se reconoce por masas blancas de aspecto algodonoso en las axilas de las hojas, en el centro de las rosetas, bajo el borde de la maceta y en cualquier rincón protegido. Esas masas son las puestas; los adultos son insectos ovalados, blanquecinos o rosados, cubiertos de cera.
Se alimentan de savia y debilitan la planta poco a poco. Rara vez la matan de forma directa, pero excretan melaza, sobre la que se desarrolla negrilla, y pueden transmitir virus de una planta a otra.
El control manual es muy eficaz. Un chorro de agua a presión, con la maceta volcada para que no se encharque el sustrato, arrastra la mayor parte. Lo que queda se retira con un bastoncillo humedecido en alcohol, que disuelve la capa cerosa protectora. Después conviene enjuagar la planta con agua limpia.
El jabón potásico funciona bien contra insectos de cuerpo blando porque rompe esa cubierta cerosa y provoca deshidratación. Es un producto de uso habitual en jardinería doméstica y suele hacer falta repetir la aplicación, porque no actúa sobre los huevos.
En control biológico, el depredador clásico de esta plaga es Cryptolaemus montrouzieri, un coccinélido que se comercializa para invernaderos y jardines. Tarda semanas en dar resultado y no tiene sentido en una sola maceta, pero es una opción real en colecciones grandes o en invernadero.
Cochinilla de raíz
Es la más traicionera porque no se ve desde fuera. La planta simplemente deja de crecer, pierde color y decae sin que ni la luz ni el riego expliquen nada. Al sacarla de la maceta aparecen puntos blancos algodonosos entre las raíces y sobre las paredes interiores del tiesto.
La única forma de detectarla es mirar. Cuando una planta va mal y no hay causa aparente, hay que sacarla del tiesto, y esa es también la razón por la que conviene revisar las raíces en cada trasplante.
El tratamiento es de manejo: retirar todo el sustrato, lavar las raíces con agua a presión hasta eliminar los restos, cortar las raíces muy afectadas, dejar secar la planta un par de días y replantar en sustrato nuevo. La maceta se lava a fondo o se descarta, y el sustrato viejo se tira, nunca se reutiliza. Las plantas vecinas deben revisarse también, porque se propaga entre macetas que comparten platos o bandejas.
Araña roja
No es un insecto sino un ácaro, y es diminuto: apenas medio milímetro, así que lo que se ve normalmente es el daño y no el animal. En suculentas y cactus produce un moteado fino que va apagando el color, y en cactáceas deja cicatrices pardas u oxidadas en la epidermis que son permanentes. En infestaciones avanzadas aparece una telilla muy fina entre las espinas o en las puntas de las hojas.
Prolifera con calor y aire seco, así que en España aparece sobre todo de junio a septiembre y en interiores con calefacción durante el invierno. Es más difícil de controlar que la cochinilla porque su ciclo es muy corto y las poblaciones se multiplican rápido.
Lo primero es aislar la planta afectada, porque se propaga con facilidad al resto de la colección. Aumentar la humedad ambiental alrededor de las plantas dificulta su desarrollo, aunque hay que hacerlo sin mojar el tejido de forma prolongada, que es otro riesgo. Lavar la planta con agua reduce la población de forma apreciable.
En control biológico existen ácaros depredadores comerciales, como Phytoseiulus persimilis, que se usan en invernadero con buenos resultados.
Cochinillas de caparazón
Se ven como pequeñas costras ovaladas, de color marrón claro a oscuro, adheridas al tallo o a las hojas y con aspecto de incrustación. Bajo ese caparazón hay un insecto chupador que ha perdido la movilidad y se ha fijado al tejido.
Ese escudo las protege de casi todo, incluidos los tratamientos de contacto, así que el método más eficaz sigue siendo el manual: rascarlas con la uña, con un palillo de madera o con un cepillo de cerdas duras, y limpiar después la zona. En cactáceas hay que hacerlo con cuidado para no dañar la epidermis, porque las heridas cicatrizan mal y son puerta de entrada de podredumbres.
Gorgojos y mosca blanca
Los gorgojos son escarabajos cuyas larvas se alimentan de raíces y cuellos y pueden hacer colapsar una planta sin previo aviso. El adulto deja mordeduras características en los bordes de las hojas. Se combaten sobre todo revisando el sustrato al trasplantar y eliminando manualmente los ejemplares que aparezcan.
La mosca blanca es poco frecuente en suculentas y cuando aparece suele ser sobre Euphorbia de hoja blanda. Se ve al mover la planta, porque los adultos levantan el vuelo en nube. En invernadero se controla bien con la avispa parasitoide Encarsia formosa, y las trampas cromáticas amarillas ayudan a detectar y reducir la población de adultos.
Si hay que llegar al tratamiento químico
Cuando las medidas anteriores no bastan, el marco es el siguiente y conviene conocerlo.
En España el uso profesional de productos fitosanitarios exige carné de aplicador. El uso doméstico está limitado a productos expresamente autorizados para jardinería exterior doméstica, que lo indican en su etiqueta. La relación de productos autorizados se consulta en el Registro de Productos Fitosanitarios del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, que es la fuente actualizada y la única fiable, porque las autorizaciones cambian con frecuencia.
La dosis, la concentración, el número de aplicaciones y el intervalo entre ellas son los que figuran en la etiqueta del envase. No hay ninguna otra referencia válida, y una guía de jardinería no puede sustituirla. Muchas materias activas que aparecían recomendadas en manuales y revistas de hace diez o quince años están hoy retiradas en la Unión Europea, de modo que las recetas antiguas que circulan por internet no solo son inútiles: pueden ser ilegales.
Una indicación que no depende del producto: no se trata en floración ni en horas de vuelo de los polinizadores. Muchas suculentas florecen en primavera y sus flores atraen abejas, así que en terraza y jardín esto es perfectamente aplicable.
Remedios caseros: cuáles sirven
El agua jabonosa contra insectos de cuerpo blando funciona y tiene explicación: rompe la cubierta cerosa. El chorro de agua a presión funciona por arrastre mecánico. El bastoncillo con alcohol funciona porque disuelve la cera protectora de la cochinilla.
Otros no. Los aparatos de ultrasonidos contra insectos no tienen respaldo experimental. Las infusiones y purines caseros de eficacia dudosa se aplican sin conocer su composición ni su efecto sobre la planta. Y conviene recordar que casero no significa inocuo: hay preparados tradicionales, como los que llevan tabaco, que son tóxicos y no deben usarse.
En resumen
Cochinilla algodonosa, cochinilla de raíz, araña roja y cochinillas de caparazón cubren casi todos los problemas de plagas en suculentas y cactus. Las tres primeras se resuelven en su mayoría con inspección regular, aislamiento de las plantas nuevas, agua a presión, bastoncillo con alcohol y jabón potásico, sin necesidad de nada más.
Si el problema desborda esas medidas, el orden que marca el Real Decreto 1311/2012 sitúa el tratamiento químico en último lugar, limitado en el ámbito doméstico a productos autorizados para jardinería exterior doméstica y siempre a la dosis de la etiqueta. Y la costumbre que más plagas evita no es ningún producto: es sacar la planta de la maceta y mirarle las raíces cuando algo no cuadra.