Rompa una hoja de Pachypodium y saldrá una gota de látex blanco. Ese detalle, insignificante en apariencia, delata todo el parentesco de la planta: no es un cactus, aunque tenga espinas y tronco hinchado, sino una apocinácea, prima de la adelfa, de la vinca y del rosal del desierto. Y como en la familia, ese látex es tóxico. La convergencia de formas engaña al ojo; la química no.

Pachypodium lamerei con tronco espinoso y penacho de hojas en el ápice

Un caudex, no un tallo cualquiera

Pachypodium reúne unas veinticinco especies de la familia Apocynaceae, repartidas entre Madagascar, que concentra la mayoría, y el sur continental de África, entre Sudáfrica, Namibia, Angola y Zimbabue. El nombre significa literalmente «pie grueso» y describe lo esencial: la parte engrosada del tallo, el caudex, que almacena agua y reservas y permite a la planta sobrevivir a estaciones secas larguísimas.

Ese caudex adopta formas muy distintas según la especie. En Pachypodium lamerei, la más vendida, forma una columna gris plateada, erizada de espinas en grupos de tres, rematada por un penacho de hojas lanceoladas verde brillante; con los años alcanza varios metros. En Pachypodium brevicaule se convierte en un tubérculo aplastado, casi una piedra gris pegada al suelo, del que asoman hojitas y flores amarillas. Pachypodium geayi es parecido a lamerei pero con hojas más estrechas, grisáceas y pubescentes. Pachypodium namaquanum, el «medio hombre» del Richtersveld sudafricano, crece como una columna gruesa e inclinada hacia el norte, y Pachypodium saundersii forma un caudex globoso del que salen ramas delgadas con flores blancas.

El parentesco con el Adenium obesum, el rosal del desierto, es el más cercano y el más visible: mismo esquema de base hinchada, hojas en el ápice y flores tubulares de cinco pétalos extendidos. Pachypodium añade las espinas, que no derivan de areolas como en los cactus, sino de estructuras del pecíolo transformadas.

Toxicidad: lo que hay que saber antes de comprarlo

Toda la planta contiene látex, y el género produce compuestos activos sobre el corazón, en la línea de otras apocináceas. Algunas especies malgaches se emplearon tradicionalmente como veneno de flechas. Traducido a una casa o un jardín: la savia irrita la piel y las mucosas, y la ingestión de cualquier parte es peligrosa para niños y animales domésticos. A eso se suma que las espinas son duras y punzantes de verdad.

Las precauciones son las razonables y no dan para más drama: guantes al podar o trasplantar, lavarse las manos después, no llevarse las manos a los ojos, situar la planta fuera del alcance de niños pequeños y perros que muerden lo que encuentran, y acudir a un centro sanitario ante cualquier ingestión, llevando una foto de la planta. En caso de contacto con la savia, agua y jabón abundantes.

El invierno sin hojas asusta y es normal

Casi todos los Pachypodium son caducifolios estacionales. Al bajar la temperatura y acortarse el día, la planta amarillea, deja caer todas las hojas y queda como un palo espinoso. Quien no lo espera piensa que la ha matado y hace exactamente lo peor: regarla más.

Lo que ocurre es un reposo fisiológico. Sin hojas no hay transpiración ni fotosíntesis, el metabolismo cae y las raíces dejan de absorber. En ese estado, un caudex lleno de agua metido en sustrato húmedo y frío es un cultivo de bacterias. La regla de temporada, en el calendario español, queda así:

  • De abril a septiembre: planta activa, con hojas. Riego abundante cada vez que el sustrato se seque, en la práctica cada cinco a diez días según calor y tamaño de maceta. Abono para cactus quincenal a media dosis.
  • Octubre: se espacian los riegos a medida que empiezan a caer las hojas.
  • De noviembre a marzo: riego nulo o casi nulo y sitio luminoso, seco y fresco, por encima de 12 °C. Si la planta conserva hojas porque el invernadero es cálido, un riego muy ligero cada tres o cuatro semanas.

La rusticidad al frío es baja. P. lamerei y P. geayi sufren por debajo de 10 °C y no toleran heladas; solo en el litoral subtropical de Canarias, Málaga o Almería viven fuera todo el año. Algunas especies continentales, como P. saundersii o P. succulentum, aguantan en seco algún grado menos, pero ninguna es planta de intemperie en el interior peninsular.

Cultivo práctico

Pachypodium en flor con corolas de cinco pétalos

Luz. Sol pleno, y cuanto más mejor. Es el reverso exacto de otras suculentas de interior: aquí la falta de luz produce tallos estirados y débiles, hojas escasas y ninguna flor. En interior, la ventana más soleada de la casa. Si se saca al exterior en primavera, hay que aclimatarla de forma gradual durante dos semanas para evitar quemaduras en la corteza.

Sustrato. Drenaje por encima de todo: sustrato para cactus mezclado a partes iguales con pómice, arena silícea gruesa o arlita. Maceta con agujero amplio y, para las especies columnares, de barro y con algo de peso, porque una planta alta en maceta ligera vuelca con el viento.

Trasplante. A comienzos de primavera, cuando reanuda la actividad, cada dos o tres años. Se manipula con guantes gruesos y se envuelve el tronco con papel de periódico doblado para agarrarlo sin clavarse las espinas. Después del trasplante, una semana sin riego para que cicatricen las raíces dañadas.

Multiplicación. La vía normal es la semilla: se siembra en primavera a 25-30 °C, en sustrato mineral, tras un remojo de 24 horas en agua templada; germina en una o dos semanas y el caudex empieza a marcarse al segundo año. Los esquejes solo funcionan en las especies ramificadas, y tienen un inconveniente serio: una planta de esqueje no desarrolla un caudex verdadero, porque el engrosamiento característico procede del crecimiento desde semilla. Por eso la paciencia no es opcional en este género.

Problemas. Cochinilla algodonosa en las axilas de las hojas y arañas rojas en verano seco. Lo grave es siempre la pudrición del caudex por riego en reposo o sustrato encharcado: se detecta porque la base se ablanda y cambia a un pardo oscuro, y a esas alturas rara vez hay solución más allá de amputar por encima de la zona sana e intentar enraizar.

CITES y el problema de los ejemplares viejos

Todo el género figura en los apéndices de CITES: la mayoría de especies en el Apéndice II, y las malgaches más amenazadas, como Pachypodium ambongense, Pachypodium baronii y Pachypodium decaryi, en el Apéndice I, con comercio internacional prohibido salvo casos muy tasados. La razón es que las poblaciones silvestres se han visto reducidas por la extracción directa de plantas adultas.

El motor económico es evidente: un caudex ancho y modelado tarda décadas en formarse, y un ejemplar arrancado de la montaña tiene desde el primer día un aspecto que ningún semillero puede igualar en pocos años. Eso dispara el precio y alimenta la extracción, que además suele acabar mal para la planta, porque los ejemplares viejos toleran fatal el trasplante y la pérdida de raíz.

Al comprar, conviene fijarse en señales de procedencia: raíces cortadas de forma tosca, base con restos de roca o tierra roja adherida, cicatrices sin cerrar y desproporción entre un tronco enorme y una planta que apenas rebrota son indicios de material silvestre. Un vivero serio documenta el origen de las especies del Apéndice I y proporciona los certificados. Comprar semilla o plantón de vivero cuesta mucho menos y no vacía una ladera de Madagascar.

En resumen

Pachypodium parece un cactus y es una apocinácea emparentada con la adelfa y el Adenium, con látex tóxico y un caudex que acumula agua. Pierde toda la hoja en invierno de forma natural, y en ese periodo el riego debe ser nulo y la temperatura mantenerse sobre los 12 °C; en primavera y verano, sol pleno, riegos generosos con secado completo y sustrato muy drenante. Se multiplica por semilla, ya que los esquejes no forman caudex. El género está protegido por CITES y sufre la extracción de ejemplares viejos, imposibles de reponer en menos de varias décadas, así que la compra sensata es siempre la de planta cultivada.


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