Casi todas las Lithops que se pierden en casa mueren por lo mismo: agua en el mes que no toca. El resto de los desastres se reparten entre falta de luz, sustrato que retiene humedad y macetas sin drenaje. La buena noticia es que estas plantas avisan, y cada síntoma apunta a una causa bastante concreta.

Esta guía es un diagnóstico. Miras tu planta, buscas lo que se parece a lo que le pasa y ahí está la causa probable y qué hacer. Algunos daños no tienen arreglo en el par de hojas actual pero sí se corrigen para el siguiente, que es lo que importa en una planta que se renueva entera cada año.

Lithops sana, compacta y a ras del sustrato, con la fisura cerrada

Tabla rápida de síntomas

Lo que vesCausa más probable
Se alarga hacia arriba, forma de cono, color pálidoFalta de luz
Dos o tres pares de hojas apiladosRiego durante la muda
Grieta abierta en el costado, cuerpo hinchadoExceso de agua
Blanda, traslúcida, base oscura, mal olorPodredumbre
Mancha seca, hundida y corchosa en la cara superiorQuemadura de sol
Arrugada y hundida en inviernoNormal, es la muda
Arrugada y blanda en otoñoSed, o raíces perdidas
Adulta que nunca floreceFalta de luz o poca edad

Se estira hacia arriba y pierde la forma

Una Lithops sana es achatada, casi a ras del sustrato, con la cara superior plana o poco convexa y el dibujo bien marcado. Si la tuya se ha ido alargando, ha tomado forma de cono o de columna, tiene la cara pequeña respecto al cuerpo y ha perdido contraste en el dibujo, le falta luz. Eso es todo.

El daño no se revierte: ese par de hojas se queda así. Lo que se corrige es el siguiente. Sube la iluminación de forma gradual, nunca de golpe, porque una planta etiolada puesta de pronto a pleno sol se quema en una tarde. Muévela a la ventana más luminosa que tengas, o mejor a un exterior a cubierto de la lluvia, y dale un par de semanas de transición con algo de sombreo.

Ojo con lo que cuenta como luz. Detrás de un cristal, y más con filtro solar, llega mucha menos radiación de la que parece. Un alféizar interior orientado al norte no sirve, por muy claro que se vea el cuarto.

Tiene varios pares de hojas apilados

Es el síntoma clásico del riego de invierno. La planta debería producir un par de hojas nuevo al año consumiendo el viejo, hasta dejarlo en dos membranas de papel. Si durante esa muda encuentra agua en la maceta, toma el agua del sustrato, el par viejo no se vacía y acabas con dos, tres o cuatro hojas donde debería haber dos.

El resultado es una planta deforme, cada vez más voluminosa, con las hojas antiguas medio secas y medio turgentes que no terminan de caer nunca. Además es un problema sanitario: entre esas capas retenidas se acumula humedad y entran hongos.

Qué hacer. Corta el riego por completo y no lo reanudes hasta que el par viejo esté realmente seco, aunque tardes meses. No arranques a la fuerza las hojas antiguas si todavía tienen algo de turgencia, porque abres una herida; espera a que se desprendan con un tirón muy suave. Y apunta el error para el año siguiente: la arruga de invierno no se riega.

Lithops con pares de hojas apilados por riego durante la muda

Se ha rajado

Una grieta que se abre en el costado o desde la fisura, con la planta visiblemente hinchada y tensa, es agua. Ocurre de dos maneras. La primera, regando durante la muda, cuando el par nuevo empuja desde dentro y el viejo no cede porque está lleno. La segunda, dando un riego muy generoso a una planta que llevaba mucho tiempo seca: las células se llenan más rápido de lo que la epidermis puede estirarse y el tejido se abre.

La grieta no cicatriza como la piel: queda ahí. Lo que puedes hacer es evitar que se infecte. Mantén la planta seca y muy ventilada, sin mojar la superficie, hasta que la herida se seque y forme una costra dura. Si el par de hojas termina su ciclo sin podrirse, el par siguiente saldrá limpio y no quedará rastro.

Para prevenirlo, el riego de reanudación de la temporada, el primero de septiembre, conviene darlo moderado, y dejar los riegos a fondo para cuando la planta ya haya recuperado turgencia.

Está blanda y se está pudriendo

Cuerpo que cede al tocarlo, aspecto traslúcido o acuoso, color que vira a pardo o amarillento desde la base, y a veces olor. Eso es podredumbre, y suele venir de sustrato húmedo demasiado tiempo, maceta sin agujero, plato con agua o riego en pleno reposo.

Si la podredumbre ha llegado al cuello, la planta está perdida. Si solo afecta a las raíces y el cuerpo todavía está firme, hay una posibilidad. Sácala de la maceta, retira todo el sustrato, corta con una hoja limpia la parte de raíz dañada hasta llegar a tejido sano, y deja el ejemplar al aire, en sitio ventilado y sin sol directo, varios días, hasta que el corte esté totalmente seco. Luego plántala en sustrato mineral y no riegues hasta pasadas un par de semanas. No siempre sale, pero es lo único que hay.

La prevención es de manual: maceta con agujero, sustrato mineral que drene de inmediato, capa de gravilla en superficie para que el cuello no esté nunca húmedo, nada de platos con agua y ventilación abundante.

Tiene manchas secas y hundidas en la cara

Las quemaduras de sol aparecen como zonas blanquecinas, pardas o anaranjadas, secas, ligeramente hundidas y de tacto corchoso, casi siempre en la parte de la cara que más radiación recibe. No hay que confundirlas con la podredumbre, que es blanda y húmeda: la quemadura es dura y seca.

La causa habitual es un cambio brusco de exposición: una planta que ha pasado el invierno dentro y sale en abril a pleno sol, o una que se pone contra un cristal orientado al sur en julio, donde además del sol se suma el calor radiante del vidrio. Regar a mediodía dejando gotas sobre la cara también deja marcas.

El tejido quemado no se recupera, pero la planta sí. Sombrea las horas centrales en verano, aclimata poco a poco tras el invierno y riega al atardecer sin mojar la superficie. Al año siguiente el par nuevo saldrá intacto.

Lithops con marcas secas en la cara superior por exceso de sol directo

Está arrugada: cuándo preocuparse

Esta es la duda que más plantas mata, porque la respuesta depende del mes.

  • De diciembre a abril. Arrugada es lo normal y lo deseable. El par nuevo se está comiendo al viejo. No riegues.
  • En septiembre y octubre. Arrugada y algo blanda al presionar con suavidad es sed. Riega a fondo.
  • En julio y agosto. Una contracción moderada es normal en la parada estival. Solo si el ejemplar se hunde mucho en la maceta y pierde turgencia de forma exagerada conviene un riego ligero al atardecer.
  • Arrugada en otoño y que no responde a un riego a fondo. Ahí hay que mirar las raíces. Puede haberlas perdido por podredumbre o por cochinilla de raíz.

Cambia de color

Que el tono vire hacia el rojizo, el pardo o un gris más apagado con mucha luz o con frío no es una enfermedad: es una respuesta normal, y suele ir acompañada de un dibujo más marcado. Lo que sí indica un problema es el camino contrario: un verde pálido y plano, sin contraste, que es el aviso de que la luz se queda corta.

Plagas

No son plantas especialmente propensas, pero tienen sus habituales.

  • Cochinilla algodonosa. Motas blancas de aspecto de algodón en la fisura, en el cuello o escondidas bajo las hojas viejas. Se retiran con un bastoncillo mojado en alcohol isopropílico, revisando a los pocos días porque siempre queda alguna.
  • Cochinilla de raíz. La peor, porque no se ve. Si una planta no reacciona a un riego de temporada, sácala del tiesto: si hay polvo blanco entre las raíces, ahí está. Se limpian las raíces con agua, se deja secar y se replanta en sustrato nuevo, tirando el viejo.
  • Araña roja. Puntitos y zonas plateadas cicatrizadas en la epidermis. Favorecida por ambiente muy seco y aire parado.
  • Trips. Entran por la fisura recién abierta y por las flores. Dejan marcas epidérmicas y deforman el cuerpo nuevo en formación.
  • Mosquitos del sustrato. Esciáridos. Molestos en plantas adultas y letales en semilleros, porque sus larvas comen raíces finas.
  • Babosas y caracoles. En exterior, y en una noche pueden dejar una planta irreconocible.

Con poblaciones pequeñas, la limpieza mecánica y el alcohol resuelven casi todo. Si hay que tratar con un producto, en España tiene que estar inscrito en el Registro de Productos Fitosanitarios del Ministerio de Agricultura y autorizado para jardinería exterior doméstica, que es un uso distinto del profesional; lee la etiqueta antes de comprar.

Revision del cuello y la fisura de una Lithops en busca de cochinilla

Cosas que parecen problemas y no lo son

  • Se hunde en la maceta y parece más pequeña en verano. Es contracción por sequía. La raíz tira del cuerpo hacia abajo. Normal.
  • Se divide en dos o tres cabezas. Es una planta madura repartiéndose. Buena señal.
  • Las hojas viejas se quedan como dos cáscaras de papel. Ese es el final correcto de la muda.
  • No crece nada en meses. Son de crecimiento lentísimo. Una Lithops que mantiene el tamaño y el color está bien.

En resumen

Casi todos los problemas de una Lithops se leen en el cuerpo. Si se estira y palidece, le falta luz. Si acumula pares de hojas o se raja, le sobra agua en la muda. Si está blanda y oscura, se está pudriendo y hay que actuar sobre las raíces de inmediato. Si tiene manchas secas y duras, se ha quemado. Y si está arrugada en invierno, está haciendo exactamente lo que tiene que hacer.

La mayoría de esos daños afectan solo al par de hojas actual. Corrige la causa y el par siguiente sale limpio, porque la planta se reconstruye entera cada año. Lo único que no perdona es la podredumbre, y esa se evita con sustrato mineral, maceta honda con agujero, mucha ventilación y ni una gota entre diciembre y abril.


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