Las suculentas colgantes resuelven un problema muy concreto de los pisos españoles: la superficie horizontal se acaba enseguida, pero el aire junto a una ventana no. Colocadas en una maceta alta, en una estantería o en un colgador, ocupan espacio vertical, reciben la luz de la ventana sin tapar nada y muestran la planta entera en cascada.

Casi todas comparten un rasgo de cultivo que conviene tener claro desde el principio: sus tallos son finos y se pudren con mucha más facilidad que los de una roseta compacta. El error habitual no es la falta de luz, es el riego. Un tallo colgante que se queda en contacto con sustrato húmedo se pierde en pocos días, y con él toda la guía.

Sedum morganianum, la cola de burro

Sedum morganianum

Es probablemente la más conocida. Forma tallos densamente cubiertos de hojas cilíndricas y regordetas, de un verde azulado cubierto de pruina, que caen sobre el borde de la maceta y pueden alcanzar bastante longitud con los años. Es mexicana, de crecimiento en primavera y otoño.

Sedum morganianum en maceta colgante

Su punto débil es la fragilidad: las hojas se desprenden al menor roce, así que hay que colocarla donde no se toque y moverla lo mínimo. Cada hoja caída, eso sí, enraíza sobre sustrato seco con facilidad, de modo que la planta se multiplica sola.

Quiere luz muy intensa, con algo de sol directo suave (mañana), y riego espaciado. En sombra se estira y pierde la densidad que la hace bonita. Se cultiva bien en terraza en la costa mediterránea y en el sur, protegida del sol de mediodía en verano.

Sedum morganianum 'Burrito'

La forma que se vende como 'Burrito' tiene las hojas más cortas, redondeadas y menos frágiles. Es más manejable que la especie tipo y aguanta mejor el manipulado.

Disocactus flagelliformis, el cactus cola de rata

Flor de Disocactus flagelliformis

Es un cactus epífito mexicano, no una planta de desierto, y eso cambia por completo sus cuidados. Produce tallos largos, delgados y flexibles, de menos de dos centímetros de grosor, cubiertos de espinas cortas de color marrón rojizo, que cuelgan en cascada desde la maceta.

Disocactus flagelliformis

Su floración es espectacular y de las más agradecidas del grupo: flores tubulares de un rosa carmesí intenso que se abren a lo largo de los tallos en primavera. Para que florezca necesita un invierno fresco y seco, con riego muy reducido y temperaturas bajas pero sin helada. Ese descanso invernal es lo que dispara la floración.

Disocactus flagelliformis

Al ser epífito, agradece un sustrato más aireado y con algo de materia orgánica que el de un cactus de desierto, luz brillante sin sol directo fuerte y riegos regulares durante la temporada de crecimiento. En invernadero y galería es donde mejor se comporta.

Curio rowleyanus, el collar de perlas

Flor de Curio rowleyanus

Se ha publicado durante décadas como Senecio rowleyanus y así se sigue vendiendo. Forma hilos finos con hojas esféricas del tamaño de un guisante, cada una con una línea traslúcida que funciona como ventana para captar luz. Es sudafricana y en su hábitat crece rastrera, enraizando por los nudos.

Curio rowleyanus

Es la más delicada de esta lista y la que más gente pierde. Necesita mucha más luz de la que se supone, porque en sombra las perlas se separan y quedan hilos desnudos, y a la vez es extremadamente sensible al exceso de agua. La combinación que la mata es maceta grande, sustrato retentivo y riego frecuente.

Curio rowleyanus en cascada

Sus flores son pequeñas, blancas, con estambres prominentes, y desprenden un aroma dulce parecido a la canela. Es tóxica por ingestión, tanto para personas como para perros y gatos, así que conviene colgarla fuera de su alcance.

Curio radicans, el collar de bananas

Curio radicans

También sudafricana y también del grupo antes incluido en Senecio. Sus hojas tienen forma de plátano diminuto y son de un verde más franco. Es mucho más vigorosa y tolerante que el collar de perlas: crece más rápido, aguanta mejor los errores de riego y resiste mejor el calor.

Curio radicans en maceta

Si quieres el efecto del collar de perlas sin su fragilidad, esta es la planta. Sus tallos alcanzan cerca de un metro y también producen flores pequeñas y aromáticas. Comparte la toxicidad por ingestión del género, así que se aplica la misma precaución.

Othonna capensis, el collar de rubí

Othonna capensis

Otra sudafricana de la familia de las asteráceas. Tiene hojas cilíndricas alargadas, de un verde azulado, sobre tallos delgados que se vuelven de color púrpura rojizo intenso cuando reciben mucha luz. Ese contraste entre hoja azulada y tallo rojo es lo que la hace atractiva.

Othonna capensis

Es de las que más sol aguantan del grupo, y de hecho el color rojo solo aparece con exposición fuerte. Produce flores amarillas pequeñas parecidas a margaritas, que se abren durante el día y se cierran al atardecer. Es fácil de propagar por esqueje y crece rápido, así que rellena una maceta colgante en una temporada.

Cleistocactus winteri subsp. colademononis, la cola de mono

Cleistocactus colademononis

Es un cactus boliviano de tallos colgantes cubiertos por completo de espinas largas, blancas y sorprendentemente blandas, que le dan aspecto de cordón peludo. Crece erguido de joven y va colgando conforme gana longitud y peso.

Cleistocactus

Sus flores son grandes para el tamaño de la planta, de un rojo anaranjado o magenta intenso. A diferencia del cola de rata, es un cactus de roca y quiere más luz y menos humedad ambiental. Como todas las cactáceas, está incluido en el Apéndice II de CITES: se compra en vivero con documentación, nunca recolectado.

Cleistocactus colademononis

Ceropegia woodii, el rosario de corazones

Ceropegia woodii

Sudafricana, de la familia de las apocináceas. Sus tallos finos y morados sostienen pares de hojas acorazonadas, verde azuladas con jaspeado plateado por el haz y púrpura por el envés. Es de las más fáciles de tener en interior y una de las pocas que tolera bien la sombra luminosa.

Ceropegia woodii

Produce tubérculos aéreos en los nudos, unas bolitas grisáceas que sirven directamente para multiplicarla: se apoyan sobre sustrato y enraízan. Sus flores son tubulares y curiosas, con forma de farolillo, y funcionan atrapando temporalmente pequeños insectos que después salen cargados de polen.

Ceropegia woodii

Cómo cultivarlas sin perderlas

La maceta pequeña es una ventaja, no una limitación. Un cepellón reducido se seca antes y reduce el riesgo principal de este grupo, que es la pudrición. Deben tener drenaje y no llevar plato con agua debajo.

El sustrato tiene que ser mineral y suelto, con al menos la mitad de puzolana, pómice o arena gruesa. Con eso puedes regar a fondo durante la temporada de crecimiento sin miedo, que es como mejor crecen.

Los tallos no deben quedar apoyados sobre sustrato húmedo. En macetas colgantes conviene recoger las guías que caigan hacia dentro y, si se acumulan restos secos en la superficie, retirarlos, porque ahí es donde se refugia la cochinilla algodonosa, la plaga más frecuente en este grupo.

El riego se reduce mucho en invierno. Y en las especies epífitas, como el cola de rata, ese descanso frío y seco es además la condición para que florezcan al año siguiente.

En resumen

Para empezar, las opciones más seguras son Curio radicans, Othonna capensis y Ceropegia woodii, que perdonan errores. El Sedum morganianum y el Disocactus flagelliformis exigen algo más de oficio, y el collar de perlas es el más exigente de todos, porque quiere mucha luz y muy poca agua a la vez.

El denominador común es sustrato mineral, maceta con drenaje y riego reducido en invierno, además de una ubicación muy luminosa junto a la ventana. Y conviene tener presente que las especies del grupo de Curio y Senecio son tóxicas por ingestión, dato que importa a la hora de decidir a qué altura colgarlas si hay niños o animales en casa.


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