Kalanchoe sexangularis es la kalanchoe de hoja roja, un subarbusto sudafricano que se cultiva por el color del follaje y no por la flor. Su nombre viene de los tallos, que son angulosos en sección en lugar de redondos, y su gracia está en que las hojas, verdes a la sombra, viran a rojo cobrizo o casi granate cuando reciben sol directo o cuando llegan las noches frías del otoño.

Es una de las pocas crasas que tiene sentido plantar directamente en el suelo en la mitad sur y en el litoral mediterráneo español: cubre terreno, aguanta la sequía estival y florece incluso con algo de sombra, cosa rara en el grupo. Fuera de esas zonas es planta de maceta que se entra en invierno, porque no soporta las heladas. Como todo el género, contiene bufadienólidos y es tóxica para perros y gatos.

De dónde viene

Es originaria del sureste de África. En Sudáfrica se encuentra en las provincias de Limpopo, Mpumalanga y KwaZulu-Natal, y también aparece en Esuatini (la antigua Suazilandia) y en Zimbabue. Vive en terrenos pedregosos, en laderas y afloramientos rocosos dentro de la sabana, muchas veces a media sombra bajo la copa de la vegetación leñosa.

Ese detalle del hábitat explica su comportamiento en el jardín. No es una planta de pleno desierto expuesta al sol de la mañana a la noche, sino de roca con protección parcial, y por eso tolera la sombra moteada mucho mejor que la mayoría de las crasas. Se le conoce en su tierra como kalanchoe de bushveld o kalanchoe de hoja roja, y en las listas de viveros aparece a veces con los sinónimos Kalanchoe rogersii y Kalanchoe rubinea.

Cómo se reconoce

El detalle que da nombre a la especie es el tallo. En corte no es cilíndrico: tiene ángulos marcados, entre cuadrado y estriado, y se nota al pasar los dedos. Es verde y carnoso de joven, y con los años se vuelve pardo, escamoso y algo leñoso en la base.

Las hojas son opuestas, anchas, elípticas u obovadas, lisas y brillantes, sin nada de pelusa, y con el margen festoneado o groseramente dentado. Suelen medir entre cinco y doce centímetros de largo. El color es lo llamativo: verde con el borde teñido de rojo en sombra, y de un rojo rubí que puede cubrir toda la lámina cuando la planta recibe sol directo o pasa frío.

El porte empieza erguido y acaba tendido. Los tallos crecen hacia arriba hasta que el peso de las hojas los inclina, se apoyan en el suelo, enraízan por los nudos y vuelven a levantar las puntas. Así es como forma manchas amplias, y así es como se usa en rocalla. En altura, una mata bien plantada se queda en torno al medio metro o poco más, aunque los tallos tendidos pueden recorrer bastante terreno.

Florece en primavera, con panículas ramificadas de flores tubulares amarillas que suben por encima del follaje y atraen abejas, mariposas y aves insectívoras. No es una floración espectacular como la de Kalanchoe blossfeldiana, pero dura y contrasta muy bien con el rojo de la hoja.

Kalanchoe sexangularis

Con qué se confunde

Hay varias kalanchoes de hoja que enrojecen y que se venden mezcladas en los mismos expositores. Tres claves para separarlas:

  • Kalanchoe longiflora tiene también tallos de sección angulosa y hoja que vira a cobre, pero la hoja es de un verde azulado glauco con aspecto cerúleo, más redondeada, y el conjunto tiene un tono azulado que aquí no existe: la hoja de sexangularis es verde franco y brillante.
  • Kalanchoe luciae, la mal llamada paleta de pintor, apila hojas redondas y planas en roseta basal sobre un tallo corto y cubiertas de un polvillo blanco (pruina). No forma matas tendidas ni tiene tallos angulosos, y es fácil distinguirlas de un vistazo.
  • Kalanchoe fedtschenkoi tiene la hoja más pequeña, azulada, con el margen crenado y a menudo rosado, y flores colgantes de color pardo rosado, no amarillas y erguidas.

Luz: cuánto sol necesita para ponerse roja

El rojo es un pigmento de protección. La planta lo produce cuando recibe más radiación de la que puede usar en la fotosíntesis, o cuando el frío frena su metabolismo. De ahí salen las dos maneras de conseguirlo: sol directo o noches frescas de otoño e invierno.

Una planta a media sombra en verano se queda verde con el borde teñido, y no pasa nada: sigue sana y además florece igualmente, que es lo que la hace útil en rincones donde otras crasas no funcionan. Si lo que quieres es el color intenso, tiene que estar a pleno sol, con el sustrato más bien seco. La combinación de sol fuerte y riego abundante da hojas grandes y verdes.

En el interior peninsular, con veranos de más de 35 grados, la planta se defiende bien si está aclimatada, pero una planta que sale de la sombra al sol de junio de golpe se quema. Cuando la cambies de sitio, hazlo en dos o tres etapas a lo largo de un par de semanas.

Suelo, riego y resistencia al frío

Necesita drenaje por encima de todo. En maceta, mitad sustrato de cactus y crasas y mitad árido grueso, del tipo puzolana, pómice o arena silícea lavada. En el suelo del jardín, terreno suelto o pedregoso; si tu tierra es arcillosa y encharcable, plántala en un talud, en una rocalla levantada o en maceta, porque en llano y con lluvias de invierno no sobrevive.

El riego, escaso. En verano, un riego a fondo cuando el sustrato esté completamente seco; en maceta, eso suele caer cada una o dos semanas según el tamaño y el material del tiesto. De noviembre a febrero, con la planta parada, apenas nada: en exterior en clima mediterráneo se apaña con la lluvia, y en maceta bajo techo, un riego al mes largo. El plato siempre vacío.

Sobre el frío conviene ser prudente, porque este es el punto donde las fichas de internet exageran más. Es una planta subtropical sin adaptación a la helada: el tejido se daña con temperaturas alrededor de cero y una helada mantenida la mata. En la práctica española eso deja tres escenarios. En el litoral mediterráneo cálido, Canarias y el sur de Andalucía puede quedarse fuera todo el año. En el resto de la Península, en maceta y a cubierto en una galería luminosa desde noviembre. Y en el norte húmedo, el problema añadido no es el termómetro sino la lluvia persistente, que le pudre el cuello aunque no hiele.

Multiplicación y mantenimiento

Se multiplica con una facilidad casi molesta por esqueje de tallo. Corta una punta de diez a quince centímetros, quita las hojas de los dos pares inferiores, deja cicatrizar el corte tres o cuatro días a la sombra y plántalo en sustrato drenante. No riegues la primera semana. De mayo a julio enraíza en dos o tres semanas.

Más sencillo todavía: como los tallos tendidos enraízan solos por los nudos, basta con separar con tijera un tramo que ya tenga raíces y trasplantarlo. También enraízan las hojas sueltas colocadas sobre sustrato, aunque tardan más en dar una planta de tamaño.

Propagación de Kalanchoe sexangularis Propagación de Kalanchoe sexangularis

El mantenimiento se reduce a una poda. Con los años la mata se desordena, los tallos viejos se quedan pelados por abajo y la planta pierde forma. A finales de invierno, antes de que arranque, corta los tallos desgarbados a la altura que quieras: rebrota sin problema por debajo del corte, y los trozos cortados te sirven de esquejes.

Plagas

Da pocos disgustos. La cochinilla algodonosa aparece en las axilas de las hojas y en la unión con el tallo, sobre todo en plantas de interior con poca ventilación, y al ser la hoja lisa y brillante se ve enseguida, al contrario de lo que pasa en las kalanchoes afelpadas. Con pocos focos, un bastoncillo con alcohol isopropílico punto por punto resuelve. El pulgón puede presentarse en los tallos florales en primavera.

Problemas y plagas

Lo demás no son plagas sino errores de riego: manchas oscuras y blandas, hojas bajas translúcidas que se caen al tocarlas y tallo reblandecido a ras de tierra. No hay fungicida que recupere un tejido podrido; lo que funciona es cortar por encima de la zona sana y reenraizar la punta.

Toxicidad

Las especies de Kalanchoe contienen bufadienólidos, glucósidos cardiotónicos que actúan sobre el músculo del corazón de manera parecida a los digitálicos. Hay intoxicaciones de ganado bien documentadas con otras especies del género, y en casa el riesgo afecta a perros, gatos y aves que muerdan hojas o flores caídas. Si sospechas que un animal ha comido, al veterinario con una muestra de la planta, sin esperar a los síntomas.

Tampoco se toma. Circula por internet mucha literatura sobre kalanchoes medicinales que no tiene respaldo, y los compuestos que se citan son precisamente los tóxicos. Esta es una planta ornamental, y lo que se decide sobre salud se decide con un médico.

En resumen

Kalanchoe sexangularis es un subarbusto sudafricano de tallos angulosos y hoja lisa y brillante que se pone roja con el sol y con el frío. Crece tendida, enraíza por los nudos y cubre terreno, lo que la hace útil en rocalla y en taludes secos del litoral mediterráneo y del sur peninsular. Florece en primavera con panículas amarillas y, a diferencia de casi todas las crasas, lo hace también a media sombra.

Pide poco: suelo pedregoso o sustrato mineral, riego escaso y ninguna helada. Se multiplica por esqueje de tallo con los ojos cerrados y se mantiene con una poda de renovación a finales de invierno. Y conviene no olvidar que es tóxica para perros y gatos, y que no es planta para consumir.


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