Si tienes delante una crasa de hoja grande, triangular y peluda y no sabes si es Kalanchoe beharensis, la pista está en el tamaño y en el borde. La beharensis hace hojas de palmo o más, con forma de punta de flecha, el margen ondulado y revuelto hacia arriba, y todas ellas cubiertas de un fieltro pardo dorado. Las demás kalanchoes afieltradas que se venden en España tienen la hoja pequeña, ovalada o alargada, y ninguna llega a ese tamaño.
La segunda pregunta que se hace todo el mundo es si la puede tener fuera. La respuesta corta es que solo en la costa cálida y en Canarias: es una planta de Madagascar que no tolera heladas, y en el resto de España se cultiva en maceta con invernada bajo techo. Esta ficha va de esas dos cosas, de identificarla bien entre sus parientes de hoja peluda y de mantenerla viva donde el invierno no acompaña.
Los rasgos que la identifican
Es una crasulácea arbustiva, endémica del suroeste de Madagascar, de la región de Behara, que es de donde viene el epíteto. En su medio crece en matorral espinoso sobre suelo pedregoso, con una estación seca larga.
Tres rasgos la delatan sin margen de error:
- La hoja. Grande, triangular o de punta de flecha, ancha en la base, con el margen dentado en grandes ondas y los bordes vueltos hacia arriba, de modo que la lámina nunca queda plana. Va sobre un peciolo largo, y las hojas se disponen en pares cruzados.
- El indumento. Toda la superficie, por las dos caras, está cubierta de tricomas densos que le dan un tacto de fieltro y un color entre el pardo dorado y el plateado según la exposición.
- El tallo. Único, erguido, que engorda con los años y queda marcado por las cicatrices foliares en relieve, con un aspecto escamoso muy reconocible incluso cuando la planta ha perdido las hojas bajas.
Es la especie más grande del género: en cultivo pasa sin problema de los dos metros con los años, y en clima favorable llega más arriba. Ese dato importa a la hora de comprarla, porque lo que en el vivero es una planta de maceta de veinte centímetros acaba siendo un arbusto con tronco.
Con qué se confunde
El problema habitual no es distinguirla de una planta cualquiera, sino de las otras kalanchoes de hoja peluda o cerosa, que se venden todas juntas en la misma estantería y a menudo mal etiquetadas:
- Kalanchoe tomentosa, la más común. Hoja pequeña, ovalada y alargada, de tacto de felpa gris plateada, con los dientes del extremo marcados en marrón chocolate. Planta de sobremesa que se queda en pocos decímetros. Si la hoja te cabe en la palma y es ovalada, es tomentosa.
- Kalanchoe orgyalis. Hojas alargadas y algo cóncavas que brotan de un color cobre intenso y van virando a plateado por el envés con la edad. El contraste entre las hojas nuevas y las viejas es su rasgo propio; la beharensis no cambia de color al madurar.
- Kalanchoe bracteata. Hojas pequeñas, alargadas y cubiertas de un tomento plateado casi blanco, sobre tallos finos. Aspecto mucho más ligero y ramificado.
- Kalanchoe millotii. Hojas de contorno redondeado y margen festoneado, verde grisáceo aterciopelado, en una mata baja y ramificada. Se parece a una beharensis en miniatura con la hoja redonda en lugar de triangular.
- Kalanchoe rhombopilosa. Hojas diminutas, en forma de cuña, plateadas y con manchas pardas. Planta de coleccionista, de crecimiento lento.
- Kalanchoe marmorata. Esta no está afieltrada: es de hoja lisa, verde azulada y salpicada de manchas púrpura. Si al tocarla no hay pelo, no es ninguna de las anteriores.
Dentro de la propia beharensis hay selecciones que confunden más todavía. 'Fang' desarrolla unas excrecencias carnosas en el envés, a lo largo de los nervios, que parecen colmillos. 'Oak Leaf' tiene la hoja más lobulada, con silueta de hoja de roble. Y circulan formas enanas y de tono plateado, más manejables en maceta, que siguen siendo la misma especie.
Dónde puede vivir en España
El factor limitante es el frío, y en particular el frío con humedad. Aguanta bien el calor seco y le sientan bien los veranos duros, pero por debajo de unos pocos grados sobre cero la hoja se mancha y se pudre.
Eso deja el cultivo en tierra para Canarias, el litoral de Almería, Murcia, Málaga y Alicante, y rincones resguardados de la costa levantina y del sur. En el interior peninsular, donde hiela varias semanas al año, y en el norte atlántico, donde el invierno es suave pero llueve sin parar, la planta va en maceta y entra bajo techo.
Cómo se gestiona la invernada
Este es el punto que decide si la planta dura años o una sola temporada. El objetivo en invierno no es que crezca, sino que pase el bache seca y con luz.
Cuándo se mete. Antes de las primeras noches frías, en octubre en buena parte del país, sin esperar a la primera helada anunciada. Meterla mojada y con frío ya encima es la peor combinación.
Dónde se pone. En la habitación más luminosa y menos caldeada de la casa, o en un invernadero frío o galería acristalada. Junto a una ventana al sur y lejos del radiador. Una planta metida en una habitación oscura pierde hojas, alarga los entrenudos y sale de la invernada desgarbada.
Cómo se riega. Casi nada de noviembre a marzo: lo justo para que el cepellón no quede pulverulento del todo, y solo si la habitación está templada. En una galería fresca se puede pasar el invierno entero prácticamente sin regar. La mayoría de las beharensis que se pierden en casa se pierden por riego de invierno, no por frío.
Cuándo vuelve a salir. Cuando las noches dejen de bajar de unos cinco grados, y siempre por etapas: una semana en semisombra antes del sol directo, porque después de meses tras un cristal la hoja se quema.
La maceta, el sustrato y el riego de verano
En maceta se comporta bien si el sustrato drena de verdad: mezcla de sustrato para crasas con la mitad de árido grueso, puzolana o pómez. La maceta, con agujero, de barro cocido a ser posible por el peso, porque una planta alta en maceta ligera se vuelca con el viento de la terraza.
De abril a septiembre, riego a fondo cuando el sustrato esté seco y agua fuera del plato. Nunca por aspersión: el agua se queda atrapada entre los tricomas, tarda en evaporar, deja cercos de cal al secar y favorece la podredumbre de la lámina. Se riega al pie, siempre.
De abono, poco y en primavera y verano: un fertilizante para crasas bajo en nitrógeno, un par de veces. Con exceso de nitrógeno la hoja sale grande pero blanda y con el fieltro pobre.
Limpieza del fieltro y control del tamaño
El indumento atrapa polvo, sobre todo en interior durante la invernada. Se retira soplando o con una brocha suave y seca, en el sentido del pelo. No se frota con un paño, y mucho menos húmedo: arranca los tricomas y deja una calva verde brillante que ya no se recupera en esa hoja.
En cuanto al tamaño, en maceta la planta se controla decapitándola. En primavera, con la planta en crecimiento, se corta la punta a la altura que quieras con una hoja limpia y afilada. Por debajo del corte brotan tallos laterales y en un par de temporadas tienes una planta más baja y ramificada. Esa punta cortada, dejada cicatrizar al aire entre cinco y diez días hasta que forme costra, y plantada después en arena o sustrato muy drenante apenas húmedo, enraíza con calor sin dificultad.
Plagas y toxicidad
La plaga que hay que buscar es la cochinilla algodonosa, instalada en las axilas de los peciolos y en el envés, donde el fieltro la esconde y donde cualquier pulverización resbala sin llegar al insecto. Por eso conviene revisar la corona con la planta en la mano y retirar los focos uno a uno con un bastoncillo. En interior, durante la invernada, también aparece araña roja si el ambiente es muy seco.
Y la advertencia que acompaña a todo el género: contiene bufadienólidos, glucósidos cardiotónicos que afectan al corazón. Es tóxica por ingestión y peligrosa para perros y gatos. No se come, no se toma en ninguna preparación, y si un animal ha mordido una hoja hay que llamar al veterinario.
En resumen
La Kalanchoe beharensis se reconoce por su hoja triangular grande, de margen ondulado y revuelto, cubierta de fieltro pardo dorado, y por el tallo escamoso que deja al ir perdiendo las hojas bajas. Ninguna de las otras kalanchoes peludas que se venden en España (tomentosa, orgyalis, bracteata, millotii, rhombopilosa) alcanza ese tamaño de hoja, y la marmorata ni siquiera es peluda.
Fuera del litoral cálido y de Canarias se cultiva en maceta, con sustrato mineral, riego generoso en verano y casi nulo en invierno, y una invernada en habitación luminosa y fresca a partir de octubre. No se le moja la hoja ni se le frota el fieltro, se controla la altura decapitándola en primavera, y se tiene presente que es una planta tóxica para personas y mascotas.