El plantel se saca al suelo cuando ha pasado el riesgo de helada para lo sensible, cuando la tierra está templada y a última hora de la tarde, nunca al mediodía. Y se hace tras una semana de endurecimiento al aire libre, con el cepellón entero, enterrando la planta a su misma altura (salvo el tomate, que es la excepción) y rematando siempre con un riego de asiento abundante.
Esos son los cinco puntos que deciden si el plantel arranca en tres días o se queda parado un mes. El resto de este artículo los desarrolla, con el calendario por grupos de cultivo, los marcos de plantación y qué hacer cuando la planta se marchita los primeros días.
El endurecimiento, la semana que casi nadie hace
El plantel de un vivero ha crecido bajo plástico, con temperatura estable, sin viento y con luz filtrada. Si lo plantas directamente en el huerto, pasa en una hora de ese ambiente a sol directo, aire seco y viento. El resultado se llama estrés de trasplante: hojas quemadas por los bordes, parada de crecimiento y, en el peor caso, la planta que no levanta cabeza.
El endurecimiento evita eso. Consiste en sacar las bandejas al exterior unos días antes, empezando por un par de horas en sombra y aumentando cada día el tiempo y la exposición al sol, hasta dejarlas fuera toda la jornada. Con unos siete días es suficiente. Si hay previsión de viento fuerte o de noche fría, se meten.
Durante esa semana conviene regar algo menos, lo justo para que el plantel no se marchite. Una planta un poco endurecida y con el tallo más grueso enraíza mejor que otra tierna y alargada.
Cuándo sale cada cosa
El calendario del huerto no funciona por fechas, funciona por temperatura del suelo y por el riesgo de helada de tu zona, que no es el mismo en Málaga que en Soria. La forma práctica es dividir en dos grupos.
Lo que tolera el frío se planta pronto, a final de invierno y principios de primavera, e incluso soporta una helada ligera: lechuga, acelga, espinaca, las coles en general, puerro, cebolla, guisante y haba. En el litoral mediterráneo y en el sur se plantan también en otoño para pasar el invierno.
Lo que no tolera el frío espera a que haya pasado la última helada de la zona y a que las noches dejen de ser frías: tomate, pimiento, berenjena, calabacín, pepino, melón, sandía y judía. Salir demasiado pronto no gana nada, porque la planta se queda parada esperando calor y la sembrada dos semanas después la alcanza en junio.
Para la flor de temporada, la lógica es la misma. Pensamiento, viola, primula y clavelina son de plantación en otoño, porque quieren el frío. Petunia, tagete, alegría, vinca y la mayoría de las anuales de verano esperan a la primavera avanzada.
Cómo se saca el cepellón sin romperlo
El cepellón es la bola de sustrato y raíces del alvéolo. Cuanto más entero llegue al hoyo, menos parada tendrá la planta.
- Riega el plantel una o dos horas antes. Al revés que con las crasas, aquí interesa que el sustrato esté húmedo: así se mantiene cohesionado y sale de una pieza.
- Empuja desde abajo. En las bandejas de alvéolos, presiona el fondo del alvéolo con el pulgar y la planta sube sola. Nunca tires del tallo.
- Mira las raíces. Si están blancas y llenan el alvéolo, perfecto. Si dan vueltas en espiral y forman una maraña apretada en el fondo, el plantel está pasado: abre esa maraña con los dedos o córtala por abajo, porque si la dejas como está, las raíces seguirán girando en círculo y la planta nunca se anclará.
- No deshagas el cepellón en el resto de los casos. Estas plantas, a diferencia de las crasas, no se benefician de quedarse a raíz desnuda.
El hoyo, la profundidad y el tomate
El hoyo se hace algo más ancho que el cepellón y de la misma profundidad. La planta se asienta de modo que la superficie del cepellón quede al nivel del suelo, ni hundida en un cráter donde se acumule agua alrededor del cuello, ni sobresaliendo, porque entonces el cepellón se seca por los lados.
La excepción clásica es el tomate. Se planta más profundo de lo que venía, enterrando parte del tallo, porque el tomate emite raíces adventicias a lo largo del tallo enterrado y acaba con un sistema radicular mucho mayor. Si el plantel viene alargado y endeble, se puede incluso plantar tumbado, curvando la punta hacia arriba. Esto vale para el tomate y no para el resto: un pimiento enterrado por el cuello se pudre.
Rellena con la tierra del propio hoyo, aprieta con las manos alrededor del cepellón para que no queden bolsas de aire y deja un pequeño alcorque, un reborde de tierra alrededor de la planta que retenga el agua del riego.
El marco de plantación
Apretar el plantel es la tentación de todo huerto pequeño y sale mal siempre: menos aire entre plantas significa más hongos, y menos luz significa menos producción por planta. Estos son marcos habituales, que puedes ajustar según la variedad y si conduces en vertical o dejas rastrera la planta.
| Cultivo | Entre plantas | Entre líneas |
|---|---|---|
| Tomate conducido en vertical | 40 a 50 cm | 80 a 100 cm |
| Pimiento y berenjena | 40 a 50 cm | 60 a 80 cm |
| Lechuga | 25 a 30 cm | 30 a 40 cm |
| Calabacín | 80 a 100 cm | 100 cm o más |
| Col y brócoli | 40 a 50 cm | 60 a 70 cm |
| Cebolla y puerro | 10 a 15 cm | 25 a 30 cm |
Para la flor de temporada en macizo, la referencia es que las plantas se toquen al alcanzar su tamaño adulto, sin llegar a solaparse. Si el macizo se ve vacío al plantar, es que el marco está bien.
El riego de asiento
Este riego no es para dar de beber a la planta, es para que la tierra se acomode alrededor del cepellón y desaparezcan las bolsas de aire que dejan las raíces al descubierto. Por eso tiene que ser abundante y al pie de cada planta, no un rociado por encima.
Se hace inmediatamente después de plantar, sin esperar a terminar la hilera entera si hace calor. Y se repite al día siguiente si el suelo es muy suelto o arenoso.
Después, riegos frecuentes y ligeros la primera semana, mientras las raíces todavía no han salido del cepellón y solo pueden beber de ese pequeño volumen. A partir de la segunda semana se espacia y se aumenta el volumen, que es lo que obliga a la raíz a bajar. Un huerto regado siempre poquito y en superficie cría plantas con la raíz en los primeros centímetros, que es justo lo que se seca primero en julio.
Los primeros días
Es normal ver el plantel algo mustio la tarde de la plantación y la mañana siguiente. La raíz todavía no absorbe al ritmo al que la hoja transpira. Si a los dos o tres días sigue igual, revisa si el cepellón ha quedado seco por los lados o si el sol de mediodía está pudiendo con él.
Un sombreo ligero durante los primeros días, con malla, con una teja curva apoyada al sur de la planta o con cualquier cosa que corte el sol de las horas centrales, ayuda mucho en el interior peninsular y en el sur. Lo mismo con el acolchado: una capa de paja o de restos vegetales alrededor de la planta, sin tapar el cuello, mantiene la humedad y la temperatura del suelo más estables.
Y mira los caracoles y las babosas las primeras noches. Un plantel recién puesto y tierno es exactamente lo que buscan, y son capaces de dejarte una hilera de lechugas en los tallos.
Mover lo que ya crece en el jardín
Cambiar de sitio una vivaz, un arbusto o un rosal es otra operación, y su regla es distinta: se mueve en parada vegetativa, es decir, en otoño o a final del invierno, no en plena primavera con la planta brotando y menos en verano.
La secuencia funciona así. Riega bien la tierra el día anterior para que el cepellón se mantenga unido. Cava alrededor formando un círculo amplio, más ancho de lo que parezca necesario, y profundiza hasta poder hacer palanca por debajo. Cuanta más raíz te lleves, mejor. Prepara el hoyo nuevo antes de arrancar la planta, para que pase el menor tiempo posible con las raíces al aire, y plántala a la misma profundidad a la que estaba, con el cuello a nivel del suelo. Riega de asiento a fondo.
Si la planta es grande y has perdido mucha raíz al arrancarla, una poda de compensación de la parte aérea equilibra la balanza: menos hoja que mantener con menos raíz disponible. Las vivaces de mata, como las azucenas o las hemerocallis, aprovechan además el momento para dividirse en varias, separando la mata con las manos o con una pala.
En resumen
El trasplante de plantel sale bien por cosas poco vistosas: una semana de endurecimiento previo, esperar a que pase la helada y a que la tierra esté templada, plantar por la tarde con el cepellón entero y a su altura, respetar el marco y rematar con un riego de asiento generoso. Ninguna requiere material especial ni experiencia.
Para lo que ya está plantado en el jardín, cambia el momento: en parada vegetativa, con el cepellón más grande que puedas sacar y el hoyo nuevo preparado de antemano. Y en los dos casos, la primera semana es la que decide, así que vigila el riego, el sol de mediodía y los caracoles.