Si quieres un arriate con flor de junio a septiembre en España, la lista corta de vivaces que aguantan de verdad es esta: milenrama (Achillea millefolium), las salvias arbustivas (Salvia greggii y Salvia microphylla), Salvia nemorosa, la nébeda (Nepeta x faassenii), la gaura (hoy Oenothera lindheimeri, antes Gaura lindheimeri), Coreopsis verticillata, la equinácea (Echinacea purpurea), Rudbeckia fulgida, los hemerocallis y el agapanto (Agapanthus). Ninguna florece literalmente sin parar: lo que hacen es encadenar oleadas, y el trabajo del jardinero es cortar a tiempo para que venga la siguiente.

Y antes de copiar ninguna lista, el aviso que cambia todo: casi todas las guías de "vivaces que florecen todo el verano" están traducidas de jardines ingleses o del norte de Estados Unidos, donde el verano son veinticinco grados y llueve. En Madrid, Zaragoza o Sevilla, julio y agosto no son la temporada de floración sino el momento en que muchas vivaces se paran, cierran y esperan a septiembre. Eso no es que estén enfermas. Es su forma de sobrevivir, y hay que contar con ello al diseñar.

Qué significa "todo el verano" según dónde vivas

En la costa atlántica y en el norte, con veranos suaves y humedad, el listado clásico de vivaces funciona casi tal cual: equináceas, rudbeckias, astilbes y agapantos florecen sin sufrir. El problema allí es otro, el invierno lluvioso, que pudre las de raíz mediterránea si el suelo es pesado.

En el interior peninsular el verano es el cuello de botella. Con cuarenta grados a mediodía y noches que no bajan, una vivace de jardín inglés se achicharra aunque la riegues, porque el daño lo hace la transpiración, no la sed. Ahí mandan las de origen mediterráneo, americano seco o sudafricano: salvias arbustivas, nébeda, gaura, milenrama.

En el litoral mediterráneo el límite es distinto. El calor es llevadero por la humedad marina, pero el suelo suele ser calizo y muy drenante, y hay meses sin una gota. Allí la clave está más en el riego por goteo y el acolchado que en la especie.

Las que sí aguantan julio y agosto a pleno sol

Salvias arbustivas. Salvia greggii y Salvia microphylla, y sus híbridos, son probablemente lo más cercano a "flor todo el verano" que existe en clima seco. Son matas leñosas bajas que abren tandas de flor desde primavera hasta bien entrado el otoño, en rojo, coral, fucsia o blanco. Quieren sol directo, suelo drenado y muy poco riego una vez arraigadas. Se despuntan tras cada oleada y vuelven a salir.

Nébeda (Nepeta x faassenii). Mata azul lavanda que florece a chorro en mayo y junio. Si la siegas a un tercio cuando se afea, rebrota y da una segunda floración larga. Es de las pocas que se ve bien incluso seca, y aguanta suelo pobre.

Gaura (Oenothera lindheimeri). Flores pequeñas, blancas o rosadas, sobre varas finas que se mueven con el aire. Florece muchísimo tiempo y tolera la sequía, pero es de vida relativamente corta y en suelo encharcado se pierde. Buena para dar ligereza entre plantas más compactas.

Milenrama (Achillea millefolium y sus cultivares). Corimbos planos en amarillo, crema, rosa o teja, sobre hoja finamente dividida. Es rústica, indiferente al suelo pobre y muy resistente a la sequía. Se corta a ras cuando la flor se apaga y suele repetir.

Coreopsis verticillata. Mata fina de flor amarilla pequeña y muy abundante. De las que mejor encajan entre gramíneas.

Hemerocallis. Cada flor dura un día, de ahí el nombre, pero la mata abre tantas seguidas que el efecto es continuo. Hay cultivares remontantes que vuelven a florecer en verano tardío. Toleran algo de sombra y bastante más riego que las anteriores.

Para sombra parcial y para el norte húmedo

Agapanto (Agapanthus). Umbelas azules o blancas en pleno verano. En la cornisa cantábrica y en la costa gallega crece casi solo; en el interior necesita riego y agradece sombra de tarde. Los de hoja caduca resisten mejor el frío que los perennifolios.

Equinácea (Echinacea purpurea) y rudbeckia (Rudbeckia fulgida). Las dos dan flor de verano avanzado a otoño y aguantan bien en suelo profundo con riego regular. No son plantas de secano: en el interior seco pasan sed. Si dejas los capítulos secos en pie, los pájaros comen la semilla en invierno.

Astilbe y pulmonaria (Pulmonaria) solo tienen sentido en jardines del norte o en sombra fresca con suelo que no se seque. En el centro y sur son plantas de sufrimiento continuo.

El manejo que alarga de verdad la floración

Una vivace florece para producir semilla. En cuanto lo consigue, se para. Casi todo lo que se puede hacer para alargar la floración consiste en impedir que la produzca.

  • Quitar la flor marchita. Es la medida con más efecto y la más ignorada. En salvias, nébeda, coreopsis y milenrama, cortar por encima del primer par de hojas sanas en cuanto la tanda se apaga adelanta la siguiente.
  • El corte de mayo. Si siegas a la mitad una parte de la mata a finales de primavera, esa parte florece más tarde y más compacta, y cubre el hueco cuando la otra mitad ya se ha pasado. Funciona muy bien en Salvia nemorosa, rudbeckia y aster.
  • Riego profundo y espaciado. Mejor un riego largo cada varios días que un rato todos los días. El riego corto y frecuente mantiene las raíces en los primeros centímetros, que son justo los que se abrasan en agosto.
  • Acolchado. Una capa de grava, corteza o restos de poda triturados sobre el suelo baja mucho la temperatura de la raíz y recorta el riego. En clima seco es más importante que el abono.
  • Poco nitrógeno. Un abono rico en nitrógeno da hoja verde y blanda, y menos flor. En vivaces mediterráneas, lo normal es no abonar nada.

Plantar para que no quede un hueco

Ninguna especie cubre sola de junio a septiembre en todos los climas de España, así que lo que funciona es solapar. Una composición que suele salir bien en sol y suelo drenado: nébeda y Salvia nemorosa arrancando en mayo, salvias arbustivas y gaura tomando el relevo en junio y sosteniendo el verano entero, milenrama y coreopsis en pleno julio, y equinácea, rudbeckia y aster cerrando de agosto a octubre. Entre ellas, gramíneas como Stipa tenuissima o Pennisetum, que dan volumen cuando la flor falla.

El momento de plantar importa casi tanto como la elección. En clima mediterráneo e interior, lo mejor es plantar en otoño: la planta pasa el invierno haciendo raíz y llega al primer verano con algo debajo. Plantar vivaces en mayo condena a regar sin parar todo el verano, y aun así muchas no arrancan.

En resumen

Vivaces que florecen prácticamente todo el verano hay pocas, y las que lo hacen en el clima español son casi siempre de secano: salvias arbustivas, nébeda, gaura, milenrama y coreopsis. Las de flor grande y vistosa de las listas anglosajonas, equinácea, rudbeckia o astilbe, funcionan bien en el norte y en suelo fresco, y pasan apuros en el interior seco.

Con la especie adecuada, el trabajo se reduce a tres cosas: cortar la flor gastada, regar poco y hondo, y acolchar. Si a eso le sumas plantar en otoño y escalonar dos o tres especies con épocas distintas, tendrás flor continua sin convertir el arriate en un consumidor de agua.


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