Quien compra un árbol de la leche en octubre y en enero lo ve pelado suele pensar que lo ha matado. No: le ha quitado el agua, y la planta ha hecho lo que tenía que hacer. Sus hojas son prescindibles por diseño, y ese detalle explica casi todo lo demás.

Euphorbia trigona Mill. produce, como todo el género, un látex blanco irritante para piel y mucosas y peligroso para los ojos. Se poda y se trasplanta con guantes y protección ocular, y ante una salpicadura se lava de inmediato y se consulta. El detalle de ese riesgo está desarrollado en el artículo de la Euphorbia lactea.

Tallos triangulares de Euphorbia trigona con hojas en el borde de las costillas

Un cuerpo que es todo tallo

La estructura de esta planta consiste en columnas verdes de sección triangular —a veces con una cuarta cara— de cuatro a seis centímetros de anchura, con las tres aristas marcadas y las caras ligeramente cóncavas, decoradas con un veteado más claro en forma de uve. Sobre las aristas alternan pares de espinas pardas de medio centímetro y, entre ellas, unas hojitas.

Toda la fotosíntesis y todo el almacenamiento están en ese tallo. La clorofila se concentra en la capa exterior de la corteza, justo bajo la epidermis, y el interior es parénquima acuífero. Las aristas cumplen la misma función que las costillas de un cactus: permiten que el cuerpo se hinche cuando hay agua y se retraiga cuando falta, sin que la piel se agriete, y proyectan sombra sobre la cara vecina a lo largo del día, reduciendo el calentamiento.

La consecuencia es que la planta no necesita hojas para vivir. Las tiene, pero las trata como un accesorio de temporada.

Hojas verdaderas que se caen sin drama

Aquí conviene una precisión, porque circula la idea de que las euforbias suculentas no tienen hojas. Euphorbia trigona sí las tiene, y son hojas verdaderas, no brácteas ni escamas: espatuladas u obovadas, de dos a cinco centímetros, verdes y algo carnosas, con nervio central y peciolo corto. Nacen en el borde de las costillas, junto a los pares de espinas, y se concentran en el crecimiento nuevo de la parte alta de cada columna.

Lo peculiar es su duración. Son caducas y de vida muy corta: se forman durante la estación de crecimiento, cuando hay agua y calor, y la planta las abandona en cuanto las condiciones se estrechan. Basta un descenso de temperatura, un acortamiento del fotoperiodo o unas semanas sin riego para que amarilleen y caigan, empezando por las de abajo.

Tiene toda la lógica. Una hoja es un órgano con muchos estomas y una relación superficie-volumen altísima: fotosintetiza bien, pero pierde agua a manos llenas. Cuando el agua abunda, mantener hojas es un buen negocio porque aumenta la ganancia de carbono. Cuando escasea, se convierte en una sangría, y la planta las suelta y sigue trabajando con el tallo, que tiene cutícula gruesa, pocos estomas y metabolismo CAM. Es la misma jugada que hacen muchas suculentas caducifolias de África, solo que aquí ocurre en un salón español cada otoño.

De modo que una trigona que pierde las hojas en invierno no está enferma. Está en reposo. El indicador de salud no son las hojas sino el tallo: firme, turgente, verde uniforme y sin blandura en la base. Si el tallo está bien, la planta rebrotará hojas nuevas en primavera en cuanto suban las temperaturas y se reanude el riego. La caída sí es señal de problema cuando va acompañada de arrugas profundas en el tallo —falta de agua sostenida—, de manchas blandas y oscuras —podredumbre— o de amarilleo general con sustrato empapado.

Crece deprisa, crece recta y se cae

Frente a la lentitud proverbial de las suculentas, esta es rápida: en condiciones favorables echa entre veinte y cuarenta centímetros por temporada, y en cultivo doméstico alcanza dos metros o más. El crecimiento es marcadamente apical y vertical, con ramificación escasa si no se interviene, de manera que el resultado es un candelabro cada vez más alto y estrecho.

El problema es mecánico. Su sistema radicular es superficial y poco proporcionado al volumen aéreo: raíces finas, extendidas cerca de la superficie, adaptadas a captar lluvias breves, sin pivote que ancle. Un ejemplar de metro y medio en una maceta de plástico de veinticinco centímetros tiene el centro de gravedad muy por encima de su base y vuelca con un roce, con una corriente de aire o con el peso de una rama nueva que crezca de lado. La caída suele partir la planta y, de paso, poner látex por el suelo.

Las medidas que funcionan son cuatro. Maceta pesada y ancha, de barro cocido antes que de plástico, con diámetro no inferior a un tercio de la altura de la planta. Lastre en el fondo: una capa de grava gruesa o de cantos que baje el centro de gravedad sin comprometer el drenaje. Tutor discreto —una caña o una varilla— atado con cinta ancha y blanda en dos o tres puntos, sin apretar sobre las aristas. Y, la más eficaz a medio plazo, despuntar para limitar la altura.

Euphorbia trigona adulta de porte columnar en maceta

El despunte y lo que viene después

Cortar el ápice elimina la dominancia apical y libera las yemas laterales que estaban inhibidas. La respuesta es fiable: por debajo del corte brotan varias ramas nuevas, normalmente entre dos y cinco, repartidas alrededor del tallo en las semanas siguientes. Con eso se consigue una planta más baja, más ancha y mucho más estable, y con un aspecto de candelabro africano que es el que se busca.

La operación se hace en primavera o a principios de verano, con la planta en crecimiento activo, para que cicatrice rápido. Con guantes y gafas, cuchillo bien afilado y limpio, se corta transversalmente por donde interese. Brotará mucho látex; se detiene la hemorragia pulverizando agua fría sobre el corte o espolvoreando ceniza o azufre, y se deja la herida al aire para que forme costra. No se riega los siguientes días.

El trozo cortado sirve de esqueje. Hay que lavarle el látex bajo el grifo con guantes, dejarlo secar en vertical y a la sombra entre una y dos semanas —más que un esqueje corriente, porque la superficie de corte es grande— hasta que el callo esté duro, y luego plantarlo en sustrato mineral seco, sujeto con tutor, sin regar los primeros diez o quince días. Enraíza a lo largo de uno o dos meses en verano.

El corte del ejemplar madre queda visible siempre: la cicatriz no desaparece, se corcha. Por eso conviene decidir bien la altura, y hacerlo cuando la planta aún no ha estirado en exceso.

'Rubra' y las formas de color

El cultivar 'Rubra' —comercializado también como 'Royal Red'— tiene los tallos y sobre todo las hojas teñidos de rojo púrpura o burdeos, con las caras verdes veteadas de vinoso. El color se debe a la acumulación de antocianinas y no es constante: depende de la luz y del estrés. Con sol intenso, riego contenido y noches frescas se intensifica hasta el granate; en interior con poca luz revierte hacia el verde y el ejemplar deja de tener gracia. Quien compre una 'Rubra' y quiera conservar el tono debe darle la posición más luminosa de la casa.

Existe también una forma variegada, con las caras jaspeadas en crema, más lenta y algo más delicada al sol directo por la falta de clorofila en las zonas claras.

Euphorbia trigona 'Rubra' con tallos y hojas de tono rojizo

Una especie sin hábitat conocido

Hay algo que llama la atención en las fichas botánicas de esta euforbia: la casilla de distribución natural está sin resolver. Euphorbia trigona fue descrita por Philip Miller en 1768 a partir de material cultivado, y desde entonces no se ha localizado ninguna población silvestre que pueda considerarse nativa con seguridad. Se la encuentra asilvestrada en África occidental y central, en la India y en buena parte del trópico, siempre cerca de asentamientos humanos, lo que apunta a plantas escapadas de cultivo y no a poblaciones originales.

Las hipótesis manejadas la sitúan en África central u occidental, quizá en la región entre Gabón y Angola, y algunos autores han sugerido que podría ser de origen híbrido o una selección hortícola muy antigua, propagada durante siglos por esqueje y difundida por las rutas comerciales. A favor de esa idea juega un dato: en cultivo prácticamente no florece, y cuando lo hace rara vez cuaja semilla, de modo que todo el material del mundo procede de multiplicación vegetativa. Una planta que solo se reproduce por trozos no deja rastro genético de poblaciones fundadoras y borra su propia historia.

No es un caso único entre las plantas de cultivo milenario, pero sí llamativo en un género tan estudiado.

Cuidados en condiciones españolas

Ubicación y temperatura. Necesita mucha luz: exterior a pleno sol en clima suave, o la ventana más luminosa de la casa. No resiste la helada y empieza a sufrir por debajo de 10 °C; el umbral seguro es 12 °C. En el litoral mediterráneo y en Canarias puede plantarse en jardín; en el resto de la península es planta de maceta que se recoge de octubre a abril. En verano agradece salir a la terraza, con aclimatación gradual de dos o tres semanas para que no se queme.

Sustrato. Muy drenante, con la mitad o más de árido: pómice, arena silícea gruesa o arlita mezcladas con sustrato universal. Nada de tierras que compacten.

Riego. De abril a septiembre, cada 10 o 15 días, siempre esperando a que el cepellón esté seco del todo. De octubre a marzo, muy espaciado o suspendido si la planta pasa el invierno por debajo de 15 °C. El error habitual es mantener el riego de verano cuando bajan las temperaturas: es lo que produce el reblandecimiento de la base y la podredumbre ascendente.

Abonado. Fertilizante para cactus, pobre en nitrógeno, a media dosis y cada tres o cuatro semanas solo durante el crecimiento. Un exceso de nitrógeno produce tejido blando y estiramiento, justo lo contrario de lo que interesa en una planta con problema de vuelco.

Trasplante. Cada dos o tres años, en primavera, subiendo un solo calibre de maceta. Es el momento de revisar raíces y de comprobar que no hay cochinilla en el cepellón.

Plagas. Cochinilla algodonosa entre las aristas y en la base de las hojas, cochinilla de raíz y, con calefacción y aire seco, araña roja. La revisión periódica de las axilas resuelve la mayoría de los casos antes de que se instalen.

Para situar esta euforbia en el conjunto de las plantas que almacenan agua está el artículo general de suculentas, y en ventajas y desventajas de las suculentas se valora qué esperar de este tipo de plantas en casa.

En resumen

Euphorbia trigona concentra en el tallo triangular toda la fotosíntesis y toda la reserva de agua, y por eso puede permitirse unas hojas verdaderas pero efímeras, que nacen en el borde de las costillas y caen ante la primera sequía o el primer frío: perderlas en otoño es comportamiento normal, y lo que hay que vigilar es la firmeza del tallo. Crece rápido y en vertical sobre un sistema radicular superficial, así que vuelca con facilidad y conviene maceta pesada, lastre, tutor y sobre todo despunte, que rompe la dominancia apical y hace brotar varias ramas. El cultivar 'Rubra' mantiene su color rojizo solo con luz intensa. Y es una especie sin hábitat silvestre conocido, propagada durante siglos únicamente por esqueje. Se maneja siempre con guantes por su látex.


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