Antes de hablar de nada más hay que hablar de la savia. Euphorbia lactea segrega, al menor corte o rozadura, un látex blanco y espeso que es fuertemente irritante para la piel y las mucosas y que puede provocar lesiones oculares graves si salpica un ojo. No es una advertencia de letra pequeña: condiciona dónde se pone esta planta y cómo se maneja.
El látex: qué hace y qué se hace
El género Euphorbia produce látex en conductos laticíferos repartidos por todo el cuerpo de la planta. En las especies suculentas africanas y asiáticas ese látex contiene ésteres diterpénicos de los tipos forbol, ingenol y daphnano, moléculas que activan de forma directa la proteína quinasa C en las células animales y desencadenan una respuesta inflamatoria intensa. Por eso la irritación no es mecánica ni alérgica: es farmacológica, y le ocurre a todo el mundo, no solo a quien sea sensible.
Los efectos documentados en la literatura clínica son concretos:
En la piel, dermatitis irritativa de contacto con eritema, escozor y, con exposición prolongada o en piel fina, ampollas. Los síntomas pueden tardar unas horas en aparecer, lo que hace que a veces no se relacione la lesión con la planta.
En el ojo es donde está el problema serio. Hay casos publicados de queratoconjuntivitis química por salpicadura de látex de euforbia, con queratitis, edema corneal, uveítis y pérdida temporal de visión que en algunos pacientes ha tardado semanas en resolverse; se han descrito secuelas en los casos peor atendidos. Basta una gota, y el riesgo aumenta cuando se poda un ejemplar grande, porque el látex sale a presión.
En la boca y el tubo digestivo, ardor intenso, inflamación de labios y lengua, vómitos y diarrea si se ingiere. Es la vía típica del accidente con niños pequeños y con animales que mordisquean.
El manejo práctico se resume en poco: guantes impermeables y gafas de protección siempre que se pode, se trasplante o se manipule un ejemplar con cortes; herramientas limpias; y no acercarse la mano a la cara mientras se trabaja. Si el látex toca la piel, lavado inmediato con agua abundante y jabón. Si toca un ojo, irrigación con agua o suero fisiológico durante al menos quince minutos y consulta oftalmológica sin esperar a ver cómo evoluciona; en caso de ingestión, atención médica y contacto con el Servicio de Información Toxicológica. El látex fresco no se retira con frotamiento en seco, que solo lo extiende.
La consecuencia doméstica es sencilla: no es planta para una casa con niños pequeños o con perros y gatos que muerdan, salvo que se pueda situar de forma que resulte físicamente inaccesible. Y ninguna parte de esta planta tiene uso alimentario ni medicinal; las referencias etnobotánicas antiguas al látex de euforbias corresponden a usos que hoy se consideran peligrosos y que no deben reproducirse en ningún caso.
Cómo se distingue de un cactus
Precisamente ese látex es el mejor criterio de campo. Una cactácea nunca tiene savia lechosa; la suya es acuosa, transparente o mucilaginosa. Si al tocar un tallo verde y espinoso sale leche blanca, se está ante una euforbiácea.
El segundo criterio es la areola. Los cactus llevan sus espinas agrupadas sobre un cojinete de fieltro, siempre; las euforbias no tienen esa estructura y sus pinchos —que son estípulas modificadas— nacen directamente del borde de la costilla, casi siempre en pares y sobre un escudete corchoso. El tercero es la flor: las cactáceas producen flores grandes y vistosas, y las euforbias, ciatios minúsculos de color verdoso o amarillento. La convergencia entre ambos grupos, y por qué se parecen sin ser parientes, está explicada en el artículo general sobre suculentas.
La planta: tallos angulosos y jaspeados
Euphorbia lactea Haw. es originaria de la India tropical, aunque su distribución natural es difícil de precisar porque lleva siglos cultivada y naturalizada en todo el trópico, desde Florida hasta el sudeste asiático. Forma un arbusto ramificado que en su clima puede pasar de los cinco metros.
Los tallos son de sección triangular o tetrágona —tres o cuatro costillas marcadas—, de unos cinco centímetros de grosor, verde oscuro, con una banda longitudinal jaspeada en blanco grisáceo que recorre el centro de cada cara y que es el rasgo más reconocible de la especie. En los ángulos alternan pares de espinas cortas y, en tallos jóvenes, hojas diminutas y efímeras que se caen en cuanto crece el tejido. La ramificación es abundante y da al conjunto un aspecto de candelabro.
'White Ghost': por qué siempre viene injertada
El cultivar 'White Ghost' es una forma completamente blanca, de un marfil sucio uniforme, con las costillas y las espinas apenas marcadas. Su interés ornamental es evidente y su problema, también: carece de clorofila.
Sin clorofila no hay fotosíntesis, y sin fotosíntesis no hay producción de azúcares. Una planta así no puede vivir por sí misma más allá de lo que le duren las reservas de la semilla o del esqueje. La única forma de mantenerla es injertarla sobre un patrón verde que fotosintetice por ella y le suministre los fotoasimilados a través del sistema vascular. En la práctica se usan patrones de Euphorbia lactea verde o de Euphorbia neriifolia, ambos vigorosos y compatibles.
Esto explica exactamente lo que se ve en los puntos de venta: un tronco verde recto, un anillo de unión bien visible a media altura y encima una masa blanca que no guarda relación de continuidad con el tallo que la sostiene. No es un capricho estético del productor ni un montaje decorativo; es la condición para que la planta esté viva.
De ahí salen dos cuidados propios. El primero: hay que suprimir los brotes que emita el patrón por debajo del injerto, porque son verdes, crecen mucho más deprisa y acaban por robar todo el vigor y matar la parte blanca. Se eliminan en cuanto asoman, con guantes. El segundo: el tejido sin clorofila no tiene pigmentos protectores, así que se quema con sol directo. Luz muy abundante pero tamizada, nunca sol de mediodía en verano.
La longevidad de estos injertos es limitada. Suelen durar años, no décadas, y el fallo llega por engrosamiento desigual del patrón y del injerto o por pudrición en la unión si se moja esa zona al regar.
La cresta: qué es una fasciación
La forma 'Cristata' —el llamado coral o cactus coral— es otra rareza que se comercializa injertada, y su origen es distinto. Se trata de una fasciación: una anomalía del meristemo apical que, en lugar de mantenerse como un punto de crecimiento, se alarga en una línea. El resultado es que el tallo no crece cilíndrico sino en abanico ondulado, con forma de cresta de gallo o de coral cerebriforme.
Las causas de la fasciación pueden ser genéticas, hormonales, víricas, bacterianas —Rhodococcus fascians la provoca en algunas especies— o consecuencia de un daño mecánico o de temperaturas extremas en el ápice. En suculentas aparece de forma espontánea con relativa frecuencia y se propaga vegetativamente, porque no se transmite por semilla de forma fiable.
La 'Cristata' de Euphorbia lactea se comercializa muchas veces también en versiones variegadas, rosadas o cremosas, con poca clorofila, y por lo mismo va injertada. El crecimiento del abanico es lento y desordenado; a veces revierte y emite un tallo normal, cilíndrico, que conviene retirar si se quiere conservar la forma crestada.
Cultivo en España
Temperatura. Es la limitación principal. No tolera la helada y sufre ya por debajo de 10 °C; el mínimo seguro está en 12-15 °C. En la península solo puede vivir en el jardín en la franja costera más templada del sur y en Canarias. En el resto es planta de interior o de invernadero, y desde octubre hasta abril debe estar resguardada.
Luz. La forma verde acepta sol directo si se aclimata poco a poco; las formas blancas y variegadas, solo luz indirecta intensa. Con poca luz se ahíla y los tallos nuevos salen delgados y pálidos.
Riego. Escaso y espaciado, siempre esperando a que el sustrato esté seco por completo. En verano puede ser cada 10 o 15 días; en invierno, con temperaturas bajas, prácticamente nada. Nunca se moja la zona del injerto ni se deja agua en el platillo. El exceso de agua produce reblandecimiento basal y una podredumbre que asciende por el tallo y que rara vez se detiene.
Sustrato y maceta. Mezcla muy drenante, con la mitad o más de árido —pómice, arena silícea gruesa, arlita—, en maceta de barro o de plástico con agujeros amplios. Los ejemplares injertados van mejor en macetas pesadas, porque tienen el peso arriba y vuelcan con facilidad.
Abonado. Fertilizante para cactáceas, bajo en nitrógeno, cada tres o cuatro semanas en primavera y verano, a media dosis. Nada en otoño e invierno.
Poda y esquejes. Solo si hace falta contener el tamaño, y siempre con protección. El corte sangra abundantemente; se detiene pulverizando agua fría o aplicando ceniza sobre la herida. Si se quiere reproducir la forma verde, el esqueje se lava para eliminar el látex, se deja secar una semana larga hasta que forme un callo firme y se planta en sustrato mineral seco, sin regar los primeros diez días.
Plagas. Cochinilla algodonosa en las axilas y cochinilla de raíz en el cepellón, favorecidas por el ambiente seco de interior. La araña roja aparece con calefacción. Los daños por hongos casi siempre son secundarios a un exceso de riego.
Si lo que interesa es una euforbia suculenta más manejable y sin injerto, la Euphorbia trigona cubre ese hueco con exigencias parecidas.
En resumen
Lo primero de Euphorbia lactea es su látex: irritante para piel y mucosas y capaz de causar lesiones oculares serias, así que se maneja con guantes y gafas, se lava de inmediato ante cualquier contacto, se acude a urgencias oftalmológicas si salpica un ojo y se descarta como planta doméstica donde haya niños o animales. Por lo demás es un arbusto suculento indio de tallos triangulares jaspeados que se distingue de un cactus por esa savia lechosa y por la ausencia de areolas. Sus formas más vendidas —'White Ghost', sin clorofila, y la crestada 'Cristata', producto de una fasciación del meristemo— viven injertadas sobre patrón verde, lo que obliga a suprimir los rebrotes del patrón y a protegerlas del sol directo. Necesita mínimo de 12-15 °C, sustrato muy drenante y riego escaso.