Mantener verde un césped en Sevilla o en Murcia cuesta entre 700 y 900 litros de agua por metro cuadrado y año. Una alfombra de Ruschia lineolata sobre la misma superficie sale adelante con una fracción de esa cifra, aguanta que se pase por encima para tender la ropa y en primavera se cubre de flores rosadas. No es un césped, y quien espere un césped se llevará una decepción; pero para buena parte de las superficies que hoy ocupa el césped en España, resuelve mejor el problema.
Qué planta es la esterilla
La esterilla comercializada como tapizante es Ruschia lineolata (Haw.) Schwantes, aunque en viveros aparece también con los nombres de Ruschia nana o Ruschia caroli, y en jardinería anglosajona con el de «dwarf carpet of stars». Pertenece a las Aizoaceae, la familia de los mesembriantemos, las uñas de gato y los Lampranthus, y procede de las regiones semiáridas del Cabo Occidental sudafricano, con lluvias invernales y veranos secos: un régimen que se parece bastante al mediterráneo.
El género Ruschia es amplio, con más de un centenar de especies de porte muy variado, desde arbustillos erectos hasta cojines. La que interesa aquí es de las más bajas: de 3 a 8 centímetros de altura, con tallos rastreros que enraízan en los nudos y hojitas cilíndricas o triangulares en sección, opuestas, de un verde grisáceo, apretadas hasta formar una superficie continua y mullida. De ahí el nombre común: se parece a una esterilla.
Florece de marzo a mayo en la Península, y lo hace de golpe, cubriendo la mata entera de flores estrelladas de 1 a 2 centímetros, de color rosa lila con centro más pálido, que abren con el sol y se cierran al atardecer y en días nublados. El efecto durante tres o cuatro semanas es espectacular.
Las cuentas del agua
La comparación honesta necesita números. Un césped de gramíneas de estación fría —festuca, ray-grass, poa— tiene en clima mediterráneo una necesidad hídrica estival del orden de 5 a 7 litros por metro cuadrado y día en pleno julio, y una demanda anual que en el sur peninsular supera holgadamente los 700 litros por metro cuadrado. Los céspedes de estación cálida, como la grama bermuda o el Zoysia, bajan esa cifra de forma notable, pero siguen exigiendo riego regular.
La Ruschia, una vez establecida, funciona con riegos de apoyo: en el litoral mediterráneo, uno cada dos o tres semanas en verano y prácticamente nada el resto del año; en el interior seco, algo más. La reducción de consumo respecto a un césped clásico está en el entorno del 70 al 90 %, según zona y suelo. A eso se suma que no se siega, lo que elimina cortacésped, combustible, ruido y restos de siega, y que no necesita el programa de abonado, escarificado y tratamientos que exige un césped en buen estado.
Cómo se planta y cuánto tarda en cerrar
Preparación del terreno. Es la parte que más determina el resultado y la que suele hacerse mal. Hay que eliminar por completo la vegetación previa, especialmente las hierbas perennes de rizoma como la grama o la juncia, porque una vez cerrada la alfombra no se pueden desherbar sin destrozarla. Después, descompactar 15 o 20 centímetros y, si el suelo es arcilloso y pesado, incorporar arena gruesa o grava fina hasta conseguir que drene. Nada de aportar mucha materia orgánica: prefiere pobre a rico.
Densidad de plantación. Con plantón de alvéolo o de maceta de 8 centímetros, la referencia habitual es de 9 a 16 plantas por metro cuadrado, es decir, un marco de 25 a 33 centímetros. Con 9 por metro cuadrado la cubierta cierra en unos 12 a 18 meses; con 16, en 8 a 12 meses. Plantar más denso acorta el tiempo y encarece la obra; ir por debajo de 9 alarga el cierre y da margen a las malas hierbas.
Por esqueje sale mucho más barato y funciona bien: fragmentos de tallo de 5 a 10 centímetros, plantados a la misma densidad en otoño o a principios de primavera, con el suelo húmedo. Enraízan en tres o cuatro semanas.
Época. Otoño, entre octubre y noviembre, es el mejor momento en la mayor parte de España: la planta aprovecha las lluvias y el invierno suave para hacer raíz y llega al primer verano con el sistema radicular formado. La segunda opción es marzo. Plantar en mayo o junio obliga a regar mucho el primer verano.
El primer año. Riego regular hasta el arraigo, cada cinco o siete días en el periodo cálido, y desherbado manual entre plantas. Es el año de trabajo; a partir del segundo, la cubierta se mantiene casi sola.
Cuidados de mantenimiento
Riego establecido. Muy espaciado y abundante cuando toca, mejor que frecuente y escaso, para que las raíces bajen. Riego por goteo o por aspersión de baja frecuencia; el riego diario es contraproducente y favorece hongos.
Suelo. Debe drenar. Es su exigencia absoluta: en terreno que encharca, la Ruschia se pudre por el cuello en cuestión de semanas.
Rusticidad. Tolera hasta unos -5 °C en suelo seco, con quemaduras superficiales que rebrotan en primavera. Va bien en todo el litoral mediterráneo y atlántico sur, en Canarias, en Baleares y en zonas de interior de invierno moderado. En la meseta norte, Pirineo o zonas de heladas fuertes y prolongadas no es adecuada.
Abonado. Casi ninguno. Un aporte muy ligero de fertilizante de liberación lenta bajo en nitrógeno tras la floración, si la mata se ve floja. Abonar de más produce crecimiento blando, tallos largos y una alfombra que se abre.
Renovación. Con el tiempo, la parte central de las matas viejas se lignifica y clarea. La solución es sencilla y hay que contar con ella: replantar por zonas, arrancando los rodales envejecidos y sustituyéndolos por esquejes tomados de la propia cubierta, cada cuatro o cinco años. También ayuda un recorte ligero con desbrozadora a altura alta tras la floración, que estimula la ramificación.
Los límites, dichos claramente
Ninguna cubierta suculenta sustituye a un césped en todos los usos, y presentarla así genera clientes descontentos. La Ruschia tiene tres limitaciones reales:
- Pisoteo. Admite tránsito ligero y ocasional: cruzar el jardín, tender, un camino de paso. No admite uso intensivo: niños jugando a diario, deporte, fiestas, mascotas grandes que corren. Los tallos se rompen y no rebrotan a la velocidad con que lo hace una gramínea de estolón.
- Sombra. Necesita sol directo, al menos seis horas. Bajo la copa de un árbol o en la cara norte de una casa se ahíla, clarea y acaba desapareciendo.
- Suelo húmedo. Encharcamiento, riego frecuente o arcilla compacta la matan.
Para zonas de mucho uso, lo razonable es combinar: Ruschia en las superficies ornamentales y de paso ocasional, y un pequeño rectángulo de césped de estación cálida, o pavimento permeable, donde de verdad se pisa. Otras tapizantes secas que se combinan bien con ella son Lampranthus, Delosperma cooperi, Frankenia laevis y Thymus serpyllum en suelos algo más frescos.
En resumen
Ruschia lineolata es una aizoácea sudafricana tapizante de 3 a 8 centímetros que forma una alfombra densa, florece en masa en primavera y sobrevive con una fracción del agua que consume un césped, lo que la ha convertido en sustituta habitual del césped en jardinería mediterránea. Se planta en otoño, por plantón o esqueje, a razón de 9 a 16 unidades por metro cuadrado, y cierra en un plazo de ocho a dieciocho meses según la densidad. Exige sol pleno y suelo bien drenado, tolera heladas ligeras hasta unos -5 °C y hay que renovarla por rodales cada cuatro o cinco años. Sus límites son claros: nada de sombra, nada de encharcamiento y nada de pisoteo intenso.