El crisantemo de jardín (Chrysanthemum × morifolium) es una vivaz de otoño, y todo lo que hay que entender de su cultivo depende de un solo mecanismo: es una planta de día corto. No florece porque llegue el frío, sino porque las noches se alargan. Cuando la oscuridad continua supera cierto umbral, la planta deja de hacer hoja y forma botones. Por eso llena los viveros en octubre y por eso una farola encendida junto al arriate puede retrasarle la floración semanas.
La segunda cosa que conviene saber es qué compras en noviembre. Esa bola perfecta cubierta de flores para Todos los Santos viene de invernadero, cultivada con oscurecimiento controlado y, muy a menudo, con reguladores de crecimiento que la mantienen compacta, y con varios esquejes metidos en la misma maceta. Es una planta de temporada vendida en su mejor momento. Se puede pasar al jardín y salvar, pero al año siguiente crecerá alta, abierta y con otra forma. No te ha salido mal: es como es de verdad.
Qué es exactamente un crisantemo
Es una compuesta, de la misma familia que la margarita y el girasol. Lo que llamamos flor es en realidad un capítulo: un conjunto de muchas flores diminutas montadas sobre una base común. Las de la periferia son las flores liguladas, que forman lo que tomamos por pétalos, y las del centro son flósculos tubulares, el botón. Que un capítulo parezca una margarita, un pompón o una araña depende solo de cuántas flores liguladas haya y de cómo se curven.
El crisantemo de jardín actual es un híbrido de origen chino, cultivado desde la antigüedad y desarrollado después durante siglos en Japón, con miles de cultivares. Las clasificaciones formales lo ordenan por forma de flor, y en la práctica basta con reconocer unos pocos tipos: simple o de margarita (una o dos hileras de lígulas alrededor de un botón), anémona (botón central abultado), pompón (bola compacta y pequeña), incurvada (lígulas que se curvan hacia dentro formando una bola), reflejada (se curvan hacia fuera y abajo) y araña (lígulas largas y tubulares que apuntan en todas direcciones).
Un apunte que despeja otra confusión frecuente: las piretrinas, el insecticida de origen vegetal, no salen de este crisantemo, sino del pelitre de Dalmacia (Tanacetum cinerariifolium), una especie distinta que antiguamente se clasificaba dentro del género Chrysanthemum. Tener crisantemos en el jardín no ahuyenta plagas.
La flor de Todos los Santos
En España el crisantemo carga con una asociación muy fuerte: es la flor de los cementerios el 1 de noviembre. La razón es simplemente el calendario, porque es lo que está en plena floración esa semana y aguanta bien cortado, pero esa costumbre ha hecho que mucha gente no se plantee ponerlo en el jardín.
Es una pena, porque como vivaz de otoño tiene pocos rivales. Florece cuando el arriate ya está de retirada, resiste el frío razonablemente y prolonga la temporada de color hasta las heladas. En un jardín mediterráneo puede dar semanas de flor cuando ya no queda casi nada.
Cuándo plantarlo
Si lo que quieres es una planta que vuelva año tras año, plántalo en primavera, no en otoño. Una planta que entra en el suelo en marzo o abril tiene toda la primavera y el verano para hacer raíz, y llega al invierno con una mata establecida. Lo que se planta en noviembre está gastando toda su energía en florecer justo cuando debería estar enraizando, y muchas veces no pasa de ahí.
Si te han regalado un crisantemo en flor en otoño y quieres intentarlo, dale la mejor oportunidad: sácalo de esa maceta apretada, plántalo en cuanto termine la floración en un sitio drenado, y no le pidas mucho el primer invierno. En clima suave suele salir adelante.
Busca planta etiquetada como crisantemo de jardín. Los que se cultivan para flor cortada de floristería son variedades seleccionadas para invernadero, menos rústicas a la intemperie.
Sitio, suelo y riego
Quiere sol. Con seis horas largas de sol directo va bien, y cuanta más luz reciba, más compacta y florida será la mata. En el sur y en el interior peninsular, algo de sombra a media tarde en pleno verano le evita quemaduras en la hoja.
El suelo importa más que el frío. El crisantemo aguanta helar, pero no aguanta tener las raíces en barro todo el invierno. Es exactamente el problema del norte atlántico: lo que mata las matas entre noviembre y marzo no suelen ser las heladas, sino la lluvia continua sobre un suelo pesado. Si tu tierra es arcillosa, planta en un caballón o en un arriate elevado y mejora el suelo con materia orgánica bien descompuesta antes de plantar.
Riega de forma regular durante la primavera y el verano, dejando que la superficie se seque entre riegos, y siempre a pie de planta. El follaje del crisantemo es denso y tarda en secarse; mojarlo por encima favorece los hongos. En invierno, si la planta está parada, prácticamente no necesita riego.
Abona moderadamente en primavera y principios de verano, que es cuando crece. Deja de abonar después: un aporte tardío de nitrógeno produce brotes tiernos que llegan mal al invierno.
El pinzado, y cuándo parar
Sin pinzar, el crisantemo se estira en unos pocos tallos largos que acaban tumbándose con el peso de las flores. Pinzado, hace una mata redonda cargada de botones.
Cuando los brotes de primavera midan un palmo, corta la punta de cada uno. Repite cada dos o tres semanas conforme vuelvan a alargarse. Y aquí está la clave: deja de pinzar a principios de verano. A partir de ahí, la planta empieza a preparar los botones florales, y cada pinzada de más es una tanda de flores menos.
Cuando termine la floración y la parte aérea se seque con el frío, resiste la tentación de cortarla a ras. Los tallos secos protegen la corona durante el invierno y sirven de refugio a insectos. Se limpian en primavera, cuando ya se ven los brotes nuevos en la base.
Multiplicarlo y renovarlo
Una mata de crisantemo se apelmaza con los años y florece peor por el centro. La solución es dividirla cada dos o tres primaveras: se saca, se separan los trozos de la periferia, que son los que tienen brotes vigorosos y raíz joven, y se replantan descartando el centro leñoso.
También se multiplica muy bien por esquejes de brotes basales tomados en primavera. Es la forma habitual en vivero y la más fiel para conservar una variedad que te guste.
Problemas y precauciones
Las plagas habituales son pulgón en los brotes tiernos, trips, araña roja en periodos secos y calurosos, y minadores que dejan galerías claras dentro de la hoja. En muchos casos se controlan con revisión frecuente, riego correcto y fauna auxiliar.
Entre las enfermedades hay una que merece mención aparte: la roya blanca del crisantemo, causada por Puccinia horiana, que produce pústulas blanquecinas o rosadas en el envés de las hojas. Es un organismo nocivo sujeto a regulación fitosanitaria en la Unión Europea, así que si la sospechas en material comprado, no lo propagues ni lo muevas y consulta con el servicio de sanidad vegetal de tu comunidad autónoma. Cualquier producto fitosanitario que llegues a usar debe estar inscrito en el Registro de Productos Fitosanitarios del Ministerio de Agricultura.
Y un aviso doméstico que casi nunca aparece en las fichas: los crisantemos son tóxicos para perros y gatos, y su contacto repetido puede provocar dermatitis en personas sensibles. Si tienes animales que mordisquean plantas, colócalo fuera de su alcance y usa guantes si vas a manipular mucha planta.
En resumen
El crisantemo florece por fotoperiodo, no por temperatura: las noches largas de final de verano son las que disparan los botones. Si quieres que dure años, plántalo en primavera, dale sol y un suelo que drene de verdad, píncalo hasta principios de verano y luego déjalo trabajar. Riega a pie de planta y no cortes los tallos secos hasta la primavera siguiente.
La maceta compacta de noviembre es otra cosa: planta forzada de invernadero, preciosa y efímera. Puedes intentar pasarla al jardín cuando acabe de florecer, pero cuenta con que su forma natural es muy distinta. Y ten presente que es una planta tóxica para perros y gatos, un detalle que conviene tener claro antes de ponerla en una terraza con animales.