La albahaca (Ocimum basilicum) es una anual de clima cálido de la familia de la menta, originaria del sur de Asia, y todo su cultivo se resume en dos ideas: calor y cosecha. Necesita sol y noches templadas para crecer, y hay que ir cortándole las puntas continuamente, porque en cuanto la dejas florecer deja de producir hoja y pierde aroma. En la mayor parte de España eso significa una temporada de mayo a octubre, y una planta nueva cada año.
Lo segundo que conviene tener claro es que la maceta del supermercado no está hecha para durar. Trae decenas de plántulas apretadas en un cepellón mínimo de turba, forzadas en invernadero para vender bonitas. Se agotan en dos semanas por mucho que las riegues. Si quieres albahaca de verdad, o la siembras, o compras planta de vivero en maceta individual, o desmontas la del supermercado y la repartes en varios tiestos con sustrato nuevo.
Cuándo sembrar en España
La albahaca es muy friolera. Por debajo de unos diez o doce grados se queda parada y ennegrece, y una helada la mata sin remedio. Eso ordena el calendario:
- Semillero protegido desde finales de invierno, dentro de casa o en invernadero, con el sustrato templado. En frío la semilla puede quedarse semanas sin hacer nada.
- Trasplante al exterior cuando ya no se esperan heladas y las noches se han suavizado. En la costa mediterránea y en Andalucía suele poderse en abril; en el interior peninsular y en zonas de montaña conviene esperar a mayo.
- Siembra directa en el sitio definitivo, solo cuando el suelo está claramente templado, de mayo en adelante.
La semilla se cubre con muy poca tierra, apenas unos milímetros, y se mantiene húmeda. Al mojarse se recubre de un mucílago gelatinoso, que es normal. Con calor nace en torno a una semana; con frío, ni eso.
Sol, suelo y maceta
Quiere sol directo, pero con matices españoles. En el norte y en primavera, cuanto más sol mejor. En Madrid, Zaragoza, Sevilla o Murcia en pleno julio, una albahaca en maceta contra una pared orientada al sur se abrasa: allí agradece sombra a partir de media tarde. Si la tienes en un alféizar, el cristal multiplica el calor y la seca en horas.
El sustrato tiene que ser rico y fresco, que retenga humedad pero drene. Un sustrato universal de calidad con un puñado de compost va bien. En tierra de huerto, incorpora materia orgánica bien hecha antes de plantar.
En maceta, el error más común es elegirla pequeña. Cuanto menos volumen de sustrato, más veces al día tendrás que regar en verano, y la albahaca no perdona un secado a fondo: se desploma entera. Una maceta ancha y honda, con varias plantas separadas un palmo largo entre sí, aguanta mucho mejor una ola de calor. Riega por la mañana, a pie de planta y sin mojar las hojas.
El pinzado, que es lo que casi nadie hace
Una albahaca sin podar crece en un solo tallo, se estira, florece y se acaba. Una albahaca pinzada se convierte en una mata redonda que produce hoja durante meses. La diferencia entre las dos es un gesto que cuesta diez segundos.
Cuando la planta tenga cuatro o cinco pares de hojas, corta la punta justo por encima de un par de hojas. De ese nudo saldrán dos brotes en vez de uno. Repite con cada brote cuando vuelva a alargarse. Cosecha siempre así, cortando puntas por encima de un nudo, y no arrancando hojas sueltas de abajo: cosechar es podar.
En cuanto asome una espiga floral, quítala. La floración cambia el metabolismo de la planta, la hoja se vuelve más pequeña y áspera y el aroma decae. Si dejas alguna mata florecer a final de temporada tendrás semilla para el año siguiente, y de paso alimentas abejas y sírfidos, pero esa mata ya no da hoja de cocina.
Multiplicar por esquejes
La albahaca enraíza en agua con una facilidad casi absurda. Corta un brote de un palmo, quítale las hojas de la mitad inferior y ponlo en un vaso de agua en un sitio luminoso pero sin sol directo. Cambia el agua cada dos o tres días. En una o dos semanas verás raíces, y cuando tengan varios centímetros pasa el esqueje a maceta con sustrato y mantenlo húmedo los primeros días mientras se agarra.
Es la forma más rápida de multiplicar una variedad que te guste, y también de aprovechar un ramillete comprado en la frutería si viene con tallos en buen estado.
Variedades que merece la pena buscar
La que se vende sin más como albahaca suele ser de tipo genovés, de hoja grande y abombada, la del pesto. La napolitana tiene la hoja aún más grande y rugosa. La fina de hoja pequeña, muy compacta, es la mejor opción para maceta y para balcón, porque forma bolas densas y aguanta el viento.
La albahaca morada es la misma especie con follaje granate oscuro, algo menos dulce y con un fondo que recuerda al clavo. Da mucho contraste en una jardinera. La albahaca limón corresponde a Ocimum × citriodorum, un híbrido con aroma cítrico marcado. La llamada albahaca tailandesa, de hoja pequeña, tallo morado y fondo anisado, aguanta mejor la cocción que la genovesa. Ojo con la albahaca sagrada o tulsi: es otra especie distinta, Ocimum tenuiflorum, y ni su sabor ni su uso son los de la albahaca de cocina.
Problemas habituales
Se cae de golpe. Casi siempre es sed, sobre todo en maceta. Riega a fondo y suele recuperarse en unas horas. Si el sustrato está empapado y aun así está caída, es lo contrario: raíz asfixiada o podrida.
Manchas amarillentas entre los nervios y polvillo grisáceo en el envés. Es el mildiu de la albahaca, causado por Peronospora belbahrii, que se ha extendido mucho. Se favorece con hojas mojadas, humedad alta y plantas apretadas. Airea, separa las matas, riega por la base y elimina las hojas afectadas.
Marchitez de una rama entera con el tallo oscurecido. Apunta a Fusarium, un hongo de suelo. No tiene arreglo en la planta afectada: quítala y no vuelvas a plantar albahaca en ese sitio durante unos años.
Hojas agujereadas a ras de suelo. Caracoles y babosas, especialmente con las plantas jóvenes y en primavera húmeda. Revisa al anochecer.
La albahaca no figura entre las plantas tóxicas para perros y gatos, así que es de las aromáticas tranquilas para tener en una terraza con animales.
Cosecha y conservación
Corta lo que necesites cuando lo necesites, siempre por encima de un nudo y repartiendo los cortes por toda la mata para que crezca pareja. Recoge preferiblemente por la mañana, cuando la hoja está turgente.
Un detalle que casi todo el mundo hace mal: la albahaca no va a la nevera. El frío le produce daños y las hojas se ennegrecen en un día. Un ramillete con el tallo en un vaso de agua, fuera de la nevera, se conserva varios días. Para guardarla más tiempo, lo que mejor funciona es congelarla ya picada con un poco de aceite, o hacer pesto y congelarlo. Secada pierde buena parte del aroma, porque sus compuestos volátiles se van con el agua.
En resumen
La albahaca es fácil si le das las tres cosas que pide: calor, sustrato fresco y tijera constante. Siémbrala protegida a finales de invierno, sácala fuera cuando pasen las heladas, ponla en una maceta amplia y pínzala desde pequeña para que ramifique. En verano riega por la mañana y a pie de planta.
Asume que es anual y que la perderás con el frío. En vez de pelear contra eso, deja una mata florecer al final de la temporada para recoger semilla, o enraíza un par de esquejes en agua a finales de verano y pásalos dentro. Es mucho más práctico que intentar mantener viva una planta agotada.