Cuando una hortensia se muere en España, casi siempre es por una de estas tres cosas: le da el sol de la tarde en verano, el sustrato no se mantiene fresco de manera constante, o lleva años regándose con agua del grifo dura en un suelo calizo. El resto de los cuidados son menores. Si aciertas con el sitio y con el agua, la hortensia es un arbusto que casi no da trabajo.
La razón está en su origen. La hortensia de hoja grande, Hydrangea macrophylla, es una planta de borde de bosque húmedo, acostumbrada a luz filtrada, aire cargado de humedad y suelo siempre fresco y rico en materia orgánica. Sus hojas son enormes y transpiran muchísimo. En Galicia o en la costa cantábrica eso se le da solo. En Madrid, Zaragoza, Valencia o Sevilla, tienes que reproducirlo tú, y por eso allí se ve tanta hortensia agonizando en pleno julio.
Por qué se marchita a mediodía aunque la tierra esté húmeda
Es la escena más repetida: a las tres de la tarde la hortensia está caída, con las hojas colgando como trapos, y al meter el dedo en la tierra está mojada. La reacción instintiva es regar más, y es un error.
Lo que pasa es que la hoja está perdiendo agua por transpiración más rápido de lo que la raíz puede absorberla. Con aire seco, calor y sol directo, esa diferencia se vuelve insalvable durante unas horas, y la planta deja caer las hojas para reducir la superficie expuesta. Es un mecanismo de defensa, no una señal de sed.
La prueba es sencilla: mira la planta al anochecer. Si se ha recuperado sola, el problema es la ubicación, no el riego, y regar de más solo va a asfixiar las raíces. Si sigue mustia con la noche, entonces sí le falta agua. Si la escena se repite día tras día, el sitio no es bueno y hay que plantearse trasplantarla en otoño.
Dónde plantarla según dónde vivas
Es el punto donde las guías traducidas hacen más daño, porque hablan de sol pleno sin decir de qué sol hablan.
Cornisa cantábrica, Galicia y zonas de montaña húmeda. Aquí la hortensia se comporta como en su casa. Tolera bastante sol directo y lo que hay que vigilar es más bien el encharcamiento en suelos pesados y las lluvias continuas de invierno.
Interior peninsular y meseta. Sol de mañana y sombra desde el mediodía. Las mejores posiciones son a pie de pared orientada al norte o al este, bajo la copa alta de un árbol caducifolio, o en un patio que no reciba el sol de poniente. Protegida del viento seco, que es tan destructivo como el sol.
Levante, Andalucía y litoral mediterráneo. Solo sombra luminosa, y aun así con riego generoso. Aquí la hortensia es una planta de patio y de maceta, no de parterre expuesto. El sol de poniente de agosto quema el borde de las hojas y seca las inflorescencias en un par de días.
Si vas a plantarla en el suelo, mejora el hoyo con compost o mantillo en abundancia. La hortensia quiere un suelo que retenga humedad sin encharcarse, y eso en un suelo arcilloso o en uno arenoso solo lo consigue la materia orgánica.
El riego: constante, y a la base
La palabra clave es constancia. Una hortensia que alterna días de sequía con encharcamientos sufre mucho más que una que recibe la misma cantidad de agua bien repartida. En temporada de crecimiento, el objetivo es que el suelo se mantenga fresco en profundidad sin llegar a estar empapado.
Tres detalles prácticos:
- Riega despacio y a fondo, a la base de la planta. Un riego largo que cale medio palmo rinde mucho más que tres riegos cortos que solo mojan la superficie. Un goteo o una manguera exudante hacen este trabajo mejor que la regadera.
- No mojes flores y hojas. Las flores se manchan y se pudren, y el follaje mojado toda la noche invita al oídio.
- Riega por la mañana temprano. La planta llega al mediodía con el cepellón fresco y aguanta mucho mejor las horas duras.
El acolchado, la medida que más rinde
Si solo vas a hacer una cosa por tu hortensia, que sea esta. Una capa de varios centímetros de corteza de pino, restos de poda triturados, hojarasca o compost sobre el suelo, alrededor de la planta pero sin tocar los tallos, hace tres cosas a la vez: reduce mucho la evaporación, mantiene la raíz fresca en las horas de calor y, al descomponerse, va aportando materia orgánica y acidificando ligeramente el suelo.
En clima seco, la diferencia entre una hortensia acolchada y otra sin acolchar es la diferencia entre regar cada dos días y regar a diario. Se renueva una vez al año.
El agua del grifo y el hierro
La hortensia prefiere un suelo ácido o al menos neutro. En buena parte de España, el agua del grifo es dura y el suelo es calizo, y esa combinación va subiendo el pH del sustrato riego tras riego.
El síntoma que delata el problema es inconfundible: las hojas nuevas amarillean pero los nervios se mantienen verdes, dibujando una retícula. Eso es clorosis férrica. No significa que falte hierro en el suelo, sino que el pH alto lo ha vuelto insoluble y la raíz no puede absorberlo.
Qué hacer, por orden de utilidad: regar con agua de lluvia siempre que se pueda, aunque sea solo parte de los riegos; usar sustrato para plantas acidófilas si está en maceta; mantener el acolchado orgánico; y corregir el episodio agudo con un quelato de hierro de los que se venden para plantas ácidas, siguiendo la dosis del envase. El hierro corrige el síntoma, pero si no bajas el pH volverá el año siguiente.
El color de la flor depende de esta misma química, porque la disponibilidad de aluminio en el suelo, que está ligada al pH, es lo que decide que una variedad azulee o rosee. Ese asunto tiene su propio artículo en el sitio, con el detalle de por qué el fósforo arruina un azul.
La hortensia en maceta, que es la más difícil
La hortensia que regalan en maceta por primavera es de las plantas que más rápido se mueren en una casa, y no es culpa de quien la recibe. Viene forzada en invernadero, con el cepellón lleno de raíces, y se coloca en un salón donde no hay ni la luz ni la humedad que necesita.
Lo que hay que hacer con ella:
- Sacarla fuera en cuanto se pueda: terraza, balcón o patio, en sombra luminosa. La hortensia no es una planta de interior.
- Trasplantarla a una maceta claramente mayor con sustrato para plantas acidófilas. En el tiesto de venta no le cabe una raíz más.
- Contar con riego frecuente, probablemente diario en verano, comprobando siempre la humedad antes. Un cepellón de maceta se seca y se recalienta muchísimo más rápido que el suelo del jardín.
- Acolchar también la superficie de la maceta, y colocarla de modo que el tiesto no reciba el sol directo.
- No dejarla nunca en un plato con agua permanente.
Si la maceta va a pasar el invierno en una terraza del interior peninsular, protege el tiesto con plástico de burbujas o arrímalo a la pared de la casa. La planta aguanta el frío mejor que su cepellón.
Frío, heladas y la floración del año siguiente
La hortensia de hoja grande es un arbusto de clima templado que resiste bien el invierno como planta, pero tiene un punto débil: la mayoría de las variedades clásicas forman las yemas de flor durante el verano anterior, sobre las ramas de esa temporada. Esas yemas pasan el invierno a la intemperie, y una helada tardía de primavera puede estropearlas sin dañar la planta. El resultado es una hortensia sanísima, llena de hojas y sin una sola flor.
Por eso en zonas de heladas tardías conviene no tener prisa en retirar las flores secas del invierno, que hacen cierta función de protección de las yemas de debajo. Todo lo relativo a cómo y cuándo podar está desarrollado en la ficha de hortensias del sitio, porque es el error que más flores cuesta cada año.
Toxicidad
La hortensia contiene glucósidos cianogénicos en hojas, tallos y flores. No es una planta comestible y no debe ingerirse ninguna de sus partes, ni en infusión ni de ninguna otra forma. Es tóxica también para perros y gatos, así que si tu animal tiene por costumbre mordisquear plantas, tenlo en cuenta al elegir dónde la pones. Ante la ingestión de cantidades significativas por parte de una persona, llama al Instituto Nacional de Toxicología; si es un animal, al veterinario.
En resumen
La hortensia no es una planta difícil, es una planta mal colocada. Necesita sombra a partir del mediodía en casi toda España salvo el norte húmedo, resguardo del viento seco, suelo con mucha materia orgánica y un riego a la base que mantenga el cepellón fresco de forma constante. El acolchado es la medida que más resultado da por el trabajo que cuesta, y el hábito de mirar la planta al anochecer evita el riego de pánico que la termina de matar.
El otro frente es el agua. En las zonas de agua dura y suelo calizo, la clorosis férrica llega tarde o temprano, y se reconoce por la hoja amarilla con los nervios verdes. Agua de lluvia siempre que se pueda, sustrato acidófilo si está en maceta y quelato de hierro para el episodio puntual. Con el sitio y el agua resueltos, lo demás es podar a tiempo y disfrutarla.