El geranio de balcón pide cuatro cosas y ninguna es complicada: sol directo buena parte del día, una jardinera con agujeros que drene de verdad, riego cuando el sustrato se seca en los primeros centímetros, y abono de floración con regularidad durante toda la temporada. Lo que separa una jardinera espectacular de una jardinera con cuatro flores tristes casi siempre es el abonado, porque el geranio es una planta glotona que agota el sustrato de una maceta en pocas semanas.
La quinta cosa, y la que menos se hace, es podarlo. Un pelargonio que nunca se corta se va alargando, pierde las hojas de abajo y acaba siendo un manojo de tallos leñosos con un penacho de hojas en la punta. Con una poda de renovación a finales de invierno y unos esquejes de vez en cuando, la misma planta se mantiene compacta y florida durante años. Por cierto, lo que llamamos geranio es un Pelargonium, no un Geranium verdadero, aunque aquí lo llamaremos geranio como todo el mundo.
Dónde ponerlo
El pelargonio viene del sur de África y está hecho para la luz. Sin sol directo, estira los tallos buscándola, las hojas se separan y deja de florecer. Un balcón orientado al este o al sur va bien; uno al norte va a dar hoja y poca flor.
Ahora bien, sol directo no quiere decir todo el sol. En el interior peninsular y en el sur, el sol de las horas centrales de julio y agosto sobre una jardinera pequeña recalienta el sustrato, quema los bordes de las hojas y acorta muchísimo la vida de cada flor. En esas zonas la mejor posición es sol de mañana y sombra a partir del mediodía. En el norte atlántico el problema es el contrario y conviene darle todo el sol que haya.
Los geranios de pensamiento y los de tipo real (flor grande y manchada) toleran peor el calor fuerte que los zonales de toda la vida y que los de hiedra. Si el verano aprieta donde vives, esos dos últimos son la apuesta segura.
La jardinera y el sustrato
Una jardinera de balcón estándar admite tres geranios zonales sin agobio. Más juntos compiten por agua y nutrientes y florecen menos. La profundidad importa: en una jardinera somera el cepellón se seca en horas en pleno verano.
Los agujeros de drenaje tienen que estar abiertos y no tapados por el plato integrado que traen muchas jardineras de balcón. Ese depósito sirve para no gotear al vecino de abajo, pero si se queda con agua permanentemente, el sustrato se satura desde abajo y el cuello se pudre. Vacíalo o llénalo de arlita.
De sustrato vale un universal de calidad, mejor si es específico para plantas de flor, aligerado con un puñado de perlita. Lo importante es que a mitad de verano siga esponjoso y no se haya convertido en un bloque que repele el agua.
El riego, que es donde se pierden más plantas
El geranio tiene tallos carnosos y almacena agua. Aguanta bastante mejor un olvido que un exceso. La regla es regar cuando los dos o tres primeros centímetros de sustrato estén secos al meter el dedo, y entonces regar a fondo hasta que salga agua por abajo. Nada de riegos cortos diarios que solo mojan la superficie.
En la práctica eso significa regar cada pocos días en primavera y otoño, y quizá a diario en agosto en una terraza expuesta del interior o del sur. En invierno, mucho menos: la planta casi no crece.
Dos detalles que cambian bastante:
- Riega al sustrato, no a la planta. El agua sobre hojas y flores favorece la botritis, ese moho gris que pudre las flores marchitas y se extiende a los tallos. Es el problema más típico de los geranios en otoño húmedo.
- El agua del grifo en buena parte de España es dura. El geranio la tolera bien, pero con el tiempo la cal se acumula en el sustrato y va subiendo el pH. Si puedes recoger agua de lluvia para los riegos de vez en cuando, la planta lo nota.
El abonado, que es lo que marca la diferencia
Una jardinera de geranios florida desde abril hasta las primeras heladas gasta muchísimo. El sustrato nuevo trae reservas para unas pocas semanas y luego se acaba. A partir de ahí, si no abonas, la planta reparte lo poco que tiene: las hojas viejas amarillean, los tallos se estiran y las flores salen pequeñas y espaciadas.
Usa un abono líquido para plantas de flor o específico de geranios, con más potasio que nitrógeno, y aplícalo con el riego cada una o dos semanas durante la temporada de crecimiento y floración, siguiendo la dosis del envase. Si prefieres no acordarte, un abono granulado de liberación lenta enterrado en la superficie en primavera cubre buena parte del verano.
Un exceso de nitrógeno produce el efecto que más despista: una planta enorme, verde, exuberante y sin flores. Si ves eso, cambia a un abono más rico en potasio.
El abonado se para en otoño. Seguir abonando en invierno empuja a la planta a crecer cuando no tiene luz para sostenerlo, y el resultado son tallos largos, blandos y débiles.
Pinzado y limpieza de flores
Dos gestos de un minuto que cambian el aspecto de la jardinera:
El pinzado consiste en cortar la punta de los brotes cuando la planta es joven, o al replantar en primavera. Al quitar la yema de la punta, la planta activa las laterales y ramifica, y en lugar de un tallo largo tienes tres o cuatro. Es lo que da la mata compacta y redonda.
La limpieza de las flores pasadas se hace retirando el ramillete marchito entero, agarrando el pedúnculo por abajo y desprendiéndolo con un giro limpio o cortándolo a ras. Dejar los ramilletes secos no solo afea: son el punto de entrada favorito de la botritis, y la planta gasta energía en madurar semillas en lugar de sacar flores nuevas.
La poda de renovación
A finales de invierno, antes de que arranque el crecimiento, el geranio se corta a fondo. Se eliminan los tallos secos, los enclenques y los que se hayan quedado desnudos, y los que se conservan se acortan de forma apreciable, cortando siempre justo por encima de un nudo. Parece una barbaridad la primera vez que se hace, y es justo lo que necesita: de cada nudo por debajo del corte saldrán brotes nuevos, y la planta rebrota compacta y florece mucho mejor esa temporada.
Aprovecha para cambiar el sustrato de la jardinera, o al menos la capa superior, y para revisar las raíces.
Pasar el invierno
Los pelargonios no resisten las heladas. Sus tallos son carnosos y el hielo los revienta. Eso marca dos escenarios muy distintos en España.
En la costa mediterránea, en Canarias, en el sur y en buena parte del litoral atlántico, donde apenas hiela, el geranio se queda fuera todo el invierno sin más cuidado que reducir el riego y no abonar. De hecho en las zonas más cálidas florece a ratos en invierno.
En el interior peninsular, en la meseta y en zonas de montaña, hay que protegerlo. Las opciones son meter las jardineras en un porche cubierto, una galería o una habitación fresca y muy luminosa, o bien sacar esquejes en otoño y dejar morir la planta madre. Dentro de casa, el geranio necesita la ventana más luminosa que tengas y riego muy escaso; si lo pones en una habitación oscura y con calefacción, se estira y llega a la primavera hecho un desastre.
Esquejes, que es como se renueva la colección
El geranio enraíza con una facilidad que da gusto, y es la forma barata de rellenar jardineras y de conservar una variedad que te guste. Los mejores momentos son finales de verano y principios de otoño, y también la primavera al podar.
Se corta una punta de tallo sano con varios nudos, justo por debajo de un nudo, y se le quitan las hojas de abajo y los capullos de flor para que la energía vaya a la raíz. Conviene dejar el esqueje unas horas al aire para que el corte cicatrice, porque el tallo es carnoso y se pudre con facilidad. Después se planta en sustrato aligerado y ligeramente húmedo, en sitio luminoso sin sol directo, y se riega poco. No hace falta ni bolsa ni campana: el exceso de humedad ambiental es lo que pudre los esquejes de pelargonio.
Los problemas que vas a ver
La mariposa del geranio (Cacyreus marshalli), llegada a la Península en los años noventa, es hoy el problema número uno. La oruga se mete dentro del tallo y lo vacía por dentro: verás tallos que se doblan de repente, con un agujero y serrín en la base. Se controla revisando las plantas con frecuencia y cortando y destruyendo los tallos afectados en cuanto aparecen.
Las hojas amarillas de abajo son casi siempre falta de nutrientes o riego irregular. Las hojas con tonos rojizos suelen indicar frío o estrés. Los tallos podridos y negros desde la base son exceso de agua. Las manchas de moho gris sobre flores marchitas son botritis, y se corrigen limpiando las flores pasadas y ventilando. Las manchas pardas con pústulas anaranjadas en el envés son roya del geranio, que aparece con humedad y falta de aireación, y obliga a retirar las hojas afectadas y a separar las plantas.
En resumen
El geranio de balcón es una planta agradecida con un punto flaco: agota el sustrato de la maceta. Sol directo con sombra en las horas duras del verano del sur, jardinera que drene y no se quede con agua en el plato, riego a fondo solo cuando la superficie está seca, y abono de floración cada una o dos semanas en temporada. Con eso ya tienes una jardinera que florece de abril a noviembre.
Lo que hace que dure años en lugar de una temporada es la poda: pinzar cuando es joven, retirar los ramilletes marchitos y cortar a fondo a finales de invierno. Y si vives donde hiela, sacar esquejes en otoño es un seguro barato, porque enraízan casi solos y con ellos vuelves a llenar las jardineras en primavera.