Una suculenta no necesita un sustrato rico, necesita un sustrato que se seque. Si la tuya lleva la tierra negra con la que venía del vivero, o el sustrato universal de saco que sirve para el poto y el geranio, tiene todas las papeletas de pudrirse por el cuello aunque la riegues poco. La mezcla que funciona es sencilla: sustrato de cactus y suculentas del que se vende en cualquier centro de jardinería, mejorado con material mineral grueso hasta que al apretarlo en el puño no forme una bola compacta.

La maceta es la otra mitad del asunto, y pesa tanto como la mezcla. Tiene que tener agujero de drenaje, ser poco mayor que el cepellón y estar hecha del material que compense tu clima: barro poroso si la planta vive dentro de casa o en el norte húmedo, plástico o cerámica esmaltada si está en una terraza del interior o del sur donde en agosto el sustrato se queda seco en dos días. Con esas dos decisiones bien tomadas, el riego se vuelve casi imposible de estropear.

Echeveria en maceta de plástico rodeada de otras suculentas

Por qué el sustrato universal las mata

El sustrato universal está formulado para plantas que quieren humedad constante. Su base es turba, a veces con fibra de coco, y su virtud es retener agua durante días. Para una crasa eso es exactamente el problema. Las raíces de una suculenta están adaptadas a tandas de agua seguidas de sequía: absorben rápido y luego necesitan aire. Un sustrato que sigue húmedo una semana después del riego mantiene las raíces sin oxígeno el tiempo suficiente para que entren hongos de suelo, y la planta se viene abajo desde la base.

Hay un segundo defecto menos conocido. La turba, cuando se seca del todo, se vuelve hidrófoba: repele el agua en lugar de absorberla. Riegas, el agua corre por el borde de la maceta, sale por el agujero, y tú das el riego por hecho mientras el centro del cepellón sigue seco como un ladrillo. Además la turba se compacta con el tiempo y va perdiendo el poco aire que tenía.

El sustrato específico de cactus y suculentas mejora la situación, pero muchos de los que se venden en saco siguen llevando bastante turba y poco mineral. Conviene tratarlo como punto de partida y no como el producto terminado.

La mezcla que se prepara en casa

La idea es sencilla: una parte de materia orgánica que retenga algo de humedad y aporte nutrientes, y al menos otra parte igual de material mineral grueso que cree huecos por los que circule el aire. Una proporción de mitad y mitad va bien para la mayoría de echeverias, sedums, crásulas y haworthias en interior. Si cultivas en exterior, en terraza, o si vives donde llueve mucho en invierno, sube el mineral hasta dos tercios.

Lo que sirve como parte mineral, y se encuentra en España sin buscar mucho:

  • Puzolana o picón, la grava volcánica roja o negra. Es la más fácil de encontrar en sacos de jardinería, es ligera y no se deshace. Pide el calibre fino, de unos pocos milímetros.
  • Arlita o arcilla expandida, sobre todo la de grano pequeño. Retiene algo de agua en su interior pero deja el hueco libre.
  • Perlita. Funciona bien y es barata, aunque flota y acaba subiendo a la superficie con los riegos.
  • Arena de sílice lavada de grano grueso, la que se vende para filtros de piscina o para obra. Grano grueso, insistimos.
  • Pómice o akadama si te apetece gastar más. Van muy bien, pero no hacen nada que no haga la puzolana.

Dos avisos sobre la arena. La arena fina de albañilería hace lo contrario de lo que buscas: sus granos rellenan los huecos entre partículas y convierten la mezcla en algo parecido al cemento. Y la arena de playa además viene salada, que no se enjuaga con un par de aclarados.

Como parte orgánica vale el propio sustrato de cactus, o sustrato universal de buena calidad, o fibra de coco. Un puñado de humus de lombriz por maceta cubre de sobra la nutrición de una crasa durante una temporada.

La prueba de que la mezcla está en su punto se hace con la mano: humedécela ligeramente, apriétala en el puño y ábrelo. Si queda una bola que mantiene la forma, falta mineral. Si se desmorona al abrir la mano, está lista.

El agujero de drenaje no se negocia

Una maceta sin agujero convierte cualquier riego en una apuesta. No hay forma de saber cuánta agua ha quedado en el fondo, y el agua que queda en el fondo no se evapora, se pudre. Da igual lo mineral que sea la mezcla: el fondo se satura igual.

La creencia de que una capa de bolas de arcilla en el fondo sustituye al agujero es falsa. Cuando pones un material grueso debajo de uno fino, el agua no baja al grueso hasta que el fino está prácticamente saturado, porque las fuerzas capilares la retienen arriba. Lo que consigues con esa capa es subir la zona encharcada, no eliminarla.

Si te has enamorado de un macetero cerámico que viene cerrado, úsalo como cubremacetas: la planta va en un tiesto de plástico con agujeros que entra dentro, y lo sacas para regar. Vacía siempre el plato después del riego.

Suculentas y cactus en macetas de barro sobre estanterías junto a una ventana

Barro o plástico

El barro cocido sin esmaltar es poroso: el agua se evapora también por las paredes, no solo por la superficie. Eso acorta mucho el tiempo que el sustrato pasa mojado, que es justo lo que una crasa agradece, y además refresca el cepellón por evaporación en verano. A cambio, obliga a regar más a menudo y pesa bastante.

El plástico y la cerámica esmaltada no transpiran. El sustrato tarda más en secarse, lo que puede ser una ventaja o una trampa según dónde vivas. Son ligeros, baratos y no se rompen con las heladas, pero en plástico negro al sol del sur el cepellón puede alcanzar temperaturas que dañan las raíces finas.

La regla práctica para España, que es la que el consejo importado nunca da:

  • Interior de una casa, o norte atlántico, donde el ambiente es húmedo y la evaporación lenta: barro. Ahí cada gramo de agua que se va por la pared de la maceta juega a tu favor.
  • Terraza o balcón en el interior peninsular, Levante o el sur, con veranos largos y aire seco: plástico o esmaltado, o barro si no te importa regar más a menudo. En una terraza de Murcia en agosto, una maceta pequeña de barro se seca en una mañana.
  • Sitios con viento: el barro pesa y aguanta. Una jardinera de plástico ligera con una crásula alta se vuelca sola.

El tamaño manda más de lo que parece

Plantar una suculenta pequeña en una maceta grande no le da margen para crecer, le da un volumen de sustrato mojado que ninguna raíz va a ocupar. Ese sustrato sin raíces que lo sequen se mantiene húmedo semanas, y ahí es donde empiezan las podredumbres. La medida razonable es una maceta que deje uno o dos centímetros de holgura alrededor del cepellón.

La profundidad se elige según la raíz de cada especie. Las echeverias, las haworthias y la mayoría de rosetas tienen raíz superficial y van bien en macetas anchas y bajas, incluso en cuencos. Las que forman raíz pivotante o tubérculo, como muchas euforbias y algunos pachyphytums, piden altura. Los cuencos anchos y bajos, además, tienen la ventaja de secarse antes.

Sobre las composiciones con varias plantas apretadas que se venden hechas: quedan muy bien y duran poco. Van sin espacio radicular, a menudo en un recipiente sin agujero y en turba, con especies de necesidades distintas metidas juntas. Si te regalan una, desmóntala y planta cada una por su lado.

El acolchado mineral de la superficie

Cubrir el sustrato con un centímetro de gravilla, puzolana fina o arena gruesa no es solo decoración. Mantiene seco el cuello de la planta, que es el punto por donde se pudre, evita que la tierra salpique sobre las hojas al regar, frena la aparición de musgo y algas verdes en la superficie y dificulta que los mosquitos del sustrato pongan huevos.

Usa un grano parecido al de tu mezcla, y no lo pongas tan grueso que no puedas comprobar la humedad del sustrato por debajo.

Cuándo cambiar el sustrato

Hay dos momentos claros. El primero es al comprar la planta. Las suculentas de vivero vienen casi siempre en un cepellón de turba pura, pensado para que aguanten el transporte y la venta, no para que vivan en tu casa. Merece la pena sacar la planta, aflojar con cuidado ese cepellón y replantarla en tu mezcla. Si al hacerlo rompes raíces, deja la planta un par de días sin regar antes de dar el primer riego.

El segundo es el trasplante de mantenimiento, cada dos o tres años, cuando el mineral se ha ido asentando, la materia orgánica se ha descompuesto y el sustrato retiene más agua que al principio. El momento es el arranque del crecimiento, que para las de verano (echeverias, sedums, crásulas) cae en primavera, y para las de invierno (haworthias, aeoniums) en otoño. Si tienes dudas de a cuál pertenece la tuya, trasplanta cuando la veas emitiendo hojas nuevas.

Distintas suculentas colocadas sobre una tabla de madera

En resumen

Con las suculentas, el sustrato y la maceta hacen más trabajo que cualquier rutina de riego. Una mezcla con la mitad o más de material mineral grueso, en una maceta con agujero y solo un poco mayor que el cepellón, perdona los errores de riego porque el agua sobrante se va sola. Lo contrario también es cierto: en turba compactada y en un tiesto grande sin drenaje, no hay forma de regar bien, y la planta se muere haga uno lo que haga.

El resto son ajustes al sitio donde vives. Barro donde el ambiente es húmedo y la evaporación lenta, plástico donde el verano lo seca todo, gravilla en la superficie para mantener el cuello seco y un cambio de sustrato al comprar la planta para quitarle la turba de vivero. En el sitio tienes el resto de las guías del tema, con el riego, la luz y la multiplicación tratados a fondo.


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