La corona de espinas (Euphorbia milii) tiene dos cosas que hay que tomarse en serio antes de meterla en casa: un látex blanco que sale de cualquier herida del tallo y que irrita la piel y, muy en serio, los ojos, y unas espinas duras y afiladas repartidas por todo el tallo. Además, la planta entera es tóxica si se ingiere, para personas y para animales domésticos.
Eso no la convierte en una planta prohibida. La tiene medio litoral mediterráneo en macetas y setos, y no pasa nada, porque el riesgo es de contacto y se controla decidiendo bien dónde la pones y cómo la manipulas. Lo que sí conviene es saberlo antes y no después, sobre todo si en casa hay niños pequeños, un gato que mordisquea o un perro joven.

Qué tiene exactamente
Es una euforbia, de la familia de las euforbiáceas, y esa familia se caracteriza precisamente por su látex. En Euphorbia milii es un líquido blanco, pegajoso, que brota en cuanto cortas o arrancas un tallo o una hoja. Lleva compuestos irritantes de la clase de los ésteres de diterpeno, los mismos responsables de que muchas euforbias sean plantas de manipular con cuidado, la flor de Pascua y el árbol de la leche incluidas.
Las espinas son otra historia. En la corona de espinas no son espinas de cactus: los cactus las llevan agrupadas en areolas, y aquí no hay areolas por ningún lado. En esta euforbia proceden de las estípulas de la hoja, están endurecidas y se distribuyen a lo largo de todo el tallo, incluidas las partes viejas y peladas. Son duras, punzantes y pinchan a través de la ropa fina.
Contacto con la piel
El látex produce irritación y, en personas sensibles o con contactos repetidos, dermatitis. Suele empezar con escozor y enrojecimiento en la zona que lo ha tocado, y aparecer con algo de retraso, no siempre al momento. Lo que hay que hacer es lavar cuanto antes con agua abundante y jabón, incluidas las uñas, y cambiar la ropa que se haya manchado.
Si la reacción no cede, si se extiende o si salen ampollas, hay que ir al médico. No pongas encima remedios de casa: ni leche, ni pasta de dientes, ni vinagre, ni alcohol. Agua y jabón, y consulta si la cosa pasa de ahí.
Contacto con los ojos, que es lo grave
Este es el motivo real para tener cuidado. El látex de las euforbias en el ojo provoca una irritación intensa, con dolor, lagrimeo y visión borrosa, y puede dañar la córnea. El mecanismo típico es siempre el mismo y no tiene nada de raro: podas la planta, te salpica o te queda látex en los dedos, y media hora después te frotas un ojo sin pensarlo.
Ante una salpicadura en el ojo, lava de inmediato con agua abundante durante varios minutos, con el ojo abierto, y acude a un servicio médico aunque parezca que va mejorando. Esto no es una molestia que se espera a ver cómo evoluciona. Y si llevas lentillas, quítatelas mientras lavas.

Ingestión, niños y mascotas
Todas las partes de la planta son tóxicas por ingestión. El látex irrita la boca, la garganta y el tubo digestivo, y provoca ardor, salivación, vómitos y diarrea. Ante una ingestión, aunque sea un trozo pequeño, hay que llamar a un servicio de información toxicológica o acudir a urgencias, y llevarse una foto de la planta o un trozo identificable. No se provoca el vómito por cuenta propia.
Con perros y gatos vale lo mismo, y aquí conviene ser claro: Euphorbia milii es tóxica para perros y para gatos. Los gatos son el caso más frecuente, porque mordisquean tallos por aburrimiento y porque además se lamen el pelo, así que el látex que se les queda encima acaba en la boca de todos modos. Si sospechas que tu animal ha mordido la planta, al veterinario, y cuéntale qué planta es.
La parte tranquilizadora es que las espinas y el sabor desagradable hacen que muy pocos animales insistan. La parte incómoda es que basta con un mordisco de curiosidad.
Dónde no ponerla
Casi todos los sustos vienen de la ubicación, no de la planta. Hay sitios en los que no debería estar:
- En un pasillo, una escalera o cualquier paso estrecho donde la roces cada día.
- A la altura de la cara de un niño, y menos en una mesa baja o en una repisa a la que llegue de puntillas.
- Junto a un sofá, una cama o el sitio de dormir del gato.
- Al borde de un camino del jardín, sobre todo en un recodo donde la gente pasa rozando.
- En una repisa alta y estrecha desde la que pueda caerse encima de alguien.
Y hay sitios en los que va perfecta: una terraza soleada donde no estorbe, el fondo de un macetero grande, una zona del jardín que se transite poco, o una ventana alta y despejada. Si en tu casa no encuentras un sitio así, lo razonable no es colocarla a medias, es elegir otra planta.

Cómo podarla y trasplantarla sin acabar en urgencias
La poda es el momento de máximo riesgo, porque es cuando se corta y cuando sale látex a chorro. Prepáralo un poco y deja de ser un problema.
- Guantes gruesos, de cuero o de jardinería, no unos de látex finos, que las espinas atraviesan.
- Manga larga y, si vas a podar de cerca y por encima de la cabeza, gafas de protección. Son dos euros.
- Herramienta limpia y afilada, y cortes secos. Los cortes machacados sangran más y cicatrizan peor.
- No te toques la cara mientras trabajas. Es la regla que más se incumple.
- Al terminar, lava manos, antebrazos, herramienta y guantes, y recoge los restos del suelo con guantes puestos.
- No quemes los restos de poda: el humo de material vegetal con látex irritante no es algo que quieras respirar.
Para trasplantar, sujeta la planta por el cepellón o envuelve la mata con papel de periódico grueso doblado varias veces, que hace de manopla improvisada y te permite agarrarla sin clavarte nada. Mover una corona de espinas grande es más cómodo entre dos personas.
Lo que circula por ahí y no deberías creerte
De las euforbias corren por internet usos medicinales caseros con el látex, desde quitar verrugas hasta cosas peores. No. El látex de Euphorbia milii es un irritante, y aplicarlo a propósito sobre la piel o cerca de los ojos es exactamente lo contrario de lo que hay que hacer. Aquí no hay remedio casero que valga: si hay contacto, agua y jabón; si hay ojo o ingestión, asistencia médica.

En resumen
La corona de espinas es una euforbia de tallos espinosos cuyo látex blanco irrita la piel y puede dañar el ojo, y que es tóxica por ingestión para personas, perros y gatos. Con guantes para podar, un sitio fuera de las rutas de paso y lejos del alcance de niños y animales, convive sin ningún problema en una casa o en un jardín.
Ante un accidente, la pauta es corta y conviene tenerla clara antes: piel, agua y jabón abundantes; ojo, lavado inmediato con agua y médico; ingestión, servicio de toxicología o urgencias; animal que la ha mordido, veterinario. Nada de remedios caseros en ninguno de los cuatro casos.