Cuando el sustrato esté seco del todo, y ni un día antes. Esa es la respuesta, y no tiene número de días porque el número de días no existe: en la misma casa, una Echeveria en maceta de barro pequeña puede pedir agua cada cinco días de julio y el mismo ejemplar en un tiesto grande de plástico dentro de una habitación al norte puede aguantar un mes.
Lo que sí se puede explicar es qué determina ese plazo, y son seis cosas: la maceta, el sustrato, la luz, la temperatura, la humedad del aire y la época del año. Si entiendes cómo tira cada una, dejas de buscar una cifra y empiezas a leer tu propia planta, que es lo que acaba funcionando. Va por igual para cactus y para el resto de suculentas, porque todos los cactus son suculentas: lo que los separa del resto son las areolas, esos cojinetes de los que salen las espinas, no su forma de beber.
Por qué el calendario falla
Un calendario de riego traduce mal lo que la planta necesita. La planta no necesita agua cada equis días, necesita que sus raíces alternen agua y aire. El número de días que tarda una maceta en pasar de empapada a seca depende de la maceta, y ese es el dato que el calendario ignora.
Cuando alguien dice que riega sus cactus cada quince días y le va bien, está diciendo la verdad sobre su casa: su maceta, su sustrato y su ventana. Copiado a otra casa, ese mismo intervalo puede ser un riego de más cada dos semanas, que en un año son veintiséis oportunidades de pudrir la planta.
La regla que sí viaja es la de empapar y secar. Riegas a fondo hasta que el agua sale por el agujero del fondo, vacías el plato y no vuelves a tocar la maceta hasta que el sustrato está seco del todo. Lo único que cambia entre unas casas y otras es cuánto tarda ese "del todo" en llegar.
Las seis variables, de un vistazo
| Variable | Seca antes, riegas más a menudo | Seca más tarde, riegas menos |
|---|---|---|
| Maceta | Barro sin esmaltar, pequeña, poco profunda | Plástico o cerámica esmaltada, grande, honda |
| Sustrato | Mineral, con mucha puzolana, arlita o arena gruesa | Universal de saco, con turba y fibra de coco |
| Luz | Exterior a pleno sol o ventana muy clara | Interior alejado de la ventana, orientación norte |
| Temperatura | Calor de verano con la planta en crecimiento | Frío, con la planta parada |
| Humedad del aire | Aire seco de meseta o de casa con calefacción | Aire húmedo de costa atlántica o de baño |
| Época | Temporada de crecimiento | Reposo |
La maceta
El material manda. El barro sin esmaltar transpira por toda su pared y seca el cepellón mucho antes que el plástico, que solo pierde agua por la superficie y por el agujero. Por eso la maceta de barro es el seguro clásico del que riega de más, y también por eso aparece esa costra blanca de cal en su exterior cuando el agua del grifo es dura.
El tamaño tira en la misma dirección. Una maceta grande para una planta pequeña guarda un volumen de sustrato húmedo que las pocas raíces no pueden vaciar, y ese sustrato se queda mojado durante semanas alrededor de la raíz. Es uno de los errores más caros con crasas: al trasplantar conviene subir poco de diámetro, lo justo para que quepa el cepellón con un par de centímetros de holgura.
Y el agujero no es negociable. Un cachepó bonito sin drenaje, o una maceta de cristal decorativa, convierten cualquier riego correcto en un charco permanente en el fondo.
El sustrato
Un sustrato mineral, con buena parte de puzolana, picón, arlita, akadama, perlita o arena de río lavada, retiene poca agua y mantiene aire entre las partículas. Empapa y escurre en minutos, y seca en pocos días. Un sustrato universal de saco, a base de turba, retiene mucho y suelta despacio, y puede tardar semanas en secarse dentro de la maceta aunque la superficie se vea seca al segundo día.
Eso último es importante: la superficie seca de una maceta con turba no dice nada del fondo. Si tu planta está en el sustrato con el que vino del vivero, que casi siempre es turba, cuenta con intervalos bastante más largos que los que leerás en cualquier guía, y sobre todo comprueba en profundidad antes de regar.
La luz
La luz mueve toda la máquina. Con luz fuerte la planta crece, abre sus estomas por la noche, fija carbono y consume el agua almacenada, así que vacía la maceta deprisa. Con poca luz la planta apenas trabaja, no consume, y el agua se queda ahí.
De aquí sale una conclusión que sorprende a mucha gente: cuanta menos luz, menos riego, no más. Un cactus en un rincón oscuro no necesita agua para compensar la falta de sol. Lo que necesita es más luz, y mientras tanto un riego muy espaciado, porque de lo contrario se pudre además de ahilarse.
La temperatura
El calor acelera la evaporación del sustrato y la actividad de la planta, así que en pleno verano los intervalos se acortan bastante. El frío hace lo contrario en ambos frentes: la maceta tarda mucho más en secarse y la planta, además, está parada y no bebe.
Esa coincidencia es la que hace peligroso el riego de invierno. En el interior peninsular, con heladas, una crasa regada en enero tiene el sustrato húmedo durante semanas alrededor de una raíz que no está absorbiendo nada. Añade que el agua fría en el cepellón de una planta en reposo no ayuda, y tienes el cuadro completo.
Con la resistencia al frío conviene no generalizar, porque hay mucha diferencia entre géneros. Sempervivum y varios Sedum son plantas rústicas que pasan el invierno a la intemperie en buena parte de España si no se encharcan. Muchas Echeveria, los Aeonium o las Euphorbia suculentas de interior no toleran las heladas. Antes de dejar una fuera en invierno, mira qué es exactamente.
La humedad del aire
El aire seco de la meseta en verano, o el de una casa con la calefacción puesta, acelera la evaporación del sustrato y la transpiración de la planta. El aire húmedo de la cornisa cantábrica, o el de una terraza cerrada en invierno, hace justo lo contrario y mantiene el cepellón húmedo mucho más tiempo.
Eso explica por qué las mismas plantas se comportan de manera tan distinta según dónde vivas. En Almería, una crasa en exterior puede pedir riego con frecuencia todo el verano. En Vigo, la misma planta al aire libre corre más peligro por la lluvia y la humedad del otoño que por la sed de agosto.
La época
Cada planta tiene una temporada de crecimiento y un reposo, y solo se riega de verdad durante la primera. La mayoría de las crasas y cactus de jardinería crecen en primavera y verano y descansan en invierno, y en esa fase el riego se reduce mucho o se suspende.
Hay excepciones que conviene conocer si las tienes. Los Aeonium, canarios, crecen en el tiempo fresco y húmedo y se frenan en pleno verano, cuando cierran sus rosetas. Varios mesembs, como Conophytum, tienen su actividad en otoño e invierno. Tratarlas con el calendario general es un error habitual, porque se las riega cuando duermen y se las deja secas cuando crecen.
Cómo se combinan: dos casos
Ventana al sur en Sevilla, julio, maceta de barro de doce centímetros con sustrato mineral. Cinco de las seis variables tiran hacia secar rápido. Aquí el intervalo es corto y la planta te lo dirá: comprueba cada pocos días y riega en cuanto el cepellón esté seco por dentro.
Salón interior en Burgos, enero, maceta de plástico de veinte centímetros con turba del vivero. Las seis variables tiran hacia lo contrario. Aquí un riego puede tardar más de un mes en secarse, y el riego mensual "prudente" que muchos dan es de hecho un exceso.
La comprobación que sustituye al calendario
Tres gestos, treinta segundos, y no necesitas nada más. Levanta la maceta y compárala con el peso que tenía recién regada, que una maceta seca pesa mucho menos. Clava un palillo largo o un palo de brocheta hasta el fondo y sácalo: si sale con sustrato húmedo pegado, todavía no. Y mira las hojas, que en una crasa se arrugan y se aplanan cuando la planta empieza a tirar de sus reservas, un aviso que llega bastante antes del daño.
Sobre los medidores de humedad de aguja, los baratos que no llevan pila: en un sustrato mineral no son fiables. Miden la conductividad entre dos varillas, y en una mezcla de puzolana y arlita el contacto es malo y las lecturas salen bajas aunque el sustrato esté húmedo. Para cactus y crasas, el peso y el palillo son mejores y no cuestan nada.
En resumen
No riegues por calendario. Riega cuando el sustrato está seco del todo, y entonces empapa hasta que salga agua por abajo y vacía el plato. Las seis variables que deciden cuánto tarda en llegar ese momento son la maceta, el sustrato, la luz, la temperatura, la humedad del aire y la época, y todas empujan a la vez: si cuatro o cinco tiran hacia lo húmedo, espacia mucho más de lo que creas.
Y ante la duda, espera. Una crasa deshidratada se recupera en un par de días tras un riego a fondo, con las hojas volviendo a rellenarse. Una crasa podrida por la base no se recupera: como mucho salvas un esqueje. Esa asimetría es la que debe inclinar todas tus decisiones.