Meter flores entre las hortalizas no es adorno. Un bancal con hileras de flor abierta mantiene viva una población de sírfidos, crisopas, mariquitas y avispas parasitoides durante toda la temporada, y esos bichos son los que se comen los pulgones antes de que tú los veas. Los adultos de casi todos esos depredadores no cazan: se alimentan de néctar y polen, y sin flores abiertas no se quedan en tu huerto.

La segunda razón es la polinización. Las cucurbitáceas (calabacín, calabaza, pepino, melón, sandía) dependen de insectos para cuajar, porque tienen flores masculinas y femeninas separadas. Si no hay abejas y abejorros pasando por allí, se quedan flores cuajadas a medias que amarillean y se caen. Tomates, pimientos, guisantes y judías se autopolinizan, pero el tomate cuaja mejor cuando un abejorro lo sacude. Todo eso se compra con unas pocas matas de flor bien colocadas.

Caléndula en flor al borde de un bancal de huerto

Qué hace de verdad una flor en el huerto

Conviene separar lo que está bien documentado de lo que se repite sin base. Hay tres mecanismos sólidos y uno dudoso.

El primero es el aporte de néctar y polen para la fauna auxiliar. La larva del sírfido devora pulgones a docenas, pero la mosca adulta necesita polen para poner huevos. Las avispas parasitoides, diminutas y que pasan desapercibidas, ponen su huevo dentro del pulgón o de la oruga y también se alimentan de néctar. Las flores que mejor les sirven son las de corola corta y abierta, porque tienen la boca pequeña: umbelíferas (eneldo, hinojo, cilantro, perejil y zanahoria cuando se dejan espigar) y compuestas (caléndula, cosmos, milenrama, margaritas, girasol).

El segundo es el cultivo trampa. La capuchina (Tropaeolum majus) concentra el pulgón negro, que la prefiere a otras plantas del bancal. No lo elimina, lo reúne en un sitio donde puedes cortar los brotes infestados de golpe o dejar que las mariquitas hagan una fiesta. Sus hojas y flores se comen, con un picante parecido al berro, pero eso solo tiene gracia mientras la planta esté limpia.

El tercero es la diversidad visual y olfativa. Una hilera monótona de coles es fácil de localizar para la mariposa de la col; el mismo bancal salpicado de flores y aromáticas le cuesta más. Es un efecto real y medido, aunque modesto.

Lo dudoso son los emparejamientos tipo "planta salvia y se van las moscas de la zanahoria". La mayoría de esas listas circulan por internet sin ensayos detrás, y las que se han probado dan resultados irregulares. No pierdes nada plantándolas, porque las mismas plantas alimentan fauna auxiliar, pero no cuentes con ellas como control de plagas.

Borraja en flor, con sus flores azules estrelladas

Las flores que mejor funcionan en un huerto español

La borraja (Borago officinalis) es la reina de las abejas en el huerto mediterráneo. Florece muchísimo, se resiembra sola año tras año y aguanta el calor. Ocupa bastante y acaba tumbándose, así que va mejor en un extremo del bancal o en un pasillo ancho que entre las lechugas.

La caléndula (Calendula officinalis) florece en invierno en la mitad sur y en la costa, justo cuando casi nada más florece, y ahí hace de puente para los insectos entre una temporada y la siguiente. Se resiembra con entusiasmo.

El aliso de mar (Lobularia maritima), esa mata baja de florecillas blancas o lila con olor a miel, es una de las mejores plantas para sírfidos que existen. Es baja, así que puede ir como borde del bancal sin dar sombra a nada.

Aliso de mar (Lobularia maritima) en flor

El cosmos y el girasol aportan altura, néctar abundante y, en el caso del girasol, semilla para los pájaros en otoño. La capuchina tapiza el suelo y hace de trampa de pulgón. Las tagetes o clavelones (Tagetes patula, Tagetes erecta), que en media España se llaman caléndulas por confusión con la anterior, florecen sin parar de junio a las primeras heladas y aguantan el sol de plomo.

Y no te olvides de dejar espigar algo de lo que ya tienes. Una mata de cilantro, de eneldo, de hinojo o de perejil que se va a flor deja de servir en la cocina, pero se convierte en el mejor comedero de fauna auxiliar del huerto y encima te da semilla gratis para el año siguiente.

Cómo colocarlas sin estorbar

Intercalar no es sembrar flores al tuntún entre las hortalizas. Hay dos criterios que deciden si el bancal funciona o se convierte en un lío.

El primero es la altura final, no la de la maceta que traes del vivero. Un girasol o una malvarrosa hacen sombra a media tarde sobre todo lo que tengan al norte. La regla práctica en el hemisferio norte es poner lo alto en el lado norte del bancal y lo bajo en el lado sur, de manera que nada tape a nada. Las flores de porte bajo (aliso, capuchina, tagetes enanas) van bien como borde; las altas, al fondo o en las esquinas.

El segundo es el agua. Ahí es donde más se falla. Una tomatera quiere suelo con humedad constante; un cosmos o una tagete prefieren secarse entre riegos. Si los pones en la misma línea de goteo, uno de los dos va mal. Agrupa por necesidad hídrica: las flores resistentes a la sequía, en el extremo del bancal o en las esquinas donde el goteo llega menos, o directamente en maceta al lado.

Riega siempre a pie de planta y no por encima. Mojar el follaje de noche es la forma más rápida de tener oídio en las cucurbitáceas y en las propias flores. Un acolchado de paja o restos de siega sobre el suelo mantiene la humedad, frena las hierbas y deja el sustrato más vivo.

Flores de temporada en un arriate junto al huerto, recién regadas

Un calendario razonable

En la mayor parte de España la caléndula y el aliso se siembran en otoño y florecen de invierno a primavera. La borraja, igual: sembrada en otoño da matas grandes en marzo. Capuchina, cosmos, tagetes y girasol se siembran en primavera, cuando el suelo ya está templado, y florecen hasta el otoño. Con esas dos tandas tienes flor abierta casi todo el año, que es exactamente lo que necesita la fauna auxiliar para instalarse en vez de pasar de visita.

Si vas justo de tiempo, comprar planta ya hecha en primavera es una opción razonable para las anuales de verano. Con las de flor de otoño, como los crisantemos que llenan los viveros en noviembre, ten en cuenta que suelen venir forzados de invernadero y necesitan aclimatarse antes de plantarlos fuera.

Crisantemos de otoño en maceta en un vivero

Detalles que conviene saber

Las abejas ven bien el azul, el violeta y el ultravioleta, y el rojo puro lo perciben mal, así que las flores azules y lilas les resultan muy visibles. Lo de los colibríes que sale en los manuales traducidos no aplica aquí: en España no hay colibríes. Lo que verás revolotear delante de una flor tubular, con las alas borrosas, es la esfinge colibrí (Macroglossum stellatarum), una polilla diurna que hace exactamente el mismo gesto y que también es polinizadora.

Y una advertencia sobre los tratamientos. Si en algún momento tratas el huerto, ten presente que un insecticida no distingue entre el pulgón y la mariquita que se lo estaba comiendo. En España, cualquier producto fitosanitario tiene que estar inscrito en el Registro de Productos Fitosanitarios del Ministerio de Agricultura, y el Real Decreto 1311/2012 establece el marco de uso sostenible: prevención y medios físicos y biológicos antes que el químico. Sembrar flores es precisamente una de esas medidas preventivas.

En resumen

Intercalar flores entre las hortalizas sirve para dos cosas medibles: alimentar a los depredadores y parasitoides que controlan las plagas, y asegurar la polinización de todo lo que no se autopoliniza. El resto, las listas de flores que supuestamente ahuyentan tal o cual insecto, es mucho más flojo de lo que se cuenta y no debe sustituir a nada.

Con borraja, caléndula, aliso, capuchina, tagetes y cosmos, más un par de aromáticas que dejes espigar, tienes flor abierta casi todo el año. Colócalas pensando en la altura para no dar sombra y en el riego para no ahogar unas o secar otras, y el bancal se sostiene solo mucho mejor que uno limpio de flores.


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