Plantar suculentas directamente en el suelo del jardín no se parece mucho a plantarlas en maceta. En una maceta tú decides el sustrato y puedes moverla cuando llueve; en el suelo te toca el terreno que hay, y lo que mata a una suculenta plantada en tierra no es el frío del invierno sino el agua que se queda alrededor de sus raíces cuando llueve durante días seguidos.

Por eso la decisión de fondo, antes de elegir especie, es dónde las pones: en un sitio con pendiente, en una rocalla, en un borde elevado o al pie de un muro orientado al sur, el agua se va sola y las suculentas prosperan en casi toda España. En una zona llana de tierra arcillosa que se queda encharcada dos días después de una tormenta, se pudren aunque el catálogo diga que la especie aguanta diez grados bajo cero. Hardiness y encharcamiento son dos cosas distintas y el segundo es el que decide.

Qué suculentas aguantan la intemperie en España

No todas sirven para plantar fuera. Las que se venden en bandeja en el supermercado, las echeverias bonitas de colores pastel y los aeonium de vivero, se han criado bajo malla de sombreo y muchas de ellas no pasan un invierno atlántico ni un sol de agosto en Sevilla. Las que sí funcionan plantadas en tierra:

  • Sempervivum. Las siemprevivas de roca son las más rústicas del grupo. Vienen de montaña europea, aguantan heladas fuertes y nieve, y prefieren el interior peninsular al litoral cálido. Lo que peor llevan es el calor húmedo.
  • Sedum rastreros. Sedum album, Sedum acre, Sedum sediforme, varios de ellos autóctonos de la península. Son los mejores cubresuelos suculentos que puedes plantar aquí y aguantan pisadas ocasionales, sequía y frío.
  • Delosperma. Cubresuelo de flor muy llamativa, resistente a heladas moderadas, muy usado en taludes.
  • Agave y Aloe en zonas sin heladas fuertes. En la costa mediterránea, Andalucía y Canarias hacen de planta escultural de primer orden. En la meseta o en el norte, no.
  • Opuntias y otras cactáceas rústicas. Aguantan bien el frío seco del interior, mucho peor el frío húmedo del norte.

La regla que sirve para casi todo el grupo: frío seco lo toleran bastante, frío con la tierra empapada no. Un Sempervivum pasa el invierno bajo la nieve en Soria y se pudre en un jardín gallego a nivel del suelo, no por la temperatura sino por los meses de lluvia.

El drenaje del terreno, antes que nada

Comprueba cómo está tu tierra antes de plantar. Cava un hoyo de un palmo y medio, llénalo de agua y mira cuánto tarda en vaciarse. Si se va en una o dos horas, puedes plantar suculentas casi donde quieras. Si sigue con agua a las cinco o seis horas, tienes un suelo pesado y hay que hacer algo más que cavar un hoyo.

Lo que se hace en un suelo así no es echar mantillo, que retiene todavía más agua y además se descompone y se hunde con los años. Se levanta la zona de plantación: un montículo o un bancal elevado de veinte o treinta centímetros, hecho con la tierra del sitio mezclada con grava de río, gravilla volcánica, arena gruesa de machaqueo (no arena de playa, que lleva sal y es demasiado fina) o picón si estás en Canarias. Elevar la planta por encima del nivel general del jardín es la medida que más vidas salva.

En suelos ya sueltos, arenosos o pedregosos, que es lo normal en buena parte del levante y del sur, no hace falta casi nada: basta con descompactar el hoyo y plantar.

Cuándo plantar

En clima mediterráneo y en el sur, el otoño es el mejor momento. La planta tiene todo el invierno templado y la primavera para echar raíz antes de que llegue el calor serio, y las lluvias de otoño le dan el agua de implantación sin que tengas que regar.

En el interior con heladas fuertes y en el norte, mejor primavera, a partir de que pase el riesgo de helada. Así la planta se establece durante la temporada de crecimiento y llega al invierno con raíces hechas, que es justo lo que necesita para no pudrirse.

Lo que no funciona en ningún sitio es plantar en pleno mes de julio o agosto. Muchas suculentas mediterráneas están entonces paradas por el calor, no emiten raíz nueva, y lo único que consigues es una planta que se cuece con las raíces recién removidas.

Cómo se planta en el suelo

Crassula ovata en maceta

Crassula ovata cultivada en maceta, la alternativa cuando el terreno no drena

Abre un hoyo bastante más ancho que el cepellón pero no mucho más hondo. Si lo haces muy profundo, la planta se hunde al asentarse la tierra y acaba con el cuello enterrado, que es por donde empieza la podredumbre.

Saca la planta de su maceta y quítale buena parte del sustrato de vivero, que es turba y retiene agua como una esponja. Con las especies espinosas, guantes gruesos y una tira de papel de periódico doblada a modo de asa. Con los agaves, además, gafas: las puntas de las hojas están justo a la altura de los ojos cuando te agachas.

Coloca la planta de modo que el cuello, la unión entre tallo y raíces, quede al nivel del terreno o un dedo por encima, nunca por debajo. Rellena con la mezcla de tierra y árido, aprieta suavemente con los dedos y remata la superficie con dos o tres centímetros de grava o gravilla. Ese acolchado mineral no es decoración: mantiene la base de la planta seca, evita que la lluvia salpique tierra sobre las hojas bajas y frena las malas hierbas sin retener humedad como haría la corteza de pino.

Deja sitio de sobra entre plantas. Las suculentas plantadas en el suelo crecen mucho más que en maceta, y un agave que en la bandeja del vivero cabía en un palmo acaba ocupando un par de metros. Ponlos lejos de caminos y de zonas de paso.

El primer año

Después de plantar, espera unos días antes del primer riego si has manipulado las raíces, y luego riega bien una vez para asentar la tierra. A partir de ahí, durante el primer año, un riego ocasional en los periodos secos ayuda a que la planta explore el terreno. Es el único momento en que una suculenta plantada en el suelo necesita que la riegues con cierta regularidad.

Pasado ese año, en clima mediterráneo, la mayoría se apañan solas con la lluvia. Si has instalado riego automático en el jardín, deja esa zona fuera del circuito o ponla en un sector propio: el goteo diario del césped es la causa más frecuente de muerte de suculentas plantadas en jardín.

Lo que no debes plantar

Dos de las suculentas más vistas en la costa española no se plantan, y no es cuestión de gusto. La uña de gato (Carpobrotus edulis), ese cubresuelo de flores rosas y amarillas que tapiza dunas y taludes costeros, está incluida en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras del Real Decreto 630/2013, igual que el agave común (Agave americana). Eso significa que su plantación y su comercio están prohibidos, y hay programas de erradicación pagados con dinero público. Si tienes una en el jardín y vives cerca de la costa, lo responsable es no dejar que se extienda ni tirar los restos de poda al campo.

Para tapizar un talud costero hay alternativas: sedums autóctonos, Delosperma, lentisco o romero rastrero según la zona. No hace falta recurrir a la que se está comiendo el litoral.

En resumen

Una suculenta plantada en el jardín depende del drenaje del terreno mucho más que de la temperatura mínima. Comprueba cómo se vacía un hoyo lleno de agua, y si tu suelo es pesado, levanta la zona con un montículo de tierra y árido en vez de enterrar la planta en arcilla. Elige especies que aguanten de verdad tu clima, Sempervivum y Sedum rastreros en el interior y el norte, agaves y aloes en la costa cálida, y planta en otoño en el sur y en primavera donde hiela.

Al plantar, cuello al nivel del suelo o un poco por encima, acolchado de grava y espacio de sobra para el tamaño adulto. El primer año riega en los periodos secos para que enraíce, y a partir de ahí déjalas en paz y sácalas del circuito de riego automático. Y ni uña de gato ni agave común, que están catalogados como invasores.


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