Los bulbos de tulipán se plantan en otoño, entre octubre y diciembre según dónde vivas, y florecen la primavera siguiente. No hay otra ventana: si compras los bulbos en febrero ya vas tarde, y si los plantas en septiembre con el suelo todavía caliente se pudren antes de enraizar. La regla práctica para España es esperar a que las noches se hayan enfriado de verdad, lo que en el interior y el norte llega en octubre y en el litoral mediterráneo y el sur no pasa hasta finales de noviembre o diciembre.

La segunda cosa que conviene saber antes de gastar el dinero: en buena parte del país el tulipán híbrido se comporta como una planta anual. Florece espléndido el primer año, el segundo sale más bajo y con menos flor, y el tercero muchas veces ya no sale. No es culpa tuya. El género Tulipa viene de las montañas y estepas de Asia central y de Anatolia, donde el invierno es largo y frío y el verano seco deja el bulbo en reposo absoluto. Un invierno suave y un verano con riego por goteo en el parterre son justo lo contrario.
Cuándo plantar según tu clima
En el interior peninsular, la meseta, el Pirineo y la cornisa cantábrica, planta en octubre o principios de noviembre. El bulbo necesita semanas de suelo fresco para echar raíz antes de que lleguen las heladas fuertes, y ese frío invernal es precisamente lo que dispara la floración.
En el litoral mediterráneo, Andalucía, Canarias y cualquier sitio donde el invierno sea suave, retrasa la plantación a finales de noviembre o diciembre y compra bulbos ya preenfriados, o dales tú el frío: unas ocho a doce semanas en la parte baja de la nevera, en una bolsa de papel y no de plástico, y lejos de la fruta. La manzana y otras frutas desprenden etileno, que arruina la flor que ya viene formada dentro del bulbo. Sin ese frío el tulipán saca hojas y una flor enana pegada al suelo, o no saca nada.
Dónde plantarlos

Sol, y suelo que drene. Esas son las dos condiciones, y la segunda manda sobre la primera. El tulipán florece a principios de primavera, cuando el sol todavía no aprieta, así que un sitio a pleno sol en marzo y abril le va bien aunque en julio sea un horno, porque para entonces el bulbo ya estará durmiendo bajo tierra. En el sur, una posición con sol de mañana y sombra de tarde alarga bastante la duración de la flor abierta.
Lo que no perdona es el suelo encharcado. Si tu tierra es arcillosa y se queda mojada días después de una lluvia, planta más superficial de lo normal, levanta el parterre unos centímetros o pásate directamente a maceta. Un bulbo dentro de barro frío y saturado se pudre en invierno sin que tú te enteres hasta que en marzo no sale nada.
Cómo se plantan los bulbos
- Profundidad. Unas tres veces la altura del bulbo, lo que en un tulipán de tamaño normal viene a ser unos 15 centímetros. En suelos pesados, algo menos; en suelos muy arenosos y en sitios con gatos o pájaros escarbadores, algo más.
- Orientación. La punta hacia arriba y la base plana, la que tiene el disco de donde salen las raíces, hacia abajo.
- Distancia. De ocho a doce centímetros entre bulbos. Plantados en grupos de diez o quince de la misma variedad quedan mucho mejor que en fila de soldados.
- Primer riego. Un riego después de plantar para asentar la tierra y activar el enraizado. A partir de ahí, en un otoño normal español, la lluvia se basta. Solo hay que regar si el otoño viene seco de verdad.
- Abono. El bulbo trae dentro toda la reserva que necesita para su primera floración, así que no hace falta nada en el momento de plantar. Si quieres intentar que repita, el abono útil es el de después de florecer, no el de antes.
Contra topillos y ratones, que se comen los bulbos de tulipán con entusiasmo, lo que funciona es una barrera física: una cesta de plantación de malla o un puñado de grava gruesa alrededor del bulbo. Los narcisos, que son tóxicos, no los tocan; los tulipanes son otra historia.
En maceta, que es como mejor salen en el sur

Si vas a tratarlos como anuales, y en media España es lo sensato, la maceta te da más control. Usa un recipiente hondo con agujeros de drenaje generosos y sustrato universal aligerado con un tercio de arena gruesa o perlita. Los bulbos pueden ir más juntos que en el suelo, casi hombro con hombro sin llegar a tocarse, porque no tienen que durar años ahí dentro.
El truco de las jardineras que se ven en los parques es plantar en dos pisos: una capa de bulbos abajo, tierra, otra capa arriba desplazada respecto a la primera. Salen todos y la maceta se ve mucho más llena. Y en terraza, cuidado con el sol de mediodía sobre una maceta oscura en marzo, que calienta el sustrato y acorta la floración.
Lo que se hace después de la flor

Aquí se decide si el año que viene hay flor o no. Cuando la flor se pasa, corta el tallo floral para que la planta no gaste energía en formar semilla, pero no toques las hojas. Las hojas son las que recargan el bulbo, y tienen que quedarse hasta que amarilleen y se sequen solas, unas semanas después. Cortarlas en verde porque afean el parterre es la forma más común de quedarse sin tulipanes.
Mientras las hojas siguen verdes, riega si no llueve y aplica un abono con potasio. Cuando ya estén secas, deja de regar del todo: el bulbo quiere pasar el verano en seco. En zonas de verano lluvioso o con riego automático en la zona, merece la pena desenterrar los bulbos, dejarlos secar a la sombra y guardarlos en un sitio fresco, seco y ventilado hasta el otoño.
Problemas frecuentes
El más serio es el fuego del tulipán (Botrytis tulipae), un hongo que sale en primaveras húmedas y deja manchas pardas hundidas en hojas y pétalos, con las hojas nuevas deformadas y como quemadas. No tiene arreglo una vez instalado: se arrancan y se tiran las plantas afectadas, con bulbo incluido y fuera del compost, y en ese sitio no se vuelven a plantar tulipanes durante varios años.
La podredumbre del bulbo es casi siempre exceso de agua o plantación demasiado temprana. Los pulgones aparecen en los brotes tiernos en primavera y pueden transmitir virus; se quitan con un chorro de agua o jabón potásico. Y las babosas y caracoles se ceban con los brotes recién emergidos en zonas húmedas, sobre todo en el norte.
Los que sí vuelven año tras año
Si quieres tulipanes que se queden en el jardín, el camino no son los híbridos grandes de floristería sino los tulipanes botánicos, las especies y sus formas próximas. Son más bajos, de flor más pequeña y menos ostentosa, y mucho mejor adaptados a veranos secos. Tulipa clusiana, con sus pétalos rayados de rojo y blanco, es de las que mejor se comporta en clima mediterráneo. Tulipa sylvestris, amarilla, y Tulipa saxatilis, malva, también aguantan bien. Se naturalizan en rocallas y taludes soleados y con los años forman manchas.
Entre los grandes, los híbridos de Darwin son los que más años repiten antes de agotarse. Los de flor doble, los de pétalos flecados y los tipo loro, que son los más vistosos, son también los que menos duran: cómpralos asumiendo que son para una temporada.
Un apunte para casa: los bulbos y las flores de tulipán son tóxicos para perros y gatos, y el bulbo es la parte más concentrada. Guárdalos donde el animal no llegue, y ten en cuenta que un bulbo suelto se parece bastante a una cebolla pequeña. No se comen.
En resumen
Bulbos en otoño, cuando las noches ya refrescan, a unos 15 centímetros de profundidad, con la punta arriba, en sitio soleado y con un suelo que no se encharque. En el sur y en la costa, preenfriado en la nevera y plantación en diciembre, o directamente en maceta. Un riego al plantar y luego lo que caiga del cielo.
Después de la floración, corta la flor marchita y deja las hojas hasta que se sequen solas: es lo único que puede hacer que el bulbo repita. Y si lo que quieres es un tulipán que vuelva cada primavera sin comprar bulbos nuevos, pásate a los botánicos, que son los que de verdad se adaptan al verano seco español.