Casi todas las orquídeas que se mueren en casa se mueren por el riego y por el sustrato, no por falta de luz ni por frío. Y el error de fondo es siempre el mismo: tratar la maceta como si dentro hubiera tierra. No la hay. Dentro hay trozos de corteza, y eso funciona de una manera completamente distinta.
La respuesta corta es esta: se riega empapando y dejando escurrir del todo, cuando las raíces han pasado de verdes a plateadas, y jamás se deja la planta con el fondo dentro del agua. Una orquídea en un vaso con dos dedos de agua permanente se pudre, aunque en la floristería la hayas visto así montada.
Conviene aclarar una cosa más, porque este artículo estaba archivado entre las suculentas: las orquídeas no son suculentas. Son epífitas, plantas que viven agarradas a la corteza de los árboles, y su truco no son hojas carnosas sino unas raíces recubiertas de un tejido esponjoso llamado velamen. No se parecen en nada a una echeveria y no se cuidan igual.
El velamen, que es el mecanismo entero
Las raíces de una orquídea epífita están envueltas en varias capas de células muertas y porosas. Ese manguito absorbe agua muy rápido, casi por capilaridad, y luego se seca igual de rápido, dejando pasar el aire hasta el tejido vivo del interior. En un árbol de la selva eso tiene todo el sentido: llueve, la raíz se empapa en minutos, y poco después el aire circula y la raíz se airea.
Ese detalle explica lo demás. El velamen te avisa de su estado por el color, y es el mejor indicador de riego que existe en jardinería doméstica.
- Blanco plateado o grisáceo: la raíz está seca. Toca regar.
- Verde intenso: acaba de beber y está saturada. No la riegues.
- Verde apagado con reflejo plateado: está a medio camino. Puedes esperar un poco más.
- Marrón, blanda, que se aplasta entre los dedos y deja un hilo dentro: está muerta. Eso es podredumbre, y casi siempre viene de exceso de agua.
Por eso la maceta transparente no es un capricho estético. Te deja ver el color de las raíces sin desenterrar nada, y además deja llegar luz a unas raíces que en muchas especies son fotosintéticas.
La corteza no es tierra
El sustrato de una orquídea no alimenta: sujeta la planta y mantiene huecos de aire entre las raíces. El agua atraviesa la corteza y se va, y lo que queda es humedad en la superficie de los trozos más el aire de los huecos. Si rellenas la maceta con sustrato universal de jardinería, tapas esos huecos, las raíces dejan de respirar y se pudren en cuestión de semanas.
Lo que se usa es corteza de pino calibrada, sola o mezclada con esfagno, perlita, fibra de coco o carbón vegetal. El tamaño del trozo cambia el ritmo de riego: corteza gruesa drena más y seca antes, corteza fina retiene más y obliga a regar menos. Con raíces gordas de Phalaenopsis, que es lo que casi todo el mundo tiene en casa, la corteza media o gruesa es lo habitual.
Y el sustrato caduca. La corteza se descompone, se ablanda y se compacta, y al hacerlo pasa de airear a retener agua. Suele durar del orden de dos o tres años. Los avisos de que se ha pasado son claros: los trozos se deshacen entre los dedos, el agua tarda en drenar, el sustrato huele a cerrado y empiezan a aparecer raíces marrones. Ese es el momento de renovarlo, y se hace preferentemente cuando la planta no está en flor.
Cómo regar en la práctica
Hay dos formas buenas y ambas se basan en lo mismo: mojar mucho y escurrir del todo.
Por inmersión. Mete la maceta interior en un barreño con agua hasta casi el borde durante unos diez o quince minutos. La corteza se empapa y las raíces pasan de plateadas a verdes delante de ti. Luego sácala y déjala escurrir en el fregadero hasta que no gotee.
Bajo el grifo. Pasa agua abundante por el sustrato durante un rato, de forma que atraviese toda la maceta, y déjala escurrir igual. Este método tiene la ventaja de arrastrar las sales acumuladas.
En los dos casos, lo que no puede quedar es agua estancada en el cachepot decorativo ni en el plato. Si tu orquídea va dentro de una maceta de cerámica sin agujeros, sácala para regar y devuélvela seca.
Un punto que arruina muchas plantas: no dejes agua en el centro de la roseta de hojas, entre las hojas nuevas. En una Phalaenopsis, el agua parada ahí pudre el cogollo y con él se va la planta entera, porque no tiene otro punto de crecimiento. Si se te moja, sécalo con un papel de cocina.
Cada cuánto, y qué agua
La frecuencia depende del tamaño de la corteza, del tamaño de la maceta, de la temperatura y de la luz. Por eso no se da en días, se da en raíces: cuando la mayoría están plateadas, se riega. Otra pista igual de fiable es el peso de la maceta, muy notable entre recién regada y seca.
El clima español marca diferencias enormes con la misma planta. En un piso de Murcia en agosto, con treinta y tantos grados, la corteza puede quedarse seca en dos o tres días. En una casa fría del norte en enero, la misma maceta puede tardar más de dos semanas en secar, y ahí es donde la gente riega por costumbre semanal y ahoga la planta. Riega por lo que ves, no por el día que sea.
Sobre el agua, la de lluvia y la de ósmosis son las mejores, y en muchas zonas la del grifo sirve perfectamente. Donde el agua es muy dura, las sales se acumulan en la corteza y en las raíces, que empiezan a mostrar puntas quemadas y depósitos blanquecinos. En ese caso alterna con agua de lluvia o embotellada de mineralización débil, y riega de vez en cuando bajo el grifo con abundante agua para lavar el sustrato. Siempre a temperatura ambiente.
El truco de los cubitos de hielo, que circula mucho, es mala idea: riega poquísimo y aplica frío directo sobre raíces tropicales.
Las raíces aéreas y el abono
Esas raíces que salen por fuera de la maceta y se pasean por el aire son normales y sanas. No las cortes si están firmes, y no intentes meterlas a la fuerza en el sustrato porque se rompen. Cuando riegues, mójalas también.
El abono en un sustrato de corteza es necesario, porque de ahí la planta no saca casi nada, pero es fácil pasarse. Se usa un abono específico para orquídeas, muy diluido, en la temporada de crecimiento, y siempre sobre sustrato ya húmedo para no quemar raíces. La dosis es la del envase, que suele indicar un aporte mucho más suave que el de una planta de tierra.
En resumen
Riega mirando las raíces, no el calendario: plateadas, se riega; verdes, no. Empapa la corteza a fondo, deja escurrir todo y no dejes ni un dedo de agua bajo la maceta. Ese solo cambio de hábito resuelve la mayoría de las orquídeas que la gente da por perdidas.
Y acuérdate de que la corteza es un material que se gasta. Cuando se deshaga entre los dedos y el agua deje de drenar, renuévala, porque a partir de ese punto ya no airea sino que retiene, y una raíz con velamen permanentemente mojada se pudre. Como dato para quien tenga animales en casa, la Phalaenopsis no figura entre las plantas de interior consideradas tóxicas para perros y gatos.