Un terrario abierto o un cuenco de crasas se estropea casi siempre por el mismo motivo: las especies elegidas no caben ahí. No es un problema de riego ni de sustrato, es de escala. En una bandeja de veinte centímetros se plantan juntos un agave que llegará a metro y medio, un aeonium que hará un tronco de medio metro y un cactus que en diez años seguirá midiendo cinco centímetros. A los dos veranos el agave se ha comido a los demás.

Así que el criterio para elegir no es cuál te gusta más, sino cuál se queda pequeña y crece despacio. Abajo tienes los tres grupos que importan: las que sirven para una composición pequeña, las que se salen de escala y hay que llevar al suelo o a una maceta suya, y las que directamente no van en un terrario aunque las vendan en el mismo mostrador.
Antes de nada, el frasco cerrado no vale
Los terrarios cerrados funcionan con plantas de sotobosque húmedo, que respiran el agua que condensa el propio cristal. Una crasa en ese ambiente se pudre en semanas: sus tejidos están llenos de agua y su defensa contra los hongos es el aire seco y la ventilación. Para cactus y suculentas, recipiente abierto, boca ancha y drenaje de verdad, con agujero si es posible.
Las que caben y se quedan pequeñas
Haworthias y gasterias. Son la mejor elección para un cuenco en interior. Crecen despacio, se mantienen por debajo de diez o quince centímetros, forman hijuelos y, a diferencia de casi todas las demás, no necesitan sol directo: viven bien con luz clara. La llamada planta cebra, de hojas oscuras con tubérculos blancos en filas, es una Haworthiopsis, del mismo grupo.

Cactus globulares pequeños. Los llamados cactus alfiletero son Mammillaria, con tubérculos en espiral y coronas de flores pequeñas alrededor del ápice, y los cactus bola son sobre todo Parodia. Ambos géneros tienen especies que se mantienen del tamaño de un puño durante años. Son los únicos de esta lista que piden sol directo de verdad, así que la composición que los lleve tiene que ir a la ventana más luminosa.


Echeverias oscuras de roseta compacta. Los cultivares tipo 'Black Prince' se quedan en una roseta única y no se ramifican. Aguantan bien en una composición siempre que el agua no caiga en el centro, que es exactamente el riesgo cuando riegas un cuenco lleno de plantas con una regadera. Aquí se riega a la tierra, entre planta y planta, o con jeringa.

Planta panda (Kalanchoe tomentosa). Hojas cubiertas de un fieltro plateado con las puntas marcadas en marrón. Crece despacio y se mantiene pequeña varios años, aunque con el tiempo se hace arbustiva. Es importante no mojarle las hojas, porque el agua se queda retenida en la pelusa y las mancha. Como todos los kalanchoes, es tóxica para perros y gatos.

Sempervivum, las gallinas con pollitos. Rosetas pequeñas que se rodean de hijuelos a su alrededor, de ahí el nombre popular. Son de montaña europea y de las poquísimas crasas verdaderamente rústicas: aguantan heladas sin inmutarse. Por eso mismo son mala idea en interior, donde se estiran y se pudren con el calor. Van en un cuenco de exterior, en un muro o en una rocalla.

Aristaloe aristata, que se vende como planta antorcha. Una roseta pequeña y apretada, con hojas moteadas y bordes dentados blancos, que forma grupos con el tiempo. Fácil, de tamaño contenido y tolerante a la sombra parcial. Es una de las mejores para acompañar a las haworthias.

Cuidado con las etiquetas que no dicen nada
En este mercado abundan los nombres que no identifican una planta. "Roseum" puede ser cualquiera de varios sedums tapizantes de exterior, y "planta de felpa" se aplica a plantas de géneros distintos con hojas afelpadas. Si no sabes qué especie has comprado, tampoco sabes si se queda en cinco centímetros o en cincuenta, ni si aguanta frío. Antes de meterla en una composición, pregunta en el vivero el nombre botánico, y si no lo tienen, tenla un año en maceta suelta a ver qué hace.

Las que se salen de escala
Los agaves. El agave lengua de ballena (Agave ovatifolia) y el agave azul tequilero (Agave tequilana) se venden como plantitas de vivero y acaban ocupando varios metros cuadrados, con hojas rígidas rematadas en una espina dura. No hay terrario que los aguante. Van al suelo, en un jardín de gravas, donde además quedan espectaculares y no necesitan riego una vez arraigados. Mejor plantarlos lejos de un camino, porque las espinas terminales hacen daño de verdad.


Los aeonium. El 'Zwartkop' de rosetas casi negras y el 'Sunburst' variegado forman troncos ramificados y rosetas grandes al final de cada rama. Son canarios, y eso marca su ciclo: crecen en el invierno suave y se paran en verano, cuando cierran las rosetas y tiran hojas. En un terrario se estiran hacia la luz y se caen de lado por su propio peso. En una maceta grande o en una rocalla de clima suave son otra cosa.


Oreja de cerdo (Cotyledon orbiculata). Hojas redondeadas y gruesas cubiertas de una capa cerosa blanquecina, con el borde rojizo. Es un arbusto, no una plantita, y se abre en todas direcciones. Además, esa cera se borra con los dedos y no se recupera, así que es mala candidata para algo que vas a estar tocando y recolocando.

Palos en llamas (Euphorbia tirucalli). Esta merece un aviso aparte. Es un arbusto o arbolito africano de tallos como lápices, muy vendido en su forma anaranjada, y su látex es de los más agresivos de todo el grupo de las euforbias: quema la piel y puede provocar lesiones oculares graves. No es planta para una composición de mesa que alguien vaya a manipular, ni para una casa con niños. Si la podas, guantes y gafas, y ante contacto con los ojos, lavado abundante y al médico.

En el mismo saco entran la lengua de suegra (Dracaena trifasciata), que levanta hojas verticales bastante altas, la pata de elefante (Beaucarnea recurvata), que es un árbol pequeño, y la cola de burro (Sedum morganianum), que no se sale a lo alto sino a lo largo y cuelga por fuera del recipiente.
Las que no son para un terrario aunque las vendan ahí
Cactus de Navidad (Schlumbergera). Es un cactus epífito de la selva brasileña, con tallos segmentados y planos. Quiere sombra luminosa, sustrato con materia orgánica y riego regular, o sea, lo contrario de lo que pide el resto del cuenco. En una composición de cactus de desierto se seca; en una maceta suya y colgando, vive décadas.

Salicornia. Aparece en algunas listas de crasas y lo es, pero es una halófita de marisma: vive en suelos salinos encharcados del litoral y se recolecta como verdura. Necesita sal y agua, dos cosas que matan a cualquier otra suculenta. En un terrario no tiene ningún sentido.

La hoja de corazón (Hoya kerrii). Se vende como una sola hoja acorazonada clavada en una maceta diminuta. Conviene saber que esa hoja suele carecer de yema, así que echa raíces y se queda así indefinidamente, sin llegar nunca a formar una planta. Es un adorno, no un esqueje. Si quieres una hoya de verdad, compra una con tallo y nudos.

Dudleyas. Rosetas californianas cubiertas de una farina blanca que se estropea con solo tocarla. Crecen en invierno y descansan en verano, justo al revés que sus vecinas de bandeja, y el agua estival les es fatal. Añade que varias especies están amenazadas por la recolección ilegal. Son plantas de coleccionista en maceta individual, no material de composición.

Y si lo que quieres es un jardín de cactus en el suelo
Fuera del recipiente cambian las reglas, y en España cambian según dónde vivas. En el litoral mediterráneo y en el sur, un jardín de gravas con agaves, opuntias, aloes arbustivos y aeonium funciona casi solo. En el interior peninsular el limitante es la helada, y ahí las apuestas seguras son Sempervivum y varios Sedum rústicos, no las crasas sudafricanas de catálogo. En la cornisa atlántica el problema no es el frío sino la lluvia continua de invierno: lo que mata allí es el agua parada en el cuello de la planta.
La solución en los tres casos es la misma y es el drenaje. Se planta en montículo o en pendiente, con un buen espesor de grava y arena gruesa bajo el cepellón, y se cubre la superficie con gravilla para que la base de la planta nunca esté en contacto con tierra húmeda. Vale más un sustrato pobre y suelto que uno rico que retiene agua.
En resumen
Para una composición pequeña en interior, la combinación que menos problemas da es haworthias, gasterias y Aristaloe, con algún cactus globular si el sitio tiene sol directo. Todas crecen despacio, se quedan bajas y conviven con el mismo riego. Los agaves, los aeonium y la pata de elefante son plantas de suelo o de maceta grande, y el cactus de Navidad y las dudleyas necesitan un régimen propio.
Y antes de plantar nada, dos comprobaciones: que el recipiente tenga salida de agua o que asumas regar con cuentagotas, y que ninguna de las elegidas sea un problema de seguridad en el sitio donde la vas a poner. Los kalanchoes y los aloes son tóxicos para perros y gatos, y las euforbias, con los palos en llamas a la cabeza, sueltan un látex que es motivo suficiente para dejarlas fuera de una mesa de centro.