El Aloe vera es una suculenta de roseta que guarda el agua en hojas gruesas y que no aguanta la helada. De ahí sale casi toda la decisión de cultivo: en la costa mediterránea, en el sur peninsular y en Canarias vive fuera todo el año sin cuidados especiales; en el interior, donde hiela varias noches cada invierno, se cultiva en maceta y se mete a resguardo; y en el norte atlántico el problema no es tanto el frío como la lluvia constante del invierno sobre un sustrato que no escurre.

Lo segundo que conviene saber antes de traer una a casa es que la mayoría de los aloes que se pierden en un piso no mueren de sed, sino de agua. La planta viene preparada para pasar semanas secas y no tiene ningún mecanismo para librarse del exceso. Un sustrato que retiene humedad, una maceta sin agujero o un plato con agua debajo bastan para pudrir el cuello en pocas semanas, y cuando eso se ve desde fuera casi siempre es tarde.

Roseta de aloe vera con las hojas dentadas

Qué planta es exactamente

El nombre aceptado es Aloe vera, y el que aparece en muchas etiquetas antiguas, Aloe barbadensis, es un sinónimo de la misma especie. Ya no se clasifica entre las liliáceas: hoy se sitúa en las asfodeláceas, junto a las gasterias y las haworthias, que son sus parientes cercanos y a las que se parece de joven.

Forma una roseta sin tallo visible, o con un tallo muy corto que solo se nota cuando la planta es vieja y ha ido perdiendo hojas de abajo. Las hojas son gruesas, alargadas y algo cóncavas por el haz, de un verde que tira a grisáceo cuando le da mucho sol y a verde oscuro cuando vive a la sombra. El margen lleva unos dientes blanquecinos, blandos, que no pinchan de verdad. Los ejemplares jóvenes suelen tener manchas blancas sobre la hoja que se van perdiendo con la edad, lo que despista a mucha gente que cree haber comprado otra especie.

Es una suculenta con metabolismo CAM: abre los estomas de noche para perder el mínimo de agua y guarda el dióxido de carbono hasta el día siguiente. Por eso aguanta el calor seco sin inmutarse y por eso mismo no le sirve de nada que la riegues más cuando hace calor.

Aloe o agave, que es la confusión más común

Los dos forman rosetas de hojas gruesas y los dos se venden en el mismo estante, pero no tienen nada que ver. La hoja del aloe se corta con facilidad y por dentro hay un tejido gelatinoso transparente. La del agave es fibrosa, sin gel, y termina en una espina terminal dura y punzante, no en unos dientecillos blandos. El agave además es monocárpico: florece una sola vez en su vida, al cabo de muchos años, y después la roseta muere dejando hijuelos. El aloe puede florecer temporada tras temporada sin morirse.

Hojas gruesas de aloe vera

Dónde puede vivir fuera todo el año en España

Esta es la pregunta que decide si tienes una planta de jardín o una planta de terraza que hay que mover. El Aloe vera no resiste la helada: por debajo de cero grados las hojas se dañan, se vuelven translúcidas y después se pudren desde la punta o desde el borde. No hay truco ni variedad rústica que cambie eso, y las cifras de resistencia al frío que circulan por internet están casi siempre infladas.

  • Litoral mediterráneo, sur peninsular, Baleares y Canarias. Vive fuera todo el año plantado en el suelo, y en muchas zonas se naturaliza sin ayuda. Aquí el aloe es una planta de rocalla, de talud seco y de borde de camino, no una planta de interior.
  • Interior peninsular. Maceta, siempre. Fuera de abril a octubre y dentro el resto, en una habitación luminosa y fresca donde no hiele. Un invernadero frío sin calefacción suele bastar mientras no baje de cero.
  • Cornisa cantábrica y Galicia. Las mínimas en la costa rara vez son un problema, pero el invierno llueve semanas seguidas. Un aloe plantado en tierra pesada se pudre con lluvia, no con frío. Si lo quieres fuera, plántalo en alto, en un talud o un bancal con gravilla, donde el agua se vaya enseguida, y mejor bajo un alero.

El riego, que es donde se pierde la planta

Riega por el método de empapar y secar: mojas todo el cepellón hasta que sale agua por el agujero, tiras lo que quede en el plato y no vuelves a regar hasta que el sustrato está seco por dentro, no solo en la superficie. Comprobarlo es fácil metiendo un palillo de madera hasta el fondo; si sale con tierra húmeda pegada, todavía no toca.

La frecuencia depende del calor, del viento, del tamaño de la maceta y del material, así que no tiene sentido dar un número de días. En verano en una terraza mediterránea puede tocar cada semana o cada diez días; en invierno dentro de casa, una vez al mes es a menudo suficiente y en muchos casos ni eso. La señal de que a la planta le sobra agua son las hojas bajas blandas, amarillentas y aguadas, que ceden al apretarlas. La señal contraria, la de sed, son hojas más finas, curvadas hacia dentro y con arrugas longitudinales, y esa se corrige regando y sin más consecuencias.

Sustrato y maceta

Preparar la maceta para plantar aloe vera

Sirve un sustrato comercial de cactus y crasas, y mejora bastante si le añades un tercio de material mineral grueso: puzolana, arena de río lavada de grano grueso, pómice o gravilla. Lo que se busca es que el agua atraviese el tiesto en segundos y que quede aire entre las partículas. La arena fina de playa no vale, y no por la sal, que se lava, sino porque compacta y acaba sellando el drenaje.

La maceta necesita agujero, sin excepción. El barro sin esmaltar es la mejor opción en clima húmedo porque transpira y seca el cepellón antes; el plástico va bien en zonas muy secas y calurosas, donde una maceta de barro obliga a regar demasiado a menudo. Elige un tiesto ancho y no muy hondo, porque el aloe tiene raíces que se extienden más de lo que bajan, y no lo sobredimensiones: en mucho sustrato mojado, el cepellón tarda una eternidad en secar.

Luz: sol, pero aclimatado

El aloe vera quiere mucha luz y admite sol directo, pero hay que llegar a él poco a poco. Una planta comprada en un vivero de interior o que ha pasado el invierno dentro de casa se quema si la sacas de golpe a pleno sol de junio: aparecen manchas blanquecinas o marrones secas en la cara que da al sol, que no se curan y se quedan ahí para siempre. Sácala unas horas de sol de mañana durante dos o tres semanas antes de dejarla al sol pleno.

El caso peor es el sol de verano a través de un cristal cerrado. El vidrio concentra el calor y no deja circular el aire, y una hoja pegada a la ventana en una tarde de agosto se cuece. Si la planta vive dentro, ponla junto a la ventana pero no tocándola, y si el cristal es de orientación sur o poniente, un visillo fino resuelve el problema. Cuando el aloe recibe luz suficiente, las hojas se abren en horizontal y cogen un tono grisáceo o rojizo en los bordes; cuando le falta, se estiran hacia arriba, se vuelven verde oscuro y se afinan.

Hijuelos y floración

Planta suculenta de aloe en maceta

Una planta adulta y contenta emite hijuelos desde la base, que salen pegados a la madre y acaban formando una mata. Es la forma normal de multiplicarla y no hay que forzarla: cuando el hijuelo tiene ya varias hojas propias y raíces, se separa y se planta aparte. Lo que no funciona es clavar una hoja cortada en la tierra, porque la hoja de aloe no genera raíces ni brotes: se pudre o se seca.

La floración llega con la planta bien asentada y con luz de sobra, normalmente entre el final del invierno y la primavera en clima suave. Sale un escapo desde el centro de la roseta con un racimo de flores tubulares amarillas. Dentro de casa es raro que florezca, y no pasa nada: no es un síntoma de que la estés cuidando mal, sino de que le falta luz para permitírselo.

El látex amarillo y la toxicidad para perros y gatos

Al cortar una hoja no sale una sola cosa. Justo bajo la piel hay unos conductos que sueltan un líquido amarillo y amargo, el acíbar, muy distinto del tejido gelatinoso transparente del interior. Son dos materiales diferentes y conviene no mezclarlos: el acíbar mancha, es irritante y tiene efecto laxante fuerte. Este sitio no da usos internos ni recetas caseras con aloe.

Y el dato que mucha gente busca y no encuentra: el Aloe vera está considerado tóxico para perros, gatos y caballos, sobre todo por los compuestos del látex. Si tienes un animal que mordisquea las macetas, este no es el mejor candidato para dejar a su alcance, y la respuesta habitual tras una ingesta es vómitos y diarrea. Ante una ingestión importante, al veterinario.

Cuidando una planta de aloe vera

En resumen

El Aloe vera es una suculenta fácil siempre que respetes las dos cosas que no negocia: nada de heladas y nada de sustrato encharcado. Si vives en la mitad sur o en la costa mediterránea, plántalo fuera y olvídate; si vives en el interior o en el norte, tenlo en maceta ancha con sustrato mineral, a pleno sol aclimatado, y muévelo a resguardo cuando lleguen las primeras noches bajo cero o el otoño de lluvia continua.

El resto son detalles. Riega solo cuando el cepellón esté seco de verdad, no cortes las hojas del centro, separa los hijuelos cuando tengan raíz propia y ten en cuenta que es una planta tóxica para perros y gatos. Con eso, un aloe comprado en un tiesto pequeño acaba en pocos años convertido en una mata que llena una jardinera entera.


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