Todos los aloes que uno tiene en la cabeza forman rosetas apoyadas en el suelo o sobre un tronco corto. Este no. Aloiampelos ciliaris emite tallos finos como un lápiz que se alargan varios metros, se apoyan sobre los arbustos vecinos y suben con ellos hasta alcanzar la luz. Es el aloe trepador, y su manera de agarrarse está escrita en el nombre: los cilios blancos del borde de la vaina de la hoja.
Del género Aloe a Aloiampelos
El nombre con el que se sigue vendiendo es Aloe ciliaris Haw., pero la clasificación actual lo sitúa en otro género. La revisión de 2013 sobre las Asphodelaceae separó del viejo Aloe varios grupos con caracteres propios, y las siete especies sudafricanas de tallo delgado y hábito apoyante pasaron a Aloiampelos, un nombre que combina «aloe» y el griego ámpelos, vid. La denominación correcta es hoy Aloiampelos ciliaris (Haw.) Klopper & Gideon F.Sm.
Conviene deshacer una confusión frecuente: Aristaloe aristata, que también salió del género Aloe en la misma revisión, es una planta completamente distinta, una roseta pequeña y compacta sin ningún hábito trepador. Comparten historia taxonómica y nada más.
Aloiampelos es el único conjunto de aloes verdaderos con este modo de vida. Sus especies —A. ciliaris, A. striatula, A. tenuior, A. commixta y algunas más— habitan matorrales y bosques de la Provincia Oriental y Occidental del Cabo, donde crecen enredadas entre la vegetación leñosa.
Cómo se sujeta: los cilios de la vaina
La planta no tiene zarcillos ni raíces adventicias adherentes; no trepa como una hiedra ni como una viña. Su técnica es de apoyo, y funciona así.
Cada hoja de Aloiampelos ciliaris abraza el tallo con una vaina membranosa que lo envuelve por completo, y el borde de esa vaina está guarnecido de finos pelos blancos y rígidos, los cilios que dan nombre a la especie, de uno o dos milímetros. Al crecer entre las ramas de un arbusto, esos cilios enganchan en la corteza, en las hojas y en las ramillas de la planta soporte, y bastan para que el tallo, que es flexible y ligero, no resbale hacia abajo. Los cilios también recorren el borde de la hoja, más separados y más finos hacia la punta.
El resultado es un tallo delgado, de 5 a 10 milímetros de grosor, que se alarga hasta 3 o 5 metros, se ramifica desde la base y se sostiene sobre lo que encuentre. Las hojas son estrechas, blandas y recurvadas hacia abajo, de un verde claro, y se concentran hacia el extremo, porque en la parte vieja del tallo se van secando y cayendo. Esa desnudez de la base es normal en la especie y no un problema de cultivo.
Crece deprisa, y eso cambia su papel en el jardín
La otra característica que la distingue de sus parientes es la velocidad. Los aloes se toman su tiempo; este no. Un esqueje enraizado en primavera puede dar un metro o más de tallo nuevo en su primer año completo, y una planta establecida en clima suave cubre una pérgola pequeña en dos o tres temporadas. Con agua y suelo aceptables se comporta como una trepadora de crecimiento medio-rápido, no como una suculenta lenta.
Eso la convierte en una planta útil de verdad para xerojardinería mediterránea, y no solo en una curiosidad:
- Pérgolas y celosías, donde se ata al principio hasta que la maraña se sostiene sola.
- Taludes y muros de contención, en los que forma una masa densa que fija el suelo y suprime hierba con muy poco riego.
- Vallas y setos existentes, usados como soporte vivo, que es su situación natural.
- Jardineras altas y macetones, de donde cae en cascada.
Flores rojas para pájaros
La floración es abundante y de temporada larga: en clima suave produce racimos desde el otoño hasta bien entrada la primavera, y en algunas zonas florece a rachas casi todo el año. Cada inflorescencia es un racimo terminal de 20 a 30 centímetros con flores tubulares de 2 a 3 centímetros, escarlata con la boca verdosa o amarilla.
Esa combinación —tubo largo, color rojo, néctar abundante, sin perfume y con posición firme— es el manual de la polinización por aves nectarívoras. En Sudáfrica la visitan los suimangas o nectarínidos. En España no hay pájaros equivalentes, pero el néctar atrae a abejas y, en el litoral, la especie es un recurso valioso para los polinizadores en los meses fríos, cuando casi nada florece.
Cuidados
Clima y rusticidad. Es el factor que decide dónde puede plantarse. Tolera hasta unos -2 o -3 °C puntuales en suelo seco, con daño en las puntas; heladas repetidas o suelo húmedo con frío la matan. Va perfectamente al aire libre en Canarias, litoral andaluz, Murcia, Comunidad Valenciana, Baleares y costa catalana. Tierra adentro, en maceta con invernada protegida.
Exposición. Sol pleno o media sombra luminosa. En su medio arranca a la sombra del arbusto que la sostiene y florece arriba, al sol, de modo que tolera bien la sombra parcial en la base. En sombra completa se estira y florece poco.
Suelo y riego. Cualquier terreno que drene, incluso pobre y calizo; en maceta, sustrato de cactus con un tercio de arena o pómice. El riego es moderado: en jardín, una vez cada diez o quince días el primer verano hasta que arraigue, y a partir del segundo año casi nada salvo en sequías largas. En maceta, cuando el sustrato esté seco. Encharcamiento y pudrición basal son su único riesgo serio.
Poda. Responde muy bien. Se despunta a finales de invierno para forzar ramificación desde la base y evitar que la mata quede desnuda por abajo, y se retiran las varas florales secas. Cada pocos años conviene aclarar los tallos viejos, que dejan de brotar y afean.
Abonado. Compost o abono orgánico en superficie una vez al año, en primavera, es suficiente. En maceta, un abono para cactus a media dosis cada tres o cuatro semanas de marzo a septiembre.
Multiplicación. Por esqueje de tallo, sencilla y rápida: se corta un fragmento de 15 a 25 centímetros en primavera o principios de otoño, se retiran las hojas del tercio inferior, se deja secar la herida dos o tres días y se planta en sustrato ligero apenas húmedo. Enraíza en tres o cuatro semanas. Por semilla también germina bien, pero tarda mucho más y esta especie hibrida con facilidad, así que la descendencia no siempre sale fiel.
Problemas. Cochinilla algodonosa entre las vainas foliares, pulgón en las varas florales y, en jardines húmedos y sombríos, algún caracol en los brotes tiernos.
Si le interesa la línea de las crasas resistentes para clima seco, el arbusto elefante y otras suculentas de forma poco corriente completan bien el conjunto.
En resumen
Aloiampelos ciliaris, el antiguo Aloe ciliaris, es el aloe trepador: tallos finos de varios metros que se apoyan en los arbustos y se sujetan mediante los cilios blancos del borde de la vaina foliar. Crece muy deprisa para tratarse de un aloe, florece en escarlata durante los meses fríos con flores tubulares adaptadas a las aves nectarívoras, y en el litoral español resulta ideal para pérgolas, taludes y muros con riego mínimo. Su límite son las heladas, a partir de unos -2 °C, y el suelo encharcado. Se multiplica por esqueje de tallo con casi total garantía.