Estas siete plantas viven y florecen sin sol directo, y todas comparten una condición que la palabra sombra suele esconder: quieren el suelo fresco. Son especies de sotobosque, de bosque caducifolio húmedo, no de rincón seco bajo un pino. Puestas en el sitio adecuado no piden nada; puestas en una franja de sombra donde no llega el agua, se van la primera semana de agosto.
La lista va de tapizante a arbusto, para que puedas montar el macizo por capas. De cada una tienes el nombre válido, de dónde procede, la altura aproximada que alcanza y con qué se lleva bien al lado. Al final hay un apartado sobre por qué las crasas no entran en una lista como esta, que es la confusión más repetida en este tema.
Hakonechloa macra 'Aureola'
Es la gramínea ornamental de sombra por excelencia. Hakonechloa macra procede de las laderas húmedas de Japón, y el cultivar 'Aureola' lleva las hojas listadas de amarillo dorado y verde. Forma una mata que cae en cascada, con el follaje peinado hacia un lado, y se queda en una altura baja, alrededor de cuarenta centímetros.
Es de hoja caduca: en otoño vira a tonos cobrizos y en invierno desaparece, así que conviene no plantarla sola en un sitio que tengas que mirar todo el año. Quiere suelo fresco y con materia orgánica, y en el interior peninsular no sale adelante sin riego en verano. El dorado se pierde en sombra muy profunda y se quema a pleno sol, de modo que su punto está en la sombra luminosa.
Aspérula olorosa (Galium odoratum)
Galium odoratum es una rubiácea tapizante de hojas dispuestas en verticilos, como estrellas de seis u ocho puntas a lo largo del tallo, que florece en primavera con ramilletes de flores blancas pequeñas. Al secarse desprende el olor característico a heno recién cortado que le da el nombre, y que se debe a la cumarina.
Se extiende por rizoma y cubre el suelo bajo los arbustos con rapidez, lo que es una virtud si quieres tapar y un incordio si tenías otros planes para ese metro cuadrado. Es de las pocas tapizantes de sombra que aguanta rachas secas una vez asentada, aunque su sitio natural sigue siendo el suelo fresco. Va bien al pie de hortensias y helechos.
Eléboro (Helleborus)
Es la que resuelve el problema de que en sombra casi nada florezca en la estación fría. Los eléboros abren entre el final del invierno y el principio de la primavera, en blanco, crema, rosa, granate o verde según la especie y el híbrido. Se mantienen bajos, en torno a treinta centímetros, con la hoja coriácea y dividida en segmentos.
En España hay eléboros silvestres, Helleborus foetidus entre ellos, lo que da idea de que no son plantas exóticas ni caprichosas: quieren suelo con humus, sombra o media sombra y que no se les encharque el cuello. En jardinería se venden sobre todo híbridos de Helleborus orientalis. Las hojas viejas se cortan al final del invierno, antes de que broten las flores, y así se ven mejor.
Todo el género es tóxico por ingestión, y la savia irrita la piel. Se manipula con guantes y no se planta en un rincón donde un niño pequeño juegue sin vigilancia.
Asáraba o jengibre silvestre (Asarum)
El nombre de jengibre silvestre despista, porque Asarum no tiene nada que ver con el jengibre de cocina, Zingiber officinale. Es una aristoloquiácea tapizante que se cultiva exclusivamente por la hoja: redondeada, acorazonada, gruesa y de un verde muy brillante, en algunas especies con veteado plateado.
Florece, pero casi no se nota: las flores son pequeñas, de color pardo purpúreo, y salen pegadas al suelo bajo el follaje. Necesita sombra, suelo rico en materia orgánica y humedad constante; es de las plantas que delatan enseguida una sombra seca, porque ahí sencillamente no prospera.
Es planta ornamental y solo ornamental. Circulan usos tradicionales de varias especies del género que no tienen sitio aquí: contienen compuestos que hoy no se consideran seguros, así que no se come ni se prepara nada con ella.
Hortensia (Hydrangea macrophylla)
La hortensia es el arbusto que da volumen y color al macizo de sombra, y en la cornisa cantábrica y en Galicia crece prácticamente sola. Alcanza de metro a metro y medio y florece en verano en cabezas globosas o planas. Las variedades remontantes, que forman flor también en la madera del año, alargan bastante la floración.
El color depende del suelo y no de la variedad: en suelo ácido y con aluminio disponible tira a azul, y en suelo neutro o calizo a rosa. En media España el agua de riego es dura y calcárea, y ahí la hortensia acaba clorótica por mucho que se insista con el sulfato de hierro.
Quiere sombra o sol de mañana, suelo fresco y aire entre las plantas: en un patio cerrado y sin ventilación es fácil que aparezca oídio. Y no se riega mojando la hoja.
Heuchera
Heuchera es una vivaz norteamericana de la familia de las saxifragáceas que se cultiva por el follaje, no por la flor. Forma una mata baja, de treinta a sesenta centímetros contando las varas florales, con hojas lobuladas en colores que van del verde lima al bronce, el púrpura, el plateado y el casi negro. Las flores son espiguillas finas de flores diminutas, rosadas o blancas, que se levantan por encima de la mata en verano.
Es semiperenne: en invierno suave conserva la hoja y en invierno frío la pierde en parte. Quiere sombra o media sombra, suelo drenado y humedad regular. A pleno sol de interior peninsular los colores se apagan y el borde de la hoja se quema. Un cuidado que se olvida: con los años la corona se va levantando sobre el suelo y la planta se afloja, así que conviene dividirla y volver a plantarla algo más honda cada pocos años.
Dryopteris erythrosora
Este helecho de Asia oriental es el que aporta la textura fina que le falta al macizo. Sus frondes no son palmeadas, como repiten algunas fichas, sino divididas en pinnas; lo llamativo es el color: las hojas nuevas salen en tonos cobrizos y rosados y van virando al verde oscuro a medida que maduran, de modo que la mata tiene los dos colores a la vez durante buena parte de la primavera.
Se queda alrededor de medio metro, conserva la hoja en climas suaves y quiere lo mismo que el resto: suelo ácido o neutro, fresco, con hojarasca, y sombra. Combina con hostas, con la propia Hakonechloa y con las plantas de sotobosque en general. Los frondes secos se cortan al final del invierno, justo antes de que despunten los báculos nuevos.
Por qué aquí no hay ninguna crasa
Es la pregunta que llega siempre a un artículo de plantas de sombra, porque circulan listas de suculentas para sombra. Conviene aclararlo: en el mundo de las crasas, sombra significa luz indirecta abundante, no penumbra. Una haworthia o una gasteria agradecen librarse del sol de mediodía, pero siguen necesitando muchas horas de claridad. Ninguna crasa vive donde vive un eléboro o un helecho.
Y hay un segundo motivo, más decisivo en un jardín español: el suelo. Las siete plantas de esta lista quieren el suelo fresco de manera constante, y ese es exactamente el régimen de riego que pudre una crasa por el cuello en pocas semanas. No es que no toleren la luz del rincón; es que no toleran el agua que ese rincón necesita.
Cómo montarlas juntas
El orden lógico es por altura y por textura. La hortensia hace el fondo; el eléboro, la heuchera y el helecho forman la capa media con follajes muy distintos entre sí, que es lo que sostiene el macizo cuando no hay flor; la Hakonechloa aporta la línea que rompe tanta hoja ancha; la aspérula y el asáraba tapan el suelo y evitan que crezcan hierbas.
Antes de plantar, comprueba una cosa. Riega a fondo o espera una lluvia buena, deja pasar dos días y mete la mano en la tierra a veinte centímetros del muro o del tronco. Si sale polvo, esa sombra es seca y ninguna de estas siete es la planta adecuada sin instalar riego. Una capa de acolchado de hojas o de corteza sobre el suelo, dejando libre el cuello de cada planta, es lo que más ayuda a mantener esa frescura en verano.
En resumen
Hakonechloa, aspérula olorosa, eléboro, asáraba, hortensia, heuchera y Dryopteris erythrosora son siete plantas de sotobosque que florecen o lucen follaje sin recibir sol directo, y que se combinan bien entre ellas porque piden lo mismo: sombra luminosa y suelo fresco con materia orgánica. En el norte peninsular funcionan casi sin ayuda; en el interior y en el sur necesitan riego de verano y acolchado.
De todas ellas, la única con una advertencia seria es el eléboro, tóxico por ingestión y con savia irritante. Y la confusión que más plantas mata en estos rincones no es de luz sino de agua: la sombra seca bajo arbolado es otro ambiente distinto, con otro elenco de especies, y conviene diagnosticarla antes de comprar nada.