Las suculentas que cuelgan son un grupo pequeño dentro de las crasas, y no todas las que se anuncian como colgantes lo son de verdad: unas cuantas simplemente se desparraman cuando les falta luz. Estas doce sí tienen tallos colgantes por naturaleza, se venden en España y se comportan bien en una cesta, en una maceta alta o en el borde de una estantería.
Antes de la lista, un aviso que ahorra disgustos: una cesta colgante seca mucho más rápido que una maceta apoyada, porque le da el aire por todos lados, y a la vez está en la parte alta de la habitación, que es donde se acumula el calor de la calefacción en invierno. Eso significa que la mayoría de estas plantas necesitan algo más de agua que la misma especie en una maceta baja, y que si la cesta está colgada lejos de la ventana, los tallos crecerán largos y con las hojas muy separadas.
Cola de burro (Sedum morganianum y Sedum burrito)

La colgante clásica, originaria de México. Hay dos plantas distintas bajo el mismo nombre: Sedum morganianum, de hojas alargadas y puntiagudas, y Sedum burrito, de hoja corta, redondeada y más apretada al tallo, que es la que más se vende. La segunda pierde menos hojas al manipularla.
Su defecto es justo ese: las hojas se desprenden al mínimo roce. Cuélgala donde no pase nadie por debajo y muévela lo menos posible. Quiere mucha luz, sustrato mineral y riegos espaciados. En verano agradece salir a un balcón luminoso, pero sin sol directo de mediodía, que le quema las hojas.
Collar de perlas (Curio rowleyanus)

Hojas esféricas del tamaño de un guisante ensartadas en un hilo verde. Cada esfera tiene una línea traslúcida, que es su ventana para la luz. Se vendió durante décadas como Senecio rowleyanus y el nombre aceptado hoy es Curio rowleyanus.
Es más delicada de lo que parece. Sus raíces son finas y superficiales, así que quiere maceta poco profunda y sustrato que seque pronto. Se pudre por abajo con pasmosa facilidad si el agua se queda estancada. Luz clara abundante, sin sol abrasador de tarde. Es tóxica para perros y gatos, así que cuélgala fuera de su alcance.
Collar de cuentas (Curio herreianus)

La misma idea, pero con las cuentas ovaladas y acabadas en punta, y con las líneas traslúcidas mucho más marcadas. Es bastante más resistente que el collar de perlas y perdona mejor un riego de más, así que si has matado ya un par de collares de perlas, empieza por esta. También es tóxica para mascotas.
Collar de plátanos (Curio radicans)

Hojas curvadas con forma de plátano diminuto, de un verde más brillante. Es la más agradecida de las tres y la que crece más deprisa. Florece con flores pequeñas y blancas que huelen a canela. Se multiplica sola: cualquier trozo de tallo tumbado sobre el sustrato echa raíces por los nudos, que es a lo que alude su nombre.
Rosario o cadena de corazones (Ceropegia woodii)

Hilos finísimos de los que cuelgan pares de hojas acorazonadas, jaspeadas de plata sobre verde oscuro y moradas por el envés. En los tallos forma pequeños tubérculos redondos, y cada uno de ellos, apoyado sobre tierra húmeda, da una planta nueva: es la forma más fácil de multiplicarla. Se cita también como Ceropegia linearis subsp. woodii.
Quiere luz clara. Con poca luz las hojas salen muy separadas y pierden el jaspeado plateado. Aguanta bien la sequía gracias a un tubérculo grueso en la base, así que el error habitual con ella es regarla demasiado.
Collar de rubíes (Othonna capensis)

Hojas cilíndricas y estrechas sobre tallos morados colgantes, con florecillas amarillas de aspecto de margarita que solo se abren con sol. Es la más colorida del grupo: cuando le da luz fuerte y pasa algo de sed, las hojas viran de verde a burdeos. En sombra se queda verde y lánguida, y ahí pierde toda la gracia.
Crásula collar (Crassula perforata)

Las hojas triangulares se disponen en pares cruzados y ensartadas en el tallo, como si alguien las hubiera perforado y pasado un cordón. Empieza erguida y va cayendo por el borde de la maceta cuando gana peso. A plena luz, los bordes de las hojas se tiñen de rojo. Crece más rápido que la mayoría de crasas y se poda sin problema.
Crásula gatita (Crassula pellucida subsp. marginalis 'Variegata')

Hojitas acorazonadas y finas, jaspeadas en crema, verde y rosa según la luz que reciba. Es de las pocas suculentas realmente variegadas que se mantienen fáciles. Al ser variegada tiene menos clorofila y crece despacio, así que no esperes una cascada en un año. Luz clara, riego prudente y nada de sol de mediodía en verano, que las partes crema se queman antes que el resto.
Jade llorón (Kleinia petraea)

Hojas ovaladas y carnosas sobre tallos gruesos que caen por su propio peso. Se ha vendido como Senecio jacobsenii. En invierno, con frío moderado y buena luz, las hojas se tiñen de morado intenso. Es vigorosa y tolerante a la sequía una vez enraizada, y de las que mejor funcionan en una terraza mediterránea a media sombra.
Cactus cola de rata (Disocactus flagelliformis)

Aquí conviene un matiz importante: este sí es un cactus, pero un cactus epífito mexicano, no de desierto. Crece sobre árboles y rocas, con tallos delgados y flexibles cubiertos de espinas cortas que cuelgan a lo largo. Da flores rosas tubulares muy vistosas en primavera.
Por ser epífito, quiere sustrato más aireado y con algo de materia orgánica, más agua en crecimiento que un cactus globular y luz clara con sol suave, no el sol de una terraza a las tres de la tarde en julio. Es el error típico con él: tratarlo como a un Echinocactus y dejarlo seco y achicharrado.
Cola de mono (Cleistocactus winteri subsp. colademononis)

Boliviano, y el más espectacular de la lista: tallos colgantes envueltos por completo en espinas blancas y blandas, que le dan aspecto de cola peluda. Las espinas son flexibles y no pinchan como las de un cactus normal, aunque se clavan si lo aprietas. Florece en rojo intenso. Mismo criterio que el anterior, sustrato drenante pero no puramente mineral y luz abundante sin sol quemante.
Aloe trepador (Aloiampelos ciliaris)

Un aloe atípico: en vez de formar una roseta compacta, hace tallos largos y delgados que se apoyan en la vegetación vecina. En una cesta se descuelga. Segregado del género Aloe junto con otros aloes trepadores sudafricanos, da espigas de flores anaranjadas. En el litoral mediterráneo se comporta muy bien en exterior a media sombra. Como el resto de aloes, es tóxico para perros y gatos.
Las que se venden como crasas y no lo son

En los mismos expositores aparecen dos grupos que comparten aspecto pero no cultivo. Las hoyas, como Hoya pachyclada, tienen hoja gruesa y cerosa y son semisuculentas, pero son epífitas tropicales: quieren humedad ambiental, sustrato de corteza y nada de dejarlas secas durante semanas. Y las Dischidia, de hojas redondas como monedas, son epífitas todavía más estrictas, que en la naturaleza crecen agarradas a la corteza sin nada de tierra.

No es que no valgan para una cesta, valen muy bien, pero si las riegas con el calendario de una cola de burro las pierdes. Distinto caso es el de los sedums rastreros de exterior, como Sedum 'Little Missy', que son tapizantes rústicos: en una jardinera de balcón al sol funcionan estupendamente y aguantan el frío mucho mejor que cualquiera de las anteriores.

Cómo montar la cesta para que dure
Elige maceta con agujero, siempre. Las cestas de fibra con plástico interior sin drenaje son la causa principal de pérdidas: el agua se queda abajo, no la ves porque está colgada a dos metros, y cuando notas el olor las raíces ya están podridas. Si la cesta decorativa no tiene agujero, planta en una maceta normal y métela dentro, y sácala para regar.
El sustrato, mineral en al menos la mitad del volumen, con arena gruesa, puzolana o akadama, y un tercio de sustrato universal. Riega hasta que salga agua por abajo y no vuelvas a hacerlo hasta que el cepellón esté seco de verdad, metiendo el dedo o levantando la maceta para notar el peso. Y colócala cerca de una ventana, aunque estropee la simetría de la habitación: colgada en el centro del techo, ninguna de estas doce se mantiene compacta.
En resumen
Para una cesta en interior con luz clara, el trío más agradecido es el collar de plátanos, el collar de cuentas y el rosario. Si tienes un balcón muy luminoso, la cola de burro, el collar de rubíes y la crásula collar te darán mucho más color. Y si buscas algo que llame la atención de verdad, la cola de mono y el cactus cola de rata son cactus epífitos que no se cuidan como los de desierto.
Sea cual sea la que elijas, el punto crítico siempre es el mismo: drenaje real, riego solo con el sustrato seco y la cesta lo bastante cerca de una ventana. Y si tienes gato o perro, ten en cuenta que los collares del género Curio y los aloes son tóxicos para ellos, así que van colgados donde no lleguen.