Hay plantas de interior que compras por la flor y otras que compras por la forma. Estas ocho son del segundo grupo: una orquídea que no interesa por sus flores sino por unas hojas con vetas doradas, una bola verde que en realidad es un alga de lago, un tronco hinchado del que salen cuatro ramas y una piedra que resulta estar viva. Ninguna es un invento de catálogo: todas se venden en España, en vivero especializado o en tienda de acuario.
La otra cara de coleccionar rarezas es que casi ninguna se cuida como una planta de interior normal. Varias vienen de sitios muy concretos del planeta y lo que piden dentro de casa es igual de concreto. Aquí va cada una con lo que de verdad necesita, y con la advertencia que le corresponde, porque entre las rarezas hay savias irritantes y especies con problemas serios de conservación.
Orquídea joya (Macodes petola)

Es una orquídea terrestre del sudeste asiático que no se cultiva por la flor, que es discreta, sino por la hoja: verde oscuro aterciopelado con un nervio dorado que se ramifica como si estuviera dibujado con un rotulador metálico. Ese brillo no es pigmento, es la estructura de las células de la epidermis reflejando la luz.
Es la más difícil de la lista en un piso español, y conviene saberlo antes de comprarla. Vive en el suelo del bosque tropical, a la sombra y con humedad ambiental alta y constante. En un salón con calefacción se le secan los bordes de las hojas en cuestión de semanas. Si la quieres, va en un terrario cerrado o en una vitrina, con sustrato suelto que retenga algo de humedad sin encharcar y luz indirecta suave. Sol directo, ninguno.
Haworthia de Cooper (Haworthia cooperi)

Una roseta baja de hojas gordas y redondeadas, de Sudáfrica, con la punta traslúcida. Esas puntas se llaman ventanas y no son un adorno: en su hábitat la planta crece medio enterrada entre piedras y grava, con solo el extremo de las hojas asomando, y la luz entra por ahí hasta el tejido que hace la fotosíntesis. Es una solución para vivir escondida del sol y de los herbívoros.
Dentro de casa es de las suculentas que mejor se portan, porque no pide sol directo sino luz clara. Al lado de una ventana orientada al este, o a un metro de una al sur, va bien. Sustrato mineral, riego cuando el cepellón está seco del todo y nunca agua acumulada en el centro de la roseta. Si las hojas pierden la transparencia y se ponen opacas y rojizas, le sobra sol.
Bola de marimo (Aegagropila linnaei)

Conviene decirlo de entrada: el marimo no es una planta ni un musgo, es un alga verde de agua dulce. Lo raro no es la especie, que crece también en forma de filamentos sueltos o pegada a piedras, sino esa forma esférica aterciopelada, que se produce en muy pocos lagos del mundo. Los más famosos son el lago Akan, en Japón, donde está protegida, y el Mývatn, en Islandia, donde las poblaciones han sufrido retrocesos graves.
Vive sumergida, en un bote de cristal con agua o en un acuario de agua fría. Quiere temperatura fresca, luz tenue y cambios de agua regulares. Si la dejas al sol de una ventana en verano, el agua se calienta y la bola se pone marrón. Se le da la vuelta de vez en cuando para que mantenga la forma y le llegue luz por todas partes. Y por su situación en la naturaleza, merece la pena comprarla de cultivo y no de recolección.
Rosa del desierto (Adenium obesum)

La rosa del desierto no es una rosa ni un cactus: es una apocinácea del este de África y de la península arábiga, pariente de la adelfa, y se le nota en la flor. Lo que la hace inconfundible es la base hinchada del tallo, el caudex, un depósito de agua leñoso del que salen ramas gruesas y torpes rematadas por hojas ovaladas y coriáceas.
Es la más exigente en luz y calor de todas las de la lista. Quiere sol directo abundante y calor, así que en España funciona en balcón o terraza de mayo a octubre y dentro de casa el resto del año, junto al cristal más soleado que tengas. En invierno, con frío y poca luz, tira las hojas y para de crecer: eso es normal y es justo cuando hay que dejar de regar casi por completo, porque el caudex se pudre con facilidad si está frío y húmedo.
Su savia es tóxica, como la de otras apocináceas. No hace falta alarmarse para tenerla, pero sí lavarse las manos después de podarla y no dejarla al alcance de un niño pequeño ni de una mascota que mordisquee plantas.
Euforbia bola (Euphorbia obesa)
Parece un cactus pequeño y esférico, con costillas marcadas y un damero de líneas grises y granates, pero no lo es. La prueba es que no tiene areolas, esos cojinetes de los que en un cactus salen las espinas. Es una euforbia sudafricana, y su parecido con un cactus es un caso de libro de evolución convergente: dos familias sin parentesco cercano que llegan a la misma forma porque resuelven el mismo problema de vivir con poca agua.
En cultivo es lenta y agradecida: sustrato muy mineral, sol filtrado en verano para que no se queme la epidermis, riego espaciado y sequía total en invierno. Tiene plantas macho y hembra por separado, así que una sola no da semilla. Las euforbias suculentas están recogidas en el convenio CITES por la presión que sufren sus poblaciones, de modo que se compra planta de vivero con su documentación y nunca material de origen dudoso.
Piedras vivas (Lithops)
Cada ejemplar es un par de hojas fusionadas, partidas por una hendidura, con la cara superior traslúcida y jaspeada imitando la grava del terreno donde vive, en Sudáfrica y Namibia. La planta entera está casi enterrada. Por la hendidura sale, en otoño, una flor con aspecto de margarita que suele ser más grande que la propia planta.
El motivo por el que se mueren casi todas las que se venden es el riego a destiempo. Los lithops renuevan sus hojas una vez al año: el par nuevo crece dentro y consume el viejo, que se arruga y se queda como una piel de papel. Mientras dura ese proceso no se riega en absoluto, porque el agua de más hace que la planta reviente literalmente. El resto del año, riegos muy espaciados y sol directo abundante, que es lo que evita que se estire y pierda el dibujo.
Pata de elefante trepadora (Dioscorea elephantipes)
Es un caudex sudafricano que forma con los años una especie de caparazón de tortuga, una masa leñosa agrietada en placas poligonales, del que brota una enredadera fina de hojas acorazonadas. Lo desconcertante es el calendario: es una planta de crecimiento invernal, así que echa la enredadera cuando las demás suculentas están paradas, y la seca en verano.
El cuidado consiste sobre todo en respetar ese ciclo. Cuando la parte aérea amarillea y se seca no está muriéndose, está entrando en reposo, y entonces se corta el riego hasta que asome el brote nuevo. El caudex se planta con parte del cuerpo por encima del sustrato y se protege del sol directo fuerte, que puede quemarlo.
Flores de carroña (Stapelia y Huernia)
Los tallos son cuatro palos verdes y angulosos sin gracia ninguna. La gracia llega con la flor: una estrella carnosa, a veces cubierta de pelos, con dibujos que recuerdan a carne cruda. Y huele a carne podrida, porque su polinizador son las moscas. En una Stapelia grandiflora la flor puede ser sorprendentemente grande comparada con la mata.
Son fáciles y de crecimiento rápido, y ese olor dura pocos días y solo se nota de cerca, así que tenerlas en interior es viable. Piden luz clara, sustrato muy drenante y poca agua, sobre todo en invierno, porque los tallos se pudren desde la base con facilidad. Se multiplican partiendo un tallo y dejándolo secar unos días antes de plantarlo.
En resumen
Estas ocho plantas tienen en común que llaman la atención por su forma, y poco más. La orquídea joya quiere humedad y sombra, la rosa del desierto quiere sol y calor, el marimo vive dentro del agua y los lithops se mueren si los riegas cuando no toca. Comprar una rareza y tratarla como al potos del pasillo es la manera más rápida de perderla.
Antes de encargar cualquiera de ellas, mira el sitio real donde la vas a poner y elige en consecuencia: si tienes una ventana muy soleada, la rosa del desierto, la euforbia bola o los lithops; si lo que tienes es luz clara pero sin sol directo, la haworthia; y si tienes un terrario con humedad, la orquídea joya. Y compra siempre en vivero, que en este grupo hay especies con problemas de conservación detrás.