Sí, hay suculentas que ganan altura de verdad dentro de casa, pero son muchas menos de las que se anuncian. En maceta y en un salón español, las que llegan a hacer porte de arbusto o de arbolito son la planta de jade, la lengua de suegra, la corona de Cristo, el Pachypodium, el Aeonium arboreum, el Kalanchoe beharensis, la rosa del desierto, la aguja de Eva, el Cyphostemma juttae y los monadenios. Todo lo demás que verás en listas de "suculentas altas" crece alto en su tierra de origen, no en un tiesto de veinte centímetros junto a una ventana.
Antes de elegir una conviene entender la diferencia entre ganar altura y estirarse. Una crasa sana sube con el tallo grueso, los entrenudos cortos y las hojas apretadas. Una crasa a la que le falta luz también sube, pero con el tallo fino, pálido y con las hojas cada vez más separadas y giradas hacia la ventana. Eso se llama ahilamiento o etiolación y no tiene marcha atrás: el tramo estirado se queda así para siempre. Si tu planta ha crecido diez centímetros en un invierno y está más delgada que antes, no ha crecido, se ha estirado.
Lo que hay que darles para que suban
Las diez de esta lista tienen algo en común: quieren la ventana más luminosa de la casa y no el rincón bonito. Orientación sur o este, pegadas al cristal, y en invierno mejor todavía. En verano el cristal concentra el sol del mediodía y puede quemar las hojas de las más tiernas, así que en julio y agosto conviene apartarlas un palmo o filtrar con un visillo.
El otro factor es la maceta. Una planta que va a hacer un metro necesita raíz y necesita lastre. Las crasas de porte alto tienen la masa arriba y el cepellón pequeño, así que se vuelcan con facilidad: barro cocido antes que plástico, y maceta ancha antes que alta. Y sustrato que drene, mezclando el sustrato de cactus del centro de jardinería con un tercio de árido grueso, que las mezclas comerciales suelen traer demasiada turba.
Planta de jade (Crassula ovata)
Es la más fiable de todas y la que más gente consigue. Sudafricana, de tronco que engorda y se agrieta como corteza con los años, y copa de hojas redondas y brillantes. En maceta grande y con muchos años por delante puede pasar del metro, aunque lo normal en un piso es que se quede en un arbolito de setenta u ochenta centímetros. Se poda sin miedo: cortando por encima de un par de hojas se ramifica y hace copa en vez de subir desgarbada. Es tóxica para perros y gatos, con vómitos y apatía descritos tras la ingestión.
Lengua de suegra (Dracaena trifasciata 'Laurentii')
Se sigue vendiendo como sansevieria, pero desde 2017 el género Sansevieria está incluido en Dracaena, así que su nombre correcto es Dracaena trifasciata. El cultivar 'Laurentii' es el de los bordes amarillos. No hace tronco: levanta hojas rígidas desde el rizoma, y en una maceta con años puede formar un macizo de un metro. Es la única de la lista que aguanta luz mediana sin estropearse, aunque con más luz sube antes. Cuidado con el riego en invierno, que es cuando se pudre la base. Contiene saponinas y es tóxica para perros y gatos.
Corona de Cristo (Euphorbia milii)
No es un cactus aunque lo parezca: es una euforbia de Madagascar, de tallos leñosos cubiertos de espinas y con brácteas rojas o rosas casi todo el año si tiene sol. En maceta forma un arbusto ramificado que se puede guiar a un solo tallo para que gane altura. Su látex blanco es irritante para la piel y sobre todo para los ojos, y tóxico por ingestión: se poda con guantes, se lava después, y si salta a un ojo hay que ir al médico. Por eso no es planta para tener a la altura de un niño o de un gato.
Palma de Madagascar (Pachypodium lamerei)
Ni es palma ni es cactus: es una apocinácea de Madagascar, pariente de la adelfa, con un tronco recto erizado de espinas y un penacho de hojas alargadas arriba. Es la que más se parece a una columna y la que mejor queda sola en una esquina luminosa. Crece despacio y pierde las hojas en invierno si pasa frío, cosa normal. Quiere sol directo y muy poca agua entre octubre y marzo. Su savia también es tóxica y las espinas pinchan de verdad.
Bejeque arbóreo (Aeonium arboreum)
Es de casa: los bejeques son canarios, y eso explica su calendario. Crecen en otoño e invierno, cuando en Canarias llueve, y en pleno verano se paran y encogen las rosetas. Si la tuya pierde hojas en agosto no está enferma, está descansando, y regarla entonces es lo que la mata. Hace tallos delgados coronados por rosetas planas y puede levantar cerca de un metro. Ojo con una cosa: cada roseta es monocárpica, o sea que florece una vez y muere, dejando las ramas laterales vivas.
Oreja de elefante (Kalanchoe beharensis)
Es del sur de Madagascar, no del Kalahari como repiten muchas fichas. Lo suyo son las hojas: grandes, triangulares, onduladas y cubiertas de un fieltro pardo que se nota al tacto. Va formando un tronco desnudo con las cicatrices de las hojas viejas y en maceta, con paciencia, levanta bastante. Quiere mucha luz, calor y sequía en invierno. Como todos los Kalanchoe, contiene bufadienólidos, glucósidos cardiotónicos que la hacen tóxica para personas y para perros y gatos.
Rosa del desierto (Adenium obesum)
Más que alta es gorda: forma un caudex, una base hinchada que almacena agua, y de ahí salen ramas cortas con flores de embudo rosas o rojas. En un piso se queda en planta de mesa durante años, y solo gana porte con mucha luz y calor. Necesita invernar seca y por encima de los diez grados largos, así que en el interior peninsular no vive fuera. Es de las más tóxicas que se venden en jardinería: contiene glucósidos cardiacos que afectan al corazón. Se maneja con guantes y lejos de niños y animales.
Aguja de Eva (Austrocylindropuntia subulata)
Es un cactus columnar andino que conserva unas hojas cilíndricas verdes en los brotes nuevos, cosa rara en la familia. Sube rápido y recto, y en zonas cálidas del litoral se usa hasta para setos. En casa da altura barata, pero tiene un inconveniente serio: es pariente de las chumberas y lleva gloquidios, esas espinitas finas en penacho que se clavan al menor roce y atraviesan un guante de tela. Si tienes que moverla, guante de cuero y pinzas.
Cyphostemma juttae
Esta es planta de coleccionista y viene de Namibia, no de Sudáfrica. Es una vitácea, de la familia de la vid, con un tronco hinchado que se pela en láminas de papel y hojas grandes y carnosas de borde dentado. Pierde toda la hoja en invierno y se queda como un tocón: entonces no se riega nada. Crece muy despacio, así que la altura llega con los años, no con la temporada. Compra siempre de vivero con papeles, porque las crasas de caudex son objetivo de la recolección ilegal.
Monadenios, hoy Euphorbia
Se venden con la etiqueta Monadenium, pero el género quedó incluido dentro de Euphorbia y así lo verás en las listas actualizadas. Son tallos verticales, verrugosos y algo carnosos, de África oriental, que forman matas erguidas en maceta. Se cuidan como las demás euforbias suculentas: mucha luz, sequía invernal y látex irritante, con lo que valen los mismos guantes y el mismo cuidado con los ojos que la corona de Cristo.
Las que crecen altas pero no dentro de casa
El Agave americana aparece en todas las listas de suculentas altas y es un error dentro de casa. Lo que mide varios metros es su vara floral, no la planta, y esa vara sale una sola vez: el agave es monocárpico y muere después de florecer, dejando hijuelos. La roseta en sí es enorme y ancha, pide sol directo de verdad y pincha en la punta de cada hoja. Está naturalizado por todo el litoral mediterráneo y ese es su sitio, el jardín seco, no el salón.
En resumen
Si quieres altura en maceta y dentro de casa, la apuesta segura es la planta de jade y, si la habitación no es luminosa, la lengua de suegra. Las demás son buenas plantas, pero exigen una ventana muy clara, sequía invernal y la aceptación de que la mayoría crece despacio. Cualquier crasa que suba deprisa con el tallo cada vez más fino no está creciendo, se está ahilando por falta de luz.
Ten en cuenta también con quién convives. Cuatro de esta lista son euforbias o apocináceas con látex o glucósidos cardiacos, y la rosa del desierto, el kalanchoe, la jade y la lengua de suegra son tóxicas para perros y gatos. Si hay animales o niños pequeños en casa, elige el sitio antes que la planta, y ante cualquier ingestión llama al médico o al veterinario en vez de probar remedios.