Sembrar en bandeja y trasplantar después parece un rodeo: dos manipulaciones donde podría haber una sola. La pregunta legítima es qué se gana con ese rodeo, y la respuesta no es una sino cuatro, todas medibles en semanas de cosecha o en euros de semilla. También conviene la respuesta contraria, porque hay hortalizas a las que el semillero les hace daño y en ellas el rodeo sale caro.

Bandeja de semillero con plántulas recién nacidas

Adelantar la temporada bajo cubierta

El motivo principal es de calendario. El tomate (Solanum lycopersicum), el pimiento (Capsicum annuum) o la berenjena (Solanum melongena) necesitan entre sesenta y noventa días desde la siembra hasta que están listos para plantar fuera. Si se espera a que el suelo del huerto haya alcanzado los 15 °C que piden para germinar, en buena parte de la Península ya estamos en abril y el ciclo se acorta por el otro extremo, cuando llega el calor extremo del verano o el frío del otoño.

Una bandeja dentro de un invernadero, una galería acristalada o simplemente una habitación templada permite sembrar en febrero y llegar a mediados de abril con una planta de veinte centímetros. Son seis u ocho semanas ganadas, que en el pimiento se traducen en dos o tres recolecciones más antes de que la planta pare.

Ahorrar semilla cuando la semilla es cara

Un sobre de híbrido F1 de pimiento o de melón puede costar lo mismo que una comida y traer quince semillas. Sembrado a voleo en el bancal, con el suelo irregular y las lluvias descolocando todo, el porcentaje de nacidos que llegan a planta adulta baja mucho. En alveolo, con dos semillas por hueco y la humedad controlada, ese mismo sobre da doce o trece plantas útiles.

El cálculo cambia por completo con semilla propia o barata: si tienes un puñado de habas de tu cosecha, sembrar directamente y clarear luego es más rápido y no pierde nada.

Vigilar de cerca lo que germina despacio

Hay especies cuya germinación es lenta, irregular o exigente. El apio (Apium graveolens) tarda dos o tres semanas y su semilla es diminuta; el puerro (Allium porrum) nace fino como un hilo; muchas aromáticas y ornamentales piden condiciones que en campo abierto no se sostienen. Concentrar todo eso en una bandeja de treinta por cincuenta centímetros hace posible mirarla dos veces al día, ajustar la humedad y detectar un problema cuando aún hay remedio. En un bancal de diez metros, esa misma siembra desaparece entre las hierbas sin que nadie se entere.

Liberar el bancal mientras el cultivo anterior termina

Esta razón es la menos citada y la más útil en huertos pequeños. Mientras las habas de invierno acaban de llenar la vaina en marzo, los tomates que ocuparán ese mismo bancal ya están creciendo en su bandeja. El día que se arrancan las habas, se planta. Sin semillero habría que esperar a tener el terreno libre y después empezar el ciclo del tomate, con dos meses de bancal parado. En una parcela de cien metros esa superposición equivale a una cosecha extra al año.

El cepellón, la pieza que hace posible todo lo anterior

Nada de esto funcionaría sin el cepellón: el bloque de sustrato que las raíces han colonizado y que sale entero del alveolo cuando se empuja desde abajo. La planta se traslada dentro de su propio terrón, las raíces finas no se rompen y el arraigo en destino ocurre en dos o tres días.

Un cepellón está en su punto cuando las raíces sujetan el sustrato pero todavía no han dado la vuelta al fondo. Si se pasa de tiempo, la raíz se enrolla sobre sí misma —lo que se llama espiralización— y la planta arrastra ese defecto toda su vida, con menor anclaje y peor absorción. Es la razón de que un plantel demasiado grande para su alveolo sea peor compra que uno pequeño.

Las hortalizas que no admiten semillero

Aquí está el reverso del artículo. Las umbelíferas y crucíferas de raíz engrosada desarrollan una raíz pivotante única, vertical y sin apenas ramificación en las primeras semanas: la parte que después se come. Si esa punta se daña o simplemente se dobla al trasplantar, la raíz se bifurca, se retuerce o se queda enana. El resultado son zanahorias con dos patas y nabos deformes.

  • Zanahoria (Daucus carota): siembra directa siempre, en surco superficial, con aclareo posterior.
  • Nabo (Brassica rapa) y rabanito (Raphanus sativus): el ciclo es tan corto que el semillero no aporta nada y sí estropea la raíz.
  • Guisante (Pisum sativum) y haba (Vicia faba): pivotante frágil y semilla grande con reservas de sobra para abrirse paso en el suelo.
  • Espinaca (Spinacia oleracea) y las chirivías (Pastinaca sativa): mal trasplante y ninguna ventaja.

La remolacha (Beta vulgaris) y las cucurbitáceas ocupan un terreno intermedio: admiten semillero si se hace en alveolo grande y se trasplanta muy joven, antes de las tres semanas, pero agradecen la siembra directa cuando el suelo ya está templado.

Pastillas de turba prensada para germinación

Qué recipiente para qué siembra

El recipiente decide el volumen de sustrato por planta y con ello la velocidad a la que se seca y el tiempo que la plántula puede vivir ahí sin agobiarse.

Bandeja de alveolos. La opción estándar. Las de 104 o 150 huecos, con veinte o treinta mililitros por celda, valen para lechuga, coles y aromáticas. Las de 40 a 60 huecos, con celda más profunda, son las adecuadas para solanáceas y cucurbitáceas.

Bandeja lisa o cajón de siembra. Sin divisiones, para semilla muy fina que se siembra a voleo y se repica después una a una. Aprovecha mejor el espacio pero obliga a manipular raíces desnudas.

Pastillas de turba o coco prensados. Se hidratan, se hinchan y se plantan enteras con su malla. Cómodas y limpias; el inconveniente es que se secan rápido y que la malla de algunas marcas no se degrada bien en suelos secos, así que conviene retirarla o rasgarla al plantar.

Maceta individual de 8 a 10 cm. No es semillero de siembra sino destino del repicado, para plantas que van a esperar semanas antes de salir al huerto.

Recipientes reaprovechados. Vasos de yogur o bandejas de fruta funcionan si se les hacen agujeros de drenaje generosos, no si se dejan cerrados.

En resumen

El semillero se justifica cuando adelanta la temporada, cuando la semilla es cara, cuando la germinación es delicada o cuando hace falta solapar dos cultivos en el mismo bancal; fuera de esos casos, la siembra directa es más simple y a menudo mejor. Y en zanahoria, nabo, rabanito o guisante no es que sea peor: es que estropea el producto, porque su raíz pivotante no perdona el trasplante. Todo lo demás —el sustrato que se usa, la temperatura que hace falta, las plagas y los hongos, el manejo diario y el endurecimiento previo a la plantación— tiene su propio desarrollo en los artículos específicos de esta sección.


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