Un sobre de zinnias sembrado en mayo da flor en julio. Un sobre de amapolas sembrado en mayo da cuatro plantas raquíticas que se secan antes de abrir. Las dos semillas se ven parecidas dentro del sobre, cuestan lo mismo y el mostrador las coloca en el mismo expositor, pero pertenecen a dos grupos con calendarios opuestos. Saber en cuál cae cada flor explica la mayoría de las siembras que salen mal.

Semillas germinadas de delphinium en bandeja de siembra

Anuales de estación cálida: sembrar cuando el frío se ha ido

Son plantas de origen tropical o subtropical que no soportan la helada, ni siquiera de plántula. Su semilla necesita el suelo templado para germinar, normalmente por encima de 15 o 18 °C, y por debajo de esa cifra simplemente se queda quieta y se pudre en la tierra fría.

Entran aquí la Zinnia elegans, el Cosmos bipinnatus, el girasol Helianthus annuus, la capuchina Tropaeolum majus, la Tagetes patula, la Ipomoea, la Celosia, la Portulaca grandiflora y el Amaranthus.

Cuándo. Directamente en tierra después de la última helada, que en el litoral mediterráneo cae a mediados o finales de marzo, en el interior peninsular en abril, y en zonas frías de montaña o de la meseta norte hasta mediados de mayo. También se pueden adelantar en semillero protegido cuatro o seis semanas antes, para trasplantar cuando pase el riesgo.

Cómo se comportan. Rápido. La germinación llega en cinco a diez días con calor, y de la siembra a la primera flor pasan entre seis y diez semanas según la especie. El girasol y el cosmos son los más veloces. Florecen todo el verano si se les van cortando las flores marchitas, y mueren con las primeras heladas de otoño.

Profundidad. Regla general para todas: enterrar a dos o tres veces el grosor de la semilla. Un girasol, un centímetro y medio; una zinnia, medio centímetro; una semilla polvorienta, apenas cubrirla.

Anuales de estación fría: sembrar en otoño y esperar

Estas son de origen mediterráneo, europeo o de montaña, y funcionan al revés. Su semilla germina bien con el suelo fresco, entre 10 y 18 °C, y por encima de 22 o 25 °C muchas entran en una inhibición térmica que impide la germinación. La plántula pasa el invierno pequeña, en roseta, formando raíz mientras la parte aérea apenas crece, y en cuanto los días se alargan en febrero o marzo se dispara y florece en primavera. Después granea y muere con el calor de junio.

El grupo lo forman la amapola Papaver rhoeas y la de California Eschscholzia californica, la caléndula Calendula officinalis, el guisante de olor Lathyrus odoratus, el nomeolvides Myosotis sylvatica, el aciano Centaurea cyanus, la Nigella damascena, el Delphinium y la consuelda real, el alhelí Matthiola incana y el pensamiento Viola × wittrockiana.

Cuándo. De septiembre a noviembre en casi toda España, con las primeras lluvias de otoño. En zonas de invierno muy duro, con heladas fuertes y prolongadas, se retrasa a febrero o se hace en semillero protegido, aceptando que la floración llegará más tarde y durará menos.

Qué pasa si se siembran en primavera. Exactamente lo que decíamos al empezar. La semilla germina mal o tarde, la planta no tiene tiempo de hacer raíz, y el calor de mayo la sorprende pequeña: florece de forma escuálida y a destiempo, o directamente se agosta. No es un problema de riego ni de abono, es un problema de calendario.

Un caso aparte. Algunas de estas semillas necesitan además frío para romper su latencia, es decir, pasar un periodo de varias semanas entre 0 y 5 °C con humedad antes de germinar. El Delphinium, la Aquilegia, la Primula o la Lavandula lo agradecen. La siembra otoñal se lo da gratis; si se siembra en primavera hay que simularlo metiendo la semilla en la nevera dentro de una bolsa con sustrato húmedo durante tres o cuatro semanas.

Las que no se entierran: semillas que necesitan luz

Flores de delphinium en floración

Hay un tercer factor que arruina siembras y que no aparece en casi ningún sobre. Ciertas semillas son fotoblásticas positivas: llevan un fitocromo que solo se activa con luz roja, y sin ese estímulo permanecen dormidas indefinidamente. Enterrarlas medio centímetro basta para que nunca germinen.

Tienen ese comportamiento la boca de dragón Antirrhinum majus, la Petunia, la Lobelia erinus, la Nicotiana, la Impatiens, la Begonia semperflorens, la Salvia splendens, el Alyssum maritimum, la Digitalis purpurea y la mayoría de las Campanula.

La técnica correcta es sencilla: se nivela el sustrato, se riega antes de sembrar, se esparce la semilla encima, sin cubrir, y se presiona ligeramente con la palma o con una tablilla para asegurar el contacto con la tierra. A partir de ahí, humedad constante mediante pulverizador o riego por capilaridad desde abajo —un chorro directo las desplaza— y una tapa transparente o un plástico que mantenga el ambiente hasta la nascencia.

El caso contrario existe también: hay semillas fotoblásticas negativas, a las que la luz inhibe y que exigen oscuridad completa, como la Calendula, el Delphinium, la Nigella, el Phlox o la Viola. Con ellas se cubre bien y, si se siembra en bandeja, se tapa con cartón hasta que asome la primera plántula.

Las que se resiembran solas

Un jardín de flor de semilla bien planteado se siembra una vez. Muchas anuales producen semilla abundante que cae, pasa el invierno en el suelo y germina por su cuenta a la temporada siguiente, ajustando el momento mucho mejor de lo que lo haría cualquiera con un calendario.

Se resiembran con fiabilidad la caléndula, el aciano, la Nigella, la amapola de California, el cosmos, la Alcea rosea, el nomeolvides, la Lunaria annua, la Verbena bonariensis y la Borago officinalis. Para que funcione hay que hacer tres cosas: dejar sin cortar algunas flores al final de la temporada para que graneen, no acolchar ni mover la tierra de esa zona en otoño, y aprender a reconocer las plántulas para no arrancarlas en la primera escarda de primavera.

Conviene saber que las variedades híbridas F1 no se resiembran fieles: sus descendientes salen distintos, normalmente menos vistosos. Para autosiembra van mejor las variedades de polinización abierta y las especies puras.

El material y los pasos, en corto

Sustrato. Específico de semillero, fino, esterilizado y con poca fertilización. Un sustrato universal rico quema las raicillas y compacta.

Recipiente. Bandeja de alvéolos para especies que trasplantan mal solo si son alvéolos individuales; el guisante de olor, la amapola y la capuchina prefieren la siembra directa, porque su raíz pivotante no perdona el trasplante.

Riego. Por abajo, colocando la bandeja en un recipiente con dos dedos de agua hasta que la superficie se oscurezca. Evita desplazar semillas y arrastrar plántulas.

Después de nacer. Retirar la cubierta en cuanto asomen, dar toda la luz posible para que no se ahílen, y aclarar sin piedad dejando una plántula cada tantos centímetros: la competencia entre plántulas hace más daño que ningún otro error.

Trasplante. Cuando tengan dos o tres pares de hojas verdaderas, y siempre con aclimatación previa de una semana si vienen de interior.

En resumen

Las flores de semilla se reparten en dos grupos con calendarios inversos. Las anuales de estación cálida —zinnia, cosmos, girasol, capuchina, tagetes— se siembran después de la última helada, germinan con suelo templado y florecen en pocas semanas durante todo el verano. Las anuales de estación fría —amapola, caléndula, guisante de olor, nomeolvides, aciano, delphinium— se siembran en otoño, pasan el invierno pequeñas y florecen en primavera; sembradas en mayo, fracasan. A eso hay que añadir las especies fotoblásticas, que necesitan luz para germinar y por tanto no se cubren, y las que se resiembran solas si se les deja granear y no se remueve la tierra en otoño.


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