Febrero se trabaja bajo techo. La tierra del huerto todavía está fría y encharcada en casi toda la península, y lo que se juega este mes no es la siembra directa sino la ventaja de tiempo: producir dentro de casa, en un invernadero o bajo un plástico, el plantel de las especies que tardan mucho en hacerse y que no pueden salir al exterior hasta mayo. Quien siembra pimiento en febrero no está sembrando antes: está fabricando en un alféizar las diez semanas que esa planta necesita para no llegar tarde al verano.

Por qué justo estas especies y no otras

La lista de febrero se explica con dos criterios y nada más. El primero es el ciclo largo: pimiento y berenjena tardan de ocho a diez semanas desde la siembra hasta ser plantel, apio y puerro otro tanto, y si se siembran en abril la planta llega al calor sin desarrollar. El segundo es la exigencia térmica de la germinación, que en estas especies está entre 22 y 28 °C, temperaturas que en febrero solo existen dentro de casa.

De ahí sale el cuarteto del mes: pimiento (Capsicum annuum), que germina lento, entre diez y veinte días, y a menos de 18 °C directamente no nace; berenjena (Solanum melongena), la más termófila del grupo, que pide 25-28 °C; tomate (Solanum lycopersicum), más rápido, seis a ocho semanas, que en febrero solo tiene sentido para variedades tardías o para zonas donde se plante en abril; y apio (Apium graveolens), de germinación lentísima —dos o tres semanas— y semilla diminuta que necesita luz, así que se siembra en superficie sin cubrir apenas.

Se les puede sumar puerro (Allium porrum) y las coles de ciclo largo, y en ornamentales Petunia, Begonia semperflorens, Lobelia y Salvia splendens, todas de semilla fina y desarrollo pausado.

Semillero protegido con plantel recién nacido

Cómo se consiguen esos grados en febrero

El punto más caliente de una casa suele estar encima de la nevera o cerca de una caldera, y ahí van las bandejas hasta que germinen, tapadas con plástico o con una tapa transparente. Para germinar no hace falta luz en estas especies —salvo el apio y las ornamentales de semilla fina—, hace falta calor.

El error decisivo llega justo después: en cuanto asoma el cotiledón, la prioridad se invierte. La plántula necesita luz abundante y algo menos de temperatura, en torno a 18-20 °C, y si sigue caliente y a oscuras se ahíla en cuarenta y ocho horas, con un tallo largo, pálido y quebradizo del que ya no se recupera. Un alféizar orientado al sur, girando la bandeja cada día para que no se incline, es lo mínimo. Con un cable calefactor o una manta térmica de semillero el asunto se simplifica bastante, porque permite calentar el sustrato desde abajo y tener el ambiente fresco.

Lo poco que va directo al suelo

Cuatro especies de estación fría toleran germinar en tierra a 5-10 °C y aguantan heladas siendo plántulas. El ajo (Allium sativum) se planta por dientes, con la punta hacia arriba y a unos tres centímetros; febrero es el último tren para las variedades blancas, y el ajo morado ya debería estar plantado desde otoño. El haba (Vicia faba) va a cuatro o cinco centímetros de profundidad y soporta -5 °C sin daño. El guisante (Pisum sativum) igual, con la precaución de no regar tras la siembra si la tierra ya está húmeda. Y la cebolla (Allium cepa) se siembra en semillero al aire libre, muy densa, para trasplantar a raíz desnuda en abril; hay que elegir el tipo de día adecuado a la latitud, un asunto que se explica en el artículo sobre la mejor época para sembrar.

Se añaden, con lona o túnel encima, rábano, zanahoria temprana, espinaca y lechuga de invierno, que en febrero germinan despacio pero germinan.

Cada zona, un febrero distinto

Litoral mediterráneo, Andalucía occidental, Murcia y Canarias. Aquí febrero ya es siembra directa de verdad. Sin riesgo de heladas o con un riesgo mínimo, se puede sembrar fuera zanahoria, remolacha, acelga, lechuga, rábano, guisante y haba, y hacia final de mes las primeras judías en las zonas más suaves. El tomate y el pimiento sembrados en semillero a principios de febrero se plantan a mediados o finales de marzo. En Canarias el calendario está adelantado casi un mes más.

Cornisa cantábrica y Galicia. El problema no es la helada, que es rara y suave, sino la falta de sol y el exceso de agua. Siembra bajo cubierta de tomate, pimiento y puerro, con luz artificial de apoyo si el semillero está dentro de casa, porque en un febrero gallego un alféizar recibe muy poca radiación. En exterior, haba, guisante, cebolla y coles, siempre en caballón o en bancal elevado para que no se pudran.

Meseta sur, valle del Ebro y Cataluña interior. Semillero protegido para todo el ciclo largo, con plantación prevista para la segunda quincena de abril. Fuera solo lo muy rústico: ajo, haba, guisante, cebolla. Cuidado con las heladas de radiación de las noches despejadas de febrero, que en el interior son intensas.

Meseta norte y zonas de montaña. Febrero es mes de semillero y de preparación, punto. La última helada llega en mayo y la plantación de solanáceas no se hace hasta la última semana de ese mes, así que el pimiento sembrado el 1 de febrero pasaría demasiado tiempo en alvéolo: aquí conviene esperar a finales de mes o incluso a la primera semana de marzo. Fuera no se siembra nada que no sea haba y guisante en las comarcas más templadas.

Las tareas de semilla que solo caben en febrero

Comprobar lo que se guardó. Una semilla con dos o tres años pierde germinación y no lo anuncia. La prueba se hace con diez semillas sobre papel de cocina húmedo, dobladas dentro de una bolsa cerrada y a unos 20 °C: si a los diez o quince días han nacido ocho, el lote está perfecto y se siembra normal; si han nacido cinco, sirve pero hay que doblar la dosis; si nacen dos o menos, se tira. La longevidad orientativa: chirivía y cebolla, un año; puerro, apio y zanahoria, dos; tomate, pimiento, judía y col, cuatro o cinco; calabacín, pepino y melón, hasta seis o siete.

Comprar con criterio y a tiempo. Las variedades interesantes se agotan en marzo, y los intercambios de semilla local se celebran precisamente en invierno. Qué elegir y con qué criterios es el tema del artículo sobre las semillas de la temporada.

Preparar el sustrato. Para semillero se usa una mezcla fina y pobre —turba o fibra de coco con perlita o vermiculita, en torno a un 30 % de material drenante—, sin abonar, porque el exceso de nitrógeno produce plantel blando. Se humedece la mezcla el día antes y se deja atemperar dentro de casa: llenar bandejas con sustrato a 6 °C sacado del garaje y sembrar encima retrasa la germinación una semana larga.

En resumen

Febrero es el mes del semillero protegido: pimiento, berenjena, apio, puerro y tomate se siembran ahora porque necesitan de seis a diez semanas de plantel y de 22 a 28 °C para nacer, condiciones que en esta fecha solo se dan bajo cubierta. Al exterior van únicamente ajo, haba, guisante y cebolla, que germinan en tierra fría y aguantan heladas. En el litoral suave y en Canarias el mes ya permite siembra directa amplia; en la meseta norte casi no permite nada. Y hay tres trabajos que hacer ahora sí o sí: comprobar la viabilidad de la semilla guardada con la prueba del papel húmedo, comprar antes de que se agoten las variedades y tener preparado un sustrato fino, drenante y a temperatura ambiente.


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