Con abril el trabajo cambia de sitio: sale del alféizar y se va al bancal. La tierra ha superado en casi toda España los quince grados a cinco centímetros, y eso abre de golpe la puerta a un grupo entero de especies que hasta ahora no tenían dónde nacer. Lo que en febrero era una operación de interior con bandejas, calor artificial y luz escasa se convierte en abril en surcos, líneas y aclareos, con la semilla puesta directamente donde la planta va a vivir. Es un mes de brazos, no de alféizar.
El aviso, antes que la lista
La helada tardía de abril mata más plantel en el interior peninsular que ninguna otra circunstancia del año, y la razón es doble: llega cuando ya se ha sembrado y llega cuando la planta está en su fase más vulnerable. Un tomate plantado el 10 de abril en Ávila con un -2 °C el día 25 no se recupera; una siembra de judía nacida y helada se pierde entera.
El mecanismo típico no es una entrada de aire polar, sino la helada de radiación: noche despejada, sin viento, después de un día soleado. El suelo pierde calor por radiación hacia un cielo limpio y la temperatura al ras cae por debajo de cero aunque el termómetro del pueblo marque dos grados. En una vaguada o en un fondo de valle, donde se estanca el aire frío, la diferencia con la ladera puede ser de cuatro grados.
De ahí que la fecha segura no sea la del calendario sino la de la parcela. En Sevilla o Valencia hace más de un mes que no hay riesgo; en Madrid o Zaragoza el riesgo se extingue hacia el 15 o el 20 de abril; en Burgos, Soria o Ávila el riesgo no se extingue en abril en absoluto y la última helada normal cae en mayo. El artículo sobre la mejor época para sembrar detalla cómo se obtiene ese dato local y cómo se cuenta hacia atrás desde él.
La protección de urgencia, para la noche que pilla desprevenido: manta térmica o velo de forzado sobre arcos, cartones o botellas cortadas por la noche y retirados por la mañana —dejarlos puestos con sol cuece la planta—, y regar la tarde anterior, porque un suelo húmedo almacena más calor y lo devuelve de noche.
Primera quincena: lo que se puede sembrar ya sin discusión
Las especies de umbral medio, que germinan entre 12 y 18 °C y cuya plántula tolera un fresco leve, entran ahora en todo el país salvo montaña.
Zanahoria (Daucus carota): semilla fina, a un centímetro escaso, en línea, y sin dejar que la superficie se seque durante los quince a veinte días que tarda en nacer. Un riego fino diario o un velo encima marcan la diferencia entre nascencia completa y calvas.
Remolacha (Beta vulgaris): cada glomérulo contiene varias semillas, así que de un punto salen tres o cuatro plántulas y hay que aclarar dejando una. A dos centímetros y a quince entre golpes.
Acelga, espinaca de ciclo corto, rábano, nabo, cilantro, perejil y las lechugas de primavera, estas últimas ya con vistas a cosechar antes de que el día largo las espigue.
Maíz dulce (Zea mays) en la mitad sur y en el litoral: a tres o cuatro centímetros y en bloque cuadrado, nunca en línea única, porque se poliniza por viento y una fila aislada da mazorcas con granos sueltos.
Segunda quincena: la tanda de calor
Cuando el suelo se sostiene sobre 15-18 °C entra lo que no perdona el frío en ninguna fase.
Judía (Phaseolus vulgaris): a tres centímetros, con la tierra ya húmeda y sin regar después hasta que asome, porque la semilla de judía es especialmente sensible al exceso de agua en la fase de absorción, un problema que se explica en el artículo sobre semillas mojadas. Tres o cuatro semillas por golpe en la de mata baja; en la de enrame, junto al tutor ya colocado.
Calabacín (Cucurbita pepo), pepino (Cucumis sativus), calabaza y melón: semilla grande, a dos o tres centímetros y de canto, no plana, para que la humedad no se acumule sobre la cara superior. Dos o tres semillas por hoyo y se deja la más vigorosa. Germinan en cuatro o cinco días con calor, y en más de una semana si se han sembrado con prisa en tierra fría.
Girasol, capuchina, albahaca y las anuales de flor de siembra directa: Zinnia, Cosmos bipinnatus, Tagetes, Calendula officinalis, Papaver rhoeas, Nigella damascena.
Lo que sigue queriendo protección
Abril no lo abre todo. Berenjena, pimiento, sandía y albahaca en zona interior siguen exigiendo semillero caliente: por debajo de 18-20 °C de suelo su germinación es errática y la plántula se queda parada. Sembrarlas directamente en un bancal de Segovia en abril es tirar la semilla.
Y el plantel de solanáceas producido en febrero no sale del invernadero al bancal de un día para otro. Necesita una o dos semanas de endurecimiento: se saca al exterior unas horas al día, al principio a media sombra y sin viento, ampliando el tiempo progresivamente, y se recoge por la noche. Una planta que pasa directamente de 20 °C constantes a la intemperie sufre un frenazo que le cuesta dos semanas de crecimiento, aunque no llegue a helar.
Cómo se siembra directo sin perder media línea
Con la siembra directa cambian los fallos respecto al semillero, y conviene anticiparlos.
El primero es la costra superficial. En suelos arcillosos, un riego a chorro o una lluvia fuerte sobre tierra recién sembrada forma al secarse una capa dura que la plántula no puede atravesar; se ve como una nascencia que empieza y se detiene. Se evita cubriendo la semilla con mantillo tamizado o con una mezcla de arena en lugar de con la propia tierra, y regando en lluvia fina.
El segundo es la profundidad. La regla es cubrir con dos o tres veces el grosor de la semilla, y en abril, con el suelo aún fresco por la noche, es preferible quedarse corto que pasarse: una semilla enterrada al doble de lo debido agota sus reservas antes de alcanzar la luz.
El tercero es no aclarar. Sembrar denso es prudente, pero dejar veinte zanahorias en un palmo produce raíces del grosor de un lápiz y todas iguales de malas. El aclareo se hace con dos hojas verdaderas, cortando las sobrantes a ras en lugar de tirar de ellas, para no descalzar a la que se queda.
Y el norte, que va aparte
En Galicia y la cornisa cantábrica abril no tiene problema de heladas sino de agua y de radiación. La tierra tarda en escurrir, la semilla se pudre antes de nacer y el sol acumulado va con retraso. La solución es sembrar en bancal elevado o en caballón, retrasar una o dos semanas la tanda de cucurbitáceas respecto al calendario del interior, y usar acolchado de plástico negro sobre el bancal para ganar dos o tres grados de temperatura de suelo.
En la montaña —Pirineo, Sistema Ibérico, León— abril funciona como el febrero del resto: semillero protegido, siembra directa solo de lo más rústico y espera hasta finales de mayo para lo demás.
En resumen
Abril es el mes en que la siembra directa se vuelve posible y el trabajo pasa de la bandeja al bancal. En la primera quincena entran zanahoria, remolacha, acelga, rábano, lechuga y maíz en el sur; en la segunda, judía, calabacín, pepino, calabaza, melón y las anuales de flor, siempre que el suelo se mantenga sobre los quince grados. Berenjena, pimiento y sandía siguen pidiendo semillero caliente en el interior, y el plantel de febrero necesita una o dos semanas de aclimatación antes de salir. El riesgo real del mes es la helada de radiación en noche despejada, que en la meseta norte se prolonga hasta mayo: la fecha que vale es la de la parcela, no la del calendario.