Hay un alimento cuyo contenido de un oligoelemento esencial es tan alto que los propios organismos de seguridad alimentaria han tenido que fijarle un límite: la nuez de Brasil, la semilla de Bertholletia excelsa. Concentra más selenio que cualquier otro alimento conocido, y lo hace de forma tan desigual entre unas partidas y otras que la cifra media sirve de poco. A eso se añade un segundo asunto que explica por qué se conserva como se conserva: es un fruto seco con riesgo real de aflatoxinas. Los dos temas van juntos en este artículo; la biología del árbol, su polinización imposible y el papel del agutí se tratan aparte, en el otro artículo de esta sección.

Nueces de Brasil peladas listas para su envasado

Por qué acumula tanto selenio

El selenio es un no metal que las plantas absorben del suelo en forma de selenato y selenito, disueltos en el agua edáfica. Como es químicamente parecido al azufre, la planta lo capta por las mismas rutas de transporte que usa para los sulfatos y lo incorpora a los aminoácidos: en lugar de cisteína y metionina fabrica selenocisteína y selenometionina. La nuez de Brasil almacena el selenio sobre todo en esa segunda forma, ligado a proteína de reserva de la semilla.

Lo que hace singular a este árbol es la combinación de tres cosas. Tiene un sistema radicular enorme y profundo, capaz de explorar un volumen de suelo que ningún cultivo herbáceo alcanza. Vive muchas décadas acumulando. Y algunos suelos amazónicos, en particular los del oeste de la cuenca —zonas de Bolivia y Perú— son notablemente más ricos en selenio que los del este brasileño, donde los suelos muy lavados y ácidos apenas lo aportan.

La variabilidad es el dato importante

De ahí sale la consecuencia práctica: dos nueces de aspecto idéntico pueden diferir en su contenido de selenio en un orden de magnitud o más, según el suelo del árbol del que salieron. No es una diferencia de calidad ni de frescura; es geoquímica. Y como la recolección es extractiva, con lotes que mezclan la producción de árboles dispersos por territorios amplios, ni siquiera el origen declarado en el envase permite deducir la concentración de una unidad concreta.

Esto se traduce en que las etiquetas que declaran un valor nutricional por ración están dando una media de referencia, no una medida de lo que hay dentro de esa bolsa. Es una particularidad rara en alimentación: casi ningún otro alimento tiene esa dispersión en un nutriente que además tiene un margen estrecho entre lo necesario y lo excesivo.

Selenosis: por qué existe un límite superior

El selenio es un oligoelemento esencial: forma parte del centro activo de las selenoproteínas, entre ellas las glutatión peroxidasas y las yodotironina desyodasas implicadas en el metabolismo de las hormonas tiroideas. Sin él aparecen carencias. Pero su ventana de seguridad es estrecha, más estrecha que la de casi cualquier otro micronutriente, y la ingesta excesiva sostenida produce un cuadro con nombre propio: la selenosis.

Sus manifestaciones descritas incluyen fragilidad y alteraciones de las uñas, caída del cabello, aliento con olor característico a ajo por la exhalación de compuestos volátiles de selenio, molestias digestivas, erupciones cutáneas, irritabilidad y, en cuadros intensos, alteraciones neurológicas. No es un riesgo teórico: se han documentado casos asociados al consumo continuado de estas nueces.

Por ese motivo la EFSA —la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria— ha establecido un nivel máximo tolerable de ingesta diaria de selenio para adultos, revisado en años recientes, y las autoridades sanitarias nacionales advierten sobre el consumo habitual de este fruto seco en concreto. Aquí no se dan cantidades ni pautas de consumo a propósito. Quien tenga dudas sobre su ingesta de selenio, tome suplementos, tenga patología tiroidea o esté embarazada, debe consultarlo con su médico o su farmacéutico, que son quienes pueden valorar el caso individual. También conviene mencionárselo si ya se toman complementos multivitamínicos, porque muchos incorporan selenio y las cantidades se suman.

Tradición, evidencia y ese matiz que se pierde

Circulan atribuciones a esta nuez que conviene ordenar. Que el selenio participa en sistemas antioxidantes celulares y en la función tiroidea está bien establecido bioquímicamente. Que aumentar su ingesta prevenga enfermedades concretas en personas que ya tienen un estado nutricional adecuado es otra cosa distinta: los ensayos de suplementación con selenio en poblaciones sin deficiencia han dado resultados en general decepcionantes, y en alguno se observaron efectos adversos metabólicos. Lo que corrige una carencia no mejora automáticamente a quien no la tiene.

Las propiedades que se le atribuyen para el cabello, la piel o el peso pertenecen al terreno de la tradición divulgativa, no al de la evidencia clínica. Y en cuanto a interacciones, el selenio en dosis altas puede interferir con determinados tratamientos y con la absorción de otros minerales; de nuevo, esa valoración corresponde al profesional sanitario.

Nuez de Brasil con su cubierta leñosa triangular

Aflatoxinas: el otro motivo de control

Las aflatoxinas son micotoxinas producidas por hongos del género Aspergillus, principalmente Aspergillus flavus y Aspergillus parasiticus. Son sustancias termoestables —el tostado o la cocción no las destruyen— y la aflatoxina B1 está clasificada por la IARC como carcinógeno del grupo 1, con el hígado como órgano diana. Afectan a varios productos agrícolas: cacahuete, maíz, pistacho, higo seco y frutos secos de cáscara, la nuez de Brasil entre ellos.

El problema aquí es de proceso, no de la planta. Los frutos caen al suelo de una selva húmeda y cálida, permanecen en la hojarasca hasta que alguien los recoge, se abren, se lavan y se secan a menudo en condiciones rudimentarias, y se transportan por vía fluvial en zonas de humedad relativa muy alta. Cada uno de esos puntos es una oportunidad para que el hongo colonice la semilla: contacto prolongado con el suelo, secado lento o incompleto, y almacenamiento sin control de humedad.

La contaminación se concentra además de forma muy heterogénea, en unas pocas unidades dentro de un lote grande, lo que complica el muestreo y obliga a protocolos de toma de muestras específicos.

Qué controla Europa en la importación

La Unión Europea fija contenidos máximos legales de aflatoxinas en frutos de cáscara, con valores distintos según el producto vaya destinado al consumo directo o a un tratamiento posterior de selección. La nuez de Brasil ha estado sometida a controles reforzados en frontera —muestreo sistemático y análisis previo al despacho a libre práctica— y ha llegado a haber condiciones especiales de importación para determinados orígenes tras rechazos repetidos.

Es un ejemplo de sistema funcionando: las alertas del RASFF por aflatoxinas en este producto han sido recurrentes, y la respuesta consistió en endurecer la vigilancia en origen y en frontera, además de impulsar mejoras en la cadena de secado y almacenamiento en los países productores, con criterios de buenas prácticas específicos para la castaña amazónica. La consecuencia visible para el consumidor europeo es que el producto que llega a un lineal ha pasado por ese filtro.

Conservación doméstica: por qué el frío importa

En casa el margen de maniobra es menor, pero existe. El objetivo es doble: frenar cualquier desarrollo fúngico y retrasar el enranciamiento, porque este fruto seco tiene un contenido graso muy alto con proporción notable de ácidos grasos poliinsaturados, que se oxidan con facilidad al contacto con el aire, la luz y el calor.

De ahí las pautas de conservación habituales: recipiente hermético, oscuridad, y frigorífico o congelador en lugar de la despensa, sobre todo en climas cálidos y en verano en buena parte de España, donde una alacena puede pasar semanas por encima de los 25 °C. La nuez con cáscara aguanta mejor que la pelada, porque la cubierta leñosa hace de barrera. Y hay un criterio de descarte elemental: cualquier unidad con manchas, polvo verdoso o amarillento, olor a humedad, a moho o a rancio, o sabor amargo, se tira, y no se aprovecha el resto del lote sin mirarlo unidad por unidad.

En resumen

La nuez de Brasil concentra selenio como ningún otro alimento porque un árbol longevo de raíces profundas lo extrae de suelos amazónicos y lo fija en proteínas de reserva de la semilla; y como el contenido depende del suelo de origen, varía enormemente de una partida a otra. Esa concentración, unida al estrecho margen de seguridad del selenio, explica que exista el riesgo de selenosis y que las autoridades europeas hayan fijado límites: la decisión sobre cuánto consumir corresponde al médico o al farmacéutico, no a un artículo. El segundo frente es el de las aflatoxinas de Aspergillus, ligadas al secado y al almacenamiento en origen, motivo de controles reforzados en la importación europea y razón de que en casa este fruto seco se guarde en frío, hermético y a oscuras.


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